lunes, 6 de julio de 2026

EL TECHO

 

El techo, rodada en 1956, es una de las películas más tardías, dentro del movimiento neorrealista, del gran Vittorio de Sica, coescrita con Cesare Zavattini. Habían pasado unos cuantos años desde El ladrón de bicicletas, pero se da una imagen de mucha miseria en la Roma de mediados de la década de los 50 con un problema que no deja de estar de actualidad: la falta de vivienda. Un año más tarde, Nieves Conde rodaría en España El inquilino, otra película que daba muetras de la escasez de viviendas en nuestro país y que, vista con el final censurado en su día, es una gran película. 

En El techo, Natale, aprendiz de albañil, se casa con Luisa, pero no tienen hogar propio. Viven con los padres de él y otros familiares, entre ellos un cuñado que demuestra tener más jerarquía en la casa y, tras una pelea, los recién casados la abandonan. Siendo imposible alquilar nada y tras vivir unos días separados, ella con una amiga y él durmiendo en un cuartucho de la obra en que trabaja, deciden construir una chabola en el extrarradio de la ciudad, al lado de una vía férrea.

Como se veía en el inicio de El 47, en Italia, al igual que en nuestro país, si se construía una chabola lo importante, para que las fuerzas del orden no la derruyeran, era que tuviera techo. Tras varias peripecias, al final la pareja protagonista, ayudada por compañeros de Natale, logran levantar una chabola. Aunque no está del todo terminada y el techo no está cerrado, aquí un par de policías hacen la vista gorda, la deficiente construcción queda en pie y se llega a un final “feliz”.

La fluidez de De Sica para rodar, detenerse en los detalles, construir los personajes, dejarse llevar por la ternuara es, como habitualmente en él, espléndida. Como en otras películas suyas neorrealistas, el reparto está formado por actores poco conocidos que hacen más creíble la historia que si hubiera puesto una gran estrella del cine italiano. 

Un gran clásico, menos conocido que otros de De Sica, pero no menos interesante. 


sábado, 4 de julio de 2026

BLUE MOON

 

Blue moon (2025) es una agradable experiencia para los que nos gustan los standards americanos de la época de entreguerras porque, al explicar los últimos días de Lorenz Hart, suenan todo el rato las canciones que este escribió para un montón de musicales de Broadway o bandas sonoras conjuntamente con Richard Rodgers. Una noche de marzo de 1943, un alcoholizado Hart conversa en Nueva York con un barman y con un joven pianista, movilizado por el ejército, que es quien toca las canciones mientras Hart, perjudicado por el alcohol, va disertando sobre la vida en general, y la suya en particular.  Con la autoestima dañada y mucho alcohol en las venas, esa noche será la del estreno del musical Oklahoma por parte de Rodgers, ya con otro letrista, Oscar Hammerstein, sustituyendo a Hart y finalizando una colaboración que se había mantenido durante varios lustros (salvo unas últimas canciones de Un yanki en Connecticut, un musical anterior al que se añadieron nuevos temas). Aparecerá luego en el filme Rodgers viniendo del exitoso estreno que supuso Oklahoma; y también Elizabeth, una chica joven y guapa por la que Hart se siente atraído. Tanto Rodgers como Elizabeth ahondan con su presencia esa vulnerabilidad de Hart, un hombre que se siente fracasado en su faceta profesional y también personal. 

Richard Linklater explica la historia de un perdedor, que no puede capitalizar su éxito profesional y se autodestruye. Es una película triste, pero bonita porque así son las canciones de la banda sonora, con un logrado efecto melancólico de lo que pudo ser y no fue para este notable letrista, magníficamente interpretado por Ethan Hawke, que tanto nos ha acompañado en la voz de Sinatra, Fitzgerald, Baker, etc.

jueves, 2 de julio de 2026

OBSESIÓN

 

Obsesión (1954) es uno de los melodramas de Douglas Sirk más barrocos en cuanto a exagerar la parte folletinesca de la trama, una inverosímil historia en la que un play boy grosero, maleducado y chulesco cambia totalmente de estilo de vida, retoma la carrera de cirujano, que abandonó para dedicarse al hedonismo más absoluto; y acaba operando a su enamorada, salvándole la vida y devolviéndole la vista, secuela de un accidente del que él fue el culpable, además de haber provocado indirectamente la muerte de su marido.

No habiendo visto la primera versión dirigida por John M. Stahl en la década de los 30, sí puedo asegurar que Obsesión es un melodrama de primera categoría que, rodado con elegancia y magnífica dirección de actores, contagia emoción y empatía hacia los personajes. 

Bob Merrick, dedicado a la vida placentera y egoísta sin pensar en los demás, encuentra a su antagonista en la figura del Dr. Philips, al cual no llegamos a conocer pues muere de un ataque que no puede superar al estar en uso el pulmón artificial que le podría haber salvado y, justamente, ese uso es para salvar la vida de Merrick, que ha sufrido un accidente conduciendo en un lago una lancha a toda velocidad de forma temeraria. 

Como si fuera una tragedia griega en la que los personajes se someten irremediablemente a su destino, Merrick empieza a verse perseguido por el difunto Dr. Philips cuando, además del tema del pulmón artificial, se cura del accidente en la clínica del doctor, se encuentra a la mujer del doctor cuando abandona furtivamente la clínica y, finalmente, conoce al mejor amigo de Philips, el artista Edward Randolph (Otto Kruger). 

Randolph es un personaje importante en la trama. A partir del momento en que conoce a Merrick, actúa como una especie de demiurgo para armonizar las relaciones entre Merrick y Helen, la viuda de Philips, aconsejando al primero, orientándolo y, en el momento de la operación en que es decisiva su intervención para que Merrick la asuma, Sirk nos lo presenta de un modo casi sobrenatural, mirando a través de una cristalera que se halla encima de la sala de operaciones.

El doctor Philips vence des del más allá. Una persona como Merrick, para la cual no existía la solidaridad y no entendía lo que era el altruismo, cambia totalmente su modo de entender la vida y, en el mismo campo de la medicina que ejerció Philips, se dedica a las buenas obras. Esto es incluso más esencial para explicar la película que la historia de amor entre los personajes de Rock Hudson y Jane Wyman.  

Seguramente, son melodramas más redondos Escrito sobre el viento, Solo el cielo lo sabe o Ángeles sin brillo, pero Obsesión es uno de los filmes en que mejor se aprecia la capacidad de Sirk, con esa rocambolesca trama, para hacernos creer lo inconcebible y demostrar que es el mejor director del género de la historia del cine.  

domingo, 28 de junio de 2026

EL ABRAZO DE LA MUERTE

 

Robert Siodmak es de esos directores que no sabemos cómo hubiera evolucionado su trayectoria si no hubiera tenido que exiliarse de la Alemania nazi. Casi cuando empezaba a dirigir, a principios de la década de los 30, el ascenso del nazismo le hace huir, primero a Paris y, en 1939, a Hollywood. 

Filmó destacables películas, sobre todo en el género de cine negro, pero la adaptación al cine americano tenía un peaje (también Fritz Lang lo pagó) y no sabemos si hubiera tenido más libertad artística en Europa, de no subir los nazis al poder, para hacer un cine más personal. En la década de los 50 volvió a Alemania, rodó películas parece más personales que no he visto y, además, no deben ser fáciles de encontrar. 

El abrazo de la muerte (1949) es una de sus notables contribuciones al cine negro. Adopta un formato parecido a Forajidos, utilizando un flashback para narrar como Steve, el protagonista interpretado por Burt Lancaster, es un tipo normal y corriente que se deja arrastrar por una femme fatale (su exmujer Ana, interpretada por Yvonne de Carlo), más o menos amancebada con un gánster siniestro llamado Slim (Dan Duryea, replicando otros personajes que realizó en películas parecidas y en las que siempre dejó su huella). 

La turbia relación dará lugar al atraco de la nómina de una empresa, golpe a priori factible en su ejecución porque Steve es uno de los conductores de los vehículos blindados que transporta el dinero. Pero Slim traiciona a Steve, a resultas de lo cual hay una refriega a tiros que luego confunde a la policía que cree que, en realidad, Steve intentó frustrar el atraco. No obstante, un policía amigo de Steve, interpretado por ese actor que casi siempre fue villano, Stephe MacNally, sabe la verdad. Finalmente, pensando que Steve tiene el dinero, Slim le tenderá una trampa para que el primero abandone el hospital en el que convalece y le conduzca hacia dónde está Ana y el botín. Los acontecimientos se precipitan como cabe esperar en un filme de serie negra.  

La película cuenta con una banda sonora de Miklos Rozsa y una fotografía de Frank Planer, que Siodmak utiliza para dar un aire expresionista que le viene muy bien a una película de serie negra. Es destacable esa atmosfera en la escena del atraco, con un montón de gases que se liberan y un tiroteo cuando Steve ve que Slim va a por él. Aunque, para ser una película de la década de los cuarenta, no está rodada íntegramente en estudio y también hay localizaciones exteriores, alguna muy reconocible como la estación Union Central de Los Ángeles. 

De Carlo se queda un poco corta en sus prestaciones de mujer fatal si las comparamos con la imponente presencia de Ava Gardner en Forajidos, o la encantadora e irresistiblemente malvada Jane Greer en Retorno al pasado. Lancaster y Duryea trabajan con su solvencia habitual.

Filme muy apreciable de cine negro. 

viernes, 26 de junio de 2026

L'ÚLTIM ÀTOM

 

L’últim àtom, obra de teatro de Jordi Oriol que ahora están dando en el Goya, es un buen espectáculo, ameno y divertido, con ganas también de provocar la reflexión acerca del mundo que nos rodea. 

Un profesor de física, experto en mecánica cuántica, aborda con su mujer el décimo aniversario de la desaparición de su hija, que se largó misteriosamente, y también un ictus que sufre su suegra. Como el Juan Luis Galiardo de Familia, que se hacía rodear de una familia entera contratando a actores, el profesor contrata a una actriz para que haga el papel de esa hija que se marchó. 

Si la mecánica cuántica trata sobre la inestabilidad del mundo que nos rodea y, entre otras cosas, que el tiempo no es constante; ¿cómo cuadra esto con el hecho de que el Código Civil regule la inscripción de la muerte de alguien del que no se tienen noticias desde hace diez años? O, si la realidad depende del observador, ¿Por qué no aceptar plenamente que el profesor se relaciona con su hija, aunque en realidad sea una actriz? Hay otro eje en la obra relativo al uso del lenguaje, que trata de acotar la realidad, pero eso tampoco es posible y depende, en última instancia, de quién y cómo lo use.

Todas estas cuestiones, tan profundas que nos conducen a la cuestión de que los físicos impugnaron hace un siglo la realidad tal como la percibimos, aparecen en el escenario con un humor a veces incluso hilarante, con una escenografía muy bien trabajada y dinámica, y una muy buena labor de los actores: Joan Carreras, Mia Esteve, Carme Milán y Carles Pedragosa. También figura en el reparto Lara Segur, a la que le faltan dos letras para ser una actriz identificable, pero que tuvo que ser sustituida de manera urgente por el regidor, que hace muy bien su labor, aunque su nombre no aparezca en el programa de mano de la obra.

EL TECHO

  El techo, rodada en 1956 , es una de las películas más tardías, dentro del movimiento neorrealista, del gran Vittorio de Sica, coescrita...