martes, 3 de noviembre de 2026

EL PRESTAMISTA

 

Viendo un documental sobre Quincy Jones, mencionan El prestamista (1964), dirigida por Sídney Lumet, como una de las películas para las que el músico afroamericano compuso su banda sonora. No la conocía, pero veo que el tema es interesante pues trata sobre un judío internado en un campo de concentración nazi que, tras sobrevivir al Holocausto, emigró a los Estados Unidos y abrió una tienda de empeños en el peligroso y bullicioso barrio de Harlem, en Nueva York.

Ese judío se llama Sol Nazerman y es un hombre que vive amargado, incapaz de sobrellevar todo lo que vivió, pues perdió a su familia en el campo y ahora se relaciona con una mujer que es viuda de uno de sus mejores amigos y que no sobrevivió al exterminio.

Si su estado anímico no es bueno, diversas cosas que suceden en la película le pondrán todavía más al límite. Ficha como ayudante de su negocio a Jesús, un chico de origen hispano con ganas de aprender de él pero que, en un momento dado, y sintiéndose despreciado, se unirá a unas malas compañías para atracar la caja fuerte de Nazerman. Por otro lado, una trabajadora social del barrio llamada Marylin se intenta acercar a él, pero Nazerman no tiene ya fe en nada ni es capaz de sentir empatía por nadie. Y, por último, a lo largo de la película aumenta la tensión que tiene con un mafioso afroamericano del barrio que utiliza el negocio de Nazerman para, con su consentimiento, lavar dinero negro.  

Todas estas situaciones inciden en un hombre que lleva el peso del pasado y no puede deshacerse de él, cosa que muestra Lumet con rápidos fotogramas o momentos muy breves de la estancia en el campo de exterminio de Nazerman, instantes como el marido de su pareja y amigo suyo que murió enganchado a la alambrada; en definitiva, imágenes recurrentes que le atormentan y convierten su vida en un infierno, llegando a colapsar emocionalmente.

La película es importante como una muestra, en el momento de la filmación todavía no muy extendida, de explicar el Holocausto y el shock postraumático para los supervivientes. También es una de las primeras películas en las que aparece un desnudo femenino cuando una chica afroamericana, que interpreta a la novia de Jesús, enseña los pechos. Fue uno de los primeros desafíos al Código Hays que estaba dando sus últimos coletazos y sería finiquitado cuatro años más tarde. 

El protagonista del filme es Rod Steiger, poniéndose en la piel de Nazerman y componiendo una gran interpretación. Fue nominado al Óscar, perdiendo ante Lee Marvin por Ingenua y explosiva; también lo fue al Globo de Oro, perdiendo ante el Peter O'Toole de Becket; pero se resarció con el premio BAFTA al mejor actor. Steiger hace una gran interpretación porque combina escenas con comportamiento glacial pareciendo actuar como un autómata, con otras en las que se derrumba y da rienda suelta a la vulnerabilidad que provoca su estado mental. Aunque pueda parecer sobreactuado cuando muestra su deterioro emocional, es necesario acentuar eso para ponerlo en contraste con la frialdad de la que da muestra especialmente en la primera parte del filme. 

Lumet filma el barrio de Harlem de una forma cercana a un documental con la fotografía de Boris Kaufmann, además de contar con la banda sonora de Jones para dar más personalidad a esa visión del barrio neoyorquino, realizando una película sólida e interesante. 

Y, además, la película da la oportunidad, para los fans de Grupo Salvaje, de ver al actor Jaime Sánchez, el mexicano Ángel degollado por el general Mapache, en este filme de Lumet interpretando a Jesús, el ayudante de Nazerman.


lunes, 2 de noviembre de 2026

NAZA

 

Premiada por el Gran Jurado del Festival de Venecia, ha llegado a nuestras pantallas Naza, documental dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor.  Rodado en azoteas de la ciudad de Tel-Aviv, se trata de unas entrevistas con miembros del ejército israelí que participaron en ataques en la franja de Gaza y explican cómo lo hicieron y cómo lo vivieron. 

El documental se basa en la palabra, oímos sus testimonios viendo el skyline de una ciudad moderna y dinámica como es Tel-Aviv. Hay un contraste entre la aparente civilización de una moderna gran urbe y las cosas horribles que explican, que suceden tan solo a unos 60 kilómetros de la ciudad israelí. Sus relatos se ven a veces salpicados con algunas grabaciones de declaraciones de ese gran cínico llamado Netanyahu.

Esos miembros del ejército israelí describen, con gran frialdad y sin mostrar ninguna emoción ni arrepentimiento, como escogen los objetivos de edificios en localidades de la franja y como interceptan comunicaciones para saber cuándo es el momento de disparar un misil o dron para que se dirija allá y explote matando al mayor número posible de gente. El objetivo es la destrucción y el título de la película, Naza, hace referencia al término que el ejército utiliza para designar esos efectos colaterales de la destrucción, un número de seres humanos que han muerto y que se estima, por ahora, en la cifra de 70.000.  Algunos de los testimonios llegan a admitir que han participado en un genocidio, pero lo hacen desde una indiferencia glacial y de absoluta insensibilidad. Recibir órdenes, que se justifican en la agresión del 7 de octubre que perpetró Hamas, es todo lo que necesitan estos hombres para llevar a cabo su siniestra tarea. 

Ver a estos tipos me ha recordado a aquel concepto que acuñó Hannah Arendt, a propósito del seguimiento del juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén: la banalidad del mal. Si Eichmann era un burócrata de la muerte, deshumanizado en su labor de procurar la intendencia para poner en marcha la maquinaria de exterminio que acababa en los campos de concentración; aquí estos hombres, con medios tecnológicos mucho más sofisticados, padecen esa misma desgracia igual que la sufría el funcionario alemán: la imposibilidad de distinguir entre el bien y el mal. 

El documental es impresionante en el sentido de que, con la palabra como herramienta, pero con los minuciosos detalles que explican de cómo llevan a cabo su tarea de destrucción desde sus centros de operaciones y con la ayuda de la IA, nos hemos de imaginar el horror. Solo al final vemos imágenes reales de una ciudad prácticamente destruida, y padres buscando a sus hijos entre los escombros. 

Naza, producida por Jonathan Glazer, director de La zona de interés, comparte con aquella película mostrar la indiferencia y deshumanización frente a un genocidio.

Gran documental

viernes, 30 de octubre de 2026

FEDRA



Fedra es un melodrama de Manuel Mur Oti, especialista en el género y que fue rodado en 1956. Hace un seguimiento del mito griego a través de la obra de Séneca en la que, por lo visto en la película, la obsesión de Fedra hacia su hijastro es desaforada e irrefrenable. 

Aquí Fredra se llama Estrella (Emma Penella), vive en un pueblo costero y es una atractiva muchacha que concita la atención de todos los hombres de la zona. Conoce un día a Juan (Enrique Diosdado), propietario de varios barcos que le proporcionan una buena posición y que se enamora perdidamente de la joven.  Ella siempre ha despreciado a todos los hombres que se le han acercado, Juan no será una excepción, pero él decide que esperará. Entonces, Estrella conoce a un joven llamado Fernando (Vicente Parra) que, al contrario que los demás hombres, no le hace ningún caso.  Por despecho, Estrella contrae matrimonio con Juan y, una vez ya comprometida, descubre que Fernando es el hijo de Juan, cosa que no solo no le importa, sino que le agrada porque puede estar cerca del joven. 

La película prosigue con un auténtico acoso sexual de Estrella hacia el personaje de Fernando que, en un momento dado, le da varios latigazos para zafarse de ella. Después, Estrella le persigue medio desnuda y todo el pueblo se entera de la situación, lo que desencadena la tragedia. Fernando muere al ser obligado por su padre a acompañarle en una travesía habiendo una fuerte tormenta. Discuten y él cae al agua. Su cadáver queda flotando y a la vista de Juan a la mañana siguiente, pero, antes de que llegue con su barco, Estrella, que se ha tirado de un acantilado huyendo de las mujeres del pueblo, lo alcanza y lo sumerge junto a ella, quedando los dos en el fondo del mar.  

Al parecer, la película tuvo problemas con la censura, pero, a pesar de eso, Mur Oti sexualiza de forma muy explícita a su protagonista que aparece esplendorosa, voluptuosa y sensual. Realmente, Emma Penella, que tenía unos 25 años, hace una interpretación deslumbrante destacando muy por encima de Diosdado y Parra.  El primero hace una interpretación más cómoda, como hombre maduro ciegamente enamorado de la protagonista; mientras que Parra, teñido de rubio, interpreta un papel más complicado ya que sobre él que recae la sospecha de la homosexualidad.

Rodada en la costa alicantina frente a la isla de Tabarca, el paisaje costero, entonces todavía virgen, es el escenario apropiado para narrar una historia de pasión incontenible que hunde sus raíces en un mito griego.  Y en el que tiene cabida como Mur Oti nos describe como es la comunidad de pescadores, pacatos, reprimidos y envidiosos, que se convierten en enemigos de la libertad en la que vive Estrella. 

Mur Oti consigue un gran melodrama, entregado a su protagonista femenina y dotando desde el principio una gran intensidad a la película. 

martes, 27 de octubre de 2026

TRISTANA

 


En 1970, Luis Buñuel rodó Tristana, una de sus últimas películas.  Si bien la novela de Pérez Galdós en la que se basa transcurre en el barrio madrileño de Chamberí, como a Buñuel le encantaba Toledo desde que era estudiante, decidió que el rodaje se haría en la ciudad de las Tres Culturas. Y uno de los sellos de la película son los abundantes exteriores rodados en sus históricas calles, incluida la plaza del Zocodover. 

Buñuel cambia algunas cosas de la novela en su adaptacion cinematográfica para hacerla más agria. En concreto, y como cambio más importante, en la película el personaje de Don Lope muere cuando, estando delicado de salud, Tristana abre la ventana para que entre un gélido viento invernal. Así culmina un viaje de ida y vuelta entre los personajes que a Buñuel le interesa contar y que lleva hasta las últimas consecuencias. Vemos al inicio a un Don Lope seguro de sí mismo, paseando su anticlericalismo e ideologia con tintes libertarios, sojuzgando a su sobrina y tomándola como si fuera su mujer para, posteriormente, ir complaciéndola cuando esta vuelve y se le ha de amputar una pierna, llegando incluso a contraer matrimonio eclesiástico con ella en contra de sus convicciones.  Tristana hace el camino inverso, de personalidad al principio casi infantil y, en cualquier caso, muy sumisa respecto a su tío, a independizarse cuando se enamora de un pintor, fugarse con él y, al enfermar gravemente, volver con su tío para tiranizarlo y humillarlo hasta esa última apertura de la ventana con la que lo condena a muerte por el estado delicado en que se halla. 

Fernando Rey hace una de sus mejores interpetaciones, en un papel que le va como anillo al dedo y la presencia de Catherine Deneuve, con su gélida belleza,  resulta apropiada tanto por la tentación inicial que supone para Don Lope como luego en su insultante actitud hacia este.  Solamente el personaje del pintor, interpretado por Franco Nero, aporta poco a la película al margen de ser el apoyo de la trama para justificar como Tristana se aleja de su tío durante una temporada. En contraste con el poco interés del personaje de Nero,  aporta mucho más  el personaje de Lola Gaos como empleada doméstica de Don Lope,  así como el de su hijo sordomudo que tiene una relación especial con Tristana, de la que se dan unos trazos y que afean más el proceder de la chica mutilada. 

La película tiene apuntes muy divertidos propios de la personalidad de su director y una narración impecable. Hay algún apunte surrealista como que Nero está pintando a un catalán vestido de forma tradicional, incluida barretina, y que dice que se ha traído desde Barcelona;  y, como elemento más integrado en la trama, un sueño recurrente de Tristana en el que ve la cabeza de su tío como el badajo de la campana de una iglesia. 

Buñuel hizo películas tan excelentes que Tristana puede quedar en un nivel inferior, pero es un gran filme. 

EL PRESTAMISTA

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