domingo, 29 de septiembre de 2024

QUEREMOS LOS CORONELES

 

Queremos los coroneles (1973) es una sátira política, dirigida por Mario Monnicelli, en la que un diputado de un partido neofascista organiza un golpe de estado.

La película empieza con un atentado a una figura religiosa en el Duomo de Milán, que es atribuido a la extrema izquierda, aunque ha sido realizado por los neofascistas, pasando luego a unas escenas de alboroto en el Parlamento, con acusaciones cruzadas entre los partidos en medio de un clima de gran tensión tratado a modo de bufonada. A partir de esta situación caótica del país, el diputado de ultraderecha Giusseppe Tritoni (Ugo Tognazzi) organiza un golpe de estado contactando con viejas glorias del fascismo, militares de ultraderecha y algún industrial adinerado.

La película sigue una cronología precisa durante unas semanas de los meses de junio y julio, mostrando a los personajes que va reclutando Tritoni, un grupo de gente grotesca y tronada que incluye básicamente a militares desafectos con el régimen democrático y gente, algunos nacidos en el siglo XIX, relacionada con el fascismo de Mussolini. La ejecución del golpe será chapucera, llena de fallos que dan lugar a situaciones de comedia como los paracaidistas que aterrizan en un lugar equivocado, la ayuda logística de un coronel griego al que nadie entiende, pero todos alaban su discurso, o la llegada de los golpistas a la televisión para dar la noticia del golpe al país cuando la RAI (eran otros tiempos) ha cerrado ya la emisión diaria.

Monnicelli fuerza mucho el tratamiento grotesco y esperpéntico de la acción, tal vez demasiado y, a veces, los tarados que recluta Tritoni parecen personajes de una película de Torrente. Le falta finura al tratamiento de la historia por la exageración de lo grotesco y, por otra parte, salvo el personaje protagonista de Tritoni, los demás no tienen demasiada entidad. Por tanto, y aun siendo una película divertida y agradable de ver, se queda muy por debajo de otras películas de Monnicelli.

Lo que es innegable es su oportunidad desde el punto de vista histórico al tratar un supuesto golpe de estado cuando, tres años antes del estreno del filme, el exmilitar fascista Junio Valerio Borghese fue acusado de estar tramando uno y huyó de Italia, exiliándose en España y muriendo pocos años después en Cádiz. Y, el año posterior al estreno del filme, 1974, fue un año complicadísimo en Italia, con multitud de acciones violentas por parte tanto de la extrema izquierda como de grupos fascistas, con detenciones en el ejército aún relacionadas con los planes de Borghese y, en definitiva, con rumores verosímiles acerca de un golpe de estado.

Siendo una película discreta comparada con otras de Monnicelli, lo que más me ha gustado es el final.  El chapucero golpe es neutralizado por un contragolpe de las autoridades pero, en un momento de farsa estando presentes todos los detenidos, al presidente de la República le da un ataque al corazón y muere. Se produce un cambio de gobierno y un golpe de estado blando, asumiendo el nuevo gobierno postulados de los golpistas. La acción avanza un año más y vemos a Tognazzi hablando en una terraza con dos individuos de color que hablan en francés. Medio en francés y medio en italiano, Tognazzi habla con los dos tipos, provenientes de algún país francófono africano, como si fuera un comercial y su producto consistiera en dar los detalles acerca de preparar de forma eficaz un golpe de estado. Aparecen entonces dos policías que disuelven la reunión alegando que, con la nueva legislación, se considera ilegal que haya reuniones de tres personas, por lo que invitan a Tognazzi a sentarse en otra mesa de la terraza. Un final tremendamente ácido en esta comedia de Monnicelli. 

sábado, 28 de septiembre de 2024

DOCE HOMBRES SIN PIEDAD

 

Doce hombres sin piedad (1957) es la típica película que, al encontrarla en algún canal, siempre me apunto a verla un rato. Pero ayer decido verla de principio a fin, siendo una película con tanto contenido y rica en matices que siempre es un placer verla.

Escrita por Reginald Rose, fue estrenada para la  televisión en un telefilme dirigido por Franklin J. Shafner en 1954. Tuvo un gran éxito y eso hizo que pasase al teatro y, tres años más tarde, al cine en esta película de bajo presupuesto, financiada por Henry Fonda y el propio Rose, con un debutante en la dirección como Sidney Lumet, que tuvo un calendario ajustado y la rodó en 19 días.

Partiendo del texto espléndido de Rose, que también fue quien lo adaptó como guionista, me parece prodigioso por parte de Lumet meter una historia de debate judicial entre doce hombres, con la densidad y apasionamiento con que intervienen, en 90 minutos de duración.  Los doce miembros del jurado, en mayor o menor medida, disponen de un espacio propio en la película para que los conozcamos y veamos el grupo heterogéneo que componen en cuanto a clase social, pensamiento, edad, etc. Y Lumet refleja muy bien ese calor asfixiante de un verano neoyorquino que influye en el malestar de los miembros del jurado, quejosos algunos de que la sala no tenga aire acondicionado y vemos sus camisas empapadas de sudor, cosa que contribuye a que algunos de los debates entre los personajes suban de temperatura y lleguen casi hasta las manos.

Por supuesto, la fama de la película en cuanto al miembro del jurado que ha analizado el juicio y tiene una duda razonable, cosa que ha de comportar la decisión de declarar no culpable al chico, se la lleva Henry Fonda, el jurado número 8, que se enfrenta inicialmente a todos los demás miembros y con su voto impide un veredicto unánime de culpabilidad.  Frente a la ligereza con que algunos acuden a deliberar ante un caso aparentemente claro (Jack Warden, jurado número 7); o con ánimo justiciero por razones familiares (Lee J. Cob, jurado número 3);  o por intolerancia relacionada con el status social (Ed Begley, jurado número 10); o se dejan llevar por puro seguidismo y comodidad hacia la postura mayoritaria ( Martin Balsam como jurado número 1 o Robert Weber como jurado número 12); emerge la figura de Henry Fonda, el único al principio que muestra un sentido de la responsabilidad por la decisión de enviar o no a un chico a la silla eléctrica y, en segundo lugar, dispuesto a analizar en profundidad las pruebas de un juicio en el que el abogado de oficio del acusado pareció llevar el caso con desgana (aquí habría una de las muchas críticas de la película: hay una justicia para ricos y otra para pobres). Pero me parece igualmente importante la figura del jurado número 9 (Joseph Sweeney) ya que, con su voto, fuerza a que continúe el debate comprendiendo la postura de Fonda. Además, Sweeney aporta el dato fundamental para vencer la resistencia del analítico y racional jurado número 4 (E.G.Marshall) y es que la única testigo visual del crimen llevaba una marca en la nariz de utilizar gafas y era razonable que no las llevará mientras estaba en la cama y, desde su habitación, vio supuestamente al chico asesinando a su padre, por lo que su testimonio no puede ser concluyente y hace pensar en la existencia de una duda razonable. Y es que Fonda no lo podía hacer todo solo, incluso siendo el héroe de la película se necesita la figura de otro hombre con sentido de la responsabilidad para hacer que un jurado funcione.

Una lección de cine.

viernes, 27 de septiembre de 2024

MONTANA

 

Montana (1950) supuso el declive de la relación entre Raoul Walsh y Errol Flynn. Si el primero ni tan solo está acreditado como director figurando únicamente Ray Enright, a la estrella australiana se la ve ya con mucha menos energía que en películas diez o doce años anteriores, cosa lógica dados los excesos de todo tipo, sobre todo con el alcohol, a los que nunca renunció y le llevaron a la tumba con 50 años, aunque, según se dice, por dentro tenía el cuerpo desgastado de un hombre de 70 o más.

A pesar de tanta decadencia, Montana es un western que se ve con agrado, la acción pasa muy rápido y Flynn aguanta el tipo una vez más teniendo delante a la guapa Alexis Smith, que ya tuvo como partenaire en otras películas de la Warner en los 40.

Se han hecho muchos westerns con conflictos ganaderos pero, normalmente, el otro bando eran agricultores. En cambio, en esta película, la lucha es entre ganaderos ovejeros y vacunos. Errol Flynn lleva un rebaño de ovejas hacia las tierras de Montana pero se topa con la oposición de rancheros de ganado vacuno, que tiene en el personaje de Alexis Smith su principal oposición a Flynn aunque éste, mientras la chica no sabe que es ganadero ovejero, tendrá tiempo de enamorarla.  Tras la inevitable ruptura al saber que Flynn es ovejero, Smith se quedará sola una vez sus aliados pierden el combate contra las fuerzas de los ovejeros. Dispuesta ella sola a parar a Flynn, éste avanzará por la calle mientras Smith lo encañona y dispara, pero solo para causarle una herida leve y acabar abrazándose.

Con guion de los especialistas en westerns Borden Chase y James R. Webb, así como fotografía del mítico Karl Freund, se trata de una película que hace pasar un rato agradable. 

martes, 24 de septiembre de 2024

SCANNERS

 

Perteneciente todavía a su etapa canadiense, Scanners (1981) fue un éxito de taquilla para David Cronenberg y le permitió acometer empresas más ambiciosas en los años siguientes.

El punto de partida es original. Hay un grupo de gente, llamados scanners, con habilidades telepáticas con las que pueden leer el pensamiento de los demás y hacerlos convulsionar, anulando y manipulando su voluntad e incluso asesinarlos. Por otra parte, hay una empresa llamada Consec, dedicada al armamento y la seguridad, que desea explotarlos a través del doctor Paul Ruth. En un inicio espectacular, el scanner rebelde Darryl Levok hace explotar la cabeza de otro scanner infiltrándose durante una exhibición en una conferencia de prensa para posteriormente darse a la fuga y Ruth contacta con un scanner vagabundo, Cameron Vale, con más poderes que Levok, encargándole la misión de localizarlo y eliminarlo.  

La historia se desarrolla con diversos giros y golpes de efecto, descubriendo finalmente que los scanners son resultado, según los planes de Ruth, de haber inyectado una sustancia llamada Epheferol a mujeres embarazadas para formar posteriormente un grupo de scanners y usarlos como armas ofensivas. Se desata una lucha por el poder en la que, desaparecido Ruth, se produce un duelo entre Levok y Vale, que resultan ser hermanos, con un resultado inquietante en el que Vale se ha debido infiltrar, aprovechando sus mayores facultades telepáticas, en el cuerpo de Levok para vencerlo tras haber sido calcinado el suyo.

No cabe duda de que Cronenberg imprime un sello personal a sus películas. Además de la temática que parece surgida de una pesadilla, la fotografía en la que predominan colores fríos y metálicos, así como la banda sonora de Howard Shore, consiguen un clima intranquilizador y angustiante en una película en la que hay bastante acción. No obstante, la trama resulta tan enrevesada que la película es irregular y hay un momento en que decae, pero el interés se eleva notablemente en el duelo final entre los hermanos scanners, consiguiendo una muy buena tensión en esa parte final del filme. Por otra parte, una sociedad distópica en la que se han creado unas armas tan potentes en forma de seres humanos con poderes especiales es un tema siempre de actualidad en unas sociedades como la nuestra, cada vez más inseguras y con numerosos conflictos presididos por el uso de alta tecnología.

No es una película redonda y se trata de un filme irregular. Si la interpretación de Michael Ironside como Revok es muy acertada y transmite grandes dosis de locura y maldad a la película, la interpretación de Vale a cargo de Stephen Lack es muy sosa, además de que hay un personaje femenino interpretado por Jennifer O’Neill que aporta poco a la historia. No obstante, tal como la película aumenta su nivel en la parte final con el duelo fratricida, se acaba mostrando como un título estimulante del director canadiense. 

lunes, 23 de septiembre de 2024

DOS CABALGAN JUNTOS

 

John Ford, siempre esquivo a hablar de su obra, despachó las preguntas que le hicieron sobre Dos cabalgan juntos diciendo que la hizo porque se la debía a Harry Cohn. Sin embargo, una nueva visión de este western confirma que era una película en la que se encontraban muchos elementos de interés para Ford, entre ellos el de ofrecer una aproximación a cuál pudo ser la acogida que la comunidad dispensa a Debbie cuando se cierra la puerta, al final de Centauros del desierto, y Ethan Edwards queda solo en el desierto mientras ella es acogida. A veces se ha tratado a Dos cabalgan juntos como un título menor de Ford pero, no solo es que se trata de uno de sus mejores westerns, sino que es una obra totalmente necesaria como continuación de lo que queda abierto al final de Centauros del desierto.

 Es una de las películas en las que conviven muchos de los momentos más divertidos en los westerns de Ford, a lo que contribuye la interpretación que James Stewart hace del cínico y amoral sheriff MacCabe, junto con momentos de gran crueldad en torno al tema del racismo que culminan con el linchamiento del adolescente comanche que, en realidad, es un blanco secuestrado cuando era un niño de corta edad.  

Si en Centauros del desierto sabíamos que Ethan Edwards era abiertamente racista y, tal vez, también Laurie, aunque aquí podíamos dudar sobre que manifiesta su racismo para evitar que Marty vuelva a desaparecer; en Dos cabalgan juntos es la comunidad en su conjunto, con algunas pocas excepciones, la que es racista ya que un linchamiento, precedido de una farsa de juicio, solo se puede hacer si la mayoría de la gente muestra esa voluntad. Pero no solo es el grupo de personas con familiares raptados los racistas, sino que, a pesar de que Ford amaba al ejército como institución, queda claro que en el estamento militar los racistas son mayoría cuando varios oficiales rechazan bailar con Elena, la chica mexicana rescatada, y sus esposas la interrogan de manera morbosa acerca de la vida sexual que tuvo con los comanches.

Ford es un maestro que combina comedia y un agrio drama con total naturalidad. La parte de comedia fluye con los diálogos entre el cínico MacCabe con el íntegro teniente Jim Gary (Richard Widmark), la torpeza de este último en sus aproximaciones amorosas hacia Marty (Shirley Jones) una de las chicas del grupo que busca a su hermano, así como la comicidad bufa del sargento que interpreta Andy Devine. Y el drama racista tiene, además de la escena del linchamiento que un impotente Gary no puede evitar, la escena del baile de los oficiales en la que Elena se disculpa y se quiere ausentar para no ser motivo de discordia apareciendo entonces la figura de MacCabe haciendo un alegato contra el racismo impregnado de dignidad y clarividencia. Es un reproche que no está dirigido  a un individuo desarraigado como Edwards sino a toda una sociedad que se desarrolla con esa lacra en su interior.

Después del linchamiento, vuelve el tono de comedia para despedir el filme en la misma población en la que empezó pero, en un tono positivo, MacCabe ha evolucionado e incluso cabe hablar de una regeneración moral. Parte con Elena hacia California en una diligencia, con un toque maestro de como se da cuenta la chica que el conductor del vehículo es MacCabe. Un final reconfortante para una de las grandes películas de Ford.

sábado, 21 de septiembre de 2024

INVESTIGACION DE UN CIUDADANO LIBRE DE TODA SOSPECHA

 

Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha (1969) es la película de Elio Petri que Alberto Crespi elige para el capítulo dedicado a “Da piazza Fontana agli anni setanta”.

Investigación, que acaba con una cita de Kafka, es una película con un argumento aparentemente falto de lógica en la que un inspector policial mata a su amante y se encarga de dejar pistas, además muy claras, de su propia implicación en el crimen. Sus subordinados se niegan a pensar que él haya podido ser el autor del crimen desplazando sus investigaciones hacia el marido homosexual de la mujer y un vecino estudiante de química, radicalmente politizado hacia la extrema izquierda y amante también de la asesinada. Ni siquiera confesar el delito delante de sus superiores le servirá para ser creído. Se trata de una sátira en la que el gran Gian Maria Volonté realiza una muy buena interpretación como el inspector verborreico y obsesivo en su autoinculpación, en sintonía con los repetitivos efectos sonoros de la música compuesta para el filme por el no menos grande Ennio Morricone.

La película, a través de la farsa, muestra a un cuerpo policial de un estado autoritario en el que el Estado de Derecho y la observancia de derechos y libertades ha saltado por los aires, cuestión que se ve tanto a través de la trama principal como la colateral con la represión que se efectúa contra los radicales de izquierda, entre los que se encuentra el vecino que vio a Volonté el día del crimen en el edificio y lo incrimina, aunque los investigadores oficiales deciden que ese día no estaba en Roma.

Rodada en 1969, es una película en la que su estreno, en febrero de 1970, no puede producirse en un momento más oportuno. Dos meses antes, el 12 de diciembre de 1969, varias bombas estallan en edificios de Roma y Milán, dejando unas cuantas víctimas mortales en la capital lombarda ya que los efectos más devastadores son en la Piazza Fontana, muy cerca del Duomo. Con una autoría nunca aclarada, atribuida inicialmente a anarquistas y siendo más verosímil que fueran neofascistas ligados a las cloacas del Estado y con conocimiento de los servicios de inteligencia americanos, un sospechoso anarquista llamado Giuseppe Pinnelli cayó desde un cuarto piso de la dependencia policial en la que estaba detenido. El relato oficial fue que se trató de un suicidio y decayeron los cargos por homicidio contra el inspector Luigi Calabresi, que estaba en ese momento con Pinnelli, por falta de pruebas. Y aquí está la razón de la oportunidad del estreno que señala Crespi ya que muchos quisieron ver, en el personaje de Volonté, el de un inspector como Calabresi que, aunque parece que torturó a Pinnelli y colaboró en su viaje hasta el asfalto desde las alturas, salió exonerado de culpa de aquellos hechos, siendo asesinado dos años más tarde por un grupo radical de extrema izquierda.

Los autores y productores de la película llegaron a temer un secuestro del filme, pero se estrenó siendo además un éxito y adjudicándose la Palma de Oro en Cannes y el Óscar a la mejor película extranjera.

Si la película fue oportuna en su momento mostrando, tal como dice Crespi, la crueldad de la policía y de sus métodos a través de la violencia grotesca de Volonté, no ha perdido un ápice de actualidad en una Italia con una gobernante neofascista y un clima, en muchos países europeos, poco propicio a la transparencia en las actuaciones policiales ya que la democracia se va degradando de manera imparable.

Densa, interesante e inquietante por seguir vigente su denuncia.

 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

CONSPIRACIÓN DE SILENCIO

 

Conspiración de silencio (1955) podría ser considerada tanto un thriller como un western, pero para mí pesa mucho más verlo como un western ya que el paisaje es inequívocamente propio del género, desarrollándose la trama en un pequeño pueblo situado en un paraje desértico. El núcleo urbano es también propio del western, la estación de tren y cuatro casas mal contadas que no llegan prácticamente ni a formar una calle y con un edificio emblemático del género como es el hotel donde pasa gran parte de la acción. Y, aunque Spencer Tracy no se prodigó mucho en el género, gran parte del resto del elenco aparecieron en westerns míticos: Lee Marvin, Ernest Borgnine, Robert Ryan y Walter Brennan.

Un ferrocarril se detiene por primera vez en cuatro años en una pequeña estación de un miserable pueblo llamado Black Rock situado en el desierto. Desciende del tren John Mccready (Spencer Tracy), un hombre manco que le dice al jefe de estación querer ir a una granja situada a unos pocos kilómetros del pueblo. A partir de ese momento, la mayoría de los habitantes se muestran hostiles con Maccrady, destacando dos tipos con pocos escrúpulos llamados Héctor David (Lee Marvin) y Coley Trimble (Ernest Borgnine), que luego veremos son peones del verdadero jefe del pueblo, un cacique llamado Reno Smith (Robert Ryan). Tan solo el médico del pueblo llamado Doc Velie (Walter Brennan) y el jefe de estación Hastings (Rusell Collins) se muestran más tibios respecto al forastero.

La película tiene una tensión latente mientras Maccready se las apaña para llegar a la granja y descubrir que su propietario, Makako, inmigrante nipón cuyo hijo compartió con Maccready la campaña de Italia y le salvó la vida para fallecer después en ese conflicto bélico, fue asesinado. Frustrado por no poder dar la medalla militar al valor que ganó el hijo de Makako a su padre, Maccready regresa al pueblo, tras sufrir un acoso en la carretera por parte de Coley, para sentir el acecho de unos hombres que se han visto descubiertos en el acto de haber linchado al granjero días después del ataque en Pearl Harbour. Maccready maniobrará con aplomo y astucia para dar con el eslabón más débil en la cadena de villanos que es el joven recepcionista del hotel que se hundirá reconociendo el crimen. Con la ayuda de Doc y Hasting, Macrready logrará reducir  a los matones de Reno Smith, quedando allanado el camino para un duelo a muerte entre  Maccready y Smith.

La película queda muy marcada por la enorme calidad de los intérpretes. Si llegas a un sitio, el que sea, y tienes en contra a Marvin, Borgnine y Ryan ya puedes ponerte a temblar porque son actores especialistas en crear personajes inquietantes, malvados, viles y sádicos. Pero también hace un gran papel el prestigioso Tracy interpretando a un hombre paciente, sereno, sagaz, pero no exento de dureza cuando es necesario como, por ejemplo, en la pelea que tiene en el bar con Coley al que reduce utilizando el único brazo que tiene.

La película no sería la misma con otros actores, pero también cabe destacar un guion bien trabajado de Millard Kaufman, incidiendo en el sinsentido de las venganzas por razones étnicas que causan grandes injusticias, así como el pueblo que sigue como líder a un tipo supremacista que, ayudado por algunos matones, somete a su voluntad a todos los ciudadanos pues algunos, como el doctor, prefieren callarse que enfrentarse a la verdad de lo qué sucedió. Y la competencia de John Sturges como director ya estaba más que acreditada en aquel año 1955, aunque sus obras más famosas como Los siete magníficos vendrían un poco después. Sturges da solidez a la película, retrata bien el paisaje, filma muy bien el duelo final y, en definitiva, constituye uno de sus mejores trabajos junto a El último tren de Gun Hill..

lunes, 16 de septiembre de 2024

ORO MALDITO

 

Alberto Crespi cita como título principal en sus capítulos sobre la historia del cine en Italia películas bastante conocidas y prestigiosas. Por tanto, en principio, sorprende que, para hablar de la Resistencia en el período final de la II Guerra Mundial, ponga un spaguetti western rodado en 1967 titulado Se sei vivo spara que, en España, se tituló Oro maldito. Su director, Giulio Questi, tampoco es de los más importantes del género aunque, eso sí, cuenta con un actor bastante icónico en este tipo de películas como fue el cubano Thomas Milian.

Una banda de forajidos roba un cargamento de oro y traiciona sus aliados indios y mexicanos perpetrando una masacre de la cual, milagrosamente, se salva un mestizo interpretado por Milian que prácticamente, en un tono fantástico cercano a Pale rider, regresa del mundo de los muertos. Los forajidos llegan a una ciudad ya que han de comprar caballos para proseguir su huida con el botín y, allí, los lugareños conocerán de la existencia del oro con lo que se produce un conflicto con muchas partes intentando conseguirlo: la propia banda, las gentes del pueblo encabezados por el dueño del hotel y un acaudalado comerciante que también actúa como predicador, un terrateniente de una zona cercana y el propio Milian que, más que en el oro, piensa en ejecutar un plan de venganza. ´

La película no tiene un mal guion, tiene elementos de interés al mostrar como la codicia por el oro desestabiliza una comunidad de gente con pocos principios morales y la composición del personaje de Milian no está mal, un tipo taciturno y reservado con similitudes respecto a otros héroes del género. No obstante, la realización es vulgar y el resultado simplemente pasable, siendo un filme que el propio Crespi califica de delirante y poco equilibrado.

Oro maldito fue estrenada con unos cortes en dos escenas muy violentas, más propias del gore y que se identifican en la copia de youtube porque están subtituladas en inglés, siendo por lo demás una película bastante más brutal que la media del género. La recuperación del metraje completo provocó el entusiasmo de algunos seguidores y se convirtió en película de culto una vez Tarantino, Alex Cox y Joe Dante manifestaron que la adoraban.  

Y resulta que Crespi la pone encabezando ese capítulo porque no hay películas italianas que traten abiertamente sobre la Resistencia cuando, según él, ese período hubiera podido dar mucho de sí desde el punto de vista cinematográfico. Es verdad que están Paisà y Roma ciudad abierta de Rossellini pero, además de que la primera se rueda en gran parte con capital americano, ninguna de las dos es un gran éxito de público. Cita otras películas en que se habla de la Resistencia, pero de manera tangencial como, por ejemplo, Todos a casa donde también aparece la Resistencia ya en los últimos minutos de la película. Otra cosa hubiera sido haber hecho Todos a casa II y ver qué fue de Alberto Sordi como partisano. Aunque no lo diga Crespi, supongo que tampoco habría interés en realizar películas sobre un colectivo de gente entre los que el PCI tuvo bastante presencia.

En cambio, en una entrevista realizada en 1994, Questi explicó que, en su película, quiso contar la Resistencia tal como él la vivió, siendo el terrateniente y sus seguidores que van con uniforme negro los fascistas, mientras que los indios y pobres que aparecen serían los partisanos. Crespi destaca que, en la experiencia de Questi cuando combatió, teniendo unos veinte años recién cumplidos, con los partisanos, la extrema violencia en la lucha contra el fascismo adquiere un carácter salvaje con unas actuaciones criminales que no tendrían razón de ser en otro contexto, pero sí se dieron frente a los nazis y los italianos fascistas que aún luchaban por la República de Saló. Hay una mezcla de atracción y repulsa hacia las acciones que, como partisano, Questi llevó a cabo y que quiso explicar, a modo de exorcismo de sus demonios interiores e identificándose con el personaje de Milian, a través del filme convirtiéndolo en ultraviolento.

Por tanto, una película más interesante por el contexto, según explica Crespi, que por su valor cinematográfico. 

A SANGRE Y FUEGO

  Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese.   ...