miércoles, 4 de febrero de 2026

LUCÍA EN LA NOCHE

 

Lucía en la noche es una novela de Juan Manuel De Prada que tiene la virtud de atrapar al lector al poco de haberla empezado. El protagonista es un escritor, Alejandro, que tuvo un éxito fugaz ya que luego malgastó su talento convirtiéndose en un personaje habitual en las tertulias de telebasura. Conoce a una chica de vida misteriosa, Lucía, de la que se enamora perdidamente y que, cuando está a punto de iniciar un viaje a Tenerife al que Alejandro no ha podido acompañarla por motivos laborales, muere en un accidente aéreo en el mismo aeropuerto de Barajas. Allí empezará la intriga de la novela porque la policía le dice que su novia tenía una falsa identidad. A partir de los teléfonos que ella le ha dejado anotados en un libro sobre el exilio de nazis en Sudamérica, se desarrolla una trama en la que Alejandro acabará descubriendo que, en realidad, Lucía no murió en ese accidente, fue otra pasajera quien fue dada por muerta en su lugar y su novia cogió un vuelo con destino a Buenos Aires.  

Comparada con otras novelas de De Prada, más ambiciosas retratando una época y lugar determinados como las que protagoniza Fernando Navales, esta es una historia intimista, con una sombra hitckcokiana. El propio autor alude a Vértigo cuando Alejandro ve con Lucía la película y, efectivamente, también el protagonista de la novela ha perdido a su amada y trata, a través de su búsqueda, de resucitarla. 

Pero De Prada también aprovecha para soltar algunas andanadas contra la sociedad actual. Por un lado, Alejandro es un hombre que ha pasado de ser un escritor serio a aparecer, tal como él mismo reconoce, en tertulias televisivas de freakies vociferando histéricamente.  Por otro lado, la trama incluye, dentro de las peripecias del personaje de Lucía, una crítica a algunas ONG, junto a gobiernos europeos y turco, por su participación en el conflicto de Siria y la aparición del DAESH. Retrata la cúpula podrida de una ficticia ONG, que actúa en connivencia con los radicales islamistas, colaborando en incontables atrocidades y violaciones de derechos humanos. Lucía, cooperante de la ONG y con raíces familiares en el valle de Arán, debe vivir con una falsa identidad por haber estado implicada en aquel avispero sirio, cuando fue reclutada para desenmascarar a los elementos corruptos de la ONG. 

Además de Vértigo, a mí la trama también me recuerda un poco a Jennie. Alejandro, como Joseph Cotten en el filme de Dieterle, está en un momento de nula creatividad artística, pero al conocer a Lucía recupera la inspiración para, tras muchos años, escribir una novela que finalmente será editada. También como Joseph Cotten, y aunque sea por otras circunstancias, la dificultad para poder convivir con su enamorada es insalvable.  

Una novela que engancha desde el principio con el estilo brillante de De Prada.  

 

lunes, 2 de febrero de 2026

UN CADÁVER A LOS POSTRES.

 

No veía Un cadáver a los postres (1975), dirigida por Robert Moore sobre un guion de Neil Simon, desde que era pequeño, no recuerdo si en cine o por televisión, pero sí guardaba en la memoria que me había parecido una película divertida. Y, efectivamente, me sigue pareciendo una película divertida con la que pasar un buen rato.  

Se trata de una parodia de películas de detectives, en la que un excéntrico millonario invita a cinco de los más famosos del mundo y, en el transcurso de la cena en su mansión, les dice que a medianoche habrá un crimen. Además de ese anuncio, ofrece 1.000.000 de dólares a quien resuelva el misterioLos detectives emulan a personajes de ficción como Charlie Chan, Sam Spade o Hércules Poirot y también tienen cabida un mayordomo ciego y una cocinera sorda. Se suceden hasta el final los giros inesperados y requiebros de la trama.

Es una película coral en la que su mayor activo es la calidad de los intérpretes: Alec Guinness, Peterl Sellers, David Niven, Elsa Lanchester, Peter Falk, Maggie Smith ... y Truman Capote, que se mete en el papel del excéntrico millonario que activa la farsa que da origen al desarrollo del filme. Las situaciones son divertidas, a veces tienen un tinte surrealista, beneficiándose del soporte que dan ese gran elenco de actores.  

No es una película que vaya más allá de proporcionar un divertimento, pero es brillante en su ejecución y se pasa un rato muy divertido. Los personajes que más me han divertido han sido Sellers interpretando al detective Sidney Wang, que acude a la mansión con su hijo adoptivo, y Peter Falk que se pone en la piel de Sam Diammond, un trasunto de Sam Spade, cosa que da lugar a que Falk imite con mucha gracia a Humphrey Bogart. También destacaría a Alec Guiness, impecable como siempre, con las escenas en las que interactúa, siendo él ciego, con la cocinera muda que interpreta la actriz Nancy Walker.  

sábado, 31 de enero de 2026

EL SOBORNO

 

El soborno (1951) es una película de serie negra dirigida por John Cromwell y producida por Howard Hugues. Al parecer, Cromwell enfermó durante el rodaje y, sin estar acreditado, Nicholas Ray dirigió una parte de la película. 

La película plantea de manera bastante abierta la corrupción en una ciudad americana y la trama se centra en el antagonismo entre un honrado capitán de lpolicía llamado McQuigg (Robert Mitchum) y uno de los gánsteres locales, un tal Nick Scanlon (Robert Ryan). McQuigg ha sido trasladado de comisaría para que no entorpezca los asuntos sucios de la mafia, pero no desfallece y con la ayuda de un policía competente llamado Johnson (William Tallman) cercará a McQuigg, que tiene una parte de sus problemas en su apocado hermano, que tiene como pareja a una cantante de poca categoría, pero bastante atractivo (Lizabeth Scott).  

Mitchum está bien, es imposible que esté mal en ninguna película, pero aquí su papel no da para que se luzca mucho interpretando a un competente policía ya que él estaba mejor poniéndose en la piel de tipos conflictivos y de ambigüedad moral.  Más agradecido es el papel de villano que interpreta Ryan, actor de carácter especialista en dejar su impronta en una película si se le daba un papel en el que explotar su nervio. LIzabeth Scott también tiene una presencia importante en la película, aunque el guion empequeñece su personaje que va de más a menos habiendo tenido una buena irrupción. 

Con un buen ritmo narrativo explicando muchas cosas en menos de 90 minutos, es un buen filme de cine negro, aunque un tanto irregular tanto por las prestaciones que ofrece el guion como por el hecho de haber tenido más de un director.  

 

miércoles, 28 de enero de 2026

PECKER

 

Veo Pecker (1998)otra película de John Waters, que me parece menos divertida que Polyester, incluso la más comedida que he visto en su filmografía, aunque tiene puntos de interés.  

Adaptándose más al cine comercial, aquí cuenta con los que en aquel momento eran dos jóvenes valores: Edward Furlong y Cristina Ricci. El primero interpreta a Pecker y la segunda a su novia Shelley. Pecker es un joven de 18 años que hace fotos a todo el mundo y en todas las situaciones, desde miembros de su familia, gente que viaje en el autobús o unas ratas que están fornicando. A partir de que hace una exposición en la hamburguesería en la que trabaja, llamará sorprendentemente la atención de una marchante de arte neoyorquina, Rorey, que no dudará en llevárselo a la ciudad de los rascacielos para exhibir su obra.  Allí se traslada con toda la familia y su novia Shelley para descubrir que la fama ni le sienta bien a él, ni a sus allegados. Su sobreexposición mediática causa problemas a toda su gente y retorna a Baltimore, tras negarse a participar en una exposición con los críticos neoyorquinos, los cuales acuden a una última muestra de las fotos de Pecker en las que salen malparados ridiculizados. En el último plano, Pecker dice que ahora quiere hacer cine.  

La película es muy contenida para ser de Waters. Por ejemplo, la hermana de Pecker es presentadora en un bar de showboys, planteándose momentos divertidos, pero sin los excesos en que hubiera incurrido veinte años antes. Parece que Waters va con el freno de mano, pero tiene gracia como se ríe de los petulantes críticos de arte de la gran metrópoli y sus simpatías se decantan por una gente sencilla, aunque algunos de ellos un poco estrafalarios, de su querida Baltimore.  

Irregular, pero divierte.  

LUCÍA EN LA NOCHE

  Lucía en la noche  es una novela de Juan Manuel  D e Prada que tiene la virtud de atrapar al lector al poco de haberla empezado. E l prota...