martes, 21 de abril de 2026

TODOS NOS LLAMAMOS ALI

 

Todos nos llamamos Ali (1974), del alemán R.W. Fassbinderes un melodrama que recuerda, por su argumento, a Solo el cielo lo sabe de Douglas Sirk. Como en aquella película interpretada por Rock Hudson y Jane Wyman, aquí también tenemos una trama amorosa entre una mujer mayor y un hombre joven. No obstante, la puesta en escena es muy diferente. Frente a la exuberancia visual de Sirk y una mayor teatralidad en los diálogos, el melodrama de Fassbinder es más conciso, directo, diálogos y puesta en escena casi minimalistas. Cada en uno en su estilo, dos grandes melodramas. 

La película de Fassbinder aporta el interés de la diferencia racial entre los personajes. La protagonista femenina se llama Emmi y es una sexagenaria que trabaja como mujer de la limpieza, viuda y con tres hijos adultos. Conoce en un cochambroso bar a Ali, un inmigrante marroquí que ha llegado a Alemania y está sobre la treintena de años. Como en el filme de Sirk,  hay un rechazo a la relación, pero no solo de los hijos, sino que aquí, al ser Ali un marroquí, llega también a las compañeras de trabajo de Emmi que le empiezan a hacer el vacío, o el tendero que desaprueba una unión interracial.  

De manera mezquina ya que lo hacen por intereses personales, de vuelta de unas vacaciones ven que los hijos, el tendero y las compañeras de trabajo han cambiado su actitud y aceptan la relación. En principio, esto es positivo, pero, paradójicamente, hace que Emmi tome con Ali una actitud maternalista y de involuntaria superioridad que provoca una crisis de pareja y un alejamiento que, más tarde, acaba cuando ella vuelve al bar donde empieza la película. Lo reencuentra allí y vuelven a bailar, como hicieron en el inicio del filme, pero Ali se desploma al tener una úlcera de estómago acabando la película en la clínica en la que es atendido.  

A pesar de que en los setenta no había ninguna fuerza política importante de extrema derecha en Alemania, la película de Fassbinder parece anticipar que el poso racista de la sociedad alemana no había desparecido y, en ese sentido, algunos personajes que salen votarían hoy a Alternativa por Alemania.  

Un melodrama potente, con un tratamiento que da Fassbinder en el que transmite tristeza y  provoca empatía con los protagonistas, además de tener una carga de fuerte crítica a la sociedad alemana. 

domingo, 19 de abril de 2026

ME HALLARÁ LA MUERTE

 

Me hallará la muerte (2012es una novela que escribió Juan Manuel de Prada, tras una crisis personal en que había perdido la inspiración, y que me ha parecido una gran novela, que te tiene atrapado a lo largo de sus casi 600 páginas en una trama zigzagueante y que encadena personajes y situaciones en bucles, a menudo perversos. 

La narración si inicia en el Madrid de la postguerra, tres años después de concluida la Guerra Civil, apareciendo el protagonista de la novela, Antonio Expósito, como un ratero que pega pequeños palos con una cómplice llamada Carmen de la cual está enamorado. Tienen problemaal atracar un tipo que se revuelve y ella se ve obligada a matarlo y tiran el cadáver al fondo del lago del Retiro. Antonio lee en los periódicos que se va a dragar el lago y se ve acorralado. Pasando casualmente por delante de la sede de Falangeallí conoce a Cifuentes, un falangista de primera hora que se apuntó a la División Azul y volvió al ser herido. Animado por su charla, Antonio se alista en ese contingente militar para huir de Madrid.  

Llegado al frente, conoce a un amigo de Cifuentes, un tal Gabriel Mendoza, un hombre de muy buena familia que se alistó para olvidar que su padre se había hecho rico transportando penicilina adulterada en los primeros tiempos de la postguerra española. Entran en combate, caen prisioneros de los rusos y en el campo aparecen dos personajes importantes: Nina, una exbrigadista internacional de origen francés y Camacho, un comunista que se alistó en la División Azul para desertar y pasarse a los rusos.  

Al intentar huir del campo de prisioneros, son atrapados y Mendoza es ajusticiado por Camacho. Pero a Antonio se le da la posibilidad de, si accede a ser usado como topo de los rusos, salvar la vida asumiendo la identidad de Mendoza con el que guarda un asombroso parecido.  Antonio acepta y, tras muchos años en los campos de prisioneros, vuelve a España en el Semiramis, un barco fletado por la Cruz Roja francesa que repatrió a más de 200 divisionarios que seguían en cautiverio en Rusia y atracó en abril de 1954 en el puerto de Barcelona. 

En la tercera parte de la novela, Antonio asume la personalidad de Mendoza, empieza a regentar los negocios familiares pues el padre de su suplantado muere pocos días antes de su llegada en el Semiramisse lía con la sobrina de Mendoza en un teórico incesto que provoca un aborto, luego sucede la muerte de la chica y el suicido de Cifuentes, el ginecólogo que ha hecho el aborto en contra de sus principios morales por el remordimiento que le supone haber acabado casado con la novia que Mendoza tuvo antes de alistarse e ir a Rusia.  

Antonio, con su falsa identidad, además de seguir los negocios turbios del padre de Mendoza, se reencuentra con Carmen, con quien planea deshacerse de su falsa identidad y huir al continente americano.  Pero, tras muchos años, Nina y Camacho se presentan en España para chantajearlo lo que obliga a Antonio a matarlos y, cuando parece que podrá huir con Carmen, el propietario del estanco en que ella trabajaba se interpone en su camino. 

Por un lado, De Prada se documentó para dar una visión veraz de cómo fueron las vicisitudes de la División Azul en Rusia y, por otra parte, a partir del regreso de Antonio a España el libro se convierte en una novela negra muy entretenida.  

Si en Las máscaras del héroe, Fernando Navales y Pedro Luis de Gálvez eran personalidades opuestas, aquí lo son Antonio Expósito y Gabriel Mendoza. El primero es un ratero que pugna por la supervivencia y, en momentos de apuro, no tiene escrúpulos en liarse con Nina y trabajar para los rusos. En cambio, Mendoza es un idealista falangista con una inquebrantable voluntad de no ceder a la presión de los rusos y mantener cohesionada a la tropa cautiva.  Pero, así como Navales y Gálvez llegaban juntos a la resolución de la trama, aquí, a mitad de novela, Antonio asume la personalidad de Mendoza y lo traiciona, pues la idea de los rusos es, aprovechando su ascendiente sobre la tropa, que esta acepte el cautiverio sin resistencias. 

La mayoría de los personajes son negativos, pero las simpatías de De Prada se decantan por los dos divisionarios que se alistan por idealismo: Mendoza y Cifuentes.  Son falangistas que muy pronto se sienten traicionados por Franco, quedan arrinconados mientras los tecnócratas van copando los altos cargos ministeriales. AsíCifuentes, crítico con el régimen por considerarlo desviado de los principios fundacionales de José Antonio, no obtiene una cátedra de su especialidad médica en Madrid, sino que debe trasladarse a Valladolid. Ya en su primera aparición en la novela, cuando esta se inicia en 1942, tiene una visión crítica hacia un régimen que empieza a aparcar, por oportunismo, su germanofilia. Y, en los años 50, la percepción de Cifuentes se ha agudizado en su desprecio al régimen de Franco que ha optado por su supervivencia, pactado con los americanos y traicionado la pretendida revolución falangista.  

Antonio es un hombre débil, que actúa por supervivencia en casi toda la novela, aunque tenga muchas veces remordimientos. En cualquier caso, comete uno de los peores crímenes para De Prada, inducir a un aborto, por lo que no puede acabar bien, en un final que recuerda un poco a El tesoro de Sierra Madre, tras cometer diversas maldades, el protagonista no puede conseguir el botín por interferencia de un tercero. Como le reflexiona Mendoza a Antonio, “¿se puede conseguir algo bueno a partir de lo malo?” y la respuesta es obvia.  

La exuberancia léxica del estilo de De Prada, la enrevesada, pero entretenidísima trama, y el interés del marco histórico conforman una novela, no tan buena como en las que el personaje es Fernando Navales, pero sí de muy alto nivel.  

miércoles, 15 de abril de 2026

DOS FISCALES

 

Dos fiscales (2025) es una película dirigida por el bielorruso, nacionalizado ucraniano, Sergei Loznitsa, que recrea una historia en la URSS de 1937, cuando el terror propagado por Stalin estaba en su máximo apogeo. 

Tras un prólogo en que un preso político es obligado a quemar cartas en las que se reflejan los horrores de las torturas y confesiones forzadas, empieza la historia con un fiscal de provincia, Alexander Kornev, recién salido de la Facultad de Derecho y que va a una prisión tomándose en serio la denuncia de un preso político que le muestra las marcas de las torturas a las que ha sido sometido por agentes del NKVDEn su afán por dar curso a la denuncia e investigar los hechos, se salta al fiscal jefe de su provincia y se va a Moscú para ver al fiscal general del Estado, nada más y nada menos que Andrei Vishinsky, quien más tarde fue ministro de asuntos exteriores de la URSS en la década de los 50. Lo recibe con muy malas pulgas, aunque lo escucha atentamente y parece que accede a su petición, ordenando que se le dispense trato especial en un tren de vuelta a su ciudad reservándole una litera. En el tren, conoce a dos tipos, aparentemente ingenieros que, a la mañana siguiente, lo suben a un automóvil con destino a una prisión.  

La película está rodada con una fotografía con muy poca variedad cromática, adoptando un tono grisáceo muy acusadque refleja el color en que se capta la angustia y el terror de aquellos tiempos. Esa luz, junto con los decorados de las prisiones y salas de las fiscalíasmás los funcionarios de prisiones y miembros del NKVD, huraños o en ocasiones con un sentido del humor de brocha gorda, propician un clima asfixiante para el joven y honrado fiscal KornevPor otra parte, también vemos al ingenuo fiscal perdido en ocasiones por los inexplicables y kafkianos vericuetos burocráticos de la URSS. 

La película toma un ritmo narrativamente lento y se hace un poco tediosa durante la primera hora, pero gana en interés con la entrevista con el imperturbable Vishinsky y, luego, con los supuestos ingenieros que, en principio, agasajan a Kornev para descubrir luego su lado más cínico pues son agentes del NKVD. 

Es una película interesante por su temática, la recreación del terror de Stalin en la década de los 30, a la que le cuesta un poco arrancar y coger ritmo, aunque la segunda mitad hace que la valoración global sea positiva.  

TODOS NOS LLAMAMOS ALI

  Todos nos llamamos Ali  ( 1974 ) , del alemán R.W.  Fassbinder ,  es un  melodrama que recuerda, por su a rgumento , a  Solo el cielo lo s...