sábado, 14 de febrero de 2026

TÍA BUENA: UNA INVESTIGACIÓN FILOSÓFICA

 



Leo Tía buena: una investigación filosófica, de Alberto Olmos, un ameno libro para destripar que se esconde detrás del concepto de tía buena, como lo viven las mujeres y también los hombres. 

Digamos que primero Olmos hace un trabajo de campo, quedando con amigas, exnovias, conocidas o mujeres (básicamente influencersque le son recomendadas por otras personas para profundizar en cómo son esas mujeres que se consideran tías buenas.  Y luego están las lecturas sobre el tema, muy diversas, entre las que destaca El mito de la belleza de Naomi Wolf, un clásico feminista que reflexiona en torno a la relación entre la liberación femenina y la belleza.

Y es que, como dice Olmos, si después de la II Guerra Mundial el prototipo de tía buena sería aquella Marilyn Monroe de La tentación vive arriba, que aparecía como un personaje más bien bobalicón y sumiso, ahora igualmente aparecen en diferentes medios tías buenas, pero con otro carácter. Olmos cita a Chanel, la cantante que representó hace unos años a España en Eurovisión, que se sitúa en un polo opuesto al de Marilyn, exhibe igualmente su cuerpo, pero lo hace desde una posición de mujer libre, empoderada y valiente, agresiva en las letras de sus canciones hacia el género masculino, con lo que se llega a un feminismo de chicas guapas. Recuerdo, al margen de los ejemplos de Olmos, a Cristina Pedroche luciendo su cuerpo prácticamente en bolas y lanzando soflamas feministas en las Nocheviejas de Antena 3.

Lo de las tías buenas tiene que ver con la mirada. Como dice Olmos, la imagen sobre los demás no era tan importante hasta llegar al siglo XIX. En este siglo, al principio con la fotografía y, luego, en el tránsito al siglo XX con el cine, empieza a ser importante el concepto de mujer que se prepara para ser mirada, y de hombres que les dirigen su mirada. Inevitablemente, todo ello deriva en un acelerado consumismo que abarca desde la industria de la cosmética a la textil, pasando por otros sectores como los gimnasios y la cirugía estética. Un regalo para el capitalismo, siempre ávido de buscar y abrir mercados en los que multiplicar sus beneficios. 

Pero ahora hemos pasado de fotografías y películas a los smartphones en que cualquier persona puede subir a su cuenta centenares de imágenes al año y difundirlas a través de sus redes sociales. Olmos estuvo días viendo miles de imágenes en Instagram, aplicación a la que accedió creando un perfil falso, que pertenecían en su mayoría a personas anónimas. No son ya las presentadoras, actrices y modelos las que marcan una tendencia y han de aparecer guapas, sino que son muchas chicas las que se exhiben con atrevidas imágenes para obtener likes con los que reforzar su autoestima. Por supuesto, el género masculino no está libre de culpa en este mundo en que la imagen está por encima de todo. Como dice Olmos cuando luego analiza Tinder, aplicación en la que también creó un perfil falso, numerosos hombres lo que buscan es hacer cuantos más matchs mejor, sin importar nada más. Acuden en Tinder a un mercado en el que las tías buenas se han convertido en objeto de consumo, y muchas de ellas están contentas y reforzando su puesta a punto para ser miradas. 

No se puede generalizar a todas las mujeres en ese grupo que retrata Olmos, pero sí es un número significativo de mujeres las que cuidan su aspecto con algunos efectos perniciosos como los que señala el autor en su entretenido libro. 

jueves, 12 de febrero de 2026

YO CONFIESO

 

Hacía muchos años que no veía Yo confieso, película dirigida por Hitchcook en 1953 y que trata uno de los temas preferidos por el director inglés: el falso culpable. 

Aquí el falso culpable es un sacerdote católico, el padre Michael Logan (Montgomery Clift) que recibe, en secreto de confesión, la declaración de un hombre empleado en su parroquia que le confiesa haber asesinado, para robar pues está apurado económicamente, a un abogado. Obligado a no delatar al asesino para no vulnerar el secreto de confesión, la cosa se complica cuando el propio sacerdote es sospechoso del crimen debido a que ese abogado extorsionaba a una mujer llamada Ruth (Anne Baxter) con la que, antes de ordenarse sacerdote, tuvo relación Logan. Interrogados por la policía, a cargo del incisivo inspector Larrue (Karl Malden), Ruth comete la torpeza de acrecentar las sospechas sobre Logan del cual sigue enamorada. El sacerdote es procesado, pero, en contra de la opinión del juez, el Jurado lo declara no culpable y es puesto en libertad. Cuando sale del Palacio de Justicia, es mirado de manera zahiriente por la gente que se ha reunido para seguir el juicio y, poco después, zarandeado por la turbamulta. Eso hace reaccionar a la mujer del verdadero asesino que, en un ataque de decencia, defiende a Logan de la muchedumbre y precipita el final de la película. 

No creo que sea de las mejores películas del maestro inglés, aunque haya cosas muy apreciables. Por ejemplo, destaca un soberbio inicio, unos planos por las calles desiertas de Quebec, salvo un hombre gordo que se ve a lo lejos y es el tradicional cameo de Hitchcock, hasta que la cámara se detiene en una casa de la que sale un hombre vestido de sacerdote y vemos el cuerpo del asesinado. También destaca especialmente la salida de Logan del Palacio de Justicia. El Jurado, con solo pruebas circunstanciales, ha determinado su no culpabilidad, pero ya sabemos que las masas, si huelen sangre, se guían de manera ciega, son manipulables y proclives a la violencia. Logan es un falso culpable absuelto por la Justicia, pero no por la sociedad. Otra cosa que me gusta mucho de la película es la interpretación de Montgomery Clift, que está a la altura del gran actor que era, poniéndose en la piel de un hombre que se debe antes a sus obligaciones religiosas que a las que tiene como ciudadano, cosa que obviamente le comporta una zozobra que sobrelleva con entereza y sin asomo de flaqueza en ningún momento del filme. Clift, actor que transmitía una gran sensibilidad, está magnífico en ese registro.

Por contra, la película es un poco irregular narrativamente y el flashback que tiene lugar, con las explicaciones de Baxter Malden sobre su relación con Logan antes de que este marche a la guerra, no aporta mucho. Esto me hizo pensar en Howard Hawks, que no utilizó flashbacks en sus películas. A la pregunta de qué tienen de malo, replicó “¿qué tienen de bueno?”. Y es verdad que hay películas, tipo Johnny Guitar, que están mejor sin flashbacks y que cada uno interprete cómo fue la relación que tuvieron Crawford y Hayden en el filme de Nicholas Ray. Creo que aquí también podría haber pasado lo mismo y que era mejor imaginar qué hubo entre los personajes, poca cosa según el flashback, que también tiene el hándicap de que no se podía ser muy explícito en 1953, con lo que queda soso y deslucido

De hecho, Hitchcock tenía ideas que hubieran enriquecido la película, pero que, en aquella época, no eran admisibles para un estudio como la Warner. El director inglés quería que, fruto de la relación anterior a la guerra entre Ruth y Logan, y cuando este no había sido todavía ordenado sacerdote, tuvieran un hijo, casándose luego ella con otro hombre. Respecto al final, el maestro Hitchcook prefería que el sacerdote fuera condenado y ejecutado. 

Si Clift está muy bien, no me convence la interpretación de Baxter, reconvertida a rubia y que no me transmite mucho a lo largo de la película, creo que no por demérito suyo sino del director. Tampoco le veo mucho espacio propio al personaje de Malden, un gran actor que aquí lo veo un poco desaprovechado

Sin estar a la altura de sus obras maestras, ver un Hitchcock siempre te proporciona pasar un rato ameno y placentero.

miércoles, 11 de febrero de 2026

CRY BABY

 

Cry baby es una comedia musical rodada en 1990 por John Waters que, inevitablemente, hay que pone en conexión con Grease, filme con el que comparte la estética de los años 50, con unas bandas de alumnos de high schools, y la música de rock propia de la época.  
La película se inicia con el flechazo de dos alumnos cuando están en una campaña de vacunación en el instituto: Wade (Johnny Deep) y Allison. El primero es líder de la banda de los Drapes, formada amigos y miembros de su familia de clase social baja, mientras que la chica forma parte de los Squares, que representan el sector pijo de la ciudad.  
Su historia de amor será torpedeada por los Squares, con varias peripecias y desencuentros entre los protagonistas, incluyendo un paso por la cárcel de Wade, hasta su excarcelación y final feliz. 
Así que, a diferencia de Grease, aquí hay conflicto social, aunque sea en el marco de una comedia musical desenfadada, tomando partido Waters por los Drapes y atacando con mordacidad a los Squares, si bien viniendo de Waters la mala leche, en un momento en que el director de Baltimore ya estaba instalado en el cine comercial, resulta un tanto decepcionante.  
La película es enérgica y dinámica, con algún número divertido y logrado como al final de la película con todos los reclusos bailando con Wade, además de algunos divertidos gags y contando además con la aparición interesante de un buen actor como William Defoe. Dado que, más bien, siento antipatía por la frívola Grease, tiene gracia este reverso pergeñado por Waters, aunque tampoco sea nada del otro mundo.  

 

domingo, 8 de febrero de 2026

LA HORA DE LOS DEPREDADORES

 


Leyendo La hora de los depredadores, de Giuliano Da Empoli, me entero de la existencia de un personaje siniestro, uno más de los que están instalados en las altas esferas. Se trata de Eric Schmidt.  

Schdmidt es un empresario e informático, ligado durante muchos años a Google, primero como director ejecutivo y luego como presidente del Consejo de Administración. Da Empoli explica cómo, en 2011, abandonó sus cargos en Google para formar parte del equipo de campaña de Obama que parecía tener cuesta arriba la reelección. Con este hombre al frente, los ingenieros de Silicon Valley crearon una gigantesca base de datos para escrutar el perfil de los votantes y volcar la campaña en aquellos que basculaban el voto entre Romney y Obama. Los demócratas exhibieron una superioridad tecnológica en la campaña que propició una apurada victoria de Obama en 2012. Como dice Da Empoli, si la victoria en 2008 tuvo un carácter político, la de 2012 fue esencialmente técnica. Posteriormente, se puso al frente de un programa gubernamental para garantizar la supremacía tecnológica y militar de los Estados Unidos.  

A pesar de que sea un señor de la tecnología que se presenta como un buen demócrata progresista, Da Empoli señala que los abogados son sus enemigos naturales, un objetivo a derribar para permitir que un mundo nuevo nazca.  

Se ha formado una casta tecnológica y Schmidt entronca con otros señores como Musk que, políticamente, se sitúa cerca de Trump cosa que, en principio, no pasa con el exejecutivo de Google. Pero hay una convergencia y plan de acción de toda esa casta consiguiendo que el jeque saudí Mohammed bin Salman (MBS) construya enclaves en los que solo se apliquen las leyes que impone la tecnología, que Bukele adopte el bitcoin como moneda oficial de El Salvador, que Miley desarrolle energía nuclear para alimentar los servidores de la IA, ...

 

A través de un viaje por distintos escenarios, y gracias al acceso del autor a instituciones y figuras públicas, el libro prefigura un turbio futuro, en el que se abolen las normativas y los líderes populistas se alían con los señores de la tecnología para gobernar el mundo o, haciendo referencia al título, depredarlo. Lo que llevamos de presidencia de Trump no hace más que acelerar ese proceso y que los depredadores vayan consiguiendo sus objetivos.  

 



 

 

sábado, 7 de febrero de 2026

REGRESO AL PASADO

 

Oigo por televisión la noticia de que el tren de Reus a Ribaroja irá, durante no sé cuánto tiempo, circulando 86 kilómetros a un máximo de 30 km/h.  Definitivamente, hemos vuelto prácticamente al siglo XIX y a la época del transporte en diligencias.  

Si esta legislatura ha servido para constatar el colapso político del país al que se ha llegado tras una degeneración que arrancó hace unos 20 años, ahora, y como efecto también de ese colapso, vemos que las infraestructuras están hechas polvo, la gente no puede acceder a la vivienda, los salarios retroceden a niveles más bajos que en los años 90, aumenta la bolsa de pobreza y nos situamos a la altura de países como Grecia o Bulgaria.... En aparente contradicción, las cifras macroeconómicas son relativamente buenas y usadas como arma electoral por un Gobierno, con el desvergonzado Sánchez al mando, que quiere emular a Hitler y se bunkeriza en La Moncloa como lo hizo el dictador nazi en los sótanos de la Cancillería berlinesa.  

Me parece un milagro que aún haya gente mañana que irá a votar en Aragón. Sea a los partidos sistémicos que han provocado este desastre (PP y PSOE), sea a opciones populistas que se benefician del hecho de no haber asumido la gestión de nada, pero en las que se intuyen fácilmente la presencia de aventureros y gente sin escrúpulos a la captura de un sueldo público; la conclusión es que esté régimen del 78 está podrido y solo una ruptura e iniciar un proceso constituyente podría ser la solución.  Pero también está claro que eso es pedir un imposible, una empresa así necesitaría de una generación de gente con un talento político que España no tiene. La triste realidad es que estamos condenados a languidecer y empobrecernos individual y colectivamente.   

miércoles, 4 de febrero de 2026

LUCÍA EN LA NOCHE

 

Lucía en la noche es una novela de Juan Manuel De Prada que tiene la virtud de atrapar al lector al poco de haberla empezado. El protagonista es un escritor, Alejandro, que tuvo un éxito fugaz ya que luego malgastó su talento convirtiéndose en un personaje habitual en las tertulias de telebasura. Conoce a una chica de vida misteriosa, Lucía, de la que se enamora perdidamente y que, cuando está a punto de iniciar un viaje a Tenerife al que Alejandro no ha podido acompañarla por motivos laborales, muere en un accidente aéreo en el mismo aeropuerto de Barajas. Allí empezará la intriga de la novela porque la policía le dice que su novia tenía una falsa identidad. A partir de los teléfonos que ella le ha dejado anotados en un libro sobre el exilio de nazis en Sudamérica, se desarrolla una trama en la que Alejandro acabará descubriendo que, en realidad, Lucía no murió en ese accidente, fue otra pasajera quien fue dada por muerta en su lugar y su novia cogió un vuelo con destino a Buenos Aires.  

Comparada con otras novelas de De Prada, más ambiciosas retratando una época y lugar determinados como las que protagoniza Fernando Navales, esta es una historia intimista, con una sombra hitckcokiana. El propio autor alude a Vértigo cuando Alejandro ve con Lucía la película y, efectivamente, también el protagonista de la novela ha perdido a su amada y trata, a través de su búsqueda, de resucitarla. 

Pero De Prada también aprovecha para soltar algunas andanadas contra la sociedad actual. Por un lado, Alejandro es un hombre que ha pasado de ser un escritor serio a aparecer, tal como él mismo reconoce, en tertulias televisivas de freakies vociferando histéricamente.  Por otro lado, la trama incluye, dentro de las peripecias del personaje de Lucía, una crítica a algunas ONG, junto a gobiernos europeos y turco, por su participación en el conflicto de Siria y la aparición del DAESH. Retrata la cúpula podrida de una ficticia ONG, que actúa en connivencia con los radicales islamistas, colaborando en incontables atrocidades y violaciones de derechos humanos. Lucía, cooperante de la ONG y con raíces familiares en el valle de Arán, debe vivir con una falsa identidad por haber estado implicada en aquel avispero sirio, cuando fue reclutada para desenmascarar a los elementos corruptos de la ONG. 

Además de Vértigo, a mí la trama también me recuerda un poco a Jennie. Alejandro, como Joseph Cotten en el filme de Dieterle, está en un momento de nula creatividad artística, pero al conocer a Lucía recupera la inspiración para, tras muchos años, escribir una novela que finalmente será editada. También como Joseph Cotten, y aunque sea por otras circunstancias, la dificultad para poder convivir con su enamorada es insalvable.  

Una novela que engancha desde el principio con el estilo brillante de De Prada.  

 

TÍA BUENA: UNA INVESTIGACIÓN FILOSÓFICA

  Leo  Tía buena: una investigación filosófica , de Alberto Olmos, un ameno libro para destripar que se esconde de trás  del concepto de tía...