Obsesión (1954) es uno de los melodramas de Douglas Sirk más barrocos en cuanto a exagerar la parte folletinesca de la trama, una inverosímil historia en la que un play boy grosero, maleducado y chulesco cambia totalmente de estilo de vida, retoma la carrera de cirujano, que abandonó para dedicarse al hedonismo más absoluto; y acaba operando a su enamorada, salvándole la vida y devolviéndole la vista, secuela de un accidente del que él fue el culpable, además de haber provocado indirectamente la muerte de su marido.
No habiendo visto la primera versión dirigida por John M. Stahl en la década de los 30, sí puedo asegurar que Obsesión es un melodrama de primera categoría que, rodado con elegancia y magnífica dirección de actores, contagia emoción y empatía hacia los personajes.
Bob Merrick, dedicado a la vida placentera y egoísta sin pensar en los demás, encuentra a su antagonista en la figura del Dr. Philips, al cual no llegamos a conocer pues muere de un ataque que no puede superar al estar en uso el pulmón artificial que le podría haber salvado y, justamente, ese uso es para salvar la vida de Merrick, que ha sufrido un accidente conduciendo en un lago una lancha a toda velocidad de forma temeraria.
Como si fuera una tragedia griega en la que los personajes se someten irremediablemente a su destino, Merrick empieza a verse perseguido por el difunto Dr. Philips cuando, además del tema del pulmón artificial, se cura del accidente en la clínica del doctor, se encuentra a la mujer del doctor cuando abandona furtivamente la clínica y, finalmente, conoce al mejor amigo de Philips, el artista Edward Randolph (Otto Kruger).
Randolph es un personaje importante en la trama. A partir del momento en que conoce a Merrick, actúa como una especie de demiurgo para armonizar las relaciones entre Merrick y Helen, la viuda de Philips, aconsejando al primero, orientándolo y, en el momento de la operación en que es decisiva su intervención para que Merrick la asuma, Sirk nos lo presenta de un modo casi sobrenatural, mirando a través de una cristalera que se halla encima de la sala de operaciones.
El doctor Philips vence des del más allá. Una persona como Merrick, para la cual no existía la solidaridad y no entendía lo que era el altruismo, cambia totalmente su modo de entender la vida y, en el mismo campo de la medicina que ejerció Philips, se dedica a las buenas obras. Esto es incluso más esencial para explicar la película que la historia de amor entre los personajes de Rock Hudson y Jane Wyman.
Seguramente, son melodramas más redondos Escrito sobre el viento, Solo el cielo lo sabe o Ángeles sin brillo, pero Obsesión es uno de los filmes en que mejor se aprecia la capacidad de Sirk, con esa rocambolesca trama, para hacernos creer lo inconcebible y demostrar que es el mejor director del género de la historia del cine.