martes, 29 de septiembre de 2026

ANTIDISTURBIOS

 




Antidisturbios en una serie de seis episodios creada por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, que ya tiene unos seis años, aunque la recupero ahora en Movistar. Lo hago en un momento oportuno ya que empieza con un desahucio y venimos de una semana en que ha sido protagonista Mari Carmen, la anciana de 87 años que la policía sacó en silla de ruedas culminando el cuarto intento realizado tras varios aplazamientos. 

Aquí, también es un desahucio polémico porque, en un contexto difícil por la insuficiencia de medios policiales que se desplazan, muere un ciudadano senegalés a consecuencia de una caída. Solo se desplazó al desahucio un equipo de seis policías nacionales, claramente insuficiente, cosa que advierte al secretario judicial el jefe de ese equipo. El secretario se comunica con el juez que, advertido de las dificultades existentes, dice que siga adelante la operación, cosa que finalmente da lugar a la muerte del inmigrante africano. 

Entonces empiezan a actuar los policías del departamento de asuntos internos, con un incisivo miembro del equipo que es una chica llamada Laia. Ella obtiene, a través de la nube, un video que un policía borró del móvil de una vecina y en el que se demuestra una mala praxis policial que da lugar al trágico desenlace. 

Los policías son encausados y, a través del tío de uno de ellos, contactan con un excomisario llamado Revilla que es retratado con el look de Villarejo, que les ofrece crear un perfil falso del inmigrante como si tuviera antecedentes y fuera un tipo violento, para obtener una mejor imagen de ellos en el juicio a celebrar. Paralelamente, Laia empieza a descubrir como ese desahucio se adelantó, cosa poco frecuente. Investigando, ve que hubo casos similares en el mismo juzgado habiendo acabado todos los inmuebles tras los desahucios como apartamentos turísticos. 

La trama se va enredando más en un caso de corrupción que afecta a altos mandos policiales y empresarios importantes, habiendo una división en el propio cuerpo policial con un grupo que debe investigar al margen de sus superiores lo que confunde al principio a Laia con relación a su superior directo. Mientras tanto, los policías ven su vida muy alterada por lo que pasó al morir el senegalés. De manera preventiva, el más joven es expulsado del cuerpo y, en los demás compañeros, los hechos repercuten seriamente en su vida privada y profesional. 

En general, en la serie hay un clima de tensión muy bueno que se deja notar, especialmente, en el primer episodio. Está muy bien rodada toda la operación del desahucio y las malas condiciones en que trabajan los seis miembros de la Policía Nacional. Además, vemos como son y resultan muy creíbles los personajes. Es cierto que algunos tienen un punto chulesco, otros parecen más asentados, pero queda claro que uno de los problemas es que se deja con pocos medios y en una situación de stress a una serie de funcionarios públicos, como paso aquí en el 1 de octubre. A pesar de que el desahucio se pudo resolver mejor, veo a los policías más como víctimas que como verdugos. 

Luego vemos el tema político del desahucio. La gente de asuntos internos pone mucho ahínco en la investigación y hay un cierto interés en que el asunto escale a los medios, recibiendo los policías un castigo ejemplar en función de su implicación en los hechos (de expulsión del cuerpo a suspensiones temporales) sin tener en cuenta posibles atenuantes. También es verdad que la reacción de los policías no es nada ejemplar, contactando con un turbio personaje para difamar la memoria del senegalés con imputaciones falsas. 

Y, por último, se va desarrollando durante la serie la averiguación de una trama de corrupción, que afecta a altos mandos de la policía en conexión con importantes empresarios y con un trasfondo urbanístico en forma de edificación de apartamentos turísticos, un negocio floreciente y que es una de las caras más amables de nuestro país; siendo una de las que lo son menos, teniendo conexión entre ambas, desahucios como el de esta semana.  La investigación avanza en gran medida gracias a Laia, interpretada magníficamente por Vicky Luengo, personaje que, aparentemente, realiza con vocación y de manera esforzada su trabajo pero que, también, oculta un lado oscuro y unas ganas de medrar en el cuerpo policial. Se dan pistas, pero su actuación no del todo ejemplar tiene lugar al final, cuando salva el caso de la trama de corrupción urbanística pactando con Revilla un soplo sobre otra operación de su departamento.

Así pues, se da una visión panorámica de muchos de los problemas que tiene la España actual y, salvo algunos personajes decididamente negativos, la mayoría presentan una gran ambigüedad, con elementos positivos y negativos. Es uno de los aspectos más relevantes en positivo de la serie, no da moralina, expone una realidad que, frecuentemente, no es fácil de juzgar. 

Muy buena serie.

domingo, 27 de septiembre de 2026

ALL THAT JAZZ

 

Bob Fosse se abrió en canal al dirigir All that jazz (1979) porque es un filme semi autobiográfico protagonizado por un personaje llamado Joe Gideon, alter ego suyo y que fue interpretado por Roy Scheider. 

Gideon, director de teatro y coreógrafo, es un hombre entregado a su trabajo y, también, a sus excesos en forma de drogas, tabaco, alcohol y mujeres. Es un perfeccionista en el trabajo hasta límites patológicos y, en el ámbito familiar, mantiene relaciones contradictorias con su exmujer, hija y novia, a las cuales quiere, pero, como el lema de su vida es aquel de que el espectáculo debe continuar, tiene frecuentemente desatendidas. 

Comienza a aparecérsele en su imaginación el ángel de la muerte, llamado Angelique, en las agradables facciones de Jessica Lange. Su papel va en aumento cuando, a consecuencia de una angina de pecho, Gideon sea hospitalizado y empieza a visualizar, mientras está intubado, cómo se desarrolla un musical que él mismo dirige.  Todo acaba con una actuación final en la que el protagonista es el propio Gideon y, tras recibir una ovación, va al encuentro del Angelique hasta que se cierra la cremallera de la bolsa de su cadáver. 

Fosse retrata ese mundo del show business entre bastidores, con una visión nada complaciente del director de los espectáculos, es decir, de él mismo.  Pero también salen malparados otros integrantes de ese mundo, como los productores, que especulan si es mejor que Gideon muera cuando tiene la angina de pecho para poder cobrar del seguro. 

Con ecos feliinianos en cuanto a un director al que, de forma introspectiva, reflexiona sobre sí mismo en un mundo onírico, Fosse consigue una película que deja su impronta en el género musical con una obra atípica, pero con muchos elementos de interés y varios números destacables. El mérito del filme destaca, en gran parte, en la elección como protagonista de Roy Scheider que, aquí, realiza una gran interpretación, tal vez la mejor en su carrera que yo recuerde. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

FUGA DE ALCATRAZ

 

Eastwood y Siegel se despidieron, en su quinta colaboración, a lo grande con Fuga de Alcatraz (1979). Con un guion de Richard Tuggle, Siegel aplicó su eficacia narrativa para explicar una fuga carcelaria que se coció a fuego lento, escarbando durante meses un orificio de ventilación en las celdas para poder acceder a la parte superior de la prisión y, desde allí, bajar por las tuberías del agua, escalar las vallas para salir del recinto y, luego,  descender hasta la costa para adentrarse en las frías aguas de la bahía de San Francisco con un bote y salvavidas construidos de forma precaria con gabardinas robadas en la prisión. 

Siegel quería finalizar la película en ese momento, dejando la duda (que persiste todavía) sobre si los reclusos culminaron la fuga o se ahogaron. Eastwood impuso su criterio y, en un final más peliculero, el alcaide toma conciencia de que la fuga ha tenido éxito. Y es que la película se plantea en gran parte como un duelo entre el alcaide y Frank Morris, el personaje de Eastwood. Morris tenía un coeficiente intelectual muy alto y el alcaide le dedica especial atención, pese a lo cual se impone la inteligencia del recluso que lleva a cabo el plan de fuga con tres cómplices, uno de los cuales se quedó en la celda, en la película paralizado por el miedo y, en la vida real, porque parece que no pudo salir a tiempo al no ser bastante grande el agujero que horadó en la celda. 

Además de la concesión a la estrella sobre el final, así como otra en la subtrama protagonizada por Lobo, el depredador sexual al que Eastwood apalea un par de veces, la película es de una sobriedad y eficiencia máximas, recreando de forma minuciosa la fuga de una manera tal que recuerda otro gran filme de fugas carcelarias como es La evasión, obra maestra dirigida por Jacques Becker. El inicio del filme, en los primeros minutos, es de los mejores ejemplos del buen hacer de Siegel, te introduce rápidamente en la película con el traslado de Morris a esa penitenciaría y el protagonista se queda en la celda, tras darle la bienvenida un guardián y oyéndose, en ese momento, un gran trueno quedando la cara iluminada de Eastwood por el relámpago. 

Eastwood compone un personaje hermético y poco expresivo, que no recuerda ni siguiera su cumpleaños porque su infancia fue corta y no tiene ningún lazo familiar. Como casi siempre en el Eastwood actor, haciendo de la necesidad virtud, aprovecha sus recursos como actor para imponer su fuerte carisma en el personaje de Morris que, por sus características, le va como anillo al dedo.  

Siegel, que ya filmó un gran filme carcelario en 1954 con Motín en el pabellón 11, aprovecha para dar unas pinceladas de unos personajes secundarios que tienen mucho interés: el recluso que ha encontrado en la pintura la libertad que no le da la prisión y es represaliado por el alcaide al haber pintado un retrato suyo de forma satírica, un hombre de color que mató a dos blancos en defensa propia y no le fue reconocida por la cuestión racial; o un estrafalario hombrecillo que tiene como compañero un ratón y muere de un ataque al corazón cuando el alcaide menosprecia el accidente con el que ha represaliado al pintor. A través de estos personajes, más algunas actitudes de los guardias y el alcaide, se da la imagen de un sistema penitenciario represivo y nada favorecedor de la reinserción social.

Aunque hizo otra película más para la gran pantalla y otra para la televisión, esta es la última gran película de Don Siegel. 

martes, 22 de septiembre de 2026

INDIGNIDAD

 

Indignidad es un libro de Lea Ypi en el que rinde homenaje a su abuela, trazando su biografía con la ayuda, tanto de los recuerdos personales, como la búsqueda de documentación en archivos albaneses y griegos. Una documentación que es un tanto confusa, al punto que la historia de su abuela se mezcla con otra persona con el mismo nombre, Leman Ypi, con la que comparte algunas características comunes en su trayectoria vital. 

Es un libro que es una novela, salpicada por interludios con documentación sacada de los archivos acerca de sus abuelos. En la primera parte, vemos a su abuela, nacida en 1918, como una joven residente junto con su familia en Salónica y, por tanto, ya con nacionalidad griega que, sin embargo, pertenece a la etnia albanesa. La joven Leman queda muy marcada en aquellos años por el suicidio de su tía Selma, obligada por la familia a casarse con Gustav, un comerciante alemán de tabaco que, con el devenir de los años, se convertirá en un nazi y seguirá ligado a la familia. 

En un momento dado, la joven decide abandonar Salónica y, para bien o para mal, más bien lo segundo viendo cómo se desarrolló la Albania de la guerra mundial y postguerra, decide irse a Tirana. Allí conoce a Asllan , un joven albanés de buena familia, hijo de un importante político del régimen albanés cuando este está sometido a los italianos, que tiene ideas socialistas y como uno de sus amigos al futuro dictador comunista Enver Hoxha. 

Leman y Asllan se casan en 1941, pasan su luna de miel en Cortina d’Ampezzo (una foto de la pareja en esa estación italiana, difundida en redes sociales, es uno de los motivos de Lea Ypi para investigar el pasado de su familia), tienen un hijo en 1943 y, a partir de ahí, todo son desgracias. A las penurias propias de la ocupación nazi, se suma la represión del régimen de Hoxha que no se detiene ante un antiguo amigo y, dado que Asllan ha tenido contacto con oficiales del servicio de inteligencia británico que estaban allí durante la guerra, es condenado a veinte años de trabajos forzados. 

Si Leman pudo cometer un error yendo a Albania, puede que cometa otro cuando Gustav, con los nazis a punto de evacuar sus tropas en el país balcánico, le ofrece ayuda para pasar a Italia, tanto a ella como su marido e hijo. Me ha recordado un poco a Dr. Zhivago, cuando Komarovski ofrece ayuda a Lara para huir una vez está en peligro al haber muerto su marido Pasha, el excomisario soviético. La cuestión es que Leman no acepta esa ayuda, se queda en Albania, su marido no sale del campo de trabajo hasta principios de la década de los sesenta y ella es deportada a una granja colectivizada, en la que malvivirá hasta su jubilación cuidando de un hijo enfermizo en su infancia que es el padre de la autora.  

El libro es un excelente documento para conocer un poco el complejo mundo balcánico, las consecuencias del hundimiento del imperio turco con todas las turbulencias que supuso, destacando los intercambios de población por territorios según su etnia, así como la desdichada historia de Albania, con un tirano que lastró al país como el más atrasado de Europa durante varias décadas. 

Una historia desdichada la de Leman que, ingenuamente, espera mientras se desarrolla la guerra que después vendrá la democracia y unas elecciones libres. Como le dice Gustav en ese crucial momento que podía haberle cambiado la vida si hubiera llegado a Italia, “los aliados ganarán la guerra. Pero ustedes no”. Leman fue una sufridora de la indignidad que se impuso durante décadas en Albania y su nieta evoca en este libro, de forma extraordinaria, su memoria. 

ANTIDISTURBIOS

  Antidisturbios en una serie de seis episodios creada por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, que ya tiene unos seis años, aunque la recupero...