sábado, 19 de septiembre de 2026

LA JUNGLA DE ASFALTO

 

La jungla de asfalto (1950) es, probablemente, la mejor película de John Houston y una de las mejores del cine negro. 

Es un filme vibrante de prinipio a fin, narrando un plan para un robo de joyas y sus posteriores consecuencias, mostrando una urbe embrutecida física y moralmente hasta que la acción se desplaza a un paisaje rural de Kentucky en el que agoniza el protagonista de la película, el pistolero Dix Handley (Sterling Hayden), oriundo de aquel estado norteamericano.

Si bien Hayden es el protagonista, la película es muy coral. Hay muchos personajes y lo más destacable que consiguieron Houston y su equipo fue trazar, con pocas escenas, muchos personajes muy interesantes, ricos y con matices: un pistolero que apuesta a los caballos para conseguir dinero y volver a una granja como la que perdió su familia tras la Gran Depresión; la chica dulce y de pocas luces enamorada del pistolero; un abogado arruinado, cínico y amoral que financia teóricamente el atraco; una muy joven prostituta de lujo liada con el abogado; un teniente de policía corrupto y algo estúpido; un expresidiario de origen alemán experto en grandes atracos que es quien ha diseñado el atraco; un intermediario de los bajos fondos, próximo al abogado, débil ante la policía y al que el dinero hace sudar; un barman experto en conducir rápido para salir de atracos esquivando a la policía; un experto en volar cajas fuertes que participa en el atraco por apuros económicos y un detective privado sin escrúpulos, colaborador del abogado. Es genial como con pocos trazos define a la perfección todos los personajes.

Dentro de un universo sucio y corrupto, son los delincuentes los que respetan más un código moral presentable y son más personajes más positivos. Así, el pistolero y el cerebro de la operación se manifiestan lealtad cuando se quedan con las joyas tras la traición del abogado que no les da el dinero pactado. El chófer es un hombre que jamás se convertiría en un chivato y el experto en volar cajas fuertes recibe un balazo y muere después en su casa, pero parece un hombre bastante decente en cuanto a como se preocupa por su familia. En cambio, los que no han participado directamente en el atraco y son gente que tiene un oficio, incluso respetable, como el abogado, teniente de la policía y detective privado, son los personajes más negativos, ladinos y traidores. 

Además, se juntó una constelación de actores de primera categoría: Sterling Hayden, Jean Hagen, Marilyn Monroe, Louis Calhern, James Whitmore, Sam Jaffe ... para culminar una obra maestra del cine negro.

jueves, 17 de septiembre de 2026

LA HEREDERA

 

La heredera (1949) es un excelente melodrama del especialista William Wyler, que rodó unos cuantos de los mejores del género con su estilo clásico y elegante. 

En un Nueva York decimonónico y en el seno de una familia adinerada, la película narra la historia de Catherine Sloper (Olivia de Havilland), una mujer insegura, introvertida y con aparente poco encanto. Catherine es secretamente despreciada por Austin Sloper (Ralph Richardson) su propio padre, que no ha superado la muerte de su mujer y descarga su frustración tratando con indiferencia a Catherine, cosa que ahonda en la marginalidad en la que vive, dedicándose a bordar y haciendo poca vida social. No obstante, en una fiesta, un joven llamado Morris Townsend (Montgomery Clift) la corteja y se produce un súbito enamoramiento que los lleva, al poco tiempo, a hacer planes de boda. 

Austin se opone firmemente al matrimonio pues considera que Morris es un arribista, un hombre de poca fortuna que solo quiere ascender en la escala social con esa boda.  Propone a su hija un viaje a Europa para olvidarse de Morris, pero, al volver a América, ella sigue empeñada en casarse.  Catherine hace planes de boda incluso rompiendo con su padre y renunciando a su herencia, pero, entonces, se confirma la sospecha de Austin y Morris, ante la posibilidad que él ve muy cierta de que Catherine sea desheredada, la abandona. 

Austin muere ante la indiferencia de Catherine y pasan varios años. Morris retorna a Nueva York y todavía pretende casarse con Catherine, pero esta ha planeado su venganza y trata a Morris del mismo modo que él la trató a ella.

Olivia de Havilland hace una interpretación memorable, timorata y apocada cuando se inicia la película, pero también se muestra como una persona sensible en ese momento, virando luego hacia la gelidez con la que trata a su padre en sus últimos momentos y la venganza que practica contra Morris.  Hay un momento en que su cabeza hace un clic cuando, al oponerse al matrimonio, su padre le dice que cómo un hombre podría enamorarse de una mujer tan poco atractiva tanto física como espiritualmente, describiéndola como alguien sin ningún encanto. Ese es el punto de inflexión en el comportamiento de Catherine durante el filme. 

Se trata de un melodrama con una gran violencia psicológica entre los personajes, especialmente entre Catherine y su padre. Comparado con ellos, Morris es un personaje más simple, un muerto de hambre que busca pegar un braguetazo.

Wyler consigue que la película vaya ganando interés a medida que transcurre el filme, sube la intensidad dramática con unos personajes que radicalizan sus posturas en el caso de padre e hija, o no renuncia a su innoble objetivo como hace Morris. 

Si De Havilland está magnífica, también destaca un gran actor como Ralph Richardson. Ambos están tan bien que opacan un tanto a otro gran actor como fue Montgomery Clift, cuyo papel ofrece menos lucimiento que el de padre e hija. 

Gran melodrama. 

martes, 15 de septiembre de 2026

EL COLOR DEL DINERO

 

En una época que él calificó de sequía creativa, Martin Scorsese dirigió en 1985 El color del dinero. La idea de retomar el personaje de Eddie Felson unos 25 años después de la filmación por parte de Robert Rossen de El buscavidas era, sin duda, atractiva.  El resultado, sin llegar a la excelencia del filme precedente, es resultón, en gran parte gracias a la excelente interpretación, una vez más, de Paul Newman poniéndose en la piel de Felson. 

Felson está alejado del mundo del billar y las cosas le van medio bien. Desde luego, no es un looser absoluto como lo calificó George C. Scott en El buscavidas, pero es un hombre insatisfecho que aceptó su muerte civil como jugador de billar tras enfrentarse a Scott una vez terminó ganándole la última partida al gordo de Minnesota. Por ello, es como una bocanada de aire fresco ver a un joven, Vince (Tom Cruise) con una admirable destreza para el billar. Felson se reconoce en él y se convierte en su mentor para introducirle en el mundo de las grandes partidas de billar en un torneo que se celebrará en Atlantic City aunque, por el camino que transcurre por varias ciudades como en una road movie, también hay un aprendizaje de cuándo hay que saber perder, para luego ganar, en una discutible práctica que se remonta a la primera escena de El buscavidas.  No viajan solos, pues los acompaña la novia de Vince, una chica atractiva y taimada llamada Carmen e interpretada por Mary Elizabeth Mastrantonio. 

Vince no es exactamente una réplica de Eddie cuando este era joven. Es un joven inmaduro, que trabaja como dependiente en una juguetería, no anhela ser un ganador como sí lo deseaba Eddie a su edad y delega en su novia la gestión de las ganancias que tiene al jugar a billar mientras juega a videojuegos. No obstante, aprenderá rápido durante el viaje la parte menos ética pero más lucrativa de las apuestas en torno al mundo del billar. 

Felson toma conciencia del paso del tiempo y que no controla ese mundo del que fue expulsado hace más de dos décadas. Un personaje interpretado por Forest Whitaker le engaña haciéndose pasar por alguien inexperto en el billar y el propio Vince, en el torneo de Atlantic City, se deja perder una partida contra Eddie sabiendo que las apuestas están claramente a su favor y ganará más dinero apostando contra sí mismo. Pese a ello, el personaje de Felson se autoafirma, ha vuelto a empuñar el taco de billar, a jugar en un gran torneo y la película acaba con un plano congelado tras decir “he vuelto”.

La película es ágil, muy entretenida y bien filmada. Pero es imposible no comparar con el filme de Rosen y la densidad dramática de El buscavidas y la profundidad de sus personajes es muy superior. El interés que despierta el personaje de Mastrantonio es mínimo en comparación con el que interpretaba Piper Laurie y, por supuesto, gran parte de la grandeza de El buscavidas se hallaba en el cínico, amoral y siniestro Bert Gordon, magistralmente interpretado por George C. Scott. Pero, claro, hablamos de una obra maestra y El color del dinero se queda en una buena película.  

domingo, 13 de septiembre de 2026

LLAMAD A CUALQUIER PUERTA

 

Llamad a cualquier puerta... y os contestará Nick Romano. Así concluye el alegado final de Humphrey Bogart ante el jurado en esta película, dirigida por Nicholas Ray en 1949, constituyendo uno de los momentos cumbre del carismático actor americano en toda su larga filmografía. Efectivamente, Bogart, como abogado del joven delincuente Romano acusado de asesinato, efectúa unas últimas alegaciones cargando contra la sociedad que genera guetos de miseria y no sabe atender debidamente a la población infantil y juvenil en situación de vulnerabilidad.  Se puede objetar si ese discurso puede ser absoluto. Por ejemplo, el Jaibo de Los olvidados, película rodada un año antes, es irredimible porque lleva la maldad intrínseca en su persona, pero sí lo son Pedro del mismo filme o, en esta película de Ray, el personaje de John Derek, que busca reformarse varias veces durante el filme sin conseguirlo. La desesperanza de Derek llega al punto de pronunciar por primera vez una frase que luego se ha repetido mucho: vive deprisa, muere joven y tendrás un bonito cadáver. 

Llamad a cualquier puerta es una película muy bien filmada en la que, además, se nota esa pasión de Ray por los personajes que no pueden conseguir lo que quieren, Robert MItchum en Lusty man o el propio Bogart en En un lugar solitario Ray muestra con sensibilidad el dolor de Romano cuando, desde una azotea, sigue el cortejo fúnebre de su joven mujer que se ha suicidado; o su impotencia cuando escucha a un compañero de Bogart recelar de su rehabilitación, lanzando un cuchillo contra la mesa que se clava anticipando nuevos episodios violentos en el filme. 

Bogart, que a través de su propia productora Santana produjo la película para la Columbia, se encontraba en su plena madurez y en todas las películas de esta época se muestra espléndido. En esta ocasión, interpretando, no a un policía o delincuente como era habitual, sino a un abogado liberal que proviene, originariamente, de los bajos fondos y ha reconducido su vida a través del Derecho. Además, tiene una estabilidad emocional gracias a su matrimonio con una asistenta social por la que conoció a Romano, intentando ambos ayudar al chico y a su joven mujer en un efímero matrimonio que se cierra de manera trágica.

El personaje de Bogart se siente en deuda con Romano ya que delegó en un compañero un tanto negligente el caso del padre del chico, una aparente defensa propia en un atraco que derivó en una condena y muerte en prisión del padre, cosa que es el origen del hundimiento familiar y los problemas de Nick Romano. 

Tras haber intentado ayudarlo muchas veces, el abogado en principio rechaza el caso, pero su mujer, en una gran escena en la que ella no pronuncia palabra alguna, le insta con su gestualidad a aceptar el caso y Bogart responde que sí para que se calle

Un fiscal extremadamente agresivo en su interrogatorio logra que Romano se hunda y confiese que él asesinó al hombre que apareció muerto en un callejón al iniciarse el filme. Bogart, en principio, se muestra decepcionado pues el chico le había jurado que era inocente de ese crimen. Pero, luego, en su alegato final, destaca que él quería creer que Romano era inocente y, exponiendo las desigualdades sociales y falta de atención que han creado a un joven delincuente, pide clemencia para él. 

En una última escena muy dura, ambos personajes se despiden cuando Romano está a punto de ser llevado al patíbulo. Se marcha andando y el sobreimpresionado de The end aguanta bastantes segundos mientras Bogart ve como se aleja hacia una puerta muy resplandeciente de luz y esta se cierra al traspasarla Romano. 

Una gran película de Ray.

LA JUNGLA DE ASFALTO

  La jungla de asfalto (1950) es, probablemente, la mejor película de John Houston y una de las mejores del cine negro.  Es un filme vibrant...