Más conocido por sus películas de terror para la Hammer y Amicus en las décadas de los 60 a los 80, Roy Ward Baker trabajó años antes en Hollywood y dirigió Niebla en el alma (1952), una película para la Fox en la que, por primera vez, la que sería su gran estrella de la época, Marilyn Monroe, encabezaba el reparto femenino y, en el cast, tan solo la precedía la estrella masculina del film, el siempre eficaz Richard Widmark.
Es una película corta, de unos setenta minutos, que se centra en la relación entre Widmark y su novia, una jovencísima Anne Bancroft, que sufren una crisis ya que el hombre es reacio a comprometerse y da muestras de ser una persona con poca sensibilidad y empatía hacia los demás.
Estando en el hotel en el que Bancroft canta, Widmark, que tras la guerra es piloto de aviación comercial, se cabrea y sube a su habitación, viendo por la ventana a una atractiva chica en otra habitación de la misma planta. Resulta que esa chica, la Monroe, tras haber salido hace pocas semanas de un manicomio al tener problemas mentales derivados de la muerte de su novio aviador en el Pacífico, está trabajando circunstancialmente de au pair en el hotel, empleo que le ha buscado el ascensorista, que es su tío y está interpretado por Elisha Cook jr.
Widmark y Monroe empiezan a hablar, al principio atraídos el uno por el otro, pero, enseguida, Widmark se da cuenta de los problemas mentales de ella, que le confunde, al saber que es piloto de avión, con el novio que perdió años atrás. La locura de Monroe llega al punto de poner en peligro a la niña que está cuidando, a la que amordaza para que no la moleste. Al estar intranquila la madre de la pequeña que está en una cena de gala en el mismo hotel, sube a la habitación y se precipita el final, la niña no sufre daño, Monroe es llevada a un sanatorio mental dado su estado y Bancroft, al ver que Widmark se ha implicado en la resolución del caso demostrando que le importan los demás, retoma la relación con él.
Es una película de personajes ya que la trama no da para mucho, siendo previsible su resolución. Y, desde el punto de vista de la composición e interpretación de los personajes, Marilyn Monroe está bastante convincente demostrando que, mucho antes de Vidas rebeldes, ya había dado muestras de ser una buena actriz dramática, aunque luego se encasillara básicamente en la comedia.
Widmark demuestra su solidez y versatilidad, dando aquí un registro de tipo impaciente e insatisfecho en su relación con los demás en general y con su novia en particular, que logra cambiar al final de la película. La presencia de Bancroft es también muy destacable y no pasa desapercibida, aunque su participación, al principio y final del filme, es relativamente breve.
Una película interesante por las interpretaciones de Monroe, Widmark y Bancroft.