viernes, 28 de agosto de 2026

A SANGRE FRÍA

 

A sangre fría (1967) es la mejor película de Richard Brooks y, sin duda, una de las mejores sobre psicología criminal y la aplicación de la pena de muerte. 

Dos individuos, Perry y Dick, muy diferentes entre sí y que, por separado, no hubieran cometido ningún crimen, se unen para desvalijar la casa de una familia de clase media de Kansas con la consigna previa de no dejar testigos. El problema es que la fuente por la cual creían que el padre de la familia tenía una caja fuerte con mucho dinero era un compañero de celda de Dick, que fantaseó sobre esa cuestión. Los investigadores se encuentran el problema de cómo resolver un crimen en el que, por 40 dólares y una radio, los asesinos han ejecutado con crueldad y ensañamiento a todos los miembros de la familia. Animado por la recompensa, el excompañero de celda de Dick canta como un canario y permite, al identificarlos , la interceptación posterior de los asesinos, ejecutados en la horca al final de la película. 

Brooks narra extraordinariamente la película adoptando un seguimiento de la trama no lineal. Presenta a los personajes, tanto a los asesinos como ese prototipo de familia estándar americana del medio Oeste y, cuando los asesinos se aproximan con su vehículo a la casa, la acción da un salto hacia adelante en el momento en que se descubren los asesinatos, se producen las primeras investigaciones y, en una magistral elipsis, se da cuenta del robo de la radio, apareciendo entonces el aparato por el cual Perry sigue las noticias en un lugar de mala muerte en el que se ha refugiado con Dick. Una vez conocemos los detalles de los crímenes, serán enseñados a los espectadores en un flash back mucho después que supone la confesión de Perry.  

Brooks se adentra de forma magnífica en el fondo psicológico de los dos asesinos, dos exreclusos, Perry marcado por una infancia desgraciada, una familia desestructurada, sometido a abusos y criado de manera represiva en colegios religiosos; y Dick como un inadaptado a la vida en sociedad, impulsivo y descerebrado. Se sirve para ello, en gran parte, de un viaje a México, en principio para huir del crimen, aunque luego acaban volviendo a los Estados Unidos. 

Rodada en los escenarios naturales en que sucedió el crimen, la película se beneficia de la base literaria que da al guion la también extraordinaria novela de Truman Capote, el magnífico trabajo de Conrad Hall en un grisáceo blanco y negro, así como una gran banda sonora del no menos grande Quincy Jones. 

Dice Dick al final de la película que no le parece mal la pena de muerte porque es una venganza y es lo que él ha estado haciendo toda su vida, resentido e inadaptado.  Y Brooks muestra de forma agria cómo es esa venganza, las largas apelaciones hechas por rutina hasta llegar al día en que, con extrema frialdad, los reos son ahorcados. Ese es el alegato contra la pena de muerte, únicamente sirve como venganza y no para prevenir un crimen como el que se produce por parte de dos deshechos de la sociedad que, especialmente en el caso de Perry, hubieran merecido más atención en su niñez.

Otro acierto de la película fue el contar con dos actores que no eran estrellas, sino que eran más bien asiduos de la pequeña pantalla y no conocidos para el gran público. Tanto Scott Wilson el el papel de Dick, al igual que Robert Blake interpretando a Perry, componen dos interpretaciones antológicas. Aunque luego no participaran en grandes películas (salvo cuando Blake trabajó con David Lynch) esta película les proporciona un lugar en la historia del cine.

Obra maestra

miércoles, 26 de agosto de 2026

EASY RIDER

 


Easy rider (1969) es una película más importante en la historia del cine por ser referencia del cine independiente norteamericano y culminación del movimiento contracultural de los 60, que no por sus propios méritos cinematográficos. No es que dichos méritos sean inexistentes y hay cosas de la película que, tras haberla visto en la reposición en el cine Moderno de los años 80 y luego otra vez más por TV, me han gustado, pero en su conjunto no podemos decir que estemos ante una gran película. El bueno de Dennis Hooper realizó posteriormente, en 1980, una película mucho mejor, la ácida, desesperanzada y brutal Out of the blue

Easy rider me parece un filme irregular. Tiene un buen inicio, con la compra a unos mexicanos de la droga con la que financiar el viaje de California a Luisiana, y un impactante final cuando, tras pasar una noche en un burdel de Nueva Orleans y seguir el viaje con destino Florida, un par de tipos que parecen surgir del actual movimiento MAGA de Trump acribillan en la carretera a Hooper y Fonda. También es destacable la aparición del personaje de Jack Nicholson, cuando los dos moteros van a parar a la cárcel, y la charla que les da Nicholson sobre la libertad y la sociedad estadounidense en lo que es uno de los mejores momentos de la película. Pero también es cierto que la película se encalla, como en la escena de la comuna, larga y bastante intrascendente, así como que le acaba perjudicando recurrir tanto a canciones, aunque la banda sonora sea una de las características más identitarias del filme. La sobreexplotación de la banda sonora perjudica el discurso narrativo del filme, que podía haber sido mejor. 

En definitiva, un filme irregular. Pero, sin duda, las imágenes visuales de Hooper y Fonda conduciendo sus Harleys, el segundo de ellos con su casco de Capitán América, por el sudoeste norteamericano, pasando entre otros sitios por Monument Valley, son muy potentes e icónicas en la memoria de la (poca) gente que sigue recordando la película.

Coincidiendo con la visión de la película, voy leyendo el libro Contra la ilustración oscura del filósofo Carlos Fernández Liria. Aparece el inefable Peter Thiel, como uno de los hombres que se propone derruir el Estado de Derecho y sustituirlo por una aristocracia tecnológica rigiendo el mundo con estructuras propias de la Edad Media. Fernández refiere que Thiel piensa que hace cincuenta años hubo un estancamiento por culpa de una batalla cultural que ganaron los hippies. En palabras de Thiel:  En julio de 1969 pisamos la Luna. Woodstock empezó tres semanas después. En retrospectiva, fue entonces cuando se detuvo el progreso y ganaron los hippies.  

Bueno, yo no diría que ganaron los hippies. Dejaron varias cosas importantes, como un considerable legado musical y la extensión masiva de la píldora anticonceptiva que ayudó a cambiar la sexualidad y promover la liberación de la mujer. Pero, de ahí a que ganarán va mucha diferencia.  En global, más bien fueron derrotados por el neoliberalismo como pone de manifiesto Fernández, con una cita en medio de Mark Fischer, en otro momento del libro:

Es cierto que la izquierda no jugó bien sus cartas en esta batalla cultural y, probablemente, sigue sin saber hacerlo. “El fracaso de la izquierda después de los sesenta tuvo mucho que ver con su repudio hacia los sueños desatados por la contracultura, y con su incapacidad para implicarse en ellos”. Esta desconexión también fue fatal para los sueños del movimiento contracultural. La posibilidad de ser hippie se fue convirtiendo cada vez más en un lujo de un estado de bienestar que había empezado a demolerse. Así es como, finalmente, el neoliberalismo pudo ganar ambas partidas. 

A la luz de las reflexiones de este libro, cobra valor simbólico el final de la película, esa imposibilidad de los protagonistas de llegar a su destino por una causa violenta derivada de los tiros de una escopeta que podría haber disparado Thiel o, más bien, alguien cercano a él. En cualquier caso, no parece que empezará ningún estancamiento por gente como la que interpretan Hooper y Fonda en el filme.

viernes, 21 de agosto de 2026

NIEBLA EN EL ALMA

 

Más conocido por sus películas de terror para la Hammer y Amicus en las décadas de los 60 a los 80, Roy Ward Baker trabajó años antes en Hollywood y dirigió Niebla en el alma (1952), una película para la Fox en la que, por primera vez, la que sería su gran estrella de la época, Marilyn Monroe, encabezaba el reparto femenino y, en el cast, tan solo la precedía la estrella masculina del film, el siempre eficaz Richard Widmark. 

Es una película corta, de unos setenta minutos, que se centra en la relación entre Widmark y su novia, una jovencísima Anne Bancroft, que sufren una crisis ya que el hombre es reacio a comprometerse y da muestras de ser una persona con poca sensibilidad y empatía hacia los demás. 

Estando en el hotel en el que Bancroft canta, Widmark, que tras la guerra es piloto de aviación comercial, se cabrea y sube a su habitación, viendo por la ventana a una atractiva chica en otra habitación de la misma planta. Resulta que esa chica, la Monroe, tras haber salido hace pocas semanas de un manicomio al tener problemas mentales derivados de la muerte de su novio aviador en el Pacífico, está trabajando circunstancialmente de au pair en el hotel, empleo que le ha buscado el ascensorista, que es su tío y está interpretado por Elisha Cook jr.

Widmark y Monroe empiezan a hablar, al principio atraídos el uno por el otro, pero, enseguida, Widmark se da cuenta de los problemas mentales de ella, que le confunde, al saber que es piloto de avión, con el novio que perdió años atrás. La locura de Monroe llega al punto de poner en peligro a la niña que está cuidando, a la que amordaza para que no la moleste. Al estar intranquila la madre de la pequeña que está en una cena de gala en el mismo hotel, sube a la habitación y se precipita el final, la niña no sufre daño, Monroe es llevada a un sanatorio mental dado su estado y Bancroft, al ver que Widmark se ha implicado en la resolución del caso demostrando que le importan los demás, retoma la relación con él. 

Es una película de personajes ya que la trama no da para mucho, siendo previsible su resolución. Y, desde el punto de vista de la composición e interpretación de los personajes, Marilyn Monroe está bastante convincente demostrando que, mucho antes de Vidas rebeldes, ya había dado muestras de ser una buena actriz dramática, aunque luego se encasillara básicamente en la comedia.   

Widmark demuestra su solidez y versatilidad, dando aquí un registro de tipo impaciente e insatisfecho en su relación con los demás en general y con su novia en particular, que logra cambiar al final de la película. La presencia de Bancroft es también muy destacable y no pasa desapercibida, aunque su participación, al principio y final del filme, es relativamente breve

Una película interesante por las interpretaciones de Monroe, Widmark y Bancroft.

miércoles, 19 de agosto de 2026

CEUTA

 

Si alguien quiere un ejemplo de lo que es el caos, confusión o desorden según una de las acepciones que da la RAE, solo hay que ver todo lo que rodea la crisis de Ceuta desde el 30 de julio. 

El Gobierno nos ha engañado tanto que es imposible saber qué está pasando realmente allá. Lo único claro es que las cifras oficiales no se sostienen. Se dijo que habían entrado como 70.000 personas y que, en su inmensa mayoría, habían vuelto al día siguiente. Sin embargo, nadie sabe el número de gente que pasó la frontera y sigue allí, tanto menas como mayores de edad. 

¿Entró tanta gente? Pudiera ser que no, y que inflarán el dato para fortalecer la peregrina idea que Sánchez había resuelto otra crisis. ¿La sentencia del Supremo fue tan importante? Bueno, parecía que afectaba a la gente que entraba a nado, y se vio mucha gente que llegaba a las playas (unas decenas, lamentablemente, murieron ahogados al verse arrastrados por las corrientes) pero también tuvo que entrar mucha gente vía terrestre. ¿No había fuerzas de seguridad vigilando la frontera terrestre? 

A partir de aquí, todo es una sucesión de noticias que demuestran la falta de control del gobierno. El Estado no existe y son algunas ONG las que han censado a los menas. Hay una crisis sanitaria ampliamente contrastada, aunque negada por la ministra de Sanidad. Las fuerzas de seguridad y el ejército están alojados en condiciones lamentables y se ha dado un brote de sarna. Algunas decenas de inmigrantes parece que han podido saltar a la península gracias a taxis patera de las mafias. La gente de Ceuta percibe una gran inseguridad con todavía miles de personas deambulando o escondidas y está acojonada. Puestos a no activar los protocolos de devolución de menores a Marruecos, estaría bien protegerlos y, especialmente, a las chicas pues parece que hay una agresión sexual diaria. 

La sensación es que el Estado no existe. Como pasó con la DANA de Valencia. Allí Sánchez pudo diluir su responsabilidad gracias a la nefasta actuación de Mazón, desaparecido probablemente borracho en la tarde de las riadas, pero ¿y ahora? Cuando la soberanía territorial se ha visto atacada desatando una crisis en la ciudad ceutí, Pedro Sánchez está de vacaciones en Lanzarote, bañándose en el Atlántico con la imputada Begoña y supongo que urdiendo como polarizar a lo bestia el país en el 2027 cuando se celebren elecciones generales. 

La impresentable actuación de Marruecos controlando a su voluntad los flujos en la frontera para chantajear a España, protegida por sus aliados norteamericanos e israelíes, exigiría la respuesta firme del Gobierno con un hombre de fuerte liderazgo que lo encabezara. En cambio, tenemos a este mamarracho, padrino de la corrupción sistémica de su partido y sobornador de delincuentes para ser investido presidente del Gobierno que pasa de la crisis ceutí dando la impresión, junto a sus reprobados ministros, que no hay nadie al volante. 


A SANGRE FRÍA

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