viernes, 16 de agosto de 2024

EL MUELLE DE LAS BRUMAS

 

Ese inmenso actor que fue Jean Gabin volvió a dar muestra de su carisma para interpretar antihéroes románticos en El muelle de las brumas (1938), del gran Marcel Carné. Su presentación ya da el tono del filme. Vestido de militar, está en una carretera haciendo autostop y es acogido en la cabina de un camión, con pocas ganas de dialogar con el conductor. En un momento dado, para que el camión no atropelle a un perro, Jean da un volantazo para salvarlo, lo que lleva después a una discusión con el conductor al haber puesto en peligro la integridad física tanto de él como del propio Jean. A punto de llegar a las manos, finalmente hacen las paces, pero se revela el carácter del protagonista siendo un hombre impulsivo, compasivo, hosco, noble e irascible.

Una vez llega a la ciudad de Le Havre, conocemos que Jean es un soldado que ha desertado y un borracho le orienta hacia un bar, de nombre Panamá, en el que le pueden ayudar a ocultarse. Mientras acepta la ayuda del dueño del bar, allí conocerá a Nelly (Michele Morgan), una chica de 17 años que huye de un siniestro padrino llamado Zabel, con el que se adivina más tarde una relación de dominio, y que anda en busca de su novio Maurice, que ha desaparecido. A su vez, Zabel mantiene tratos con un delincuente llamado Lucien, que anda con dos secuaces y que también se la tiene jurada al tal Maurice.

En este ambiente sórdido, con relaciones tóxicas entre los personajes, Carné desarrollará la historia de amor entre Jean y Nelly que, más tarde, conocerá que Maurice fue asesinado por su padrino Zabel pero, para proteger a Jean y que no sea delatado por desertor, callará ante la policía. Una historia que se desarrolla utilizando magistralmente la fotografía, para acentuar la nocturnidad y neblina de los espacios de la ciudad portuaria en que transcurre la acción, dando lugar a un escenario fantasmagórico y opresivo.

Está claro que Jean no puede escapar a la muerte. El cambio del uniforme militar a ropa de civil ya se produce aprovechando las tendencias suicidas de un pintor que aparece en la primera escena que se desarrolla en el Panamá presagiándose, por tanto, el drama final.  A pesar del intenso enamoramiento, narrado con mano maestra por Carné y en escenas con mucha carga erótica teniendo en cuenta que es una película de los años 30, Jean se halla seguro en un barco que le ha de transportar ilegalmente a Venezuela. Un impulso le lleva a abandonar el navío para despedirse de Nelly una última vez. Logrará salvar a Nelly de las garras de Zabel, pero no esquivar las balas mortales que le lanza el cobarde Lucien, que en un cara a cara anterior había sido abofeteado por Jean siendo humillado sin mostrar resistencia. Agonizante, Jean pide a Nelly un último beso apasionado antes de exhalar su último aliento en un apoteósico final.

Gran película de Carné.

jueves, 15 de agosto de 2024

TODOS A CASA

 

Alberto Crespi, en su libro sobre la historia del cine italiano, aborda el capítulo dedicado al 8 de septiembre de 1943 citando Il carro armato dell’8 settembre de Gianni Puccini y Tutti a casa de Luigi Comencini, ambas de 1960, además de dos películas de los años noventa: In nome del Popolo sovrano de Luigi Magni y Mediterraneo de Gabriele Salvatore. Y, al final del capítulo, da un dato muy interesante y es que justo en 1960 se forma un gobierno monocolor de la democracia cristiana con los votos decisivos del MSI, formación neofascista que vuelve a ser importante quince años después del final de la guerra y que es el antecedente de lo que ahora es el partido de la Sra. Meloni. Es interesante seguir esta evolución del neofascismo italiano, desde ese lejano 1960 hasta ahora pasando por las Brigadas Rojas, el terrorismo de la extrema derecha, las interferencias de la mafia, el asesinato de Passolini, los procesos judiciales de Manos Limpias, la aparición de Berlusconi, la desaparición de la izquierda y la llegada de la rubia cuarentona al Palacio Chigi, sede del gobierno italiano. Se han dado muchas vueltas para acabar, en gran medida, en una sociedad no muy diferente del régimen de Mussolini con un fascismo, eso sí, más sutil y siendo algo que también pasa en otras partes de Europa. Y el libro de Crespi ayuda a entender la historia de Italia, en este capítulo en concreto con ese 8 de septiembre de 1943 como fecha trascendental.

La película que más destaca es Todos a casa, un peliculón que va subiendo la intensidad hasta llegar a un final espléndido como también pasaba en La gran guerra. La película es muy fiel en su inicio a lo que pasó el 8 de septiembre de 1943. La inmensa mayoría del ejército no sabía que cinco días antes se había firmado un armisticio entre Italia y los aliados. Un pelotón encabezado por el teniente Innocenzi (Alberto Sordi) está marchando, cantando una canción patriótica, cuando en el cuartel se escucha la alocución radiofónica del mariscal Badoglio informando del armisticio, conminando a no atacar a las fuerzas angloamericanas, pero sí a estar dispuesto a repeler agresiones de otras fuerzas.

La noticia provoca el caos del ejército ante la falta de previsión y se produce un colapso. Innocenzi y su pelotón quedan desbordados por la situación, no teniendo donde ir ni ante qué mando presentarse, pierden a la mayor parte de los soldados que intentan llegar a su casa como sea previa deserción y, finalmente, lo mismo hará el teniente con tres de sus soldados: el zapador Cecacarelli (Serge Reggiani), el sargento Fornaciari (Martin Balsam) y el soldado Codegato (Nino Castelnuovo). Una vez han cambiado sus uniformes por ropa de civil y ante el dominio militar alemán, que ya andaban con la mosca tras la oreja en esos primeros días de septiembre y utilizan las tropas ya desplegadas en la península, el teniente y su pequeña tropa serán testigos de los desastres de la guerra en forma de anarquía, violencia, hambre y miseria mientras atraviesan gran parte de Italia, desde el Adriático, para llegar a Nápoles. Hay una escena especialmente ilustradora y es el asalto a una furgoneta que contiene sacos de harina por parte de una población hambrienta.

Por supuesto, hay momentos de comedia como Sordi diciendo, en los momentos de confusión inicial, que los alemanes se han aliado con los angloamericanos; un alemán que intenta infructuosamente que el pelotón de Sordi lo haga prisionero; el diálogo entre Sordi y el prisionero americano hablando una mezcla de italiano e inglés; los alemanes dudando de si Módena es una ciudad italiana mientras los italianos se hacen los despistados para no delatar a una chica judía que lleva el nombre de esa ciudad como apellido; el párroco ayudando a esconderse a Sordi y otros italianos en la iglesia mientras oficia una misa; o Cecarrelli intentando sobornar a unos italianos fascistas con un paquete de comida cuando sus compañeros han hecho un banquete antes y él, muy inocente, no lo sabe.

Momentos de comicidad que no empañan otros de gran dureza dramática, como cuando Codegato se sacrifica pagando con su vida para que la chica hebrea pueda huir de los nazis o, tal vez el momento culminante del filme, cuando Cecacarelli  ha sido acribillado, pero aún vive y Sordi se plantea que ya no es momento de observar y pasa a la acción, auxiliando a su compañero aunque ya no sea posible salvarle la vida y uniéndose al final a los partisanos en la liberación de Nápoles que se produjo a finales de ese mes de septiembre.

Aunque todos los actores están bien, Alberto Sordi demuestra especialmente su grandeza, esa capacidad para hacer una transición entre comedia y drama con tanta naturalidad. En principio, es un militar obediente, que intenta hacer bien su trabajo, inserto en esa burocracia militar y el devenir de la película le va haciendo tomar conciencia del cambio de rumbo histórico que se está produciendo. Aparece también en el reparto Eduardo de Filipo, como padre del personaje de Sordi y representando a esa Italia que siguió voluntariamente a los alemanes y prosiguió la guerra con Mussolini como cabeza títere de un régimen dominado por los nazis. De Filipo le dice a su hijo que los alemanes ganarán la guerra porque tienen armas secretas y, visto el panorama, el teniente y Cecacarelli abandonan la seguridad de la casa de los Innocenzi, esquivando de paso formar parte del nuevo ejército fascista aliado de los alemanes, para entrar en la última parte de la película en las inmediaciones de Nápoles, acabando la película con la liberación de la ciudad como indica el rótulo final del filme.

 Gran película, que tiene un buen inicio pero que además va creciendo en intensidad a medida que los personajes viajan por Italia hasta que, como dice Crespi, Sordi comprende que ya no es un militar sino un ciudadano que dispara el arma contra los invasores y que pertenece a una Italia diferente de la que representa su propio padre y a la que sirvió como teniente hasta hace unas semanas.  

miércoles, 14 de agosto de 2024

LA VIDA DE BOHEMIA

 

Kaurismaki volvió en La vida de bohemia (1992) al mundo de los perdedores y casi excluidos de la sociedad. Marcel Marx, escritor en busca de apoyo para editar una revista y que apareció veinte años más tarde en Le Havre; Sauchanard, un compositor musical de origen irlandés y Rodolfo, un inmigrante ilegal de origen albanés que se dedica a la pintura, son los artistas bohemios sobre los que se construye el filme. Con un París bellamente fotografiado en blanco y negro, los protagonistas buscan el sentido a la vida y lo que encuentran seguro es el sentido de la amistad, cuestión tanto o más importante.

No falta la historia de amor, siguiendo en este punto más la ópera de Puccini que la novela de Henri Berger, en que la desdichada Mimi, enamorada de Rodolfo, fallece tuberculosa al final de la película. Justamente la solidaridad entre los amigos para proporcionar un lugar en que se presten los mejores cuidados a Mimi ante su enfermedad es mostrada con la eficacia narrativa habitual de Kaurismaki, sin subrayados, vendiendo el músico y escritor sus bienes más preciados, mientras Rodolfo intenta obtener dinero a través de su comprador habitual de cuadros. Otro momento en que se prueba la amistad de los personajes es cuando Rodolfo ha sido expulsado de Francia. Enterados que ha logrado traspasar la frontera, Marcel y Sauchnard no dudan en acudir en auxilio de Rodolfo que reingresa en Francia de manera ilegal escondido en el maletero del coche de una familia búlgara con matrícula de la RDA. En definitiva, gente sin recursos, pero solidaria, buena gente en un mundo cada vez más deshumanizado y con una Mimi que, por amor, rehace su relación con el desarrapado Rodolfo abandonando a un pretendiente con mucha mejor posición económica. Puro romanticismo pero, explicado por Kaurismaki, del bueno.

Si en la novela y ópera se retrataba el siglo XIX y el contraste entre burgueses y los bohemios, aquí más bien esa burguesía se ha transformado en el capitalismo salvaje que, a través de agentes inmobiliarios impacientes, expulsan por impago de la vivienda a Marcel en la primera escena de la película, antes que conozca a los otros dos personajes con los que confraternizará.

La parte humorística de la película se basa aquí fundamentalmente en los cameos de tres personajes ligados al mundo del cine. Por un lado, tenemos a Louis Malle que se ofrece a pagar la cena en un restaurante después de que, en una escena homenaje a Bresson, a Rodolfo le hayan robado la cartera; por otro lado, hay un breve papel como editor de Sam Fuller, soltando un improperio en inglés al final de la segunda escena en que aparece brevemente; y, en un papel un poco más largo, está Jean Pierre Leaud, inexpresivo como siempre y aquí interpretando a un industrial azucarero que se enamora de la obra pictórica de Rodolfo convirtiéndose en su mecenas particular.

Otra buena película de Kaurismaki.

martes, 13 de agosto de 2024

UNE CHAMBRE EN VILLE

 

Con Une chambre en ville (1982), Jacques Demy recuperó casi veinte años más tarde el esquema de película en que los diálogos son, en su integridad, canciones, que tanto éxito le dio en Los paraguas de Cherburgo.

La película tiene una estructura circular, abriéndose y cerrándose con una manifestación de obreros metalúrgicos que se enfrentan a la policía en la Nantes de 1955. Para los que piensen que el cine de Demy es ajeno a expresar la agitación política y social del país, aquí hay una buena muestra, más explícita y menos sutil que en otras películas suyas, conforme en su cine está a menudo presente la conflictividad social, no solo por esas escenas bastante violentas por lo que se refiere a la represión policial, sino también porque la clase social condiciona la actitud de los personajes.

Lo que tenemos en medio de esa estructura circular es un melodrama en que el amor es el protagonista como en otras películas de Demy, pero aquí en clave mucho más trágica que en aquellos paraguas de Cherburgo.

François Gilbaurd (Richard Berry) es un obrero metalúrgico que vive de alquiler en una habitación de una casa de la viuda Sra. Langlois (Danielle Darrieux) consumida por la desaparición de su marido e hijo, venida a menos desde el punto de vista económico y ahogando sus penas en alcohol. A pesar de que Gilbaurd tiene novia formal, Violette (Fabienne Guyon), la cual a lo largo de la película le dice que está embarazada, se enamora perdidamente de la hija de Langlois, Edith (Dominique Sanda), una mujer que vive de manera insatisfactoria su matrimonio a causa de la impotencia de su marido, el rudo y violento Sr. Leroyer (Michel Piccoli), un propietario de una tienda en que se venden los primeros aparatos de televisión de la época.

Dado que Michel Legrand no quiso componer la música de la película, Demy tuvo que sustituir a su colaborador habitual por Michel Colombier, que no nos deja ninguna de aquellas melodías pegadizas de Legrand, pero sí compone una banda sonora adecuada al tono trágico de la película.

Demy filma un melodrama sin concesiones, con un romanticismo exacerbado, pero sin caer nunca en la sensiblería y llena de momentos muy intensos, como el primer encuentro entre Gilbaurd y Ediht, que se pasea en la primera parte de la película con un abrigo de visón como única prenda de vestir; o la pelea entre ésta y su marido en la segunda escena que comparten y que acaba con el personaje de Piccoli cortándose el cuello y suicidándose.  

Si el final de Los paraguas de Cherburgo era cinematográfico, en el sentido de resolver aquellas escenas en la gasolinera a través de las miradas de los personajes, en Une chambre en ville Demy opta por un final operístico.  Estando los tres personajes femeninos en casa de la Sra. Langlois, Gilbaurd ha sido herido por la policía y es transportado a esa casa. Mientras agoniza, Edith no puede superar la muerte de su amor y se pega un tiro en el estómago cayendo sobre el cuerpo de Gilbaurd. Un final estridente, muy potente, que lleva la tragedia al paroxismo.   

Si Darrieux y Piccoli están como siempre soberbios, éste último en un papel de hombre desagradable y malvado, también me resulta muy convincente la actuación de Dominique Sanda, apasionada y ardiente.

Gran película de Demy, en la estela de sus mejores películas de los años sesenta. 

martes, 6 de agosto de 2024

EL SILENCIO

 

El silencio me parece un gran Bergman, una de sus obras más angustiosas y en la que alcanza un grado de crueldad más grande analizando la naturaleza humana.

Esther, su hermana Anna y su pequeño sobrino Johan viajan en ferrocarril y llegan a un país extraño, en el que hablan una lengua totalmente diferente y no pueden comunicarse con normalidad. Se alojan en un hotel pues Esther está enferma y, mientras ella se queda en el hotel reposando en la cama, Anna se adentra en la ciudad en busca de experiencias que le alivien su tedio mientras el niño se convierte en espectador de la mala relación de las hermanas, así como del extraño clima que se vive en el hotel.

En primer lugar, destacaría que la película nos habla de la incomunicación y soledad. Prácticamente no hay diálogo entre las dos hermanas y, cuando lo hay, solo es para hacerse reproches con extrema crueldad. Esther, a pesar de ser traductora y por tanto experta en lenguas, no logra comunicarse con nadie de hotel. El encargado del establecimiento intenta complacer a Esther y que se encuentre cómoda pero la comunicación es primitiva y de carácter gestual. Por su parte, Anna sale del hotel y va a una especie de music hall pero no puede comunicarse con nadie, ve una pareja teniendo relaciones sexuales en medio del anfiteatro del local y, luego, lleva al camarero del bar al hotel para tener con él una relación sexual en la que no hay ningún diálogo y de la cual, como todo lo que pasa en el hotel, es espectador su hijo.

La irrupción de un tanque en medio de la calle, con lo que se supone que el país está en guerra, o la estancia de una compañía de enanos en el hotel provenientes de Madrid y que actúan en el espectáculo del music hall añaden un toque extraño a la película, siniestro y opresivo además de poder sujetarse a diversas interpretaciones.

Por otro lado, Bergman declaró haber filmado con esta película su trilogía sobre la ausencia de Dios, siendo los otros dos filmes Los comulgantes y Como en un espejo. Aquí esa ausencia se manifiesta en un absoluto caos en que se incluyen una relación fraternal envenenada hasta una crueldad extrema sin que aparezca la figura paternal para reconducir la situación familiar, una angustiosa soledad, la práctica del sexo sin lazos afectuosos, la muerte rondando el mal estado de salud de Esther, la violencia expresada por el tanque en medio de un núcleo urbano. Un mundo en que la ausencia de Dios es la falta de un orden que dé descanso al malestar y desazón de las protagonistas. Y, como espectador, un niño, dando vueltas por el hotel, pero tal vez en un proceso de aprendizaje para superar esa angustia de vivir, ya irremediable, de su madre y de su tía. 

lunes, 5 de agosto de 2024

KILÓMETRO 101

 

Kilómetro 101 es un libro de Maxim Ósipov compuesto de relatos cortos, escritos desde la primera década de este siglo hasta, el último de ellos, abril de 2022, es decir, dos meses después del inicio de la guerra ruso-ucraniana.

Lo mejor de Ósipov es como describe ese mundo postsoviético, con un bajo nivel de vida, individualismo, decadencia, tristeza, alto consumo de alcohol, funcionamiento ineficiente de la Administración, etc. combinándolo con momentos en que se refleja ternura y humanismo incluso en condiciones lamentables.

Ósipov, cardiólogo de profesión, escribe los primeros relatos del libro narrando cómo están los hospitales en esos primeros años de la era Putin, escasez de medios, pacientes desesperanzados solicitando medicación al margen de las opiniones médicas y organización deficiente. Lo explica desde su experiencia en Tarusa, una de esas ciudades pequeñas a donde iban a parar quienes habían sido condenados a delitos políticos y, tras cumplir condena, se les prohibía vivir a menos de 101 kilómetros de una gran ciudad. Más avanzado el libro, hay relatos sobre la vida en Rusia, el tremendo peso que sigue teniendo la historia y la herencia recibida de la URSS, con todo lo malo (mucho) que ello supone y lo bueno (casi nada) que dejó ese régimen.

El último relato explica el exilio de Ósipov que ahora vive en Alemania. Al estallar la guerra en febrero, el escritor decidió exiliarse a Alemania pasando primero por Armenia ante la percepción que se estaba produciendo un desastre en una guerra que, además, Rusia no podía ganar y él desea que perdiera como única manera que las cosas cambien para bien en su país. Ciertamente, por ahora Rusia no ha ganado la guerra, pero tampoco la pierde, hay una situación de enquistamiento siendo un pequeño escenario dentro del gran tablero en el que luchan las grandes potencias mundiales y no tiene fin el sufrimiento de la gente común que muestra Ósipov en sus relatos. 

sábado, 3 de agosto de 2024

LOS COMANCHEROS

 

Michael Curtiz finalizó su extensa carrera en 1961 rodando Los comancheros, que no pudo llegar a ver pues murió mientras la película estaba en fase de montaje. Se trata de un vistoso western, en Cinemascope, con música de Elmer Bernstein y con un John Wayne en uno de los mejores momentos de su carrera.

Wayne es un ranger de Texas que detiene a un jugador sobre el que pesa una orden de detención por asesinato dictada en el estado de Loisiana. El jugador está interpretado por Stuart Whitman y se escapará en un primer momento de la vigilancia de Wayne. Posteriormente, Wayne tratará de infiltrarse en una organización de comancheros, hombres blancos que ayudan a los comanches, les proporcionan armas y alcohol con lo que los indios andan descontrolados. En compañía de un agente de los comancheros interpretado por Lee Marvin, se reencontrará con Whitman en una timba de póquer. Marvin, muy impulsivo, desaparece pronto de escena y Wayne vuelve a detener a Whitman estableciéndose finalmente entre ellos una verdadera amistad. Wayne le introduce dentro de la comunidad y, en un peculiar juicio, queda exonerado de responsabilidad penal por el asunto de Louisiana. Se encaminan juntos al reducto de los comancheros, una especie de mini estado independiente ubicado en un lugar casi inaccesible y gobernado por un siniestro personaje que va en silla de ruedas. Allí Wayne y Whitman lo pasarán mal, pero serán ayudados, en la parte romántica del filme, por la hija del tirano inválido que había conocido a Whitman poco antes de su detención al principio de la película y se había enamorado de él.

Wayne ya le da, por su sola presencia, mucho fuste a cualquier western, pero aquí Whitman no le pierde la cara a su duelo interpretativo y ofrece un convincente personaje de jugador profesional que se ve inmiscuido en una guerra india y, de propina, tiene la fortuna de enamorarse e iniciar una nueva vida con la chica, en un papel interpretado por Ina Balin. Todavía le da más nervio a la película Lee Marvin, capaz de tratar de tú a tú a Wayne con su formidable presencia en la pantalla, si bien en 1961 aún no era una estrella y su papel es bastante corto.

Hay algunas cosas que recuerdan a Ford en la película. Por un lado, la utilización del paisaje y, por otro, cuando Wayne y Whitman llegan a un rancho atacado por los indios, con los cadáveres expuestos y las señales del ataque en forma de destrozos y columnas de humo, que recuerdan a Centauros del desierto. También hay una escena con humor propio de Ford cuando un tribunal de Texas blanquea los antecedentes de Whitman para dejar sin efecto la orden de detención que pesa sobre él.

Curtiz, con la experiencia de más de doscientos filmes, rueda de manera fluida, con oficio y consigue hacer un buen western, bastante entretenido, a lo que también contribuye la dirección de las escenas de acción a cargo de la segunda unidad.  

viernes, 2 de agosto de 2024

HAMLET VA DE NEGOCIOS

 

En Hamlet va de negocios, Aki Kaurismaki traslada la obra de Shakespeare de la Dinamarca medieval a la Helsinki de 1987, año en que se rodó la cinta, sustituyendo las intrigas palaciegas del reino danés por las conspiraciones en el seno de una importante corporación empresarial.  

Rodada en blanco y negro, con su estilo de narración directa, ágil, sin superfluidades y con diálogos secos, Kaurismaki consigue una cinta curiosa de ver, aunque se quedé lejos de otras películas de su trayectoria.

Es una adaptación libre, cogiendo los personajes y parte de la trama e incluso apareciendo el espectro del padre de Hamlet que le instiga a la venganza tras haber sido envenenado, solo que aquí el padre no es un rey sino el mayor accionista de una empresa. Hamlet hereda la mayor parte de las acciones pero, aunque no tiene las preocupaciones metafísicas del Hamlet shakesperiano ni recita el famoso monólogo, es un tipo peculiar, que se pone a dibujar como si fuera un niño en medio del Consejo de Administración de la empresa y busca el amor de Ofelia sin ser correspondido. El mundo capitalista se muestra como despiadado, hay luchas entre los personajes, más muertes como en la obra y con Hamlet de espectador aparentemente involuntario y manipulable, mientras se decide un giro en la actividad empresarial consistente en fabricar patitos de goma.

Hay constantes de Kaurismaki como la utilización en la banda sonora de Tchaikovsky y rock, así como momentos en que está presente su peculiar sentido del humor, por ejemplo, en una escena en que Hamlet golpea a un tipo con una gramola que le tapa la cabeza, dejándolo fuera de combate, mientras sigue sonando  a todo trapo un tema de rockabilly.

No obstante, las mejores películas de Kaurismaki son aquellas en las que retrata un mundo de perdedores, de gente próxima a la exclusión social, con ironía, ternura y sentido del humor. Así que esta adaptación de Shakespeare resulta curiosa de ver, pero no la situaría entre lo mejor de Kaurismaki.

A SANGRE Y FUEGO

  Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese.   ...