domingo, 17 de mayo de 2026

CINEMA PARADISO

 

Veo, por primera vez, Cinema Paradiso, aclamado filme de Giuseeppe Tornatore rodado a finales de los ochenta, que ganó, entre otros premios, el Óscar a la mejor película extranjera y el gran premio del Jurado de Cannes. Veo el montaje de la versión internacional, de 124 minutos, mientras la original era de 155 y aún luego hay una versión del director de 173 minutos. 

Es la historia de amistad de un niño, Salvatore, que vive en un pueblo del sur de Italia y Alfredo, el proyeccionista del cine del pueblo. La película se inicia con el mensaje que recibe en Roma Salvatore, ya adulto y convertido en un director de cine, para avisarle de que ha muerto Alfredo. A pesar de que dejó su pueblo hace muchos años y no ha vuelto ni para ver a su familia, Salvatore emprende el regreso para asistir al funeral de Alfredo mientras va recordando todo lo vivido con el viejo proyeccionista.  

Salvatore se queda huérfano de padre, al no regresar su progenitor de Rusia a dónde fue destinado en el curso de la II Guerra Mundial, y Alfredo actuará como un segundo padre para él, enseñándole el oficio de proyeccionista y el amor por el cine. Se produce un incendio en el viejo cine a consecuencias del cual Alfredo pierde la visión; entonces, tras la reconstrucción del cine, será definitivamente sustituido por Salvatore como proyeccionista, ya adolescente, y que empieza a descubrir el amor en una subtrama del filme. Pero a Salvatore le llegará la oportunidad de ir a trabajar a Roma, ciudad que ofrece mejores posibilidades de progresar que su pueblo, pariendo hacia la capital sin volver a pisar su pueblo hasta que lo hace con ocasión del entierro. De hecho, es Alfredo quien le recomienda que parta, que rompa con su lugar de origen y así tendrá mejores oportunidades en la vida.  

A mí me ha parecido una película muy emotiva que se afianza sobre dos pilares. Uno es la banda sonora del gran Ennio Morricone, que es muy buena, seguramente una de las mejores que compuso el maestro. El otro pilar son las interpretaciones de los actores. Por un lado, Jacques Perrrin encarnando a Salvatore cuando ya es adulto, dándole un carácter melancólico y de persona que, aun habiendo logrado el éxito profesional, está insatisfecha en el plano emocional y no ha encontrado cosas que al dejar su pueblo. Por otro lado, Philipe Noiret hace una poderosa interpretación del proyeccionista dejando su impronta en la película 

Aunque se pueda discutir si es una película excesivamente dada a la lágrima fácil, la verdad es que es difícil no emocionarse cuando el personaje de Perrin ha vuelto para el entierro y ve demoler el viejo cine en el que fue proyeccionista. Es el final de una época y el inicio de la decadencia en la exhibición comercial del cine, igual en Italia que aquí o en muchos otros sitios. Dentro de poco, la exhibición comercial quedará circunscrita a pequeñas salas especializadas. 

También otras escenas están muy logradas, como la manera en que Alfredo proyecte la luz del cinematógrafo en un edificio para que la gente que no ha podido entrar vea cine. Y buen trabajo de ambientación de esa Italia de posguerra, con mucha miseria, con el párroco censurando las películas antes de la exhibición (y el significado que tienen al final las escenas censuradas, montadas por Alfredo en un último regado a su discípulo proyeccionista), así como el impacto del cine en la gente, boquiabierta viendo a Kirk Douglas interpretando a Ulises y, junto a sus compañeros, engañando al cíclope 

Muy buena película.  

 

viernes, 15 de mayo de 2026

EL DIABLO ESTÁ ENTRE NOSOTROS

 

Leo El diablo está entre nosotros, un libro del periodista Lorenzo Ramírez, de ideología liberal y que se dedica al periodismo de investigación. Es un libro bastante largo, el autor toca muchos temas sobre la situación del mundo hoy en día, analizando también el pasado más cercano, resultando sus conclusiones desasosegantes.  

Además de explicar la pugna que será central en los próximos años entre China y Estados Unidos, dos potencias que, con métodos diferentes, quieren controlar los recursos y sectores estratégicos en el futuro, resulta desoladora, aunque creo que certera, las ideas que tiene Ramírez de Europa. Siguiendo la teoría de que los Estados Unidos siempre han intentado que no se produjera una alianza entre Europa occidental y Rusia, la caída del muro de Berlín es un punto importante porque, si bien el pacto de Varsovia se disuelve, la OTAN acelera su expansión, en contra de lo que se dijo a líderes rusos como Gorbachov y Yeltsin. La presión sobre Rusia se acentúa en un país complejo como Ucrania, produciéndose injerencias de los americanos durante varios años que propician una reacción defensiva, aunque aquí ha sido calificada al revés, de Putin invadiendo el país en 2022. No se trata de disculpar a Putin, un sátrapa ruin y miserable, pero hay qué ver cuáles con las líneas maestras de política exterior americanas desde, por lo menos, el final de la II Guerra Mundial para entender la poca consideración que han tenido con los países europeos. Ramírez se entretiene en un hecho que parece incontrovertible: el gasoducto Nord Stream del mar Báltico lo volaron los americanos, siendo los alemanes los principales perjudicados. Y, a pesar de eso, los alemanes, por orden de los americanos, han seguido sosteniendo la guerra en Ucrania pese al problemón que fue para la industria alemana no poder acceder al gas que les suministraban los rusos antes del conflicto ucraniano 

Ramírez se detiene en el proyecto de construcción europea, aportando detalles que desconocía de los dos padres fundadores de lo que ahora es la Unión Europea: Robert Schumann y Jean Monnet. Pues bien, en ambos casos se trata de gente que siempre tuvieron en cuenta la influencia que les llegaba de los Estados Unidos y construyen un poder político europeo que, en gran parte, es el que interesa al país del tío Sam. Actúan como peones de los deseos de la administración americana. 

Otro frente que abre Ramírez es sobre la desinformación que, según él, hay en referencia al cambio climático y la influencia de las emisiones de CO2 en este hecho. Lo que está claro es que el clima en la Tierra, bien sea porque la órbita experimenta algunas pequeñas variaciones o bien porque la luz del sol no siempre llega con la misma intensidad, ha cambiado y cambiará miles y miles de veces. El punto a descifrar sería ver si, en las últimas décadas, se ha acelerado el cambio por la acción del hombre. Ramírez señala que no se puede probar, según la bibliografía que acompaña, que la intervención del hombre sea decisiva. Como mínimo, siembra dudas en una cuestión mayoritariamente inclinada en un sentido y, tal vez por eso, cabría indagar más en la cuestión.  

Ramírez se muestra contrario a las tesis que defienden la necesidad de afrontar un decrecimiento ordenado, para salvaguardar un nivel de vida aceptable, al entender que el planeta, con unos recursos finitos, no puede basarse en un sistema que precisa de un crecimiento constante para ser viable. Aquí es la parte del libro en que Ramírez me convence menos. Se tardarán 10 años, o 500, o 5.000, pero los recursos del planeta, aunque vengan innovaciones tecnológicas que lo palien, son finitos.  

Ramírez aborda también el problema de la deuda y como los problemas empiezan, por poner un origen, en desligar el dólar del oro a principios de los 70 por Nixon y como eso dio lugar a una financiarización de la economía que se completó con la desregulación del sector en la época de Reagan. Desde la pandemia, la masa monetaria mundial se ha doblado, un dato inquietante y. que debiera llevarnos a reflexionar. Esto es como estar sentado sobre un barril de pólvora esperando que estalle, como lo hizo en 2008. Hay una simbiosis entre el poder político y el financiero que es quien gobierna el mundo y, según Ramírez, impide que exista realmente un sistema capitalista totalmente libre. Aunque partiendo de posturas muy diversas, hay un punto de encuentro entre Ramírez y David Graber en calificar al capitalismo como un sistema imperfecto por esas interferencias políticofinancieras, así que cobra sentido lo que explicaba el autor norteamericano en su libro Trabajos de mierda.  

Más amenazas apunta Ramírez en un libro poco optimista. Aborda en la última parte la problemática de los tecnoligarcas:,Zuckenberg, Musk, Thiel y compañía, gente que se ha metido dentro de la Casa Blanca, con la connivencia de un Donald Trump que ni siquiera disimula en que ha llegado a la presidencia para hacer negocios y enriquecerse él, su familia y gente próxima. Un retrato de una gente a la que le viene bien una cita de Hannah Arendt: “Mentir constantemente no tiene como objetivo que la gente crea una mentira, sino garantizar que nadie crea ya en nada ... un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira”. Para mentir, ese poder financiero, político y tecnológico no tiene nada más que controlar la prensa y diseñar, mediante ingeniería social, programas para controlar a la sociedad.  

 El futuro se presenta sombrío. Pero es lo que hay. No creo que haya que coger al 100% todo lo que expone Ramírez, pero sí creo que puede acertar en muchas e importantes cosas de las que dice, y es para acojonarse.  

miércoles, 13 de mayo de 2026

EL RAPTO DE BUNNY LAKE

 

El rapto de Bunny Lake (1965) es una película de Otto Preminger, ambientada en Londres y en la que los papeles protagonistas masculinos se reservaron a actores ingleses, Lawrence Olivier y Keir Dullea, mientras que el papel femenino fue para la neoyorquina Carlon Linley 

El título expone claramente la trama de la película. Linley interpreta a una joven americana madre soltera que se traslada con su hermano a vivir a Londres y deja a su hija de corta edad en un colegio. Cuando vuelve para buscarla, resulta que la niña ha desaparecido y nadie parece haberla visto, pues ella solo ha hablado con la cocinera al llevarla y esta también está ausente tras un conflicto laboral.  Linley, junto a su hermano Steven, registra el colegio, los empleados dan muestras de poca diligencia y en el inmueble habita también la antigua directora, una extraña mujer, que afirma coleccionar pesadillas de niños. 

Newhouse, un inspector de Scotland Yard, asume la investigación del caso y todo parece aún más misterioso porque las cosas de la niña han desaparecido de la casa en la que iban a vivir. El policía empieza a sospechar que la niña no existe dado que se entera que “Bunny” era el nombre de un amigo imaginario de la infancia de Ann.  

Preminger no mantiene el suspense hasta el final. Después de que Ann ha encontrado una prueba para demostrar a Newhouse que la niña existe, su hermano Steven la quema, golpea a Ann y esta ingresa en un hospital, del cual escapa. En un momento dado, se descubre que Steven es un hombre con problemas mentales y Linley llega de nuevo a donde está Steven, que tiene a la niña en el maletero de un coche. Tras unas escenas de tensión en la que Ann reproduce juegos infantiles para proteger a la niña de Steven, la oportuna aparición de Newhourse resuelve la situación.  

Se trata de una película de buena factura, el oficio de Premigner es incuestionable, mantiene bien la tensión, tanto antes de conocer que Steven es el personaje traumatizado de la infancia que se ha convertido en nocivo, como después de saberlo en que queda resolver la película al quedarse solos los hermanos con la pequeña. Sin embargo, hay poca densidad dramática, la trama centrada en los traumas infantiles de Steven no despierta gran interés. 

Tampoco despierta interés el personaje de Newhouse, veo a Lawrence Olivier un tanto desaprovechado y la interpretación de Keir Dullea como Steven es bastante floja.  

Una película entretenida, pero con poca sustancia. 

CINEMA PARADISO

  Veo, por primera vez, Cinema Paradiso, aclamado filme de Giuseeppe Tornatore rodado a finales de los ochenta, que ganó, entre otros prem...