jueves, 30 de abril de 2026

UNO DE LOS NUESTROS

 

Salvador Illa ha celebrado que “la justícia hagi actuat amb seny i sentit de la humanitat” en relación con la exoneración que la Audiencia Nacional ha concedido a Jordi Pujol, debido al deterioro cognitivo que padece, al estimar que no estaba en condiciones de defenderse, desde el punto de visa procesal, en el procedimiento contra toda su familia por varios delitos.  

Ya sabemos que Illa es un hombre de ir a misa, compasivo y piadoso, pero esta preocupación por las vicisitudes procesales de Pujol a mí me parece más el resultado de un corporativismo como miembros ambos de la casta política catalana, que no de una preocupación por la gente vulnerable de este país, que es mucha y la gestión de Illa no ha mejorado en nada. Alguien debería recordar a Illa que estaría bien que su gobierno gestionara de un modo tal, con cordura y sentido de la humanidad, para que miles de ancianos no mueran antes de que se les haya otorgado el grado de dependencia 

Al margen del procedimiento penal en el que la Audiencia Nacional lo ha apartado, Pujol es un defraudador fiscal confeso. Lo peor de Pujol no es esto. En realidad, la verdadera lacra que deja el anciano president es su obra de gobierno que ha obstaculizado el avance social, económico y cultural de Catalunya, propiciando además una Generalitat corrupta e ineficiente. Pero, en cualquier caso, solo por ser un defraudador fiscal no creo que Illa debiera celebrar nada y, por respeto a los ciudadanos que pagamos impuestos en Catalunya, debiera haber guardado silencio.  

Illa ya recibió a Pujol en el Palau de la Generalitat cuando hizo una ronda con todos los expresidentes, y luego creo que también en otra ocasión en el palacio de Pedralbes. Está claro que a Illa le encanta esto de resucitar la sociovergencia y estabilizar a la gran familia política catalana, que se alborotó con el procés, y él aspira a encauzar rindiendo tributo, si es necesario, al corrupto linaje de los Pujol 

 

martes, 28 de abril de 2026

AVANTI

 

Avanti (1972) es la última gran comedia de Billy Wilder. Después solo rodaría dos comedias más:  Primera plana, a la que siempre le pesa un poco el hecho de ser una adaptación de Luna nueva; y Aquí un amigo, una película que vi en video en los ochenta y no recuerdo nada, pero que hay unanimidad en que fue una floja despedida del maestro. 

En cambio, Avanti está a la altura de sus mejores comedias, muy divertida desde el inicio cuando Jack Lemmon, que se sube al avión tras haber jugado al golf, se cambia en los lavabos su indumentaria con un pasajero y así llevar un traje para estar más presentable en su llegada a Italia, a donde va a recoger el cadáver de su padre que murió en un accidente de coche en la isla de Ischia 

Las interpretaciones son magníficas. En primer lugar, Jack Lemmon encarnando al puritano y materialista magnate de los negocios Wendell Ambruster, que también exhibe un supremacismo desde su posición de WASP hacia los italianos. Siendo un auténtico salvaje desde el punto de vista emocional durante la primera parte de la película, el moralista Wilder lo reeducará y humanizará al relacionarlo con el personaje de Juliet MIlls. La actriz inglesa está también espléndida en el personaje de una chica ingenua, un tanto desnortada en su vida sentimental y con algo de sobrepeso, que Wilder transforma en una mujer adorable. Y, como director del hotel de Ischia en que se desarrolla el filme, Clive Revill interpreta a Carlucci, un personaje que acaba siendo entrañable y demuestra que la sensibilidad y mediterraneidad no están reñidas con la eficacia en el desempeño de su puesto laboral. 

En la copia que veo, hay una parte de metraje censurado en su momento. Es muy poco tiempo, apenas tres minutos en dos cortes, pero aparecían desnudos Lemmon y Mills, excitando ella a un grupo de pescadores que los ven tomar el sol en las rocas, y más tarde la persiguen por el casco urbano de la pequeña ciudad.  

Como en otras ocasiones en películas de Wilder, hay un falso final feliz. Sí, triunfa el amor, pero la pareja solo tendrá, en el mejor de los casos, unos días anuales de reencuentro en Ischia como lo tuvieron sus progenitores, viviendo infelices el resto del año en Estados Unidos e Inglaterra.  

Aunque el metraje llegue a los 140 minutos, la película tiene un ritmo muy bueno, junto a diálogos marca de la casa pergeñados por Wilder y Diamondconfigurando una gran comedia. 

 

jueves, 23 de abril de 2026

UNA CASA EN LA MONTAÑA

 

Leo Una casa en la montaña de Albert Boronat, después de haber visto la obra en el Heartbreak Hotel hace casi cuatro meses. En el inicio de la obra, además de dos citas de Witgenstein y Gaston Bacherland, hay una del físico italiano Carlo Rovelli: “La estructura temporal del mundo es más compleja que una simple sucesión lineal de instantes. Pero ello no implica que no exista o sea ilusoria”. Y esta cita tiene mucho que ver con la obra, una sucesión de situaciones con dos hombres en la cabaña de una montaña que se han propuesto matarse, pero en una trama zigzagueante y escurridiza, con múltiples posibilidades, inestable como el mundo de la física cuántica de la que es experto Rovelli, salpicado todo ello además con humor, thriller, ciencia-ficción y un ataque de unos zombis que han de repeler los personajes. Y, en la tercera parte de la obra, titulada Skjolden, la búsqueda de la cabaña que habitó Witgenstein en Noruega. 

Si el texto sorprende por su dispersión y atipicidad, además de por la mezcla de géneros que lo nutren, el montaje teatral resultó de lo más logrado, con los espectadores alrededor de una gran mesa, compartiendo vino y embutido con los actores, mientras estos interpretaban la obra. El trabajo de los actores Javier Beltrán y Sergi Torrecilla, junto con Boronat que se incorpora como un actor más, fue excepcional y una de las mejores experiencias en el Heartbreak. Leer y tener la obra nos ayudará a recordar una noche de teatro magnífica.  

martes, 21 de abril de 2026

TODOS NOS LLAMAMOS ALI

 

Todos nos llamamos Ali (1974), del alemán R.W. Fassbinderes un melodrama que recuerda, por su argumento, a Solo el cielo lo sabe de Douglas Sirk. Como en aquella película interpretada por Rock Hudson y Jane Wyman, aquí también tenemos una trama amorosa entre una mujer mayor y un hombre joven. No obstante, la puesta en escena es muy diferente. Frente a la exuberancia visual de Sirk y una mayor teatralidad en los diálogos, el melodrama de Fassbinder es más conciso, directo, diálogos y puesta en escena casi minimalistas. Cada en uno en su estilo, dos grandes melodramas. 

La película de Fassbinder aporta el interés de la diferencia racial entre los personajes. La protagonista femenina se llama Emmi y es una sexagenaria que trabaja como mujer de la limpieza, viuda y con tres hijos adultos. Conoce en un cochambroso bar a Ali, un inmigrante marroquí que ha llegado a Alemania y está sobre la treintena de años. Como en el filme de Sirk,  hay un rechazo a la relación, pero no solo de los hijos, sino que aquí, al ser Ali un marroquí, llega también a las compañeras de trabajo de Emmi que le empiezan a hacer el vacío, o el tendero que desaprueba una unión interracial.  

De manera mezquina ya que lo hacen por intereses personales, de vuelta de unas vacaciones ven que los hijos, el tendero y las compañeras de trabajo han cambiado su actitud y aceptan la relación. En principio, esto es positivo, pero, paradójicamente, hace que Emmi tome con Ali una actitud maternalista y de involuntaria superioridad que provoca una crisis de pareja y un alejamiento que, más tarde, acaba cuando ella vuelve al bar donde empieza la película. Lo reencuentra allí y vuelven a bailar, como hicieron en el inicio del filme, pero Ali se desploma al tener una úlcera de estómago acabando la película en la clínica en la que es atendido.  

A pesar de que en los setenta no había ninguna fuerza política importante de extrema derecha en Alemania, la película de Fassbinder parece anticipar que el poso racista de la sociedad alemana no había desparecido y, en ese sentido, algunos personajes que salen votarían hoy a Alternativa por Alemania.  

Un melodrama potente, con un tratamiento que da Fassbinder en el que transmite tristeza y  provoca empatía con los protagonistas, además de tener una carga de fuerte crítica a la sociedad alemana. 

EL DIABLO ESTÁ ENTRE NOSOTROS

  Leo El diablo está entre nosotros, un libro del periodista Lorenzo Ramírez, de ideología liberal y que se dedica al periodismo de investi...