jueves, 12 de octubre de 2023

LOS VIOLENTOS AÑOS 20


 

Raoul Walsh estaba en plena forma cuando dirigió Los violentos años 20. En el  final de la década de los 30 y al principio de los 40 rueda varias obras maestras: Gentleman Jim, Murieron con las botas puestas, El último refugio, Objetivo Birmania, …

Los violentos años 20 explica la historia de tres compañeros de armas en la I Guerra Mundial y lo que les sucede durante los aproximadamente 14 años después.  De forma semidocumental, una voz en off va dando cuenta de la historia de los EEUU en esa década de los 20, sobre todo explicando lo que supuso la ley seca en cuanto al aumento de la delincuencia organizada.

De los tres compañeros, el protagonista es James Cagney que, si en las primeras tres cuartas partes del metraje hace una interpretación excelente, en el último cuarto simplemente está sublime. Cagney es un buen chico, pero no se puede readaptar a la vida civil en la posguerra, siguiendo el tono de denuncia social de la Warner en los filmes de aquella época, y acabará siendo un hampón importante dedicado al tráfico ilegal de alcohol. De los otros dos compañeros, uno es un estudiante de Derecho interpretado por Jeffrey Linn y el tercero es un individuo sin escrúpulos y retratado de forma inhumana interpretado por un Humphrey Bogart que iba cogiendo galones (aquí es el tercero en el casting) preparándose para el estrellato.

Cagney comete el error de enamorarse de la chica equivocada (Priscilla Lane) a la que ayuda en su carrera de cantante. A su vez, la chica está enamorada del compañero abogado de Cagney, con el que no ha perdido el contacto y le presta su ayuda como asesor legal, aunque es reticente a meterse en los negocios sucios de su amigo. En cambio, el personaje de Bogart está desaparecido gran parte de la película, pero reaparece para formar una sociedad con Cagney presidida por la desconfianza mutua. Tras la crisis de 1929, y el final de la ley seca, Cagney cae prácticamente en la indigencia mientras Linn consolida su carrera como fiscal y Bogart sigue siendo un hampón implacable y malvado que, al querer acabar con Linn, desencadenará el final del filme con la intervención de Cagney, todavía enamorado de Lane, y dispuesto a inmolarse para que el matrimonio de Lane y Linn, que ya cuentan con un hijo de 4 años, tenga una apacible y feliz vida familiar.  

Walsh lo filma todo de manera trepidante, sin dar un respiro al espectador, siempre pasa algo importante y la trama avanza de manera fluida, apoyada por un guion en el que, de tres autores acreditados, sobresale el nombre de Robert Rosen. Pero, a la vez, rueda con una puesta en escena inmejorable, con multitud de detalles, esas miradas de los personajes a través de las cuales se explica la atracción amorosa de Lane y Linn y la ceguera de Cagney, ese vaso de leche con esa luminosidad tan acusada que es la bebida de Cagney durante toda su película antes de su caída a los infiernos; o esa música que empieza a sonar en el bar de la mala muerte donde está Cagney y que provoca rectifique su inhibición inicial y se enfrente con Bogart para proteger a sus amigos.

Para terminar, ese maravilloso travelling de un Cagney acribillado caminando por las nevadas calles de Nueva York hasta caer en las escaleras de una iglesia, mientras es llorado por Panamá, la única mujer que le ha comprendido y querido, y la cámara que en otro travelling se aleja de las escaleras antes de que aparezca el THE END de esta obra maestra.

 

martes, 10 de octubre de 2023

GENERACIÓN



 

Generación (1954) es la primera película de Andrzej Wajda y está ambientada en 1942, en plena ocupación alemana de Polonia.

Arranca con un plano secuencia aéreo muy largo en el que la cámara se va desplazando hacia un arrabal de  Varsovia que se ve depauperado por los efectos de la guerra. Tres jóvenes, más por hacer una gamberrada que por oponerse al ejército germano, intentan tirar carbón de un tren que lleva ese mineral al frente del Este y uno de los jóvenes muere trágicamente. Stach sobrevive al acoso de los soldados alemanes y, desde ese momento, empieza a adquirir conciencia de clase poniéndose en contacto con obreros miembros del partido comunista, entre ellos una atractiva chica llamada Dorota. El personaje va madurando durante la película al mismo tiempo que se retrata la brutalidad de la ocupación y la división de la oposición polaca con un grupo predominante y activo como el comunista, pero enfrentado a sectores más tradicionales. Stach y sus amigos (uno de ellos interpretado por Roman Polanski) se adentran en el mundo de la guerra pese a su corta edad y ejecutan en un bar a un mando nazi; aunque un plano de unos postes telegráficos con cuerpos de opositores polacos colgados dan muestra de la implacable represión nazi.  También se produce una incipiente relación amorosa entre Stach y Dorota que quedará frustrada ante la detención de la chica en una parte final muy intensa.

Wajda filma mucho en exteriores y, con la crudeza del mundo obrero que muestra, está cercano en ese aspecto al neorrealismo italiano. La película está narrada de manera vigorosa, los personajes son creíbles y la brutalidad coincide con un inquebrantable optimismo de Dorota que parece transmitir a Stach en el final de la película. Leo que Wajda nació en 1926, así que la película es un homenaje a la gente que tenía su edad durante la ocupación alemana, momentos duros de vivir, proyectos de vida que se frustran y un espíritu de lucha que no abandona el protagonista.


lunes, 9 de octubre de 2023

HISTORIA DE UN ALEMÁN

 

Historia de un alemán, de Sebastian Haffner, es un libro en el que, en primera persona, el autor explica su vida desde el inicio de la I Guerra Mundial hasta el año 1933, cuando abandona Alemania y se encamina hacia el exilio en Francia y luego Inglaterra. Como él dice, su libro no habla de los detalles de los grandes acontecimientos históricos y políticos sino de cómo les afectó todo ello a gente corriente como él y sus amigos o conocidos.

Haffner tiene 7 años cuando estalla la I Guerra Mundial y narra como la gente consultaba el parte diario que colgaban en edificios públicos explicando como se movía el frente y las bajas sufridas hasta que, el 11 de noviembre de 2018, desparecieron los partes. Siendo él ya un adolescente, narra momentos muy convulsos para Alemania: la revolución espartaquista, los reaccionarios putschs de Kapp y Hitler; así como el período de la hiperinflación, acabado de forma sorprendente para el adolescente Haffner cuando un día se comenta que pronto volvería a haber dinero “de valor constante” y luego el rumor se hizo realidad, volviendo la confianza y la estabilidad económica de 1924 a 1929 (al fin y al cabo qué otra cosa es una moneda sino una ficción).

Aunque toda esta parte está bien, más interesante es la última parte del libro en la que explica sus vivencias en el primer año del nazismo. Haffner es en aquel momento un estudiante de Derecho que oposita para formar parte de la burocracia judicial. Desde pocas semanas después del nombramiento de Hitler el 30 de enero, los nazis pasan a la acción. Después del incendio del Reichstag se empieza a perseguir a opositores políticos y judíos. El cambio fue muy rápido, de pocos meses y, ya en verano, Haffner ve como empiezan a exiliarse amigos, entre ellos algunos judíos. Haffner asiste impotente a este hecho así como que su padre, para cobrar una pensión, tenga que rellenar un formulario vergonzoso explicando a qué partidos o asociaciones había pertenecido, cuál era su contribución a la nación y comprometerse a un “apoyo sin reservas al Gobierno de alzamiento nacional”. También observa como se resquebraja la relación con mucha gente, algunos efectivamente piensan como él y están contra el régimen pero otros muchos se adaptan a los cambios políticos y los justifican aun cuando en principio no eran nazis.

Haffner se pregunta como los nazis, que en las últimas elecciones llegaron al 40% de los votos, pudieran cometer todo tipo de tropelías casi sin oposición cuando los no nazis, aun divididos, eran un 60%. Ciertamente, y como buenos fascistas que eran, fueron audaces y desacomplejados a la hora de imponer un régimen de brutalidad. Con esa política anestesiaron a buena parte de la sociedad alemana. Haffner escribe una frase atribuida a Hitler que tal explique mucho de lo que pasó: “Todos los que desean combatirnos están prestando servicio… en el ejército del Reich”.

Antes de exiliarse, Haffner había prometido a su padre hacer un examen para el ingreso a los cuerpos estatales y debía asumir ese compromiso. Los nazis, en verano de 1933, y antes de que se examinen, reúnen a los opositores en una especie de campamentos comandados por escuadras de las SA. Allí reciben instrucción militar, pero sobre todo ideológica, exaltando el nacionalismo germano a base de canciones y proclamas y discursos de Hitler. Por un lado, el autor describe el miedo al otro, a no manifestarse como antinazi aunque a lo mejor estás compartiendo campamento con alguien que piensa como tú. Y, por otro lado, como esta serie de prácticas fomentaron entre sus compañeros un sentimiento de camaradería, de pertenencia a un grupo, que tan bien les fue a los nazis para anular cualquier conducta individualista y que la gente siguiera en el rebaño, como también paso en las Juventudes Hitlerianas y otras organizaciones nazis.

Desgraciadamente, lo que explica Haffner está mucho más de actualidad de lo que pudiera parecer y nuevas formas de fascismo avanzan en todo el mundo, estando muy cercanas algunas de ellas.  

 

 

 


sábado, 7 de octubre de 2023

GOLPE EN LA PEQUEÑA CHINA


 

A caballo entre la comedia, el cine de aventuras y el género fantástico, creo que, con Golpe en la pequeña China, John Carpenter pretendió hacer una especie de anti Indiana Jones; una película con un antihéroe que se ve envuelto en una delirante cadena de sucesos misteriosos y disparatados, aun más inverosímiles que en las películas de Jones y con más sentido del humor.   

Kurt Russell es Jack Burton, un conductor de camiones vulgar, caradura y con un punto hortera, que acompaña a un amigo chino a recoger a su novia al aeropuerto de San Francisco; allí su novia será interceptada por una banda de chinos que buscan a una chica con ojos verdes para resucitar al fantasma de un malvado chino que busca casarse con ella para volver a tener forma corpórea después de haber vagado su alma errante durante siglos; también aparecerá por allí una chica rubia, también con ojos verdes, para que el fantasma pueda casarse con las dos y estimule aun más a Burton que se dedica en cuerpo y alma durante la película a ayudar al amigo chino en su afán por recuperar a su novia.

A pesar de sus intenciones, de su buena mano en las escenas de acción, del tratamiento de la amistad entre los dos personajes masculinos con ecos de su admirado Hawks, de la música tan característica de sus películas y de un buen diseño de producción; Carpenter no logra hacer una buena película. El guion es endeble, abundan hasta cansar las escenas de acción, la trama de tan retorcida llega a un punto de confusión y ni siquiera que el metraje no llegue a 100 minutos salvan a la película de poderse considerar fallida.

lunes, 2 de octubre de 2023

CERRAR LOS OJOS

 

Acudo a un cine de estreno para ver Cerrar los ojos y la experiencia es inmejorable porque veo una película soberbia. Por lo que veo, ha cosechado muy buenas críticas, aunque no de forma unánime y ha sido criticada muy negativamente por Carlos Boyero. A mí me ha parecido una gran película, a la altura de El sur y El espíritu de la colmena.

Cuando una película veo que dura dos horas y cincuenta minutos temo que no se me vaya a hacer larga, pero, en esta ocasión, el tiempo pasa rápido y ese es el mayor elogio a la película. El  interés no decae en ningún momento e incluso la historia te atrapa yendo de menos a más.

Uno de los aspectos que más me gusta es ver la película como un homenaje al cine en esas dos bobinas de un filme perdido e inacabado que abren y cierran la película. Y esos recuerdos del protagonista cuando pasa las hojas de un cuadernillo reproduciéndose los fotogramas de la llegada al tren de Lumière, o cuando coge la guitarra para cantar una canción de un indispensable clásico del cine americano.

Luego está la historia del protagonista, un director llamado Miguel Garay (Manolo Solo) que, buscando a su amigo Julio Arenas (José Coronado), desaparecido hace 20 años, hace balance de su vida. Director con solo una película acabada y una segunda, sin terminar, y en la que desapareció sin dejar rastro el actor Julio Arenas; y escritor no parece que con demasiado éxito, vive de manera más bien precaria en un asentamiento costero del sur de España. La oportunidad de colaborar con un programa de TV del tipo quién sabe dónde le da la oportunidad de localizar a un amnésico (o algo parecido) Julio Arenas en un asilo donde realiza labores de mantenimiento. Nadie sabe muy bien como Arenas llegó a la localidad donde se encuentra el asilo, sin documentación, sin saber su identidad y con pocas pertenencias, entre las cuales hay  un par de objetos relacionados con la película que estaba rodando junto con Garay. La película alcanza su punto culminante cuando Garay exhiba en la sala de cine del pueblo (recientemente cerrada dice de manera triste el propietario) esas dos bobinas y se abra la posibilidad que la magia del cine encienda el click, active la memoria y se recupere una amistad y una relación paterno-filial.

Película reposada, con excelentes diálogos y planificada al milímetro, supone la despedida a lo grande, y manteniendo un gran nivel, del cine de Víctor Erice.

 

 

 


domingo, 1 de octubre de 2023

LA LOCA HISTORIA DEL MUNDO

 

Siguiendo con Mel Brooks, veo La loca historia del mundo, primera parte. Es una película de 1981 menos conseguida que algunas de sus películas hechas en los años 70 pero que sí contiene momentos muy divertidos.

Empieza en la Edad de Piedra con unos cavernícolas haciendo algunas payasadas y el gag más divertido es cuando uno de ellos crea el arte dibujando un bisonte en la pared de una cueva. Junto con el artista nace el crítico, otro cavernícola que se adelanta al resto, pone cara inquisitiva y acaba orinando sobre la pintura.

Después de un breve momento por el Antiguo Testamento, en el que sale la bajada del monte Sinaí y como Moisés entrega al pueblo las tablas de los diez mandamientos porque se le cae una que contenía cinco mandamientos más; se abre la parte de metraje más larga de la película que es la dedicada al Imperio Romano. En esta parte los protagonistas son un cómico filósofo interpretado por el propio Brooks y un esclavo negro interpretado por Gregory Hines. Después de varias disparatadas situaciones en las que intervienen el César y su mujer, Brooks y Hines emigran a Judea. Allí Brooks encuentra trabajo en una posada como camarero y, cuando va a servir la cena en una de las salas, se encuentra a Jesús justo en el momento en que dice que uno de sus discípulos le va a traicionar. Seguidamente, entra Leonardo da Vinci con sus útiles para pintar La última cena.

La siguiente etapa histórica en abordar la película es la época de la Inquisición española. En realidad no hay diálogo sino un largo número musical, al más puro estilo de Broadway y Hollywood, en el que Brooks interpreta a un Torquemada que canta y baila con un ballet masculino de religiosos; aunque luego se incorporan unas monjas que se quitan los hábitos y se lanzan a la piscina en un número calcado de las coreografías de Esther Williams.

La última etapa histórica es la Revolución Francesa. Brooks interpreta aquí dos papeles: el de Luis XVI y el de un hombre que lleva un orinal para que los nobles que están en palacio puedan orinar en ellos cuando pasean por los jardines.  Intuyendo que estallará la Revolución, algunos asesores aconsejan al rey que huya y ponga a su doble como rey. Efectivamente, estalla la Revolución, y el falso rey, junto a una chica a la que ha ayudado a liberar a su padre de la Bastilla, intenta huir pero son detenidos. A punto de ser guillotinados, serán salvados por Gregory Hines que vuelve desde el Imperio Romano y huyen todos en una cuadriga acabando la película.

Como en otras películas de Brooks, el humor es muy obsceno, con muchas alusiones a órganos sexuales, al apetito sexual insaciable del César, la emperatriz y Luis XVI hacia los cortesanos que les rodean y a la comicidad de uno de los miembros de la corte del César por su homosexualidad, cosa que ahora sería muy políticamente incorrecta.  También está el humor escatológico con, por ejemplo, el César romano eructando y lanzando ventosidades. Otro aspecto a destacar es esa vena mordaz e irónica, como los romanos que pasan por la oficina de desempleo o el rey Luis XVI que practica el tiro no al plato sino al pobre, lanzándole personas de clases bajas a las que pueda disparar. Y no faltan algunas referencias humorísticas a las religiones, en especial la judía como, cuando acaba la película y anuncian la segunda parte, unas naves especiales tipo la guerra de las galaxias que tienen la forma de la estrella de David. En definitiva, esas características por las que Jeremy Dauber ponía a Mel Brooks como ejemplo de humorista judío.

Y no hubo La loca historia del mundo, parte segunda. Al menos estrenada en cine. Parece que, justo hace unos meses, se ha estrenado esa segunda parte en forma de serie de TV en los Estados Unidos después de 40 años de espera. Y uno de los guionistas es Mel Brooks. Cercano a ser centenario, parece que sigue dando guerra.

 

 

 

 


sábado, 30 de septiembre de 2023

SINFIN


 

Sinfín es una novela distópica escrita poco antes de la pandemia por el escritor argentino Martín Caparrós. Es la primera obra de ficción que leo de él y me ha enganchado lo suficiente para seguir con interés un libro relativamente largo.

La obra se sitúa en 2070 y sigue las investigaciones que una mujer hace de cómo se desarrolló la tecnología para hacer posible lo que viene representado por un ideograma chino y quiere decir tsian (paraíso). El tsian es la posibilidad de alcanzar la inmortalidad aplicando una tecnología que permite, antes de la muerte física, transferir los cerebros a dispositivos digitales y redes neuronales en los que, si se mantiene la energía, prosigue “eternamente” la vida en un mundo virtual separándose del cuerpo.  En definitiva, una idea tan diabólica como aquella de Shelley imaginando un doctor que, cogiendo retales de diferentes cuerpos humanos, pudiera crear un ser vivo.

A lo largo de las investigaciones de la narradora, y paralelamente a explicar cómo se desarrolló el tsian, vemos la descripción que se hace del siglo XXI. Un mundo donde los avances médicos ya han conseguido alargar la vida y que la esperanza de vida sea muy alta; y en los que se capta que ha habido grandes convulsiones. Se han dejado notar los efectos del cambio climático, se ha avanzado en la desigualdad y han entrado en decadencia Europa y América mientras el liderazgo mundial lo lleva China. Además, con un escenario tan inestable, se han desatado guerras de religión como si hubiéramos retrocedido unos cuantos siglos y la gente experimenta al máximo el mundo virtual en el que llega a vivir su realidad. Un escenario con visos de verosimilitud.

El logro del tsian tiene un relato oficial exitoso pero la protagonista descubre lo que hay detrás: gente que sufrió y pagó con la vida conseguir ese avance además de los intereses que había ocultos. Pero el tsian empieza a triunfar en China, todo el mundo quiere conseguir la inmortalidad y, desde Asia, se expande por todo el planeta. Además, después de la inestabilidad y convulsiones de las décadas precedentes, dar el tsian a casi toda la población refuerza a los estados y tranquiliza las tensiones entre los estados.  Y mucha gente prepara su huida al paraíso maravillada, con curiosidad y contenta.

Y, en las últimas páginas, nos situamos en 2072. Y se revela que, aun siendo todo oscuro porque nunca se conoce al 100% el "producto"; el tsian es una ilusión, una trampa, un timo o, sencillamente, otra forma religiosa de entender el más allá y usada por el poder para controlar la sociedad.

Es una novela densa que especula  sobre temas apasionantes (ciencia, religión, política) y te hace pensar cómo será el mundo en un año el que ya no estaré. No será como en esta novela, pero sin duda será muy diferente del actual y algunas cosas que trata la novela son verosímiles.

 

 

 

 

jueves, 28 de septiembre de 2023

LE CONGRÉS NE MARCHE PAS

 

Le congrés ne marche pas es la última obra de La Calòrica estrenada este mes en el Lliure con gran expectación ya que hace días que vendieron todas las entradas. Y la verdad es que vale la pena acudir al teatro y ver la obra.

La obra se divide en 5 actos y los 3 primeros se desarrollan en 1814 durante los meses en que se celebró el Congreso de Viena. Consultado de manera breve y apresurado por Wikipedia lo que explica sobre ese suceso histórico, resulta que la obra refleja muy bien su espíritu. Diplomáticos, ministros e incluso el zar Alejandro I se reunieron en la capital austríaca para tratar cómo había de ser la Europa posterior a la derrota de Napoleón. Pero, más que sesiones plenarias, se celebraban múltiples reuniones, muchas de ellas aprovechando bailes, obras de teatro, óperas o cenas de gala; y con participación activa de mujeres que, si bien no tenían en aquella época cargos oficiales, sí tuvieron un papel activo entre bambalinas. A pesar de que muchos representantes no firmaron el acta final, el Congreso definió por un tiempo, no muy largo, fronteras en Europa de una forma arbitraria, reforzó el absolutismo como único régimen político posible lejos de aventuras revolucionarias  y dejó a Francia en los límites que tenía en 1792 perdiendo todos los avances territoriales conseguidos por Bonaparte.

¿Se puede contar todo esto que parece un rollo de forma divertida? Pues sí, se puede. Y eso es lo que hace la Calórica con disparatadas situaciones, cayendo de lleno en la astracanada y aprovechando al máximo la música, el vestuario, las luces y el buen hacer de los actores en un brillante ejercicio teatral. Para ello, toman como figuras principales el zar Alejandro, el primer ministro austríaco Metternich, Lord Robert Castlereagh como enviado del reino de Inglaterra y la intrigante princesa de Bragation. Paradójicamente y aunque se trataba de administrar la derrota de Francia, el Congreso se desarrolló en lengua francesa porque era la lengua común en la que podían entenderse alemanes, austríacos, rusos e ingleses. Pero hay una excepción en el enviado español, Pedro Gómez de Labrador, que ha de acompañarse de un ministro francés para que traduzca al idioma galo su castizo español y que provoca algunos de los momentos más hilarantes de la obra.

En el cuarto acto se rompe el tono de comedia pero se profundiza en la reflexión histórica. Se salta a la última década del siglo XX para escuchar un discurso de Margaret Thatcher defendiendo sus posiciones ultraliberales y contrarias al Estado del bienestar que empezó a desmontar en el Reino Unido, combatiendo de manera dura a los sindicatos e impulsando privatizaciones.

La obra plantea la pregunta de si las cosas hubieran podido ser de otra manera. Al final, el problema es que siempre pringan los mismos, la gente sometida durante el Antiguo Régimen que intenta perpetuar, con poco éxito, el Congreso y los damnificados por las políticas neoliberales  que Thatcher impulsa 150 años más tarde. El contexto político es diferente pero los perjudicados siempre son los mismos, las clases más desfavorecidas.

Y en el quinto acto los actores han dejado atrás el vestuario del siglo XIX y aparecen vestidos de  oscuro, con un look pijo y sofisticado.  El actor que ha interpretado el papel de criado en los actos del Congreso también aparece y lleva una bandeja que se le cae. Los demás actores le apremian a recoger lo que ha caído de forma prepotente y maleducada. Y, en vez de recogerlo, empezará a moverse de forma espasmódica hasta acabar bailando, subiendo por las gradas donde se encuentra el público, contagiándolo con su baile ante la mirada sorprendida del resto del reparto. Un conato de rebelión, con final apoteósico, para rematar una gran obra

LA JUNGLA DE ASFALTO

  La jungla de asfalto (1950) es, probablemente, la mejor película de John Houston y una de las mejores del cine negro.  Es un filme vibrant...