lunes, 13 de julio de 2026

ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO Nº 13

 

Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) es la segunda película de John Carpenter, planteada a medio camino entre un thriller, un western urbano y una película de zombis. Es una serie B, por no decir C, con muy poco dinero, aunque parece que Carpenter tuvo absoluta libertad para dirigir el proyecto.

Un policía, Ethan Bishop, recibe el encargo de custodiar por una noche una comisaría que se está desmantelando.  Lo que parece ser una misión tranquila se convertirá en una pesadilla. Por un lado, un autobús que traslada tres convictos se detiene en esa comisaria ante los problemas de salud que tiene uno de ellos. Por otra parte, un grupo de pandilleros asesina a una niña de corta edad y el padre, tras acabar con uno de ellos, se refugia en estado de shock en la comisaría. Los pandilleros cercan esa comisaría que, con pocos medios y con el suministro eléctrico cortado, queda aislada sin posibilidad de solicitar y recibir ayuda. 

En muchos momentos, la película recuerda a La noche de los muertos vivientes de Romero. Los pandilleros atacan sin orden ni concierto, exponiéndose a ser blanco fácil de los defensores.  El problema para estos últimos es que se empiezan a quedar sin municiones y que, para poder mantener alejados a los agresores, se inicia una colaboración entre el policía protagonista con dos de los convictos, quedando uno de estos eliminado al intentar salir del edificio para solicitar ayuda. Pero el otro preso, Napoleon Wilson, combate fielmente hasta el final del asedio. Gracias al uso de un material explosivo y una idea ingeniosa de Bishop, más la imprescindible ayuda de Wilson, se desbarata un último y contundente ataque de los pandilleros frustrándose definitivamente el asalto.

Se ha señalado que, como homenaje a Hawks, el filme tiene algunas semejanzas con Río Bravo. Efectivamente, hay un asedio como en la película de Hawks, pero el modesto homenaje que Carpenter pudo hacer es intentar crear personajes. A años luz de la película de Hawks, lo cierto es que Carpenter, en medio de la tensión propia de una película con mucha acción, construye una relación de amistad entre Wilson y Bishop, así como una atracción sentimental entre Wilson y una de las administrativas de la comisaría que sobrevive al ataque.  

La atmosfera opresiva que da Carpenter al filme, utilizando su típica banda sonora a base de sintetizadores compuesta por él mismo, da personalidad al filme, junto a ideas radicales en aquel momento como la niña asesinada de un disparo a bocajarro, o un extraño juramento de sangre que llevan a cabo los líderes pandilleros al inicio del filme.

Un buen filme de serie B, de un director que resultó frecuentemente interesante al realizar sus películas.

sábado, 11 de julio de 2026

LA VERDADERA HISTORIA DE RICARDO III

 

La imposibilidad de controlar todos los detalles del calendario futbolístico hace que coincidan el España-Bélgica del Mundial con la primera representación teatral de La verdadera historia de Ricardo III. Frustrado por no poder ver el avance de la Selección a semifinales, me quedan dos consuelos: que el martes sí veré el duelo de colosos con Francia y que la obra de teatro estrenada ayer en el Grec, y que tan solo tendrá una función más hoy, ha sido de lo mejor que he visto este año. 

Con dirección de Calixto Bieito ayudado en la dramaturgia por Adrià Reixach, una compañía argentina representa este texto, siguiendo en su mayor parte el original de Shakespeare, aunque introduciendo algunos elementos nuevos propiciados por el descubrimiento, hace unos diez años, del cadáver de Ricardo cuando construían un parking en Leicester. A través de una investigación genealógica de la hermana mayor de Ricardo, rastreando 26 generaciones y con la secuencia del ADN, se pudo establecer que aquel cadáver, sospechoso de ser el rey Ricardo, lo era en verdad. En la obra se dedican algunas escenas a los investigadores que siguieron esta identificación del cuerpo, a partir de la cual se puede inferir que, a pesar de que Ricardo padecía escoliosis, no era el jorobado deforme que Shakespeare, basándose en la anterior biografía que escribió Tomás Moro del rey inglés, describió en su famosa obra. 

Las escenas de los investigadores sirven para dar noticia de ese descubrimiento que cuestiona la verdad histórica acerca del personaje, además de incorporar, de manera sorprendente y acertada, un diálogo entre dos médicos replicando aquel que Orson Welles y Joseph Cotten tienen en la noria del Prater vienés en El tercer hombre

No obstante, se impone la ficción de Shakespeare, influida por la descripción del personaje que hizo Moro escribiendo a sueldo de los Tudor, pero matizada por ese sorprendente descubrimiento en Leicester, apareciendo la figura imponente del actor Joaquín Furriel para dar vida al avieso, taimado, hipócrita, sanguinario y cruel rey Ricardo. Y Furriel desprende en su representación una intensidad tan grande que incluso, a pesar de que el resto del reparto está muy bien, lo empequeñece. Furriel realiza una interpretación tan magnífica que se apropia del Grec y lo llena totalmente, interactuando con el público e incluso desplazándose por las gradas.  

Furriel recita los monólogos y diálogos más famosos de Ricardo, de forma magnífica, pero el tono no es trágico, incluso la construcción del personaje desprende en gran parte comicidad. El propio Furriel ha declarado en una entrevista que ve Ricardo III como una farsa de crueldad. Se opta, pues, por un tono tragicómico que se revela más moderno, pero también más aterrador y, oyendo a Ricardo, parece que nos encontremos, sin que en algunos casos hayan ordenado asesinar a nadie, ante gente como Vladimir Putin, Donald Trump, Pedro Sánchez, Erdogan, Kim Jong Un o Netanyahu. Al menos, toda esta gente bebe de un máster en acción política que va dando Ricardo a lo largo de la obra. 

Gran noche de teatro en el Grec y gran Mikel Merino poniendo a España en semifinales. 

viernes, 10 de julio de 2026

LA FEBRE D'OR

 

Leo La febre d’or de Narcís Oller, al parecer su obra más ambiciosa.  Relata el auge y caída de una familia dedicada a les especulación bancaria y bursátil, de origen menestral ya que el protagonista, Gil Foix, era carpintero antes de dedicarse a las actividades financieras y, tras perder su fortuna, vuelve a sus orígenes menestrales ofuscado mentalmente. 

Oller describe esa familia de Gil Foix, aproximándolos a los escenarios en que se reunía esa clase alta barcelonesa. Así, en la novela, la familia asiste a una representación de Fausto en el Liceu a cargo del famoso tenor Masini; o se reúnen en el Hipódromo, lugar del que desconocía su existencia, pero estaba en lo que luego fue Can Tunis, con vistas al cementerio cosa que provoca la queja de una de las asistentes. Ese hipódromo se derruyó en la década de los 30, estando en funcionamiento medio siglo aproximadamente. 

No todo en la novela son cuestiones financieras, sino que, con detalle, se muestran las vicisitudes de las relaciones familiares y también amorosas de varios protagonistas. Destaca la imprudencia de Gil Foix, frente a su suegra que era la persona más juiciosa para no vivir por encima de las posibilidades, así como su sobrino y otros personajes negativos por su afán especulativo, mientras los personajes más positivos son los alejados del mundo financiero. La prosa es fluida y se lee de forma amena, aunque personalmente me causa un poco de distancia y el autor no me transmite la pasión necesaria por los personajes para que la considere una novela memorable.   

Oller se apresuró a escribir el primer volumen para adelantarse a L’argent de Zola, de temática parecida, y no hay duda de la importancia de una novela como esta en el panorama literario catalán del siglo XIX. Buena novela, no estaría entre mis favoritas para volver a leer y, en cualquier caso, de capital importancia para la literatura catalana.  

miércoles, 8 de julio de 2026

SERPICO

 

Serpico (1973), dirigida por Sidney Lumet, es una película basada en la historia real de Frank Serpico, un policía honrado que, ya desde el momento de su incorporación al cuerpo de policía de la ciudad de Nueva York, empezó a descubrir los vicios existentes en el desarrollo de la labor policial, al principio cosas menores como pasotismo si un delito no se producía en el territorio asignado, aunque pudieras acudir rápido, o pisarse entre compañeros un detenido para hacer méritos; pero luego, muy pronto en realidad, capta un problema endémico y muy extendido de corrupción. Ve como es algo habitual que los policías reciban sobornos y, pese a que sus propios compañeros lo intentan cooptar en ese sistema, Serpico se mantiene incorruptible. 

En cuanto a los aspectos más personales del personaje, Frank Serpico es un policía que viste de manera despreocupadamente informal, con una estética muy años 70, en una imagen absolutamente inusual de un policía en el cine.  Inicia dos relaciones sentimentales, las cuales no funcionan en gran parte porque Serpico traslada sus problemas laborales a lo que es sus relaciones de pareja. 

Creándose cada vez más animadversión hacia su persona en el cuerpo, tras haber pasado por más de una división, acaba en narcóticos y dos compañeros no le cubren cuando, en el marco de una operación, les pide ayuda para reducir a un delincuente que le acaba tiroteando. Serpico salva la vida, testificando al final en un proceso que hubo contra la corrupción en el cuerpo policial neoyorquino, pero abandona el cuerpo y se traslada a vivir fuera de los Estados Unidos. 

Lumet tiene una buena historia y se muestra eficaz, como casi siempre en él, para encontrar un ritmo adecuado para narrarla. No está interesado en una gran puesta en escena, sino en contar de manera fácil y clara la historia que tiene entre manos, de una forma muy natural, filmando en exteriores para dar autenticidad al filme y un aire a veces documental. El otro pilar de la película es Al Pacino, en una de sus muchas grandes interpretaciones, aquí como policía incorruptible y también con problemas para separar la vida profesional de la laboral.

 Sin ser una película deslumbrante, siempre ofrece interés una historia tan antigua y, a la vez, tan actual como es la corrupción. Lumet y Pacino consiguen un producto de buena factura para explicar esa historia. 


lunes, 6 de julio de 2026

EL TECHO

 

El techo, rodada en 1956, es una de las películas más tardías, dentro del movimiento neorrealista, del gran Vittorio de Sica, coescrita con Cesare Zavattini. Habían pasado unos cuantos años desde El ladrón de bicicletas, pero se da una imagen de mucha miseria en la Roma de mediados de la década de los 50 con un problema que no deja de estar de actualidad: la falta de vivienda. Un año más tarde, Nieves Conde rodaría en España El inquilino, otra película que daba muetras de la escasez de viviendas en nuestro país y que, vista con el final censurado en su día, es una gran película. 

En El techo, Natale, aprendiz de albañil, se casa con Luisa, pero no tienen hogar propio. Viven con los padres de él y otros familiares, entre ellos un cuñado que demuestra tener más jerarquía en la casa y, tras una pelea, los recién casados la abandonan. Siendo imposible alquilar nada y tras vivir unos días separados, ella con una amiga y él durmiendo en un cuartucho de la obra en que trabaja, deciden construir una chabola en el extrarradio de la ciudad, al lado de una vía férrea.

Como se veía en el inicio de El 47, en Italia, al igual que en nuestro país, si se construía una chabola lo importante, para que las fuerzas del orden no la derruyeran, era que tuviera techo. Tras varias peripecias, al final la pareja protagonista, ayudada por compañeros de Natale, logran levantar una chabola. Aunque no está del todo terminada y el techo no está cerrado, aquí un par de policías hacen la vista gorda, la deficiente construcción queda en pie y se llega a un final “feliz”.

La fluidez de De Sica para rodar, detenerse en los detalles, construir los personajes, dejarse llevar por la ternuara es, como habitualmente en él, espléndida. Como en otras películas suyas neorrealistas, el reparto está formado por actores poco conocidos que hacen más creíble la historia que si hubiera puesto una gran estrella del cine italiano. 

Un gran clásico, menos conocido que otros de De Sica, pero no menos interesante. 


ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO Nº 13

  Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) es la segunda película de John Carpenter, planteada a medio camino en tre un thriller, un w...