jueves, 24 de septiembre de 2026

FUGA DE ALCATRAZ

 

Eastwood y Siegel se despidieron, en su quinta colaboración, a lo grande con Fuga de Alcatraz (1979). Con un guion de Richard Tuggle, Siegel aplicó su eficacia narrativa para explicar una fuga carcelaria que se coció a fuego lento, escarbando durante meses un orificio de ventilación en las celdas para poder acceder a la parte superior de la prisión y, desde allí, bajar por las tuberías del agua, escalar las vallas para salir del recinto y, luego,  descender hasta la costa para adentrarse en las frías aguas de la bahía de San Francisco con un bote y salvavidas construidos de forma precaria con gabardinas robadas en la prisión. 

Siegel quería finalizar la película en ese momento, dejando la duda (que persiste todavía) sobre si los reclusos culminaron la fuga o se ahogaron. Eastwood impuso su criterio y, en un final más peliculero, el alcaide toma conciencia de que la fuga ha tenido éxito. Y es que la película se plantea en gran parte como un duelo entre el alcaide y Frank Morris, el personaje de Eastwood. Morris tenía un coeficiente intelectual muy alto y el alcaide le dedica especial atención, pese a lo cual se impone la inteligencia del recluso que lleva a cabo el plan de fuga con tres cómplices, uno de los cuales se quedó en la celda, en la película paralizado por el miedo y, en la vida real, porque parece que no pudo salir a tiempo al no ser bastante grande el agujero que horadó en la celda. 

Además de la concesión a la estrella sobre el final, así como otra en la subtrama protagonizada por Lobo, el depredador sexual al que Eastwood apalea un par de veces, la película es de una sobriedad y eficiencia máximas, recreando de forma minuciosa la fuga de una manera tal que recuerda otro gran filme de fugas carcelarias como es La evasión, obra maestra dirigida por Jacques Becker. El inicio del filme, en los primeros minutos, es de los mejores ejemplos del buen hacer de Siegel, te introduce rápidamente en la película con el traslado de Morris a esa penitenciaría y el protagonista se queda en la celda, tras darle la bienvenida un guardián y oyéndose, en ese momento, un gran trueno quedando la cara iluminada de Eastwood por el relámpago. 

Eastwood compone un personaje hermético y poco expresivo, que no recuerda ni siguiera su cumpleaños porque su infancia fue corta y no tiene ningún lazo familiar. Como casi siempre en el Eastwood actor, haciendo de la necesidad virtud, aprovecha sus recursos como actor para imponer su fuerte carisma en el personaje de Morris que, por sus características, le va como anillo al dedo.  

Siegel, que ya filmó un gran filme carcelario en 1954 con Motín en el pabellón 11, aprovecha para dar unas pinceladas de unos personajes secundarios que tienen mucho interés: el recluso que ha encontrado en la pintura la libertad que no le da la prisión y es represaliado por el alcaide al haber pintado un retrato suyo de forma satírica, un hombre de color que mató a dos blancos en defensa propia y no le fue reconocida por la cuestión racial; o un estrafalario hombrecillo que tiene como compañero un ratón y muere de un ataque al corazón cuando el alcaide menosprecia el accidente con el que ha represaliado al pintor. A través de estos personajes, más algunas actitudes de los guardias y el alcaide, se da la imagen de un sistema penitenciario represivo y nada favorecedor de la reinserción social.

Aunque hizo otra película más para la gran pantalla y otra para la televisión, esta es la última gran película de Don Siegel. 

martes, 22 de septiembre de 2026

INDIGNIDAD

 

Indignidad es un libro de Lea Ypi en el que rinde homenaje a su abuela, trazando su biografía con la ayuda, tanto de los recuerdos personales, como la búsqueda de documentación en archivos albaneses y griegos. Una documentación que es un tanto confusa, al punto que la historia de su abuela se mezcla con otra persona con el mismo nombre, Leman Ypi, con la que comparte algunas características comunes en su trayectoria vital. 

Es un libro que es una novela, salpicada por interludios con documentación sacada de los archivos acerca de sus abuelos. En la primera parte, vemos a su abuela, nacida en 1918, como una joven residente junto con su familia en Salónica y, por tanto, ya con nacionalidad griega que, sin embargo, pertenece a la etnia albanesa. La joven Leman queda muy marcada en aquellos años por el suicidio de su tía Selma, obligada por la familia a casarse con Gustav, un comerciante alemán de tabaco que, con el devenir de los años, se convertirá en un nazi y seguirá ligado a la familia. 

En un momento dado, la joven decide abandonar Salónica y, para bien o para mal, más bien lo segundo viendo cómo se desarrolló la Albania de la guerra mundial y postguerra, decide irse a Tirana. Allí conoce a Asllan , un joven albanés de buena familia, hijo de un importante político del régimen albanés cuando este está sometido a los italianos, que tiene ideas socialistas y como uno de sus amigos al futuro dictador comunista Enver Hoxha. 

Leman y Asllan se casan en 1941, pasan su luna de miel en Cortina d’Ampezzo (una foto de la pareja en esa estación italiana, difundida en redes sociales, es uno de los motivos de Lea Ypi para investigar el pasado de su familia), tienen un hijo en 1943 y, a partir de ahí, todo son desgracias. A las penurias propias de la ocupación nazi, se suma la represión del régimen de Hoxha que no se detiene ante un antiguo amigo y, dado que Asllan ha tenido contacto con oficiales del servicio de inteligencia británico que estaban allí durante la guerra, es condenado a veinte años de trabajos forzados. 

Si Leman pudo cometer un error yendo a Albania, puede que cometa otro cuando Gustav, con los nazis a punto de evacuar sus tropas en el país balcánico, le ofrece ayuda para pasar a Italia, tanto a ella como su marido e hijo. Me ha recordado un poco a Dr. Zhivago, cuando Komarovski ofrece ayuda a Lara para huir una vez está en peligro al haber muerto su marido Pasha, el excomisario soviético. La cuestión es que Leman no acepta esa ayuda, se queda en Albania, su marido no sale del campo de trabajo hasta principios de la década de los sesenta y ella es deportada a una granja colectivizada, en la que malvivirá hasta su jubilación cuidando de un hijo enfermizo en su infancia que es el padre de la autora.  

El libro es un excelente documento para conocer un poco el complejo mundo balcánico, las consecuencias del hundimiento del imperio turco con todas las turbulencias que supuso, destacando los intercambios de población por territorios según su etnia, así como la desdichada historia de Albania, con un tirano que lastró al país como el más atrasado de Europa durante varias décadas. 

Una historia desdichada la de Leman que, ingenuamente, espera mientras se desarrolla la guerra que después vendrá la democracia y unas elecciones libres. Como le dice Gustav en ese crucial momento que podía haberle cambiado la vida si hubiera llegado a Italia, “los aliados ganarán la guerra. Pero ustedes no”. Leman fue una sufridora de la indignidad que se impuso durante décadas en Albania y su nieta evoca en este libro, de forma extraordinaria, su memoria. 

sábado, 19 de septiembre de 2026

LA JUNGLA DE ASFALTO

 

La jungla de asfalto (1950) es, probablemente, la mejor película de John Houston y una de las mejores del cine negro. 

Es un filme vibrante de prinipio a fin, narrando un plan para un robo de joyas y sus posteriores consecuencias, mostrando una urbe embrutecida física y moralmente hasta que la acción se desplaza a un paisaje rural de Kentucky en el que agoniza el protagonista de la película, el pistolero Dix Handley (Sterling Hayden), oriundo de aquel estado norteamericano.

Si bien Hayden es el protagonista, la película es muy coral. Hay muchos personajes y lo más destacable que consiguieron Houston y su equipo fue trazar, con pocas escenas, muchos personajes muy interesantes, ricos y con matices: un pistolero que apuesta a los caballos para conseguir dinero y volver a una granja como la que perdió su familia tras la Gran Depresión; la chica dulce y de pocas luces enamorada del pistolero; un abogado arruinado, cínico y amoral que financia teóricamente el atraco; una muy joven prostituta de lujo liada con el abogado; un teniente de policía corrupto y algo estúpido; un expresidiario de origen alemán experto en grandes atracos que es quien ha diseñado el atraco; un intermediario de los bajos fondos, próximo al abogado, débil ante la policía y al que el dinero hace sudar; un barman experto en conducir rápido para salir de atracos esquivando a la policía; un experto en volar cajas fuertes que participa en el atraco por apuros económicos y un detective privado sin escrúpulos, colaborador del abogado. Es genial como con pocos trazos define a la perfección todos los personajes.

Dentro de un universo sucio y corrupto, son los delincuentes los que respetan más un código moral presentable y son más personajes más positivos. Así, el pistolero y el cerebro de la operación se manifiestan lealtad cuando se quedan con las joyas tras la traición del abogado que no les da el dinero pactado. El chófer es un hombre que jamás se convertiría en un chivato y el experto en volar cajas fuertes recibe un balazo y muere después en su casa, pero parece un hombre bastante decente en cuanto a como se preocupa por su familia. En cambio, los que no han participado directamente en el atraco y son gente que tiene un oficio, incluso respetable, como el abogado, teniente de la policía y detective privado, son los personajes más negativos, ladinos y traidores. 

Además, se juntó una constelación de actores de primera categoría: Sterling Hayden, Jean Hagen, Marilyn Monroe, Louis Calhern, James Whitmore, Sam Jaffe ... para culminar una obra maestra del cine negro.

jueves, 17 de septiembre de 2026

LA HEREDERA

 

La heredera (1949) es un excelente melodrama del especialista William Wyler, que rodó unos cuantos de los mejores del género con su estilo clásico y elegante. 

En un Nueva York decimonónico y en el seno de una familia adinerada, la película narra la historia de Catherine Sloper (Olivia de Havilland), una mujer insegura, introvertida y con aparente poco encanto. Catherine es secretamente despreciada por Austin Sloper (Ralph Richardson) su propio padre, que no ha superado la muerte de su mujer y descarga su frustración tratando con indiferencia a Catherine, cosa que ahonda en la marginalidad en la que vive, dedicándose a bordar y haciendo poca vida social. No obstante, en una fiesta, un joven llamado Morris Townsend (Montgomery Clift) la corteja y se produce un súbito enamoramiento que los lleva, al poco tiempo, a hacer planes de boda. 

Austin se opone firmemente al matrimonio pues considera que Morris es un arribista, un hombre de poca fortuna que solo quiere ascender en la escala social con esa boda.  Propone a su hija un viaje a Europa para olvidarse de Morris, pero, al volver a América, ella sigue empeñada en casarse.  Catherine hace planes de boda incluso rompiendo con su padre y renunciando a su herencia, pero, entonces, se confirma la sospecha de Austin y Morris, ante la posibilidad que él ve muy cierta de que Catherine sea desheredada, la abandona. 

Austin muere ante la indiferencia de Catherine y pasan varios años. Morris retorna a Nueva York y todavía pretende casarse con Catherine, pero esta ha planeado su venganza y trata a Morris del mismo modo que él la trató a ella.

Olivia de Havilland hace una interpretación memorable, timorata y apocada cuando se inicia la película, pero también se muestra como una persona sensible en ese momento, virando luego hacia la gelidez con la que trata a su padre en sus últimos momentos y la venganza que practica contra Morris.  Hay un momento en que su cabeza hace un clic cuando, al oponerse al matrimonio, su padre le dice que cómo un hombre podría enamorarse de una mujer tan poco atractiva tanto física como espiritualmente, describiéndola como alguien sin ningún encanto. Ese es el punto de inflexión en el comportamiento de Catherine durante el filme. 

Se trata de un melodrama con una gran violencia psicológica entre los personajes, especialmente entre Catherine y su padre. Comparado con ellos, Morris es un personaje más simple, un muerto de hambre que busca pegar un braguetazo.

Wyler consigue que la película vaya ganando interés a medida que transcurre el filme, sube la intensidad dramática con unos personajes que radicalizan sus posturas en el caso de padre e hija, o no renuncia a su innoble objetivo como hace Morris. 

Si De Havilland está magnífica, también destaca un gran actor como Ralph Richardson. Ambos están tan bien que opacan un tanto a otro gran actor como fue Montgomery Clift, cuyo papel ofrece menos lucimiento que el de padre e hija. 

Gran melodrama. 

FUGA DE ALCATRAZ

  Eastwood y Siegel se despidieron, en su quinta colaboración , a lo grande con Fuga de Alcatraz (1979) . Con un guion de Richar d Tuggl...