En un mundo libre (2007) es una película de Ken Loach que no ha perdido un ápice de actualidad ahora que la cuestión de la inmigración se percibe como un problema para gran parte de la ciudadanía y, también, para los líderes políticos, enzarzados a la greña por esta cuestión, tanto dentro de cada estado como en el conjunto de la Unión Europea. En el momento de producción de la película, el Reino Unido estaba en la UE. Ahora no lo está, pero la situación es la misma para ellos que para la UE en cuestión de inmigración, si bien ellos no tienen ninguna frontera terrestre que defender.
La protagonista de la película es Angie, una chica de unos treinta años, madre soltera que trabaja en una ETT. El filme empieza en Katowice, siendo su tarea facilitar la llegada de trabajadores polacos al Reino Unido. Tras cortar en seco lo que, con los parámetros aplicados a Rubiales, es una agresión sexual por parte de uno de sus jefes, es despedida de la ETT. Entonces decide, junto a una amiga y compañera de piso, crear ella misma una ETT que se dedique a captar trabajadores extranjeros y hacer de mediadoras con empresas que necesitan mano de obra, normalmente de forma puntual para pequeños contratos.
La forma de empezar es chapucera, operando de forma ilegal y esperando, tras unos meses, legalizar la situación de la empresa. La gestión de la empresa no va mal, pero empeora por causa de unos impagos de los empresarios que han pagado el servicio de reclutar trabajadores. Por otro lado, se plantea la problemática de la gente que no puede trabajar por no tener papeles, con los que Angie en principio empatiza y contacta con quien puede proporcionar pasaportes falsos a un grupo de iraníes.
Volcada en el trabajo, la película también se centra en su vida familiar, un hijo unos 10 años que tiene problemas escolares por sentirse desatendido por su madre y una relación conflictiva con sus padres, especialmente el abuelo del niño, que dedica gran parte de su tiempo a atender a su nieto recriminando a su hija su poca dedicación.
Ante los impagos que han sufrido los inmigrantes, y a pesar de que la situación no es culpa de Angie, un grupo la amedranta utilizando a su hijo y le sustrae una parte del dinero que, junto a su amiga, tenía de un negocio paralelo de sobrexplotación de vivienda para inmigrantes en situación de precariedad, alquilando sucesivamente un espacio por turnos. Aún le queda una parte por pagar a los inmigrantes que no han cobrado y la acción se traslada a Kiev, ciudad en la que vemos a Angie captar ucranianos para trasladar al Reino Unido e intuimos que va a trapichear para conseguir dinero y saldar sus deudas.
A Loach siempre le suele acompañar una eficacia narrativa que, aquí, se aúna con un tema igual de actual que en el momento de la filmación: ¿qué cupo de inmigración se necesita aceptar en los países europeos? ¿cómo garantizar sus derechos y que no sean esquilmados por empresarios desaprensivos? ¿qué hacer con la gente que ha entrado ilegalmente a un país?
Por supuesto, el problema central que describe Loach es la precariedad que conlleva a las relaciones laborales el capitalismo salvaje, pero me gusta del filme una cosa y es que no hay personajes positivos. Angie es capaz de proporcionar pasaportes falsos a inmigrantes ilegales, pero, más tarde, ella misma denuncia el campamento en el que están porque necesita que se vacíe para dar alojamiento a otra partida de trabajadores extranjeros, estos con papeles, que va a colocar para trabajar en una empresa. Su modo de llevar la empresa y el lucro en explotar de manera intensiva la vivienda a costa de la precariedad de los inmigrantes es altamente criticable. Y es que el propio Ken Loach define a su protagonista como “el producto de la contrarrevolución tatcheriana, que ha hecho hincapié en los negocios y éxitos empresariales, que ha premiado a los que se han abierto camino a codazos”. Pero tampoco los inmigrantes componen en su totalidad un grupo inocente y, unos cuantos, reaccionan de forma violenta a los impagos invadiendo el domicilio de Angie, amordazándola y amenazándola, con maneras propias de gente criminal.
Extraordinaria interpretación de Kierston Wareing en el papel de Angie, dando muy bien ese registro de persona impulsiva, emprendedora, contradictoria y, finalmente, superada por las adversidades en su intento, después de una vida laboral que se intuye convulsa, de ser su propia jefa.
Loach se ha jubilado pero su cine, dada gran parte de su temática dedicada a describir los desmanes del mundo capitalista y las personas oprimidas, sigue siendo necesario.