Orgullo (1956), de Manuel Mur Oti, es una curiosa película de Cifesa que ofrece una gran semejanza con el género western, aunque la acción pase en un lugar indeterminado del territorio español. Se rodó en Riaño (León) y áreas de los Picos de Europa.
La trama explica el enfrentamiento de dos familias, que tienen a su cargo un buen número de peones que también se enzarzan en la lucha con gran violencia y habiendo víctimas mortales. No hay presencia de ninguna fuerza de orden, como si aquello fuera un territorio inaccesible para la policía o guardia civil. Las dos familias son grandes latifundistas, con un río que hace de frontera y que cada uno sabe que no debe cruzar, y los personajes se desplazan siempre a caballo. Y el apego a la tierra es absoluto en los protagonistas. Por tanto, podría ser como una especie de Horizontes de grandeza en versión hispana.
Las familias son los Mendoza y los Alzaga. En los Mendoza hay una viuda que ejerce de matriarca y la película se inicia cuando Laura, su hija, vuelve de París. Por su parte, en los Alzaga es al revés, hay un patriarca viudo y su heredero es su hijo Enrique. Paseando a caballo, ambos jóvenes coinciden y empieza la historia de amor, torpedeada, primero, por el orgullo de los viudos que estuvieron a punto de casarse cuando eran jóvenes y, luego, por culpa de una sequía que recrudece el enfrentamiento entre las familias por el aprovechamiento para las fincas de la poca agua disponible. Al final, la determinación de Laura, emprendiendo una expedición por las montañas para buscar agua, consigue ese preciado recurso para devolver la paz social a todo el territorio y, obviamente, la historia de amor acaba bien.
Interpretada por actores más bien poco conocidos, al menos para mí: Marisa Prado, Alberto Ruschel, Enrique Diosdado y Cándida Losada, la película cuenta con el buen hacer de Mur Oti para el melodrama, con buenos encuadres para captar los sentimientos de los protagonistas, movimientos de cámara cuando la trama lo exige y una brillante utilización del paisaje. Mur Oti rueda este melodrama de manera totalmente parecida al estilo que podría tener uno de William Wyler.
Es remarcable que sean las mujeres los personajes más fuertes, especialmente el de Laura, con una tenacidad en la búsqueda de una fuente de agua cuando hay un gran peligro y, de hecho, un carromato se desploma de manera trágica. Pero ella se empeña en seguir adelante cuando lo demás quieren retroceder, un poco como pasaba con la obcecación de Charles Coburn en Horizontes de grandeza cuando va al encuentro de Burl Ives, y luego toda su gente la sigue.
Película muy notable.