El asesino de Pedralbes (1978) es un filme documental que destaca por dar una versión descarnada del brutal asesinato, el 4 de mayo de 1978, de una acaudalado matrimonio de la alta burguesía barcelonesa a cargo de José Luis Cerveto, que había trabajado para ellos como chófer.
Permitieron al director, Gonzalo Herralde, rodar en la prisión de Huesca en la que Cerveto cumplía condena y él da el testimonio principal de los hechos, aunque también intervienen otras personas, como el abogado defensor, vecinos de la familia o el médico forense que hizo la autopsia y manifiesta no haber visto nunca un ensañamiento tan violento, pues los cuerpos fueron objeto de múltiples cuchilladas.
Cerveto destaca por su locuacidad y frialdad. Se intenta autojustificar con las experiencias que vivió de niño, recalando en un orfelinato a los 3 años, al haber muerto su padre tuberculoso y su madre, que tenía problemas mentales, no poder hacerse cargo de él. Castigado con severa disciplina por alguna monja a la que se refiere en particular, luego detalla que fue sometido a abusos sexuales siendo él un niño.
Al hacerse adulto, fue él quien empezó a abusar de menores, por lo que cumplió condena. Es, justamente porque sus empleadores lo despiden al saber su pasado, que Cerveto decide asesinar al señor de la casa, aunque luego acaba matando también a la mujer. Cerveto explica con todo lujo de detalles como lo hizo, los apuñalamientos que realizó, así como la coartada que tenía preparada y que no le sirvió de nada ya que fue detenida enseguida. También con esa sorprendente locuacidad, explica como captaba a los niños por locales de las Ramblas o la sala de atracciones Apolo y los engatusaba para abusar de ellos.
Herralde nos muestra un hombre vapuleado por la sociedad, cosa que no excusa que se convirtiera en un monstruo capaz de cometer aquel crimen con gran brutalidad. El gran acierto del documental es dar voz sin filtros a un charlatán, un hombre que nos puede llegar a dar pena e inspirar compasión, pero testimonios como el del forense nos hacen ver la realidad de su vileza. Pero también el documental tiene una parte de denuncia social y Herralde da la voz a algunos otros presos de Huesca, gente desgraciada en unas cárceles que seguían ancladas en el franquismo recién enterrado.
Beneficiado por un indulto en 1975 que conmutó su condena a muerte por dos penas de reclusión de 30 años, en realidad solo cumplió unos 11 años, saliendo a la calle en los años 80 gracias a un Código Penal franquista que, en el fondo, era benevolente con según que crímenes. A partir de ahí, se pierde su pista y no he encontrado gran cosa sobre él. Parece que, a finales de los ochenta, vuelve a ser detenido por abusos a menores, pero poco más se sabe, ni siquiera si está muerto o ha llegado a ser octogenario y aún vive.
Un gran filme documental que, como estudio psicológico, se adentra en las profundidades de la maldad humana.