martes, 26 de mayo de 2026

EL CLAVO

 

El clavo (1944), de Rafael Gil, es un clásico del cine español y no me defrauda volverla a ver después de muchos años. Es un melodrama pasado de rosca por lo inverosímil de su trama, pero que está narrado con vigor, buenas ideas de puesta en escena y también en sus interpretaciones, destacando la guapísima Amparito Rivelles. 

En la España isabelina del siglo XIX, coinciden en un viaje en diligencia el juez Javier Zarco (Rafael Durán) y una misteriosa mujer llamada Blanca (A. Rivelles). Javier inicia un juego de seducción, poco provechoso en principio pero que, más tarde, da sus frutos y los personajes se enamoran.  Entonces, se separan durante un mes ya que Javier se va para solucionar unos temas laborales pero, ante la falta de noticias de Blanca, regresa a la posada donde en teoría ella iba a permanecer y descubre que se largó el día después de su marcha. Sintiéndose traicionado, se desmorona anímicamente.  

Pasan 5 años y toma destino en una localidad castellana. Paseando por el cementerio, hay unas tumbas revueltas tras unas inundaciones y ve un cadáver con un clavo. Deduce que se trata de una muerte violenta y no una apoplejía como quedó registrada, siendo la víctima un indiano que se había establecido allí tras comerciar con esclavos.  Empieza a investigar y manda a un miembro de su juzgado a Madrid.  

Él también va a Madrid y se reencuentra por casualidad con Blanca, que no se ausentó en aquella cita, aunque Javier creyó que había desaparecido. Renace entre ellos el amor y el compromiso.  

Y, entonces, cuando Javier ha vuelto al pueblo castellano, su ayudante le da noticia desde Madrid que ha encontrado a la asesina del indiano, una tal Gabriela. Cuando se abre el juicio oral contra Gabriela, que entra en la sala de vistas con un velo, al mostrar su rostro el juez ve que se trata de Blanca, comprendiendo Javier que su ausencia fue para ir a matar al indiano, un hombre con el que estaba prometida en contra de su voluntad ya que sus padres eran chantajeados por este, y quedar libre para casarse con él. 

Basada en una novela corta de Pedro Antonio de Alarcón, en su adaptación cinematográfica ya se tuvo que cambiar parte de la trama como, por ejemplo, que Blanca/Gabriela no estaba prometida con el indiano si no que era su esposa. Y uno de los aciertos de la película es, a pesar de la censura, mostrar esa historia de amor con mucha sensualidad, utilizando un baile de máscaras de carnaval al principio de la película para hacer tropezar a los personajes y aproximarlos físicamente; o con un elegante travelling sobre las plantas de la posada que ocupan para dar a entender el aproximamiento carnal definitivo. 

El buen hacer en esta película de Gil se une al hecho de ser una producción importante de Cifesa, se construyeron varios decorados para la película y la ambientación del siglo XIX, con el correspondiente vestuario, está bien conseguida 

Buen clásico del cine español 

martes, 19 de mayo de 2026

ACCATONE

 

Accatone (1961) es la opera prima de P.P.Pasolini y el intelectual italiano irrumpe como director con una película que demuestra una gran personalidad.  

Accatone, tras dejar a su mujer e hijos con los que casi no tiene relación, es un proxeneta que, mientras está ocioso con los amigotes sin hacer nada, tiene a una chica llamada Maddalena trabajando para él. Cuando ella va a parar a la cárcel al ser golpeada por los amigos de su antiguo chulo y descubrir la policía a qué se dedica, Accatone se queda solo e intenta camelar a Stella, una desgraciada y tímida chica, para inducirla a practicar la prostitución. Tras conseguir que Stella se prostituya, Accatone cambia de opinión y, en contra de lo que siempre ha sostenido, prefiere, tras intentar trabajar y descubrir que le es imposible llevar una vida laboral, convertirse en un ladrón. Vivir peligrosamente tendrá las consecuencias previsibles para Accatone al final de la película.  

Pasolini utiliza para narrar su historia una estética neorrealista cuando, en 1961, esta había empezado a quedar postergada en el cine italiano, siendo directores referentes de aquel momento gente como Fellini o Antonioni que contaban otra serie de historias con un universo propio. Pero Pasolini explica una historia cercana a sus novelas Chicos de la calle y Una vida violenta, con una gran dureza visual. Hay muchos planos sobre descampados de la periferia romana, en que se intuye que son auténticos estercoleros, mientras se ve al fondo construcciones baratas de grandes bloques donde se empezaba a alojar las clases populares provinientes del sur de Italia 

Esa irrupción personalísima en el cine como director de Pasolini se demuestra, además de en ese carácter visual, en la elección de la música de J.S.Bach como banda sonora de la película. Sus notas acentúan la figura trágica de Accatone y el mundo que le rodea. 

El personaje principal lo interpretó Franco Citti, un exalumno suyo que aparece también en otras películas de Pasolini y fue uno de los guardaespaldas sicilianos de Michael Corleone en El padrino. Citti, hermano de Sergio, gran colaborador de Pasolini durante décadas, debutaba con este filme y su presencia física, un tipo de aspecto amenazante, pero también vulnerable y con un físico que Pasolini erotiza, resulta un activo importante para la película.  

Las debilidades del proxeneta Accatone no se pueden reconducir. Es una persona irredimible, abocado a un final trágico que Pasolini, que tan bien conocía ese mundo lumpen, no puede evitar al escribir el guion del filme. 

Gran debut como director de Pasolini. 

domingo, 17 de mayo de 2026

CINEMA PARADISO

 

Veo, por primera vez, Cinema Paradiso, aclamado filme de Giuseeppe Tornatore rodado a finales de los ochenta, que ganó, entre otros premios, el Óscar a la mejor película extranjera y el gran premio del Jurado de Cannes. Veo el montaje de la versión internacional, de 124 minutos, mientras la original era de 155 y aún luego hay una versión del director de 173 minutos. 

Es la historia de amistad de un niño, Salvatore, que vive en un pueblo del sur de Italia y Alfredo, el proyeccionista del cine del pueblo. La película se inicia con el mensaje que recibe en Roma Salvatore, ya adulto y convertido en un director de cine, para avisarle de que ha muerto Alfredo. A pesar de que dejó su pueblo hace muchos años y no ha vuelto ni para ver a su familia, Salvatore emprende el regreso para asistir al funeral de Alfredo mientras va recordando todo lo vivido con el viejo proyeccionista.  

Salvatore se queda huérfano de padre, al no regresar su progenitor de Rusia a dónde fue destinado en el curso de la II Guerra Mundial, y Alfredo actuará como un segundo padre para él, enseñándole el oficio de proyeccionista y el amor por el cine. Se produce un incendio en el viejo cine a consecuencias del cual Alfredo pierde la visión; entonces, tras la reconstrucción del cine, será definitivamente sustituido por Salvatore como proyeccionista, ya adolescente, y que empieza a descubrir el amor en una subtrama del filme. Pero a Salvatore le llegará la oportunidad de ir a trabajar a Roma, ciudad que ofrece mejores posibilidades de progresar que su pueblo, pariendo hacia la capital sin volver a pisar su pueblo hasta que lo hace con ocasión del entierro. De hecho, es Alfredo quien le recomienda que parta, que rompa con su lugar de origen y así tendrá mejores oportunidades en la vida.  

A mí me ha parecido una película muy emotiva que se afianza sobre dos pilares. Uno es la banda sonora del gran Ennio Morricone, que es muy buena, seguramente una de las mejores que compuso el maestro. El otro pilar son las interpretaciones de los actores. Por un lado, Jacques Perrrin encarnando a Salvatore cuando ya es adulto, dándole un carácter melancólico y de persona que, aun habiendo logrado el éxito profesional, está insatisfecha en el plano emocional y no ha encontrado cosas que al dejar su pueblo. Por otro lado, Philipe Noiret hace una poderosa interpretación del proyeccionista dejando su impronta en la película 

Aunque se pueda discutir si es una película excesivamente dada a la lágrima fácil, la verdad es que es difícil no emocionarse cuando el personaje de Perrin ha vuelto para el entierro y ve demoler el viejo cine en el que fue proyeccionista. Es el final de una época y el inicio de la decadencia en la exhibición comercial del cine, igual en Italia que aquí o en muchos otros sitios. Dentro de poco, la exhibición comercial quedará circunscrita a pequeñas salas especializadas. 

También otras escenas están muy logradas, como la manera en que Alfredo proyecte la luz del cinematógrafo en un edificio para que la gente que no ha podido entrar vea cine. Y buen trabajo de ambientación de esa Italia de posguerra, con mucha miseria, con el párroco censurando las películas antes de la exhibición (y el significado que tienen al final las escenas censuradas, montadas por Alfredo en un último regado a su discípulo proyeccionista), así como el impacto del cine en la gente, boquiabierta viendo a Kirk Douglas interpretando a Ulises y, junto a sus compañeros, engañando al cíclope 

Muy buena película.  

 

viernes, 15 de mayo de 2026

EL DIABLO ESTÁ ENTRE NOSOTROS

 

Leo El diablo está entre nosotros, un libro del periodista Lorenzo Ramírez, de ideología liberal y que se dedica al periodismo de investigación. Es un libro bastante largo, el autor toca muchos temas sobre la situación del mundo hoy en día, analizando también el pasado más cercano, resultando sus conclusiones desasosegantes.  

Además de explicar la pugna que será central en los próximos años entre China y Estados Unidos, dos potencias que, con métodos diferentes, quieren controlar los recursos y sectores estratégicos en el futuro, resulta desoladora, aunque creo que certera, las ideas que tiene Ramírez de Europa. Siguiendo la teoría de que los Estados Unidos siempre han intentado que no se produjera una alianza entre Europa occidental y Rusia, la caída del muro de Berlín es un punto importante porque, si bien el pacto de Varsovia se disuelve, la OTAN acelera su expansión, en contra de lo que se dijo a líderes rusos como Gorbachov y Yeltsin. La presión sobre Rusia se acentúa en un país complejo como Ucrania, produciéndose injerencias de los americanos durante varios años que propician una reacción defensiva, aunque aquí ha sido calificada al revés, de Putin invadiendo el país en 2022. No se trata de disculpar a Putin, un sátrapa ruin y miserable, pero hay qué ver cuáles con las líneas maestras de política exterior americanas desde, por lo menos, el final de la II Guerra Mundial para entender la poca consideración que han tenido con los países europeos. Ramírez se entretiene en un hecho que parece incontrovertible: el gasoducto Nord Stream del mar Báltico lo volaron los americanos, siendo los alemanes los principales perjudicados. Y, a pesar de eso, los alemanes, por orden de los americanos, han seguido sosteniendo la guerra en Ucrania pese al problemón que fue para la industria alemana no poder acceder al gas que les suministraban los rusos antes del conflicto ucraniano 

Ramírez se detiene en el proyecto de construcción europea, aportando detalles que desconocía de los dos padres fundadores de lo que ahora es la Unión Europea: Robert Schumann y Jean Monnet. Pues bien, en ambos casos se trata de gente que siempre tuvieron en cuenta la influencia que les llegaba de los Estados Unidos y construyen un poder político europeo que, en gran parte, es el que interesa al país del tío Sam. Actúan como peones de los deseos de la administración americana. 

Otro frente que abre Ramírez es sobre la desinformación que, según él, hay en referencia al cambio climático y la influencia de las emisiones de CO2 en este hecho. Lo que está claro es que el clima en la Tierra, bien sea porque la órbita experimenta algunas pequeñas variaciones o bien porque la luz del sol no siempre llega con la misma intensidad, ha cambiado y cambiará miles y miles de veces. El punto a descifrar sería ver si, en las últimas décadas, se ha acelerado el cambio por la acción del hombre. Ramírez señala que no se puede probar, según la bibliografía que acompaña, que la intervención del hombre sea decisiva. Como mínimo, siembra dudas en una cuestión mayoritariamente inclinada en un sentido y, tal vez por eso, cabría indagar más en la cuestión.  

Ramírez se muestra contrario a las tesis que defienden la necesidad de afrontar un decrecimiento ordenado, para salvaguardar un nivel de vida aceptable, al entender que el planeta, con unos recursos finitos, no puede basarse en un sistema que precisa de un crecimiento constante para ser viable. Aquí es la parte del libro en que Ramírez me convence menos. Se tardarán 10 años, o 500, o 5.000, pero los recursos del planeta, aunque vengan innovaciones tecnológicas que lo palien, son finitos.  

Ramírez aborda también el problema de la deuda y como los problemas empiezan, por poner un origen, en desligar el dólar del oro a principios de los 70 por Nixon y como eso dio lugar a una financiarización de la economía que se completó con la desregulación del sector en la época de Reagan. Desde la pandemia, la masa monetaria mundial se ha doblado, un dato inquietante y. que debiera llevarnos a reflexionar. Esto es como estar sentado sobre un barril de pólvora esperando que estalle, como lo hizo en 2008. Hay una simbiosis entre el poder político y el financiero que es quien gobierna el mundo y, según Ramírez, impide que exista realmente un sistema capitalista totalmente libre. Aunque partiendo de posturas muy diversas, hay un punto de encuentro entre Ramírez y David Graber en calificar al capitalismo como un sistema imperfecto por esas interferencias políticofinancieras, así que cobra sentido lo que explicaba el autor norteamericano en su libro Trabajos de mierda.  

Más amenazas apunta Ramírez en un libro poco optimista. Aborda en la última parte la problemática de los tecnoligarcas:,Zuckenberg, Musk, Thiel y compañía, gente que se ha metido dentro de la Casa Blanca, con la connivencia de un Donald Trump que ni siquiera disimula en que ha llegado a la presidencia para hacer negocios y enriquecerse él, su familia y gente próxima. Un retrato de una gente a la que le viene bien una cita de Hannah Arendt: “Mentir constantemente no tiene como objetivo que la gente crea una mentira, sino garantizar que nadie crea ya en nada ... un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira”. Para mentir, ese poder financiero, político y tecnológico no tiene nada más que controlar la prensa y diseñar, mediante ingeniería social, programas para controlar a la sociedad.  

 El futuro se presenta sombrío. Pero es lo que hay. No creo que haya que coger al 100% todo lo que expone Ramírez, pero sí creo que puede acertar en muchas e importantes cosas de las que dice, y es para acojonarse.  

EL CLAVO

  El clavo (19 44 ), de Rafael Gil, es un clásico del cine español y no me defrauda volverla a ver después de muchos años. Es un melodrama p...