viernes, 15 de mayo de 2026

EL DIABLO ESTÁ ENTRE NOSOTROS

 

Leo El diablo está entre nosotros, un libro del periodista Lorenzo Ramírez, de ideología liberal y que se dedica al periodismo de investigación. Es un libro bastante largo, el autor toca muchos temas sobre la situación del mundo hoy en día, analizando también el pasado más cercano, resultando sus conclusiones desasosegantes.  

Además de explicar la pugna que será central en los próximos años entre China y Estados Unidos, dos potencias que, con métodos diferentes, quieren controlar los recursos y sectores estratégicos en el futuro, resulta desoladora, aunque creo que certera, las ideas que tiene Ramírez de Europa. Siguiendo la teoría de que los Estados Unidos siempre han intentado que no se produjera una alianza entre Europa occidental y Rusia, la caída del muro de Berlín es un punto importante porque, si bien el pacto de Varsovia se disuelve, la OTAN acelera su expansión, en contra de lo que se dijo a líderes rusos como Gorbachov y Yeltsin. La presión sobre Rusia se acentúa en un país complejo como Ucrania, produciéndose injerencias de los americanos durante varios años que propician una reacción defensiva, aunque aquí ha sido calificada al revés, de Putin invadiendo el país en 2022. No se trata de disculpar a Putin, un sátrapa ruin y miserable, pero hay qué ver cuáles con las líneas maestras de política exterior americanas desde, por lo menos, el final de la II Guerra Mundial para entender la poca consideración que han tenido con los países europeos. Ramírez se entretiene en un hecho que parece incontrovertible: el gasoducto Nord Stream del mar Báltico lo volaron los americanos, siendo los alemanes los principales perjudicados. Y, a pesar de eso, los alemanes, por orden de los americanos, han seguido sosteniendo la guerra en Ucrania pese al problemón que fue para la industria alemana no poder acceder al gas que les suministraban los rusos antes del conflicto ucraniano 

Ramírez se detiene en el proyecto de construcción europea, aportando detalles que desconocía de los dos padres fundadores de lo que ahora es la Unión Europea: Robert Schumann y Jean Monnet. Pues bien, en ambos casos se trata de gente que siempre tuvieron en cuenta la influencia que les llegaba de los Estados Unidos y construyen un poder político europeo que, en gran parte, es el que interesa al país del tío Sam. Actúan como peones de los deseos de la administración americana. 

Otro frente que abre Ramírez es sobre la desinformación que, según él, hay en referencia al cambio climático y la influencia de las emisiones de CO2 en este hecho. Lo que está claro es que el clima en la Tierra, bien sea porque la órbita experimenta algunas pequeñas variaciones o bien porque la luz del sol no siempre llega con la misma intensidad, ha cambiado y cambiará miles y miles de veces. El punto a descifrar sería ver si, en las últimas décadas, se ha acelerado el cambio por la acción del hombre. Ramírez señala que no se puede probar, según la bibliografía que acompaña, que la intervención del hombre sea decisiva. Como mínimo, siembra dudas en una cuestión mayoritariamente inclinada en un sentido y, tal vez por eso, cabría indagar más en la cuestión.  

Ramírez se muestra contrario a las tesis que defienden la necesidad de afrontar un decrecimiento ordenado, para salvaguardar un nivel de vida aceptable, al entender que el planeta, con unos recursos finitos, no puede basarse en un sistema que precisa de un crecimiento constante para ser viable. Aquí es la parte del libro en que Ramírez me convence menos. Se tardarán 10 años, o 500, o 5.000, pero los recursos del planeta, aunque vengan innovaciones tecnológicas que lo palien, son finitos.  

Ramírez aborda también el problema de la deuda y como los problemas empiezan, por poner un origen, en desligar el dólar del oro a principios de los 70 por Nixon y como eso dio lugar a una financiarización de la economía que se completó con la desregulación del sector en la época de Reagan. Desde la pandemia, la masa monetaria mundial se ha doblado, un dato inquietante y. que debiera llevarnos a reflexionar. Esto es como estar sentado sobre un barril de pólvora esperando que estalle, como lo hizo en 2008. Hay una simbiosis entre el poder político y el financiero que es quien gobierna el mundo y, según Ramírez, impide que exista realmente un sistema capitalista totalmente libre. Aunque partiendo de posturas muy diversas, hay un punto de encuentro entre Ramírez y David Graber en calificar al capitalismo como un sistema imperfecto por esas interferencias políticofinancieras, así que cobra sentido lo que explicaba el autor norteamericano en su libro Trabajos de mierda.  

Más amenazas apunta Ramírez en un libro poco optimista. Aborda en la última parte la problemática de los tecnoligarcas:,Zuckenberg, Musk, Thiel y compañía, gente que se ha metido dentro de la Casa Blanca, con la connivencia de un Donald Trump que ni siquiera disimula en que ha llegado a la presidencia para hacer negocios y enriquecerse él, su familia y gente próxima. Un retrato de una gente a la que le viene bien una cita de Hannah Arendt: “Mentir constantemente no tiene como objetivo que la gente crea una mentira, sino garantizar que nadie crea ya en nada ... un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira”. Para mentir, ese poder financiero, político y tecnológico no tiene nada más que controlar la prensa y diseñar, mediante ingeniería social, programas para controlar a la sociedad.  

 El futuro se presenta sombrío. Pero es lo que hay. No creo que haya que coger al 100% todo lo que expone Ramírez, pero sí creo que puede acertar en muchas e importantes cosas de las que dice, y es para acojonarse.  

miércoles, 13 de mayo de 2026

EL RAPTO DE BUNNY LAKE

 

El rapto de Bunny Lake (1965) es una película de Otto Preminger, ambientada en Londres y en la que los papeles protagonistas masculinos se reservaron a actores ingleses, Lawrence Olivier y Keir Dullea, mientras que el papel femenino fue para la neoyorquina Carlon Linley 

El título expone claramente la trama de la película. Linley interpreta a una joven americana madre soltera que se traslada con su hermano a vivir a Londres y deja a su hija de corta edad en un colegio. Cuando vuelve para buscarla, resulta que la niña ha desaparecido y nadie parece haberla visto, pues ella solo ha hablado con la cocinera al llevarla y esta también está ausente tras un conflicto laboral.  Linley, junto a su hermano Steven, registra el colegio, los empleados dan muestras de poca diligencia y en el inmueble habita también la antigua directora, una extraña mujer, que afirma coleccionar pesadillas de niños. 

Newhouse, un inspector de Scotland Yard, asume la investigación del caso y todo parece aún más misterioso porque las cosas de la niña han desaparecido de la casa en la que iban a vivir. El policía empieza a sospechar que la niña no existe dado que se entera que “Bunny” era el nombre de un amigo imaginario de la infancia de Ann.  

Preminger no mantiene el suspense hasta el final. Después de que Ann ha encontrado una prueba para demostrar a Newhouse que la niña existe, su hermano Steven la quema, golpea a Ann y esta ingresa en un hospital, del cual escapa. En un momento dado, se descubre que Steven es un hombre con problemas mentales y Linley llega de nuevo a donde está Steven, que tiene a la niña en el maletero de un coche. Tras unas escenas de tensión en la que Ann reproduce juegos infantiles para proteger a la niña de Steven, la oportuna aparición de Newhourse resuelve la situación.  

Se trata de una película de buena factura, el oficio de Premigner es incuestionable, mantiene bien la tensión, tanto antes de conocer que Steven es el personaje traumatizado de la infancia que se ha convertido en nocivo, como después de saberlo en que queda resolver la película al quedarse solos los hermanos con la pequeña. Sin embargo, hay poca densidad dramática, la trama centrada en los traumas infantiles de Steven no despierta gran interés. 

Tampoco despierta interés el personaje de Newhouse, veo a Lawrence Olivier un tanto desaprovechado y la interpretación de Keir Dullea como Steven es bastante floja.  

Una película entretenida, pero con poca sustancia. 

lunes, 11 de mayo de 2026

EL ÚLTIMO DEBER

 

El último deber (1973), de Hal Ashby, catapultó al estrellato a Jack Nicholson en una aplaudida interpretación, contando también con buenas interpretaciones de Randy Quaid y Otis Young, especialmente el primero 

Dos marinos llamados Buddusky y Mulhall (Nicholson y Young) reciben el encargo de custodiar a otro marino llamado Meadows (Quaid), desde la base naval de Norfolk en Virginia hasta una cárcel militar sita en Portsmouth, ciudad portuaria del estado de New Hampshire. Meadows es un soldado extremadamente joven, que ha sido condenado a ocho años de prisión por haber robado la irrisoria cantidad de 40 dólares, y presenta un estado de poca lucidez mental, incluso pudiendo padecer un cierto retraso. Como que tienen una semana para realizar la misión, al principio la idea es llevarlo rápido y la misión empieza de manera ordenada, llevando esposado al prisionero. Pero los dos marineros, sin ser unas lumbreras, ven en Meadows alguien vulnerable, empatizan con él e inician un viaje por todo el nordeste del país que tendrá carácter de viaje de colegas e iniciático para el infortunado prisionero en el sexo y alcohol. 

Siendo una historia trágica, un pobre muchacho que ha sido condenado con una gran e inhumana dureza por el estamento militar, el tratamiento es de comedia. Pero la fotografía de colores apagados, de Michael Chapman, fotografiando los invernales paisajes del nordeste del país, le da un tono de comedia triste, desesperanzada.  

Tras unos días explotando la camaradería entre los personajes, con múltiples situaciones y siendo cada vez más intensa la convivencia entre ellos, el final es desolador. Ni siquiera vemos que haya despedida entre ellos, sino que entran en el complejo militar y salen Buddusky y Mulhall.  

Con guion de Robert Towne, es otra de las películas americanas pesimistas de los setenta que he visto últimamente. Como en Malas tierras o Llueve mi corazónson películas con personajes vulnerables y desnortados que viajan por el país sin un rumbo claro.  

Es un filme que se ve de forma muy amena en su parte de comedia, haciendo luego reflexionar sobre el drama humano de la cutre existencia de los tres personajes. Interesante película setentera en otra mirada triste sobre los Estados Unidos.   

viernes, 8 de mayo de 2026

EL SALARIO DEL CRIMEN

 

El salario del crimen (1964) es una película de cine negro española, dirigida por Julio Buchs e interpretada en su papel principal por Arturo Fernández, con personajes secundarios destacados para José Bódalo y Manuel Alexandre; y teniendo a la francesa Françoise Brion como protagonista femenina.  

Con una estética cercana al cine negro americano, incluyendo una banda sonora de influencias jazzísticas, cuenta la historia de un policía llamado Mario que, en el inicio de la película, cercando a un traficante de drogas, este escapa y mata a uno de sus compañeros. Por ello, Mario jura encontrar a ese hombre y su jefe le manifiesta que lo debe hacer dentro de los límites de la acción policial y no cegado por la venganza.  

A partir de aquí, Mario conoce a Elsa, una mujer atractiva y sofisticada, propietaria de una boutique y que lleva un tren de vida muy elevado. Después del enamoramiento, Mario no podrá seguir el tren de vida de su novia si no es delinquiendo, por lo que se queda con el dinero de un registro y, más tarde, planea disfrazarse y cometer un robo en una entidad financierasiendo luego extorsionado por un empleado que le reconoce cuando, como policía, va a investigar con su superior el atraco. 

Y, al final, como pasa en muchas películas de serie negra, las tramas confluirán en una sola porque resulta que Elsa le ha estado urgiendo a conseguir dinero para que pueda huir de España Daniel, que es su hermano y el traficante de drogas que escapa de Mario al principio de la película.  

Se trata de una película con una correcta puesta en escena y una trama que está contada de forma fluida, yendo al grano y teniendo interés en todas sus escenas. Françoise Brion resulta una presencia interesante como femme fatale y Bódalo, como jefe y algo más de Mario (en la línea de Edward G. Robinson en Perdición) pues fue compañero de su padre, también hace una buena interpretación. La película muestra a un gran actor como Manuel Alexandre que tiene la virtud de, con un papel menor, dejar su presencia en la película. Y Arturo Fernández, aunque luego se especializó en la comedia, actuó con solvencia en películas de cine policíaco español de la época.  

Buena película policíaca española. 

EL DIABLO ESTÁ ENTRE NOSOTROS

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