lunes, 16 de febrero de 2026

SNORKEL

 

Viendo en el Heart break Snorkel, y leyendo luego la obra de Albert Boronat, en la que distintas voces explican historias que convergen en un viaje desde un lago hasta el planeta Marte, creo que una de las cosas más inquietantes es la sensación de que presente y futuro empiezan a ser indistinguibles. 

Si ya en las citas literarias con que se inicia la obra, hay una de J.G.Ballard , del prólogo de su novela Crashen que se dice que el futuro está dejando de existir, devorado por un presente insaciable, luego una de las voces de lobra dice “Creo que vivimos sintiendo que por fin presente y futuro son uno y eso nos aterra tanto que no existen emoticonos suficientes para expresarlo, aunque le dedicamos muchísimos esfuerzos a disimularlo. Si la obra data de hace unos diez años, el tiempo la hace más actual cuando ayer leo la entrevista con John Gray en EL CONFIDENCIAL y, entre otras muchas cosas interesantes, dice que la IA va a socavar profesiones cualificadas y que nadie debería iniciar una carrera en profesiones que serán automatizadas dentro de tres años. Así que todo va muy deprisa, hasta el punto de que algunos manejan el término aceleracionismo, como idea de expansión del sistema capitalista que nos ha de llevar al colapso y cambios radicales en la sociedad. 

Ver qué va a pasar en la Tierra desde fuera, en otro planeta como Marte, sería interesante por la perspectiva que da la distancia. Por eso Boronat utiliza la canción de David Bowie Space Oddity, que en la obra tiene más presencia llegando hasta la escena final, mientras que es la última cita literaria que encabeza el texto escrito:

Aquí estoy flotando alrededor de mi lata

Muy por encima de la Luna

El planeta Tierra es azul

Y no hay nada que pueda hacer....

No se trata de una obra pesimista, sino serena, embellecida por la canción de Bowie, salpicada con momentos de humor en su puesta en escena en el Heartbreak y que reflexiona sobre el propio autor que tiene la sensación de vivir una vida de gilipollas, la basura que va aumentando representada por una botella de KH7 flotando en el lago y el snorkel que da título a la obra, apareciendo en como miran alguno de los personajes y que, según Boronat “es un concepto que tome para hablar un poco de la superficialidad de los tiempos”. 

sábado, 14 de febrero de 2026

TÍA BUENA: UNA INVESTIGACIÓN FILOSÓFICA

 



Leo Tía buena: una investigación filosófica, de Alberto Olmos, un ameno libro para destripar que se esconde detrás del concepto de tía buena, como lo viven las mujeres y también los hombres. 

Digamos que primero Olmos hace un trabajo de campo, quedando con amigas, exnovias, conocidas o mujeres (básicamente influencersque le son recomendadas por otras personas para profundizar en cómo son esas mujeres que se consideran tías buenas.  Y luego están las lecturas sobre el tema, muy diversas, entre las que destaca El mito de la belleza de Naomi Wolf, un clásico feminista que reflexiona en torno a la relación entre la liberación femenina y la belleza.

Y es que, como dice Olmos, si después de la II Guerra Mundial el prototipo de tía buena sería aquella Marilyn Monroe de La tentación vive arriba, que aparecía como un personaje más bien bobalicón y sumiso, ahora igualmente aparecen en diferentes medios tías buenas, pero con otro carácter. Olmos cita a Chanel, la cantante que representó hace unos años a España en Eurovisión, que se sitúa en un polo opuesto al de Marilyn, exhibe igualmente su cuerpo, pero lo hace desde una posición de mujer libre, empoderada y valiente, agresiva en las letras de sus canciones hacia el género masculino, con lo que se llega a un feminismo de chicas guapas. Recuerdo, al margen de los ejemplos de Olmos, a Cristina Pedroche luciendo su cuerpo prácticamente en bolas y lanzando soflamas feministas en las Nocheviejas de Antena 3.

Lo de las tías buenas tiene que ver con la mirada. Como dice Olmos, la imagen sobre los demás no era tan importante hasta llegar al siglo XIX. En este siglo, al principio con la fotografía y, luego, en el tránsito al siglo XX con el cine, empieza a ser importante el concepto de mujer que se prepara para ser mirada, y de hombres que les dirigen su mirada. Inevitablemente, todo ello deriva en un acelerado consumismo que abarca desde la industria de la cosmética a la textil, pasando por otros sectores como los gimnasios y la cirugía estética. Un regalo para el capitalismo, siempre ávido de buscar y abrir mercados en los que multiplicar sus beneficios. 

Pero ahora hemos pasado de fotografías y películas a los smartphones en que cualquier persona puede subir a su cuenta centenares de imágenes al año y difundirlas a través de sus redes sociales. Olmos estuvo días viendo miles de imágenes en Instagram, aplicación a la que accedió creando un perfil falso, que pertenecían en su mayoría a personas anónimas. No son ya las presentadoras, actrices y modelos las que marcan una tendencia y han de aparecer guapas, sino que son muchas chicas las que se exhiben con atrevidas imágenes para obtener likes con los que reforzar su autoestima. Por supuesto, el género masculino no está libre de culpa en este mundo en que la imagen está por encima de todo. Como dice Olmos cuando luego analiza Tinder, aplicación en la que también creó un perfil falso, numerosos hombres lo que buscan es hacer cuantos más matchs mejor, sin importar nada más. Acuden en Tinder a un mercado en el que las tías buenas se han convertido en objeto de consumo, y muchas de ellas están contentas y reforzando su puesta a punto para ser miradas. 

No se puede generalizar a todas las mujeres en ese grupo que retrata Olmos, pero sí es un número significativo de mujeres las que cuidan su aspecto con algunos efectos perniciosos como los que señala el autor en su entretenido libro. 

jueves, 12 de febrero de 2026

YO CONFIESO

 

Hacía muchos años que no veía Yo confieso, película dirigida por Hitchcook en 1953 y que trata uno de los temas preferidos por el director inglés: el falso culpable. 

Aquí el falso culpable es un sacerdote católico, el padre Michael Logan (Montgomery Clift) que recibe, en secreto de confesión, la declaración de un hombre empleado en su parroquia que le confiesa haber asesinado, para robar pues está apurado económicamente, a un abogado. Obligado a no delatar al asesino para no vulnerar el secreto de confesión, la cosa se complica cuando el propio sacerdote es sospechoso del crimen debido a que ese abogado extorsionaba a una mujer llamada Ruth (Anne Baxter) con la que, antes de ordenarse sacerdote, tuvo relación Logan. Interrogados por la policía, a cargo del incisivo inspector Larrue (Karl Malden), Ruth comete la torpeza de acrecentar las sospechas sobre Logan del cual sigue enamorada. El sacerdote es procesado, pero, en contra de la opinión del juez, el Jurado lo declara no culpable y es puesto en libertad. Cuando sale del Palacio de Justicia, es mirado de manera zahiriente por la gente que se ha reunido para seguir el juicio y, poco después, zarandeado por la turbamulta. Eso hace reaccionar a la mujer del verdadero asesino que, en un ataque de decencia, defiende a Logan de la muchedumbre y precipita el final de la película. 

No creo que sea de las mejores películas del maestro inglés, aunque haya cosas muy apreciables. Por ejemplo, destaca un soberbio inicio, unos planos por las calles desiertas de Quebec, salvo un hombre gordo que se ve a lo lejos y es el tradicional cameo de Hitchcock, hasta que la cámara se detiene en una casa de la que sale un hombre vestido de sacerdote y vemos el cuerpo del asesinado. También destaca especialmente la salida de Logan del Palacio de Justicia. El Jurado, con solo pruebas circunstanciales, ha determinado su no culpabilidad, pero ya sabemos que las masas, si huelen sangre, se guían de manera ciega, son manipulables y proclives a la violencia. Logan es un falso culpable absuelto por la Justicia, pero no por la sociedad. Otra cosa que me gusta mucho de la película es la interpretación de Montgomery Clift, que está a la altura del gran actor que era, poniéndose en la piel de un hombre que se debe antes a sus obligaciones religiosas que a las que tiene como ciudadano, cosa que obviamente le comporta una zozobra que sobrelleva con entereza y sin asomo de flaqueza en ningún momento del filme. Clift, actor que transmitía una gran sensibilidad, está magnífico en ese registro.

Por contra, la película es un poco irregular narrativamente y el flashback que tiene lugar, con las explicaciones de Baxter Malden sobre su relación con Logan antes de que este marche a la guerra, no aporta mucho. Esto me hizo pensar en Howard Hawks, que no utilizó flashbacks en sus películas. A la pregunta de qué tienen de malo, replicó “¿qué tienen de bueno?”. Y es verdad que hay películas, tipo Johnny Guitar, que están mejor sin flashbacks y que cada uno interprete cómo fue la relación que tuvieron Crawford y Hayden en el filme de Nicholas Ray. Creo que aquí también podría haber pasado lo mismo y que era mejor imaginar qué hubo entre los personajes, poca cosa según el flashback, que también tiene el hándicap de que no se podía ser muy explícito en 1953, con lo que queda soso y deslucido

De hecho, Hitchcock tenía ideas que hubieran enriquecido la película, pero que, en aquella época, no eran admisibles para un estudio como la Warner. El director inglés quería que, fruto de la relación anterior a la guerra entre Ruth y Logan, y cuando este no había sido todavía ordenado sacerdote, tuvieran un hijo, casándose luego ella con otro hombre. Respecto al final, el maestro Hitchcook prefería que el sacerdote fuera condenado y ejecutado. 

Si Clift está muy bien, no me convence la interpretación de Baxter, reconvertida a rubia y que no me transmite mucho a lo largo de la película, creo que no por demérito suyo sino del director. Tampoco le veo mucho espacio propio al personaje de Malden, un gran actor que aquí lo veo un poco desaprovechado

Sin estar a la altura de sus obras maestras, ver un Hitchcock siempre te proporciona pasar un rato ameno y placentero.

miércoles, 11 de febrero de 2026

CRY BABY

 

Cry baby es una comedia musical rodada en 1990 por John Waters que, inevitablemente, hay que pone en conexión con Grease, filme con el que comparte la estética de los años 50, con unas bandas de alumnos de high schools, y la música de rock propia de la época.  
La película se inicia con el flechazo de dos alumnos cuando están en una campaña de vacunación en el instituto: Wade (Johnny Deep) y Allison. El primero es líder de la banda de los Drapes, formada amigos y miembros de su familia de clase social baja, mientras que la chica forma parte de los Squares, que representan el sector pijo de la ciudad.  
Su historia de amor será torpedeada por los Squares, con varias peripecias y desencuentros entre los protagonistas, incluyendo un paso por la cárcel de Wade, hasta su excarcelación y final feliz. 
Así que, a diferencia de Grease, aquí hay conflicto social, aunque sea en el marco de una comedia musical desenfadada, tomando partido Waters por los Drapes y atacando con mordacidad a los Squares, si bien viniendo de Waters la mala leche, en un momento en que el director de Baltimore ya estaba instalado en el cine comercial, resulta un tanto decepcionante.  
La película es enérgica y dinámica, con algún número divertido y logrado como al final de la película con todos los reclusos bailando con Wade, además de algunos divertidos gags y contando además con la aparición interesante de un buen actor como William Defoe. Dado que, más bien, siento antipatía por la frívola Grease, tiene gracia este reverso pergeñado por Waters, aunque tampoco sea nada del otro mundo.  

 

domingo, 8 de febrero de 2026

LA HORA DE LOS DEPREDADORES

 


Leyendo La hora de los depredadores, de Giuliano Da Empoli, me entero de la existencia de un personaje siniestro, uno más de los que están instalados en las altas esferas. Se trata de Eric Schmidt.  

Schdmidt es un empresario e informático, ligado durante muchos años a Google, primero como director ejecutivo y luego como presidente del Consejo de Administración. Da Empoli explica cómo, en 2011, abandonó sus cargos en Google para formar parte del equipo de campaña de Obama que parecía tener cuesta arriba la reelección. Con este hombre al frente, los ingenieros de Silicon Valley crearon una gigantesca base de datos para escrutar el perfil de los votantes y volcar la campaña en aquellos que basculaban el voto entre Romney y Obama. Los demócratas exhibieron una superioridad tecnológica en la campaña que propició una apurada victoria de Obama en 2012. Como dice Da Empoli, si la victoria en 2008 tuvo un carácter político, la de 2012 fue esencialmente técnica. Posteriormente, se puso al frente de un programa gubernamental para garantizar la supremacía tecnológica y militar de los Estados Unidos.  

A pesar de que sea un señor de la tecnología que se presenta como un buen demócrata progresista, Da Empoli señala que los abogados son sus enemigos naturales, un objetivo a derribar para permitir que un mundo nuevo nazca.  

Se ha formado una casta tecnológica y Schmidt entronca con otros señores como Musk que, políticamente, se sitúa cerca de Trump cosa que, en principio, no pasa con el exejecutivo de Google. Pero hay una convergencia y plan de acción de toda esa casta consiguiendo que el jeque saudí Mohammed bin Salman (MBS) construya enclaves en los que solo se apliquen las leyes que impone la tecnología, que Bukele adopte el bitcoin como moneda oficial de El Salvador, que Miley desarrolle energía nuclear para alimentar los servidores de la IA, ...

 

A través de un viaje por distintos escenarios, y gracias al acceso del autor a instituciones y figuras públicas, el libro prefigura un turbio futuro, en el que se abolen las normativas y los líderes populistas se alían con los señores de la tecnología para gobernar el mundo o, haciendo referencia al título, depredarlo. Lo que llevamos de presidencia de Trump no hace más que acelerar ese proceso y que los depredadores vayan consiguiendo sus objetivos.  

 



 

 

SNORKEL

  Viendo en el Heart break  Snorke l, y leyendo luego la obra de Albert Boronat,  en la que distintas voces explican historias que convergen...