viernes, 1 de mayo de 2026

VESTIDA PARA MATAR

 

Ni Brian De Palma era Hichcock, ni Pino Donaggio era Bernard Herrman, pero Vestida para matar (1980) es un agradable entretenimiento que mantiene bien la tensión, con algunas escenas muy conseguidas y otras partes más flojas.

Me ha gustado más la primera parte de la película, aquella en la que lleva el peso del filme Angie Dickinson, todavía muy atractiva cuando frisaba los 50 años en aquel momento, interpretando a una mujer insatisfecha sexualmente que, tras visitar a su psiquiatra, interpretado por Michael Caine, y contarle sus desventuras, se ve arrastrada a un encuentro sexual furtivo con un individuo que conoce en un museoToda esa parte en el museo y luego al salir de allí cuando el individuo la introduce en un taxi, con casi ausencia de diálogos y dejando solo las imágenes y música para contar la historia, es bastante brillante visualmente y recuerda, en algunos momentos, a Vértigo 

A partir del asesinato de Dickinson, en un giro absolutamente deudor de Psicosis, la película pierde esa brillantezpero mantiene bien la tensión cuando el personaje de Nancy Allen, que ha sido testigo del asesinato de Dickinson en un ascensor, se convierte en la protagonista del filmejunto al hijo de Dickinson, un freakie de las entonces nuevas, y ahora ya muy superadas, tecnologías de la época. Ambos unirán sus fuerzasfrente a la aparente pasividad policial, para cercar al asesino, en otro final deudor de la película que tuvo como protagonista a Norman Bates. Antes de la resolución, De Palma vuelve a dar muestras de su habilidad en las escenas de suspense con la persecución que sufre en el metro de Nueva York el personaje de Nancy Allen.  

Si la presencia de Dickinson es lo mejor de la película a nivel interpretativo, más sorprendente es que Michael Caine haga una interpretación vulgar, como si De Palma no hubiera sabido sacar partido del gran actor inglés. Más previsible es que la interpretación de Nancy Allen, esposa de De Palma en el momento del rodaje, fuera bastante floja. 

Una película previsible y entretenida, en la que De Palma logra algunos momentos muy brillantes, lo que da una valoración final positiva. 


jueves, 30 de abril de 2026

UNO DE LOS NUESTROS

 

Salvador Illa ha celebrado que “la justícia hagi actuat amb seny i sentit de la humanitat” en relación con la exoneración que la Audiencia Nacional ha concedido a Jordi Pujol, debido al deterioro cognitivo que padece, al estimar que no estaba en condiciones de defenderse, desde el punto de visa procesal, en el procedimiento contra toda su familia por varios delitos.  

Ya sabemos que Illa es un hombre de ir a misa, compasivo y piadoso, pero esta preocupación por las vicisitudes procesales de Pujol a mí me parece más el resultado de un corporativismo como miembros ambos de la casta política catalana, que no de una preocupación por la gente vulnerable de este país, que es mucha y la gestión de Illa no ha mejorado en nada. Alguien debería recordar a Illa que estaría bien que su gobierno gestionara de un modo tal, con cordura y sentido de la humanidad, para que miles de ancianos no mueran antes de que se les haya otorgado el grado de dependencia 

Al margen del procedimiento penal en el que la Audiencia Nacional lo ha apartado, Pujol es un defraudador fiscal confeso. Lo peor de Pujol no es esto. En realidad, la verdadera lacra que deja el anciano president es su obra de gobierno que ha obstaculizado el avance social, económico y cultural de Catalunya, propiciando además una Generalitat corrupta e ineficiente. Pero, en cualquier caso, solo por ser un defraudador fiscal no creo que Illa debiera celebrar nada y, por respeto a los ciudadanos que pagamos impuestos en Catalunya, debiera haber guardado silencio.  

Illa ya recibió a Pujol en el Palau de la Generalitat cuando hizo una ronda con todos los expresidentes, y luego creo que también en otra ocasión en el palacio de Pedralbes. Está claro que a Illa le encanta esto de resucitar la sociovergencia y estabilizar a la gran familia política catalana, que se alborotó con el procés, y él aspira a encauzar rindiendo tributo, si es necesario, al corrupto linaje de los Pujol 

 

martes, 28 de abril de 2026

AVANTI

 

Avanti (1972) es la última gran comedia de Billy Wilder. Después solo rodaría dos comedias más:  Primera plana, a la que siempre le pesa un poco el hecho de ser una adaptación de Luna nueva; y Aquí un amigo, una película que vi en video en los ochenta y no recuerdo nada, pero que hay unanimidad en que fue una floja despedida del maestro. 

En cambio, Avanti está a la altura de sus mejores comedias, muy divertida desde el inicio cuando Jack Lemmon, que se sube al avión tras haber jugado al golf, se cambia en los lavabos su indumentaria con un pasajero y así llevar un traje para estar más presentable en su llegada a Italia, a donde va a recoger el cadáver de su padre que murió en un accidente de coche en la isla de Ischia 

Las interpretaciones son magníficas. En primer lugar, Jack Lemmon encarnando al puritano y materialista magnate de los negocios Wendell Ambruster, que también exhibe un supremacismo desde su posición de WASP hacia los italianos. Siendo un auténtico salvaje desde el punto de vista emocional durante la primera parte de la película, el moralista Wilder lo reeducará y humanizará al relacionarlo con el personaje de Juliet MIlls. La actriz inglesa está también espléndida en el personaje de una chica ingenua, un tanto desnortada en su vida sentimental y con algo de sobrepeso, que Wilder transforma en una mujer adorable. Y, como director del hotel de Ischia en que se desarrolla el filme, Clive Revill interpreta a Carlucci, un personaje que acaba siendo entrañable y demuestra que la sensibilidad y mediterraneidad no están reñidas con la eficacia en el desempeño de su puesto laboral. 

En la copia que veo, hay una parte de metraje censurado en su momento. Es muy poco tiempo, apenas tres minutos en dos cortes, pero aparecían desnudos Lemmon y Mills, excitando ella a un grupo de pescadores que los ven tomar el sol en las rocas, y más tarde la persiguen por el casco urbano de la pequeña ciudad.  

Como en otras ocasiones en películas de Wilder, hay un falso final feliz. Sí, triunfa el amor, pero la pareja solo tendrá, en el mejor de los casos, unos días anuales de reencuentro en Ischia como lo tuvieron sus progenitores, viviendo infelices el resto del año en Estados Unidos e Inglaterra.  

Aunque el metraje llegue a los 140 minutos, la película tiene un ritmo muy bueno, junto a diálogos marca de la casa pergeñados por Wilder y Diamondconfigurando una gran comedia. 

 

VESTIDA PARA MATAR

  Ni Brian De Palma era Hichcock, ni Pino Donaggio era Bernard Herrman, pero Vestida para matar (1980) es un agradable entretenimiento que m...