Antidisturbios en una serie de seis episodios creada por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, que ya tiene unos seis años, aunque la recupero ahora en Movistar. Lo hago en un momento oportuno ya que empieza con un desahucio y venimos de una semana en que ha sido protagonista Mari Carmen, la anciana de 87 años que la policía sacó en silla de ruedas culminando el cuarto intento realizado tras varios aplazamientos.
Aquí, también es un desahucio polémico porque, en un contexto difícil por la insuficiencia de medios policiales que se desplazan, muere un ciudadano senegalés a consecuencia de una caída. Solo se desplazó al desahucio un equipo de seis policías nacionales, claramente insuficiente, cosa que advierte al secretario judicial el jefe de ese equipo. El secretario se comunica con el juez que, advertido de las dificultades existentes, dice que siga adelante la operación, cosa que finalmente da lugar a la muerte del inmigrante africano.
Entonces empiezan a actuar los policías del departamento de asuntos internos, con un incisivo miembro del equipo que es una chica llamada Laia. Ella obtiene, a través de la nube, un video que un policía borró del móvil de una vecina y en el que se demuestra una mala praxis policial que da lugar al trágico desenlace.
Los policías son encausados y, a través del tío de uno de ellos, contactan con un excomisario llamado Revilla que es retratado con el look de Villarejo, que les ofrece crear un perfil falso del inmigrante como si tuviera antecedentes y fuera un tipo violento, para obtener una mejor imagen de ellos en el juicio a celebrar. Paralelamente, Laia empieza a descubrir como ese desahucio se adelantó, cosa poco frecuente. Investigando, ve que hubo casos similares en el mismo juzgado habiendo acabado todos los inmuebles tras los desahucios como apartamentos turísticos.
La trama se va enredando más en un caso de corrupción que afecta a altos mandos policiales y empresarios importantes, habiendo una división en el propio cuerpo policial con un grupo que debe investigar al margen de sus superiores lo que confunde al principio a Laia con relación a su superior directo. Mientras tanto, los policías ven su vida muy alterada por lo que pasó al morir el senegalés. De manera preventiva, el más joven es expulsado del cuerpo y, en los demás compañeros, los hechos repercuten seriamente en su vida privada y profesional.
En general, en la serie hay un clima de tensión muy bueno que se deja notar, especialmente, en el primer episodio. Está muy bien rodada toda la operación del desahucio y las malas condiciones en que trabajan los seis miembros de la Policía Nacional. Además, vemos como son y resultan muy creíbles los personajes. Es cierto que algunos tienen un punto chulesco, otros parecen más asentados, pero queda claro que uno de los problemas es que se deja con pocos medios y en una situación de stress a una serie de funcionarios públicos, como paso aquí en el 1 de octubre. A pesar de que el desahucio se pudo resolver mejor, veo a los policías más como víctimas que como verdugos.
Luego vemos el tema político del desahucio. La gente de asuntos internos pone mucho ahínco en la investigación y hay un cierto interés en que el asunto escale a los medios, recibiendo los policías un castigo ejemplar en función de su implicación en los hechos (de expulsión del cuerpo a suspensiones temporales) sin tener en cuenta posibles atenuantes. También es verdad que la reacción de los policías no es nada ejemplar, contactando con un turbio personaje para difamar la memoria del senegalés con imputaciones falsas.
Y, por último, se va desarrollando durante la serie la averiguación de una trama de corrupción, que afecta a altos mandos de la policía en conexión con importantes empresarios y con un trasfondo urbanístico en forma de edificación de apartamentos turísticos, un negocio floreciente y que es una de las caras más amables de nuestro país; siendo una de las que lo son menos, teniendo conexión entre ambas, desahucios como el de esta semana. La investigación avanza en gran medida gracias a Laia, interpretada magníficamente por Vicky Luengo, personaje que, aparentemente, realiza con vocación y de manera esforzada su trabajo pero que, también, oculta un lado oscuro y unas ganas de medrar en el cuerpo policial. Se dan pistas, pero su actuación no del todo ejemplar tiene lugar al final, cuando salva el caso de la trama de corrupción urbanística pactando con Revilla un soplo sobre otra operación de su departamento.
Así pues, se da una visión panorámica de muchos de los problemas que tiene la España actual y, salvo algunos personajes decididamente negativos, la mayoría presentan una gran ambigüedad, con elementos positivos y negativos. Es uno de los aspectos más relevantes en positivo de la serie, no da moralina, expone una realidad que, frecuentemente, no es fácil de juzgar.
Muy buena serie.