martes, 1 de septiembre de 2026

EL SER QUERIDO

 

 El ser querido (2025) es la última película de Rodrigo Sorogoyen y su característica principal es apostar por un duelo interpretativo entre los dos personajes principales: Javier Bardem, que se pone en la piel de un director español de cine que ha triunfado internacionalmente y que se llama Esteban Hernández; y Vicky Luengo en el papel de su hija Emilia. 

En un largo prólogo, Esteban, que hace años que perdió el contacto son su hija, queda con ella en un restaurante y, para recuperar esa relación, le ofrece un papel en una película que, ambientada en el Sáhara Occidental de los años treinta, va a rodar en Fuerteventura.  Emilia es una chica con poca experiencia como actriz y que, de hecho, trabaja como camarera en un restaurante en ese momento, pero acepta la propuesta de su padre. 

En el rodaje, aflorará toda la tensión acumulada durante años y se verá el interior de los personajes, un Esteban que tiene un lado tiránico y despótico en determinados momentos del rodaje con todo el equipo (en parte, alterado por esa tensión con su hija) y una Emilia que nunca ha llegado a superar la ausencia de la figura paterna, a la que achaca determinadas actitudes negativas en su carácter y que tiene propensión a ahogar sus penas en alcohol.

Lo más sobresaliente del filme son las interpretaciones de Bardem y Luengo, muy buena en los dos casos, así como la tensión que logra introducir Sorogoyen durante las algo más de dos horas de duración del filme. Destaca en ese sentido la larga escena en la que un desquiciado Esteban repite de forma obsesiva una y otra vez la misma toma alegando que no queda bien, llegando a provocar el enfado de los actores que, en primer lugar, se lo toman a cachondeo. Más discutibles son algunos recursos que emplea Sorogoyen, como poner determinadas cortas escenas en blanco y negro sin que tenga una función importante en la narración

Buena película, aunque no tanto como la extraordinaria As bestas, una película mucho más ambiciosa que El ser querido. En esta última, se parte de una historia sencilla con un conflicto paternofilial y crea un buen clima de intensidad dramática con la ayuda de dos grandes interpretaciones, pero en la sencillez de la trama, ausentes otros personajes que despierten interés, también está su limitación para que se pueda hablar de una gran película


domingo, 30 de agosto de 2026

EN UN MUNDO LIBRE

 

 En un mundo libre (2007) es una película de Ken Loach que no ha perdido un ápice de actualidad ahora que la cuestión de la inmigración se percibe como un problema para gran parte de la ciudadanía y, también, para los líderes políticos, enzarzados a la greña por esta cuestión, tanto dentro de cada estado como en el conjunto de la Unión Europea. En el momento de producción de la película, el Reino Unido estaba en la UE. Ahora no lo está, pero la situación es la misma para ellos que para la UE en cuestión de inmigración, si bien ellos no tienen ninguna frontera terrestre que defender. 

La protagonista de la película es Angie, una chica de unos treinta años, madre soltera que trabaja en una ETT. El filme empieza en Katowice, siendo su tarea facilitar la llegada de trabajadores polacos al Reino Unido. Tras cortar en seco lo que, con los parámetros aplicados a Rubiales, es una agresión sexual por parte de uno de sus jefes, es despedida de la ETT. Entonces decide, junto a una amiga y compañera de piso, crear ella misma una ETT que se dedique a captar trabajadores extranjeros y hacer de mediadoras con empresas que necesitan mano de obra, normalmente de forma puntual para pequeños contratos. 

La forma de empezar es chapucera, operando de forma ilegal y esperando, tras unos meses, legalizar la situación de la empresa. La gestión de la empresa no va mal, pero empeora por causa de unos impagos de los empresarios que han pagado el servicio de reclutar trabajadores. Por otro lado, se plantea la problemática de la gente que no puede trabajar por no tener papeles, con los que Angie en principio empatiza y contacta con quien puede proporcionar pasaportes falsos a un grupo de iraníes. 

Volcada en el trabajo, la película también se centra en su vida familiar, un hijo unos 10 años que tiene problemas escolares por sentirse desatendido por su madre y una relación conflictiva con sus padres, especialmente el abuelo del niño, que dedica gran parte de su tiempo a atender a su nieto recriminando a su hija su poca dedicación. 

Ante los impagos que han sufrido los inmigrantes, y a pesar de que la situación no es culpa de Angie, un grupo la amedranta utilizando a su hijo y le sustrae una parte del dinero que, junto a su amiga, tenía de un negocio paralelo de sobrexplotación de vivienda para inmigrantes en situación de precariedad, alquilando sucesivamente un espacio por turnos. Aún le queda una parte por pagar a los inmigrantes que no han cobrado y la acción se traslada a Kiev, ciudad en la que vemos a Angie captar ucranianos para trasladar al Reino Unido e intuimos que va a trapichear para conseguir dinero y saldar sus deudas.  

A Loach siempre le suele acompañar una eficacia narrativa que, aquí, se aúna con un tema igual de actual que en el momento de la filmación: ¿qué cupo de inmigración se necesita aceptar en los países europeos? ¿cómo garantizar sus derechos y que no sean esquilmados por empresarios desaprensivos? ¿qué hacer con la gente que ha entrado ilegalmente a un país?

Por supuesto, el problema central que describe Loach es la precariedad que conlleva a las relaciones laborales el capitalismo salvaje, pero me gusta del filme una cosa y es que no hay personajes positivos. Angie es capaz de proporcionar pasaportes falsos a inmigrantes ilegales, pero, más tarde, ella misma denuncia el campamento en el que están porque necesita que se vacíe para dar alojamiento a otra partida de trabajadores extranjeros, estos con papeles, que va a colocar para trabajar en una empresa.  Su modo de llevar la empresa y el lucro en explotar de manera intensiva la vivienda a costa de la precariedad de los inmigrantes es altamente criticable. Y es que el propio Ken Loach define a su protagonista como “el producto de la contrarrevolución tatcheriana, que ha hecho hincapié en los negocios y éxitos empresariales, que ha premiado a los que se han abierto camino a codazos”. Pero tampoco los inmigrantes componen en su totalidad un grupo inocente y, unos cuantos, reaccionan de forma violenta a los impagos invadiendo el domicilio de Angie, amordazándola y amenazándola, con maneras propias de gente criminal. 

Extraordinaria interpretación de Kierston Wareing en el papel de Angie, dando muy bien ese registro de persona impulsiva, emprendedora, contradictoria y, finalmente, superada por las adversidades en su intento, después de una vida laboral que se intuye convulsa, de ser su propia jefa. 

Loach se ha jubilado pero su cine, dada gran parte de su temática dedicada a describir los desmanes del mundo capitalista y las personas oprimidas, sigue siendo necesario. 

viernes, 28 de agosto de 2026

A SANGRE FRÍA

 

A sangre fría (1967) es la mejor película de Richard Brooks y, sin duda, una de las mejores sobre psicología criminal y la aplicación de la pena de muerte. 

Dos individuos, Perry y Dick, muy diferentes entre sí y que, por separado, no hubieran cometido ningún crimen, se unen para desvalijar la casa de una familia de clase media de Kansas con la consigna previa de no dejar testigos. El problema es que la fuente por la cual creían que el padre de la familia tenía una caja fuerte con mucho dinero era un compañero de celda de Dick, que fantaseó sobre esa cuestión. Los investigadores se encuentran el problema de cómo resolver un crimen en el que, por 40 dólares y una radio, los asesinos han ejecutado con crueldad y ensañamiento a todos los miembros de la familia. Animado por la recompensa, el excompañero de celda de Dick canta como un canario y permite, al identificarlos , la interceptación posterior de los asesinos, ejecutados en la horca al final de la película. 

Brooks narra extraordinariamente la película adoptando un seguimiento de la trama no lineal. Presenta a los personajes, tanto a los asesinos como ese prototipo de familia estándar americana del medio Oeste y, cuando los asesinos se aproximan con su vehículo a la casa, la acción da un salto hacia adelante en el momento en que se descubren los asesinatos, se producen las primeras investigaciones y, en una magistral elipsis, se da cuenta del robo de la radio, apareciendo entonces el aparato por el cual Perry sigue las noticias en un lugar de mala muerte en el que se ha refugiado con Dick. Una vez conocemos los detalles de los crímenes, serán enseñados a los espectadores en un flash back mucho después que supone la confesión de Perry.  

Brooks se adentra de forma magnífica en el fondo psicológico de los dos asesinos, dos exreclusos, Perry marcado por una infancia desgraciada, una familia desestructurada, sometido a abusos y criado de manera represiva en colegios religiosos; y Dick como un inadaptado a la vida en sociedad, impulsivo y descerebrado. Se sirve para ello, en gran parte, de un viaje a México, en principio para huir del crimen, aunque luego acaban volviendo a los Estados Unidos. 

Rodada en los escenarios naturales en que sucedió el crimen, la película se beneficia de la base literaria que da al guion la también extraordinaria novela de Truman Capote, el magnífico trabajo de Conrad Hall en un grisáceo blanco y negro, así como una gran banda sonora del no menos grande Quincy Jones. 

Dice Dick al final de la película que no le parece mal la pena de muerte porque es una venganza y es lo que él ha estado haciendo toda su vida, resentido e inadaptado.  Y Brooks muestra de forma agria cómo es esa venganza, las largas apelaciones hechas por rutina hasta llegar al día en que, con extrema frialdad, los reos son ahorcados. Ese es el alegato contra la pena de muerte, únicamente sirve como venganza y no para prevenir un crimen como el que se produce por parte de dos deshechos de la sociedad que, especialmente en el caso de Perry, hubieran merecido más atención en su niñez.

Otro acierto de la película fue el contar con dos actores que no eran estrellas, sino que eran más bien asiduos de la pequeña pantalla y no conocidos para el gran público. Tanto Scott Wilson el el papel de Dick, al igual que Robert Blake interpretando a Perry, componen dos interpretaciones antológicas. Aunque luego no participaran en grandes películas (salvo cuando Blake trabajó con David Lynch) esta película les proporciona un lugar en la historia del cine.

Obra maestra

miércoles, 26 de agosto de 2026

EASY RIDER

 


Easy rider (1969) es una película más importante en la historia del cine por ser referencia del cine independiente norteamericano y culminación del movimiento contracultural de los 60, que no por sus propios méritos cinematográficos. No es que dichos méritos sean inexistentes y hay cosas de la película que, tras haberla visto en la reposición en el cine Moderno de los años 80 y luego otra vez más por TV, me han gustado, pero en su conjunto no podemos decir que estemos ante una gran película. El bueno de Dennis Hooper realizó posteriormente, en 1980, una película mucho mejor, la ácida, desesperanzada y brutal Out of the blue

Easy rider me parece un filme irregular. Tiene un buen inicio, con la compra a unos mexicanos de la droga con la que financiar el viaje de California a Luisiana, y un impactante final cuando, tras pasar una noche en un burdel de Nueva Orleans y seguir el viaje con destino Florida, un par de tipos que parecen surgir del actual movimiento MAGA de Trump acribillan en la carretera a Hooper y Fonda. También es destacable la aparición del personaje de Jack Nicholson, cuando los dos moteros van a parar a la cárcel, y la charla que les da Nicholson sobre la libertad y la sociedad estadounidense en lo que es uno de los mejores momentos de la película. Pero también es cierto que la película se encalla, como en la escena de la comuna, larga y bastante intrascendente, así como que le acaba perjudicando recurrir tanto a canciones, aunque la banda sonora sea una de las características más identitarias del filme. La sobreexplotación de la banda sonora perjudica el discurso narrativo del filme, que podía haber sido mejor. 

En definitiva, un filme irregular. Pero, sin duda, las imágenes visuales de Hooper y Fonda conduciendo sus Harleys, el segundo de ellos con su casco de Capitán América, por el sudoeste norteamericano, pasando entre otros sitios por Monument Valley, son muy potentes e icónicas en la memoria de la (poca) gente que sigue recordando la película.

Coincidiendo con la visión de la película, voy leyendo el libro Contra la ilustración oscura del filósofo Carlos Fernández Liria. Aparece el inefable Peter Thiel, como uno de los hombres que se propone derruir el Estado de Derecho y sustituirlo por una aristocracia tecnológica rigiendo el mundo con estructuras propias de la Edad Media. Fernández refiere que Thiel piensa que hace cincuenta años hubo un estancamiento por culpa de una batalla cultural que ganaron los hippies. En palabras de Thiel:  En julio de 1969 pisamos la Luna. Woodstock empezó tres semanas después. En retrospectiva, fue entonces cuando se detuvo el progreso y ganaron los hippies.  

Bueno, yo no diría que ganaron los hippies. Dejaron varias cosas importantes, como un considerable legado musical y la extensión masiva de la píldora anticonceptiva que ayudó a cambiar la sexualidad y promover la liberación de la mujer. Pero, de ahí a que ganarán va mucha diferencia.  En global, más bien fueron derrotados por el neoliberalismo como pone de manifiesto Fernández, con una cita en medio de Mark Fischer, en otro momento del libro:

Es cierto que la izquierda no jugó bien sus cartas en esta batalla cultural y, probablemente, sigue sin saber hacerlo. “El fracaso de la izquierda después de los sesenta tuvo mucho que ver con su repudio hacia los sueños desatados por la contracultura, y con su incapacidad para implicarse en ellos”. Esta desconexión también fue fatal para los sueños del movimiento contracultural. La posibilidad de ser hippie se fue convirtiendo cada vez más en un lujo de un estado de bienestar que había empezado a demolerse. Así es como, finalmente, el neoliberalismo pudo ganar ambas partidas. 

A la luz de las reflexiones de este libro, cobra valor simbólico el final de la película, esa imposibilidad de los protagonistas de llegar a su destino por una causa violenta derivada de los tiros de una escopeta que podría haber disparado Thiel o, más bien, alguien cercano a él. En cualquier caso, no parece que empezará ningún estancamiento por gente como la que interpretan Hooper y Fonda en el filme.

EL SER QUERIDO

    E l ser querido ( 20 25 ) es la última película de Rodrigo Sor o goyen y su característica principal es apostar por un duelo interpre...