La noche del demonio (1957) es una atractiva película de terror perjudicada, según manifestó su director Jacques Tourneur, por el empeño del productor en hacer que la figura de un demonio saliera de manera explícita al principio y fin de la película. Tourneur renegó de esta idea y cabe suponer que él hubiera preferido sugerir la presencia del demonio, tal como hizo en su magistral La mujer pantera, en la que no se llega a ver al felino, sino que vemos las consecuencias de su presencia.
En el inicio del filme, el profesor Harrington pide al Dr. Julian Karswelll (Niall MacGinnis) que rompa una maldición que le lanzó ya que investigaba un culto satánico liderado por Karswell. Pero, de camino a su casa, se le aparece un demonio que lo despedaza a pesar de que, oficialmente, su muerte se considera un accidente de tráfico.
Entonces llega a Londres el doctor Holden (Dana Andrews) para asistir a un congreso en el que Harrington iba a hablar de ese culto satánico que investigaba. Muerto Harrington, Holden coincidirá con la sobrina de este, llamada Joanna (Peggy Cummings), que está convencida que su tío murió por causas sobrenaturales y no por un accidente.
La película se desarrolla marcando un antagonismo entre el ultra racionalista Holden, que soporta la presión de Joanna para que tome en consideración la presencia de lo sobrenatural en la muerte de su tío, y la figura del propio Karswell, un maestro en artes ocultas satánicas que, tras un encuentro con Holden en el British Museum, lo invita a su casa y allí le lanza la profecía de que morirá en tres días (tal como había hecho anteriormente con Harrington).
La película tiene un guion muy ágil, perfecto para un Tourneur que era un maestro dando ritmo a la película y, además, ocasiones para que se luzca en la puesta en escena del filme destacando, por ejemplo, la tormenta que sobreviene en la mansión de Karswell, provocada por este ante el absoluto escepticismo de Holden, siempre buscando un motivo racional a circunstancias extrañas.
En cuando al reparto, Dana Andrews hace una actuación solvente, Peggy Cummings es un poco insulsa y destaca MacGinnis, interpretando a un hombre dedicado al culto satánico y, por tanto, un villano que muestra un lado sensible en el trato con su madre o, disfrazado de payaso, en una fiesta infantil que da en su casa a los niños del pueblo cercano a su mansión.
Karswell es derrotado, se lo lleva el demonio por delante, aunque aparentemente muera atropellado por un tren. Pero su derrota no es total. En la última escena, Holden y Joanna se alejan y el racionalista doctor acaba admitiendo que, a veces, es mejor no saber ciertas cosas.
Muy buena película que, dando más libertad a Tourneur, pudo ser mejor.