La heredera (1949) es un excelente melodrama del especialista William Wyler, que rodó unos cuantos de los mejores del género con su estilo clásico y elegante.
En un Nueva York decimonónico y en el seno de una familia adinerada, la película narra la historia de Catherine Sloper (Olivia de Havilland), una mujer insegura, introvertida y con aparente poco encanto. Catherine es secretamente despreciada por Austin Sloper (Ralph Richardson) su propio padre, que no ha superado la muerte de su mujer y descarga su frustración tratando con indiferencia a Catherine, cosa que ahonda en la marginalidad en la que vive, dedicándose a bordar y haciendo poca vida social. No obstante, en una fiesta, un joven llamado Morris Townsend (Montgomery Clift) la corteja y se produce un súbito enamoramiento que los lleva, al poco tiempo, a hacer planes de boda.
Austin se opone firmemente al matrimonio pues considera que Morris es un arribista, un hombre de poca fortuna que solo quiere ascender en la escala social con esa boda. Propone a su hija un viaje a Europa para olvidarse de Morris, pero, al volver a América, ella sigue empeñada en casarse. Catherine hace planes de boda incluso rompiendo con su padre y renunciando a su herencia, pero, entonces, se confirma la sospecha de Austin y Morris, ante la posibilidad que él ve muy cierta de que Catherine sea desheredada, la abandona.
Austin muere ante la indiferencia de Catherine y pasan varios años. Morris retorna a Nueva York y todavía pretende casarse con Catherine, pero esta ha planeado su venganza y trata a Morris del mismo modo que él la trató a ella.
Olivia de Havilland hace una interpretación memorable, timorata y apocada cuando se inicia la película, pero también se muestra como una persona sensible en ese momento, virando luego hacia la gelidez con la que trata a su padre en sus últimos momentos y la venganza que practica contra Morris. Hay un momento en que su cabeza hace un clic cuando, al oponerse al matrimonio, su padre le dice que cómo un hombre podría enamorarse de una mujer tan poco atractiva tanto física como espiritualmente, describiéndola como alguien sin ningún encanto. Ese es el punto de inflexión en el comportamiento de Catherine durante el filme.
Se trata de un melodrama con una gran violencia psicológica entre los personajes, especialmente entre Catherine y su padre. Comparado con ellos, Morris es un personaje más simple, un muerto de hambre que busca pegar un braguetazo.
Wyler consigue que la película vaya ganando interés a medida que transcurre el filme, sube la intensidad dramática con unos personajes que radicalizan sus posturas en el caso de padre e hija, o no renuncia a su innoble objetivo como hace Morris.
Si De Havilland está magnífica, también destaca un gran actor como Ralph Richardson. Ambos están tan bien que opacan un tanto a otro gran actor como fue Montgomery Clift, cuyo papel ofrece menos lucimiento que el de padre e hija.
Gran melodrama.