miércoles, 19 de agosto de 2026

CEUTA

 

Si alguien quiere un ejemplo de lo que es el caos, confusión o desorden según una de las acepciones que da la RAE, solo hay que ver todo lo que rodea la crisis de Ceuta desde el 30 de julio. 

El Gobierno nos ha engañado tanto que es imposible saber qué está pasando realmente allá. Lo único claro es que las cifras oficiales no se sostienen. Se dijo que habían entrado como 70.000 personas y que, en su inmensa mayoría, habían vuelto al día siguiente. Sin embargo, nadie sabe el número de gente que pasó la frontera y sigue allí, tanto menas como mayores de edad. 

¿Entró tanta gente? Pudiera ser que no, y que inflarán el dato para fortalecer la peregrina idea que Sánchez había resuelto otra crisis. ¿La sentencia del Supremo fue tan importante? Bueno, parecía que afectaba a la gente que entraba a nado, y se vio mucha gente que llegaba a las playas (unas decenas, lamentablemente, murieron ahogados al verse arrastrados por las corrientes) pero también tuvo que entrar mucha gente vía terrestre. ¿No había fuerzas de seguridad vigilando la frontera terrestre? 

A partir de aquí, todo es una sucesión de noticias que demuestran la falta de control del gobierno. El Estado no existe y son algunas ONG las que han censado a los menas. Hay una crisis sanitaria ampliamente contrastada, aunque negada por la ministra de Sanidad. Las fuerzas de seguridad y el ejército están alojados en condiciones lamentables y se ha dado un brote de sarna. Algunas decenas de inmigrantes parece que han podido saltar a la península gracias a taxis patera de las mafias. La gente de Ceuta percibe una gran inseguridad con todavía miles de personas deambulando o escondidas y está acojonada. Puestos a no activar los protocolos de devolución de menores a Marruecos, estaría bien protegerlos y, especialmente, a las chicas pues parece que hay una agresión sexual diaria. 

La sensación es que el Estado no existe. Como pasó con la DANA de Valencia. Allí Sánchez pudo diluir su responsabilidad gracias a la nefasta actuación de Mazón, desaparecido probablemente borracho en la tarde de las riadas, pero ¿y ahora? Cuando la soberanía territorial se ha visto atacada desatando una crisis en la ciudad ceutí, Pedro Sánchez está de vacaciones en Lanzarote, bañándose en el Atlántico con la imputada Begoña y supongo que urdiendo como polarizar a lo bestia el país en el 2027 cuando se celebren elecciones generales. 

La impresentable actuación de Marruecos controlando a su voluntad los flujos en la frontera para chantajear a España, protegida por sus aliados norteamericanos e israelíes, exigiría la respuesta firme del Gobierno con un hombre de fuerte liderazgo que lo encabezara. En cambio, tenemos a este mamarracho, padrino de la corrupción sistémica de su partido y sobornador de delincuentes para ser investido presidente del Gobierno que pasa de la crisis ceutí dando la impresión, junto a sus reprobados ministros, que no hay nadie al volante. 


lunes, 17 de agosto de 2026

AQUEL MALDITO TREN BLINDADO

 

Aquel maldito tren blindado (1978) dirigida por Enzo G. Castellari, es una comedia bélica italiana que ahora es más famosa porque Tarantino utilizó su título en inglés, The inglourius bastards, para su película que aquí se estrenó como Malditos bastardos, que por sí misma. 

En realidad, la película de Tarantino y Castellari tienen poco que ver, aunque ambas se desarrollen en la II Guerra Mundial.  Si el filme de Tarantino era una ucronía, el de Castellari entronca más con Los violentos de Kelly por el espíritu del grupo protagonista y con Doce del patíbulo por aceptar una misión peligrosa en territorio enemigo. 

Un grupo de soldados norteamericanos condenados a muerte y custodiados por la policía militar aprovechan, en el frente contra los nazis abierto en 1944 en suelo francés, un raid de los alemanes para escapar. Se juntan con un desertor alemán y unen sus esfuerzos para alcanzar la frontera suiza, esquivando una guerra que aborrecen. 

Atacados por unos alemanes, logran eliminarlos, pero, en realidad, no eran nazis sino un grupo americano de élite que llevaban uniformes del enemigo para acometer una importante misión, consistente en volar un tren blindado en el que hay ingenieros de los que desarrollaron las V-2.  Ese grupo tenía que contactar con un coronel para la misión y, cuando este llega, se encuentra a este grupo de desarrapados e indisciplinados que, no obstante, abordan la misión y todos, menos uno, entregan su vida por el éxito de la misma, en un final que también tiene un cierto recuerdo de El general de la Rovere. 

El guion de Sergio Grieco y Sandro Constinenza está bastante bien, en la presentación de los personajes y la manera de hilar la historia, con algunos giros inesperados de la trama hasta que un grupo de indisciplinados lleguen a actuar como un grupo de élite. No obstante, la realización de Castellari es tosca, con momentos a cámara lenta imitando a Peckinpah que no tienen sentido y pasándose de rosca en la parte humorística, con unos duelos con metralletas que parecen más propios de Han Solo y Skywalker en La guerra de las galaxias. De todos modos, esa manera de filmar gamberra y desinhibida es lo que debía gustar a Tarantino de esta película. 

Un buen guion, una mala realización y, en definitiva, irregular, pero simpática película italiana.

sábado, 15 de agosto de 2026

PERVERSIDAD

 

Perversidad (1945) es una muy buena película de Fritz Lang en la primera hora de duración y, en su última media hora, simplemente magistral, a la altura de loe mejores momentos de su dilatada filmografía. 

Lang presenta de forma extraordinaria a los tres personajes principales: Chris (Edward G. Robinson), el gris oficinista sometido a su conyugue que, en sus ratos de ocio, explota su vena artística a través de la pintura; Kitty (Joan Bennet), la pelandusca que seduce a Chris para manipularlo y sacarle dinero mientras está absolutamente entregada a su macarra; y Johnny (Dan Durieya), como chulo de Kitty, un tipo sin escrúpulos y ningún atisbo de haber tenido una actitud noble en ningún momento de su vida. 

Lang lleva muy bien la trama de este cruce entre melodrama y serie negra hasta que Kitty deja de fingir y se ríe en la cara de Chris, abriéndole los ojos a que ha sido manipulado por parte de ella y despreciándolo con crueldad. La reacción de Chris es intempestiva, agarrando un picahielo y clavándolo con saña en el cuerpo de Kitty, en una de las escenas más violentas que filmó Lang.  A partir de ahí, la huida de Chris mientras ve que Johnny acude al apartamento en el que encontrará el cuerpo de Kitty, y el juicio que seguimos a través de varios testimonios cortos de los testigos y acusado, dan pie a otra escena de las mejores que he visto en Lang. Chris, aparentemente, ha salvado su posición y el crimen se lo ha endosado a Johnny, pero, en un apartamento de un hotel, sombrío y con la iluminación intermitente del anuncio de neón del establecimiento, heredera del expresionismo alemán del propio Lang, empieza a oír las voces de Kitty y Johnny. Los trabajadores del hotel frustran su ahorcamiento y, en el epílogo, vemos a Chris como un indigente, vagando por las calles y considerado como un enfermo mental, mientras pasa por delante de una galería y ve que una clienta ha adquirido uno de los cuadros que él pintó y que ahora está valorado en una fortuna. Como frecuentemente pasa en Lang, el hombre ante su (desafortunado) destino. 

Robinson está espléndido en ese personaje de un hombre normal, tranquilo y bondadoso, arrastrado al infierno por culpa de una mujer fatal. Es difícil pensar en alguien mejor que Robinson para el filme, pero, en cambio, es imaginable a otra actriz que diera mejores prestaciones que Joan Bennet, aunque era la mujer del productor y se trataba, por tanto, de una elección obvia. Y Duryea destaca en un papel que parece hecho a su medida, un especialista en componer personajes canallescos y amorales. 

Se trata de uno de los filmes más perversos de Lang, mostrando dos personajes de una absoluta degradación moral, aunque, paradójicamente, uno de ellos paga por un crimen que, en realidad, no cometió. Y quién lo cometió es un hombre arrastrado a la perdición y que, al margen de la verdad jurídica que establece la sentencia que liquida a Johnny, también paga ese crimen con su lamentable existencia deambulando por la gran ciudad sin techo ni rumbo fijo. 

viernes, 14 de agosto de 2026

MUERDE LA BALA

 

Muerde la bala (1975) es una película de Richard Brooks que crea buenos personajes, aprovechando sobre todo el talento de Gene Hackman y James Coburn, pero que acaba haciéndose un poco larga, adolece de falta de ritmo en la segunda mitad de la película. 

La película se sitúa históricamente en la presidencia de Theodore Roosvelt. Un periódico organiza una carrera de caballos a lo largo de 700 millas y varios estados del país. Compiten 9 personas, entre los cuales hay una mujer (Candice Bergen) que se apunta para liberar a su marido que está haciendo trabajos forzados, un mexicano, un inglés, un joven inexperto y provocador, un viejo vaquero, un hombre adinerado y los dos protagonistas, Sam Clayton y Luke Mathews, interpretados por Hackman y Coburn. Ambos son excombatientes de la guerra hispano-norteamericana de 1898 y, a pesar de la competición, nunca dejan de lado su amistad. Parecen vagar por las extensas tierras del Oeste arrastrando un aire de perdedores, sobre todo Hackman.

Es una película de personajes, y por ello los de Hackman y Coburn, junto con el viejo vaquero que interpreta Ben Johnson, son los más interesantes y opacan a una insulsa Candice Bergen y al joven interpretado por Jean Michel Vicent. Más interés tiene el personaje del mexicano, interpretado por Mario Arteaga, y cuyo remedio para paliar un dolor de muelas da origen al título del filme.

Tal vez sea ese desequilibrio en los personajes lo que hace que la película sea irregular, se atasque en algunos momentos y, a pesar de que tiene otros puntos positivos, entre ellos cabe mencionar la banda sonora de Alex North y la fotografía de Harry Strading jr, el resultado final no alcanza la magnificencia de Los profesionales.

Como curiosidad, aparece como actor secundario un hombre que luego llegó a dirigir películas que fueron éxitos de taquilla. Se trata de Buddy Van Horn, el testaferro que Clint Eastwood utilizó para disimular su nombre como realizador en las peores películas de la leyenda californiana. 

domingo, 9 de agosto de 2026

CAMINO DE LA HORCA

 

Camino de la horca (1951) es un estimulante western dirigido por Raoul Walsh y con Kirk Douglas, Virginia Mayo y Walter Brennan en los papeles principales. 

Un sheriff con dos ayudantes impide un linchamiento en el que iban a ahorcar a un hombre por robo de ganado y asesinato. El grupo que iba a realizar el linchamiento está encabezado por un terrateniente, padre del hombre asesinado. Este grupo acosa al sheriff que, junto a sus dos ayudantes, se dispone a cumplir la ley y poner al sospechoso a disposición judicial. Junto al acusado, también se une al grupo del sheriff su hija, que intenta ayudar a su padre a escapar, aunque también empieza un juego de atracción sentimental con el sheriff. Tras perder a uno de sus ayudantes que le era leal, el sheriff ha de hacer frente a la tarea de llevar al acusado ante el juez con todo el resto de los personajes en su contra y atravesando un desierto. 

Al brío que daba Walsh en sus películas, se une aquí el duelo psicológico que tiene el sheriff con los demás personajes, destacando un acusado que no oculta que no cejará en su empeño de escapar y, además, al descubrir que la muerte del padre del sheriff lo traumatizó, se lo recordará continuamente mediante una canción torturándole psicológicamente. Kirk Douglas compone con su eficacia habitual a un hombre de acción con tintes de inestabilidad emocional, aquí por el recuerdo de la muerte de su padre que pudo haber evitado. Walter Brennan, sin llegar a la excelencia de sus interpretaciones con Hawks, demuestra lo buen actor que era componiendo de manera convincente un complejo personaje, que admite haber robado el ganado, aunque no el asesinato, resolviéndose al final que el culpable era el propio hermano de la víctima. 

El personaje de Douglas está obsesionado con cumplir la ley, pero el juicio al que se le somete al acusado, hecho de manera casi improvisada ya que el juez tiene otros casos, no tiene las debidas garantías procesales. Aunque sea declarado culpable, un reloj que recogió el sheriff en la escena del crimen, y que parecía no tenía importancia, da la pista para resolver felizmente el filme. 

Con una utilización del paisaje que realza el potencial dramático de la historia y la asfixiante situación en la que se encuentra el personaje de Kirk Douglas, esta película es un ejemplo de la eficacia narrativa de Walsh que nos dejó grandes westerns, además de otras grandes películas en los géneros bélico, policiaco y de aventuras. 

CEUTA

  Si alguien quiere un ejemplo de lo que es el caos, confusión o desorden según una de las acepciones que da la RAE, solo hay que ver todo ...