La última bala (1957) cierra el ciclo de westerns rodados por Anthony Mann con James Stewart de protagonista para la Universal, pero con la importante diferencia que Mann no llegó a acabar la película y fue sustituido por James Neilson.
La película se centra en Grant MacLaine, un hombre del Oeste que trabajó para el ferrocarril y arrastra la mácula de que una banda escapó con el botín de la nómina y él no lo impidió, por lo que se ha convertido en un outsider que recoge monedas a cambio de amenizar con su acordeón las reuniones de la gente del lugar. A pesar de ello, se le concede una segunda oportunidad para que lleve la nómina de los trabajadores y se volverá a interponer una banda en la que figura su propio hermano (Audie Murphy) al que él dejó escapar la primera vez, y otro forajido interpretado por Dan Duryea.
Tal vez la película sería diferente, y mejor, si Mann no hubiera abandonado el proyecto. Comparada con otros films de la pareja Mann-Stewart, esta película dista mucho de la densidad dramática de Colorado Jim o Tierras Lejanas. Tampoco ayuda que el segundo papel sea para Audie Murphy, un actor muy flojo si lo comparas con un villano como lo es Robert Ryan en Colorado Jim. Ni que el personaje de Stewart, enfrentado a su hermano, tenga un carácter psicológico más plano si lo comparamos con los torturados y poliédricos personajes de otros héroes del western que Stewart interpretó en Winchester 73 o Tierras lejanas.
La película es entretenida, pero menor si hacemos la comparación con otros westerns de esa dupla que hicieron algunas de las mejores aportaciones al género. Afortunadamente, un gran James Stewart, que canta durante la película un par de canciones, sostiene en gran parte la película para conformar un western menor, pero aceptable.