Llamad a cualquier puerta... y os contestará Nick Romano. Así concluye el alegado final de Humphrey Bogart ante el jurado en esta película, dirigida por Nicholas Ray en 1949, constituyendo uno de los momentos cumbre del carismático actor americano en toda su larga filmografía. Efectivamente, Bogart, como abogado del joven delincuente Romano acusado de asesinato, efectúa unas últimas alegaciones cargando contra la sociedad que genera guetos de miseria y no sabe atender debidamente a la población infantil y juvenil en situación de vulnerabilidad. Se puede objetar si ese discurso puede ser absoluto. Por ejemplo, el Jaibo de Los olvidados, película rodada un año antes, es irredimible porque lleva la maldad intrínseca en su persona, pero sí lo son Pedro del mismo filme o, en esta película de Ray, el personaje de John Derek, que busca reformarse varias veces durante el filme sin conseguirlo. La desesperanza de Derek llega al punto de pronunciar por primera vez una frase que luego se ha repetido mucho: vive deprisa, muere joven y tendrás un bonito cadáver.
Llamad a cualquier puerta es una película muy bien filmada en la que, además, se nota esa pasión de Ray por los personajes que no pueden conseguir lo que quieren, Robert MItchum en Lusty man o el propio Bogart en En un lugar solitario. Ray muestra con sensibilidad el dolor de Romano cuando, desde una azotea, sigue el cortejo fúnebre de su joven mujer que se ha suicidado; o su impotencia cuando escucha a un compañero de Bogart recelar de su rehabilitación, lanzando un cuchillo contra la mesa que se clava anticipando nuevos episodios violentos en el filme.
Bogart, que a través de su propia productora Santana produjo la película para la Columbia, se encontraba en su plena madurez y en todas las películas de esta época se muestra espléndido. En esta ocasión, interpretando, no a un policía o delincuente como era habitual, sino a un abogado liberal que proviene, originariamente, de los bajos fondos y ha reconducido su vida a través del Derecho. Además, tiene una estabilidad emocional gracias a su matrimonio con una asistenta social por la que conoció a Romano, intentando ambos ayudar al chico y a su joven mujer en un efímero matrimonio que se cierra de manera trágica.
El personaje de Bogart se siente en deuda con Romano ya que delegó en un compañero un tanto negligente el caso del padre del chico, una aparente defensa propia en un atraco que derivó en una condena y muerte en prisión del padre, cosa que es el origen del hundimiento familiar y los problemas de Nick Romano.
Tras haber intentado ayudarlo muchas veces, el abogado en principio rechaza el caso, pero su mujer, en una gran escena en la que ella no pronuncia palabra alguna, le insta con su gestualidad a aceptar el caso y Bogart responde que sí “para que se calle”.
Un fiscal extremadamente agresivo en su interrogatorio logra que Romano se hunda y confiese que él asesinó al hombre que apareció muerto en un callejón al iniciarse el filme. Bogart, en principio, se muestra decepcionado pues el chico le había jurado que era inocente de ese crimen. Pero, luego, en su alegato final, destaca que él quería creer que Romano era inocente y, exponiendo las desigualdades sociales y falta de atención que han creado a un joven delincuente, pide clemencia para él.
En una última escena muy dura, ambos personajes se despiden cuando Romano está a punto de ser llevado al patíbulo. Se marcha andando y el sobreimpresionado de The end aguanta bastantes segundos mientras Bogart ve como se aleja hacia una puerta muy resplandeciente de luz y esta se cierra al traspasarla Romano.
Una gran película de Ray.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.