En una época que él calificó de sequía creativa, Martin Scorsese dirigió en 1985 El color del dinero. La idea de retomar el personaje de Eddie Felson unos 25 años después de la filmación por parte de Robert Rossen de El buscavidas era, sin duda, atractiva. El resultado, sin llegar a la excelencia del filme precedente, es resultón, en gran parte gracias a la excelente interpretación, una vez más, de Paul Newman poniéndose en la piel de Felson.
Felson está alejado del mundo del billar y las cosas le van medio bien. Desde luego, no es un looser absoluto como lo calificó George C. Scott en El buscavidas, pero es un hombre insatisfecho que aceptó su muerte civil como jugador de billar tras enfrentarse a Scott una vez terminó ganándole la última partida al gordo de Minnesota. Por ello, es como una bocanada de aire fresco ver a un joven, Vince (Tom Cruise) con una admirable destreza para el billar. Felson se reconoce en él y se convierte en su mentor para introducirle en el mundo de las grandes partidas de billar en un torneo que se celebrará en Atlantic City aunque, por el camino que transcurre por varias ciudades como en una road movie, también hay un aprendizaje de cuándo hay que saber perder, para luego ganar, en una discutible práctica que se remonta a la primera escena de El buscavidas. No viajan solos, pues los acompaña la novia de Vince, una chica atractiva y taimada llamada Carmen e interpretada por Mary Elizabeth Mastrantonio.
Vince no es exactamente una réplica de Eddie cuando este era joven. Es un joven inmaduro, que trabaja como dependiente en una juguetería, no anhela ser un ganador como sí lo deseaba Eddie a su edad y delega en su novia la gestión de las ganancias que tiene al jugar a billar mientras juega a videojuegos. No obstante, aprenderá rápido durante el viaje la parte menos ética pero más lucrativa de las apuestas en torno al mundo del billar.
Felson toma conciencia del paso del tiempo y que no controla ese mundo del que fue expulsado hace más de dos décadas. Un personaje interpretado por Forest Whitaker le engaña haciéndose pasar por alguien inexperto en el billar y el propio Vince, en el torneo de Atlantic City, se deja perder una partida contra Eddie sabiendo que las apuestas están claramente a su favor y ganará más dinero apostando contra sí mismo. Pese a ello, el personaje de Felson se autoafirma, ha vuelto a empuñar el taco de billar, a jugar en un gran torneo y la película acaba con un plano congelado tras decir “he vuelto”.
La película es ágil, muy entretenida y bien filmada. Pero es imposible no comparar con el filme de Rosen y la densidad dramática de El buscavidas y la profundidad de sus personajes es muy superior. El interés que despierta el personaje de Mastrantonio es mínimo en comparación con el que interpretaba Piper Laurie y, por supuesto, gran parte de la grandeza de El buscavidas se hallaba en el cínico, amoral y siniestro Bert Gordon, magistralmente interpretado por George C. Scott. Pero, claro, hablamos de una obra maestra y El color del dinero se queda en una buena película.