martes, 15 de septiembre de 2026

EL COLOR DEL DINERO

 

En una época que él calificó de sequía creativa, Martin Scorsese dirigió en 1985 El color del dinero. La idea de retomar el personaje de Eddie Felson unos 25 años después de la filmación por parte de Robert Rossen de El buscavidas era, sin duda, atractiva.  El resultado, sin llegar a la excelencia del filme precedente, es resultón, en gran parte gracias a la excelente interpretación, una vez más, de Paul Newman poniéndose en la piel de Felson. 

Felson está alejado del mundo del billar y las cosas le van medio bien. Desde luego, no es un looser absoluto como lo calificó George C. Scott en El buscavidas, pero es un hombre insatisfecho que aceptó su muerte civil como jugador de billar tras enfrentarse a Scott una vez terminó ganándole la última partida al gordo de Minnesota. Por ello, es como una bocanada de aire fresco ver a un joven, Vince (Tom Cruise) con una admirable destreza para el billar. Felson se reconoce en él y se convierte en su mentor para introducirle en el mundo de las grandes partidas de billar en un torneo que se celebrará en Atlantic City aunque, por el camino que transcurre por varias ciudades como en una road movie, también hay un aprendizaje de cuándo hay que saber perder, para luego ganar, en una discutible práctica que se remonta a la primera escena de El buscavidas.  No viajan solos, pues los acompaña la novia de Vince, una chica atractiva y taimada llamada Carmen e interpretada por Mary Elizabeth Mastrantonio. 

Vince no es exactamente una réplica de Eddie cuando este era joven. Es un joven inmaduro, que trabaja como dependiente en una juguetería, no anhela ser un ganador como sí lo deseaba Eddie a su edad y delega en su novia la gestión de las ganancias que tiene al jugar a billar mientras juega a videojuegos. No obstante, aprenderá rápido durante el viaje la parte menos ética pero más lucrativa de las apuestas en torno al mundo del billar. 

Felson toma conciencia del paso del tiempo y que no controla ese mundo del que fue expulsado hace más de dos décadas. Un personaje interpretado por Forest Whitaker le engaña haciéndose pasar por alguien inexperto en el billar y el propio Vince, en el torneo de Atlantic City, se deja perder una partida contra Eddie sabiendo que las apuestas están claramente a su favor y ganará más dinero apostando contra sí mismo. Pese a ello, el personaje de Felson se autoafirma, ha vuelto a empuñar el taco de billar, a jugar en un gran torneo y la película acaba con un plano congelado tras decir “he vuelto”.

La película es ágil, muy entretenida y bien filmada. Pero es imposible no comparar con el filme de Rosen y la densidad dramática de El buscavidas y la profundidad de sus personajes es muy superior. El interés que despierta el personaje de Mastrantonio es mínimo en comparación con el que interpretaba Piper Laurie y, por supuesto, gran parte de la grandeza de El buscavidas se hallaba en el cínico, amoral y siniestro Bert Gordon, magistralmente interpretado por George C. Scott. Pero, claro, hablamos de una obra maestra y El color del dinero se queda en una buena película.  

domingo, 13 de septiembre de 2026

LLAMAD A CUALQUIER PUERTA

 

Llamad a cualquier puerta... y os contestará Nick Romano. Así concluye el alegado final de Humphrey Bogart ante el jurado en esta película, dirigida por Nicholas Ray en 1949, constituyendo uno de los momentos cumbre del carismático actor americano en toda su larga filmografía. Efectivamente, Bogart, como abogado del joven delincuente Romano acusado de asesinato, efectúa unas últimas alegaciones cargando contra la sociedad que genera guetos de miseria y no sabe atender debidamente a la población infantil y juvenil en situación de vulnerabilidad.  Se puede objetar si ese discurso puede ser absoluto. Por ejemplo, el Jaibo de Los olvidados, película rodada un año antes, es irredimible porque lleva la maldad intrínseca en su persona, pero sí lo son Pedro del mismo filme o, en esta película de Ray, el personaje de John Derek, que busca reformarse varias veces durante el filme sin conseguirlo. La desesperanza de Derek llega al punto de pronunciar por primera vez una frase que luego se ha repetido mucho: vive deprisa, muere joven y tendrás un bonito cadáver. 

Llamad a cualquier puerta es una película muy bien filmada en la que, además, se nota esa pasión de Ray por los personajes que no pueden conseguir lo que quieren, Robert MItchum en Lusty man o el propio Bogart en En un lugar solitario Ray muestra con sensibilidad el dolor de Romano cuando, desde una azotea, sigue el cortejo fúnebre de su joven mujer que se ha suicidado; o su impotencia cuando escucha a un compañero de Bogart recelar de su rehabilitación, lanzando un cuchillo contra la mesa que se clava anticipando nuevos episodios violentos en el filme. 

Bogart, que a través de su propia productora Santana produjo la película para la Columbia, se encontraba en su plena madurez y en todas las películas de esta época se muestra espléndido. En esta ocasión, interpretando, no a un policía o delincuente como era habitual, sino a un abogado liberal que proviene, originariamente, de los bajos fondos y ha reconducido su vida a través del Derecho. Además, tiene una estabilidad emocional gracias a su matrimonio con una asistenta social por la que conoció a Romano, intentando ambos ayudar al chico y a su joven mujer en un efímero matrimonio que se cierra de manera trágica.

El personaje de Bogart se siente en deuda con Romano ya que delegó en un compañero un tanto negligente el caso del padre del chico, una aparente defensa propia en un atraco que derivó en una condena y muerte en prisión del padre, cosa que es el origen del hundimiento familiar y los problemas de Nick Romano. 

Tras haber intentado ayudarlo muchas veces, el abogado en principio rechaza el caso, pero su mujer, en una gran escena en la que ella no pronuncia palabra alguna, le insta con su gestualidad a aceptar el caso y Bogart responde que sí para que se calle

Un fiscal extremadamente agresivo en su interrogatorio logra que Romano se hunda y confiese que él asesinó al hombre que apareció muerto en un callejón al iniciarse el filme. Bogart, en principio, se muestra decepcionado pues el chico le había jurado que era inocente de ese crimen. Pero, luego, en su alegato final, destaca que él quería creer que Romano era inocente y, exponiendo las desigualdades sociales y falta de atención que han creado a un joven delincuente, pide clemencia para él. 

En una última escena muy dura, ambos personajes se despiden cuando Romano está a punto de ser llevado al patíbulo. Se marcha andando y el sobreimpresionado de The end aguanta bastantes segundos mientras Bogart ve como se aleja hacia una puerta muy resplandeciente de luz y esta se cierra al traspasarla Romano. 

Una gran película de Ray.

jueves, 10 de septiembre de 2026

PADRE NUESTRO

 

Hay un par de películas de Francisco Regueiro que me gustaron mucho, Carta de amor de un asesino con un impresionante López Vázquez y El buen amor; así que me animo a ver otra película suya, titulada Padre nuestro y rodada en 1985, atraído también porque los protagonistas son Fernando Rey y Paco Rabal. 

Es una película que se nota que está hecha por un director con personalidad, pues se trata de una trama esperpéntica y original, con un espíritu de hacer algo diferente como pasaba como cuando Fernan Gómez hizo El extraño viaje La trama versa sobre un cardenal español (Fernando Rey), que conversa con Juan Pablo II y le dice que, al haber tenido noticias de su nieta al recibir unas fotografías, debe volver a España a poner en orden cuestiones familiares ahora que los médicos le han dado un año de vida. 

Se traslada a España, a un árido paisaje castellano en el que está la casa familiar, una gran finca en un latifundio, viviendo todavía su madre y su hermano, llamado Abel, médico de profesión y ateo. Se empieza a destapar el pasado del cardenal, un tipo mujeriego y de irrefrenable actividad sexual que dejó embarazada a una joven de la hacienda. Futo de esta relación nació la cardenala (Victoria Abril) que se dedicó desde muy joven a la prostitución con ese apodo y tuvo una hija, nieta del cardenal, que ha estado cuidando su madre. Al producirse el embarazo, el cardenal partió durante varias décadas a Roma y su vuelta es para arreglar los asuntos familiares según su propia visión del mundo. Así, pretende, para que su nieta lleve su apellido, casar a Abel con su sobrina la cardenala en un imposible matrimonio, además de por la cercanía de parentesco, porque mientras ella es una prostituta que se dedica con lascivia y fruición a su trabajo, Abel es un hombre que ha vivido su sexualidad de forma totalmente opuesta a su hermano, con problemas de ansiedad a la hora de estar con una mujer y consolándose solo, tal como en una escena le pilla su hermano en uno de los mejores momentos interpretativos de Paco Rabal.  

Regueiro filma con efectividad esta estrambótica trama y con el apoyo de Rabal y Rey, en un reparto que también incluye otra gente muy solvente como Victoria Abril, Emma Penella, Lina Canalejas, Amalia De la Torre o Rafaela Aparicio.

El cardenal es un auténtico azote para su propia familia. Al margen de lo que hiciera en el pasado, al volver desde Roma, cuando arranca la acción de la película, su llegada provoca el suicidio de la persona que se casó con la mujer que él dejó embarazada. Además, no aporta ninguna estabilidad ni paz para los principales personajes, su hermano Abel, la madre de la cardenala y esta última.  Es un hombre que la lía en su juventud y, también, en su madurez, cuando se supone que debiera tener otro comportamiento, pero actúa de manera irracional. 

Ángel Fernández Santos coescribió el guion junto al propio Reguero, uniendo tragedia con humor esperpéntico es una película que funciona bastante bien y en la que aflora una parte de esa España rural, la de los señoritos con derecho a pernada y los peones de la finca sometidos a vasallaje. Un mundo hipócrita elevado al grado máximo desde el momento en que el protagonista de las tropelías que desestabilizan a tantos personajes es un prelado de la iglesia católica. 

Película interesante, entretenida, de un director con mucha personalidad. 

lunes, 7 de septiembre de 2026

ESPIRITU DE CONQUISTA

 

Espíritu de conquista (2026) es uno de los tres westerns que dirigió Fritz Lang  y, sin duda, el peor de ellos, aunque sea un filme no exento de aspectos de interés.  

La trama versa sobre un tema recurrente en el western y que, posiblemente, resultaba de interés para Lang. Se trata de la reinserción de un delincuente llamado Vince Shaw ( Randolph Scott) que, al principio de la película, huye tras un atraco y se topa con un ingeniero de la Western Union al que salva la vida. Posteriormente, este ingeniero le ofrece un trabajo en el marco de las obras que se realizan para construir las líneas de telégrafo Shaw acepta el trabajo e intenta vivir de acorde con la ley, mientras compite con otro empleado que viene del este (Robert Young) por los favores sentimentales de la hermana del ingeniero. 

Pero la antigua banda de Shaw acosa a la Western Union, intentado extorsionarles y luego boicoteando la instalación de las líneas y el protagonista se ve en una situación parecida a la de Gary Cooper en El hombre del oeste o Robert Taylor en Desafío en la ciudad muerta. 

En el tramo final de la película, se revela que el vínculo con esa banda es muy estrecho, pues está capitaneada por el propio hermano de Shaw.  Se consigue un buen clímax final con ese enfrentamiento fratricida en el que, finalmente, ambos pierden la vida y el personaje de Shaw es el más interesante de la película, bien trazado por Lang, aunque Randolph Scott fuese un actor bastante limitado. 

A pesar de que el final está muy bien y la película es entretenida, la historia sentimental no aporta mucho interés, resulta anodina y el personaje de la hermana del ingeniero tiene poca chispa. Más interés despierta el personaje de Robert Young en cuanto a ser un hombre del Este atípico en el western, algún secundario ilustre como John Carradine haciendo de médico y como Lang tiene buena mano narrativa para dar cuenta de una parte de la historia americana en otra de las versiones del destino manifiesto, aquí con la importancia que tuvo construir las líneas de telégrafo en dirección al Pacífico. 

Lang siempre tiene interés, aunque sea en sus filmes menos conseguidos.

EL COLOR DEL DINERO

  En una época que él calificó de sequía creativa, Martin Scorsese dirigió en 1985 El color del dinero. La idea de retomar el personaje de...