sábado, 17 de junio de 2023

EL MALVADO CARABEL

 



El malvado Carabel me ha recordado a Buñuel. Si, en Nazarín, Paco Rabal causaba varias desgracias con sus acciones virtuosas y bienintencionadas, o en Ensayo de un crimen el protagonista intentaba sin éxito asesinar a varias personas aunque luego estas perecieran; en El malvado Carabel el protagonista, después de ser despedido injustamente de su trabajo, se propone cometer toda clase de fechorías sin que pueda conseguirlo.

Fernando Fernán Gómez se pone en esta película tanto delante como detrás de la cámara, y yo creo que se le tiene que dar nota alta en las dos facetas. Consigue una comedia ágil y con situaciones divertidas.

Carabel se propone ser muy malo y empieza utilizando un niño al que adiestra como mendigo, pero lo poco que recauda se lo quedará el propio menor. Luego querrá cometer un atraco en un hotel  y acabará en la sala de baile al ser confundido con un participante en una fiesta de disfraces por la pinta que lleva, fracasando también al intentar robar el collar de una mujer con la que baila de forma grotesca. Atracará por la calle a un hombre, que no dará crédito a sus intenciones y Fernán Gómez acabará pagándole la propina al sereno mientras el señor sube a su casa. Y robará una caja fuerte que después no podrá abrir durante días, necesitando para hacerlo nitroglicerina y dará pie a un gran estropicio cuando, finalmente, la caja no contiene nada de valor.

Fernán Gómez, en ésta y otras películas, tenía querencia por la astracanada, un humor absurdo, con tintes surrealistas y que me ha recordado a Monthy Pyton o aquel ladrón tan cutre de Toma el dinero y corre de Woody Allen que atraca una joyería y se lleva el cristal del escaparate en vez de la joya.

Creo que F.F.G. es un grande del cine español e hizo mejores películas pero El malvado Carabel no está nada mal.

 


miércoles, 14 de junio de 2023

V13

 


V13, último libro de Emmanuel Carrére, va más allá de ser una crónica judicial sobre el proceso abierto a raíz de los atentados terroristas cometidos en París en noviembre de 2015.

Carrère explora la dimensión humana de víctimas, terroristas, colaboradores e incluso periodistas, jueces y fiscales.  Y creo que se acaban planteando más preguntas que respuestas. Seguramente porque es muy difícil obtener respuestas.

En el juicio se procesaba a uno de los miembros del comando que debía explotar el cinturón que llevaba y, sin que queden claros los motivos, se arrepintió en el último momento y no lo hizo; así como miembros operativos del comando que no debían participar directamente en los atentados y luego los colaboradores, gente que ayudó en la labor por ejemplo de alquilar pisos francos y falsificar documentos y que, según las defensas, no sabían que ayudaban a una célula terrorista.

A través de los testigos, Carrère no ahorra detalles espeluznantes de la matanza así como nos muestra el testimonio de las víctimas, entre las que no solo están los heridos o familiares sino que también podríamos considerar a los padres o familiares de los terroristas. Con el estilo de Carrére, nos zambullimos en el dolor de las víctimas y empatizamos con su sufrimiento.

El autor intenta comprender de dónde sale el mal, el odio, qué impulsa a unos jóvenes a cometer las atrocidades que perpetraron. Queda claro que los jóvenes terroristas ven el conflicto como una guerra. Sí, ellos mataron gente inocente en la sala Bataclan y las terrazas donde se inmolaron con cartuchos explosivos que llevaban adosados a su cuerpo, pero el único superviviente que no explosionó su cinturón menciona los raids aéreos que la aviación francesa realizó en Siria y en las que murió gente inocente, entre ellos seguramente muchos niños. Al menos esto nos ha de llevar, no a cuestionar las responsabilidades que se dirimieron en ese proceso penal, pero sí a intentar adoptar un análisis más riguroso de la globalidad del conflicto que creo ejemplifica Carrére en este párrafo:

“… ¿Y los acusados, después de esto? Pensábamos que sus interrogatorios serían apasionantes y en realidad no lo son porque no tienen nada que decir. Bueno, nada… Es una tontería decir que nada, lo que quiere decir sobre todo es que no hemos sabido escuchar. No hemos intentado comprender. Hemos olvidado que el gran precepto de Spinoza: no juzgar, no deplorar, no indignarse, únicamente comprender (La posición opuesta la ha defendido nuestro primer ministro de la época, Manuel Valls, en estos términos virtuosamente indignados: “Comprender ya es disculpar”. No estoy de acuerdo con Manuel Valls ). 

Enlazo esto con el tema de Ripoll, ciudad en la que se criaron varios de los implicados en los atentados de agosto de 2017 en Barcelona. Podemos optar por no comprender pero, de cara al futuro, tampoco nos hemos de extrañar que pasen otra vez sucesos como aquellos si nos quedamos en esa opción de Valls. ¿Por qué la ultraderechista de signo independentista Sílvia Orriols ha sacado más de 1.400 votos en Ripoll el pasado mes y tiene 6 regidores en el consistorio?. ¿Qué quieren esos 1.400 votantes en relación a los inmigrantes islámicos,? ¿excluirlos y separarlos?. ¿se debe hacer un cordón sanitario para que no gobierne Orriols? Respecto a esto último, no tiene sentido hacer por hacer un cordón sanitario, porque toque hacerlo para quedar bien (además que alguna fuerza del cordón también roza la xenofobia y duda en sumarse o no). Si no se aborda que puede haber un problema de convivencia en Ripoll (como en las banlieus francesas) y se afronta dialogando con todos, no sirve de nada hacer ningún cordón. Hay que trabajar para que Orriols saque menos de 1400 votos en las próximas elecciones y no más. Los pactos de todos contra uno sin hacer ninguna propuesta ni trabajar sobre qué preocupa a los vecinos solo sirven, como ha pasado en Badalona, para reforzar a quien no se mueve de sus posiciones y, de manera acertada o no, las trabaja ante los electores.

Y comprender pasa por ver todo un proceso histórico. Así lo explica Carrère a propósito de una frase que dijo uno de los acusados, aquél al que no le explotó el cinturón:

“Lo que me interesa es el largo proceso histórico que ha producido esta mutación patológica en el Islam. Doy vueltas, sigo dando vueltas a esta frase tan asombrosa, tan profunda que, contra todo pronóstico , pronunció Salah Abdeslam: lo que no funciona en este juicio es que no hemos hecho nada por comprender a los yihadistas. Es como si solo leyéramos el último capítulo de un libro: habría que haber leído el libro desde el principio. Bien visto, bien dicho, aunque, si reflexionamos sobre ello, vale para todo: respecto a lo que sucede actualmente en Ucrania, sin duda también sería más provechoso leer la historia desde el principio”

Carrére realiza algunas críticas al resultado final del proceso. En la sentencia se condenó a Abdeslam a cadena perpetua. El autor se cuestiona si hubiera corrido la misma suerte si se hubiera apresado con vida a alguno de los terroristas que sí participaron activamente o, dado que por lo que fuera no accionó el cinturón, se le hubiera recluido con un número de años determinado. Sugiere Carrère si no hay un punto de venganza en hacer pagar a Abdeslam con la máxima dureza, cosa que no se pudo  hacer con los otros al morir en los atentados.

También se plantea la situación de los colaboradores que fueron condenados a penas leves y que, al haber estado un tiempo en prisión provisional, no llegaron a entrar en prisión tras el juicio. Podría parecer que las sentencias fueron para esta gente benévolas pero no les quitó el hecho de considerar, en contra de los que pedían las defensas, que eran cómplices de terrorismo aunque nunca quedó totalmente probado que ellos supieran los planes de sus amigos o conocidos.

Con estas críticas, está claro que la justicia no puede resolver un problema de convivencia social en la que hay gente, en principio normal y que no vienen de un entorno de exclusión social, dispuestos a odiar y  matar por ver humillada o menospreciada la religión que, por tradición familiar y/o convicción practican. Se pueden exigir y dirimir, con más o menos acierto, unas responsabilidades penales  y determinar unas indemnizaciones por responsabilidad civil que no servirán de mucho a todas las víctimas de los atentados.


lunes, 12 de junio de 2023

ESA PAREJA FELIZ


 

Esa pareja feliz también se podía haber titulado Esa pareja no tan feliz. Aunque la película no abandona en ningún momento el tono de comedia, sí se muestra lo que era la realidad española de 1951 y tiene algo, aunque sea poco, del neorrealismo italiano.  Vemos la España de los realquilados porque la pareja protagonista no tiene casa propia y viven en una habitación alquilada mientras sueñan con un futuro mejor y con más bienestar. Además, su precariedad económica es patente, provoca algunas discusiones entre ellos y actúa como motor de la película. Por un lado, Fernando Fernán Gómez, estudiante de cursos de radio por correspondencia, será despedido de su trabajo y fracasará en un negocio siendo estafado. Por otro lado, el personaje de Elvira Quintillá tiene un punto de ludopatía jugando a múltiples loterías (llega a apostar dinero con un señor que lleva una ruleta portátil) y participando en concursos. Justamente ganará un premio enviando una carta a una marca de jabones que consistirá en  ser pareja feliz por un día, con invitaciones para consumir en tiendas e ir a un restaurante y a una sala de fiestas. En esa sala de fiestas vendrá uno de los momentos más cómicos de la película cuando dos artistas cantan de manera grotesca una canción invitando a los protagonistas a compartir el número musical, cosa que provocará un tumulto por la resistencia de Fernán Gómez.

Al final, los protagonistas repartirán los obsequios que han ido adquiriendo durante el día por ganar el premio entre los vagabundos que duermen en un parque. Tal vez han aprendido que estaban demasiado obsesionados por el bienestar material y que conseguir la felicidad va por otro camino. Si es así, podemos decir que es un bonito final y que los personajes han madurado a lo largo de la película.

Opera prima de Berlanga y Bardem, por supuesto hicieron mejores películas, cada uno con su estilo, pero Esa pareja feliz en un feliz inicio en su carrera como directores y siempre es un placer ver actuar a Fernando Fernán Gómez.

sábado, 10 de junio de 2023

EL DESCONOCIDO DEL TERCER PISO

 

El desconocido del tercer piso era un film desconocido para mi, así como su director (Boris Ingster). Es un film noir de escasísimo metraje, unos 64 minutos, pero en el que se hace un esfuerzo para, como en muchas películas de serie B de la época, sintetizar una historia y explicarla con pocos medios y días de rodaje. 

John Mcguire es un periodista que, con su testimonio, contribuye a que se dicte una sentencia condenatoria con pena de muerte para un taxista interpretado por Elisha Cook Jr. Aunque no vio el momento preciso del asesinato, su testimonio junto con otras pruebas indiciarias dan lugar a la sentencia a pesar que Cook dice ser inocente. Cuando el periodista regresa a su casa, ve a un hombre de aspecto inquietante y empieza a dudar de la culpabilidad del taxista. Se duerme y tiene un sueño en el que él mismo es acusado injustamente de haber matado a un vecino con el que no tenía buena relación y lo había exteriorizado en una bronca. La pesadilla es premonitoria porque, tras despertar, efectivamente alguien ha matado a su vecino y él es acusado. Tiene la corazonada que el personaje extraño que ha visto es el asesino de los dos crímenes pues se han hecho seccionando la garganta del mismo modo pero, estando detenido, no puede probar su inocencia y será su prometida quien salga al encuentro del asesino, al cual logrará localizar y, en un desenlace precipitado y que es lo peor de la película, quedará malherido tras ser atropellado mientras la persigue y morirá confirmándose que Mcguire y Cook son inocentes.

La película sube de interés con la pesadilla del protagonista pero, sobre todo, con la primera aparición del asesino que es, nada más y nada menos, que Peter Lorre. El gran actor austrohúngaro era capaz de, en pocas escenas, adueñarse de la película con  la inquietud y el horror que transmite. Lorre podía mostrarse aterrador y monstruoso pero también desvalido en M, el vampiro de Düsserdolf; o amenazante y diabólico pero moviendo al espectador a compasión y ternura en Las manos de Orlac. Solo un talento como Lorre puede transmitir tantas emociones contradictorias y con tantos matices. En El desconocido del tercer piso Lorre está más cerca del personaje de M, un depredador psicópata de aspecto frágil y enfermizo. 

A pesar de ser una película de cine negro, la parte de pesadilla que sufre el protagonista me recordó a episodios de The twilight zone, tiene un toque de cine fantástico que habla bien del trabajo del director ayudado por la fotografía de Nicolás Musuraka que contribuye a darle un aspecto turbador.

El desconocido del tercer piso es una buena película de cine negro y que eleva su interés por la mera presencia de un mito como Peter Lorre. 

martes, 6 de junio de 2023

LA, LA, LAND


 

La, la, land parece un intento de resucitar el cine musical de corte más clásico que, por los premios recibidos y críticas por lo que veo casi unánimes, tuvo bastante éxito. 


Sin embargo, a mí me ha parecido un fiasco de película, de una absoluta vulgaridad y me sorprende su éxito y que, en cambio, el remake de West Side Story de Spielberg, que incluso supera el original de Wise, pasará con más pena que gloria, tanto en taquilla como en la crítica.


Para empezar, una película musical ha de tener números musicales que valga la pena recordar y es que en La, la, land no hay ningún número musical mínimamente aprovechable. Por ejemplo, en un musical clásico como Bodas reales, la película en conjunto podía ser un coñazo pero solo con ver dos números, el de Fred Astaire bailando con un perchero y luego otro haciéndolo sobre las paredes y techo de una habitación, ya servían por sí solos para ver la película.  En La, la , land el argumento es un coñazo, tópico y previsible, el de toda la vida de chico conoce chica salpicado con un desarrollo insulso en el que ambos quieren conseguir cumplir sus sueños (la chica triunfando como actriz y él como pianista de jazz con el estilo del be bop de los años cincuenta) y salpicado por algún detalle como una localización de Rebelde sin causa para remarcar el carácter nostálgico de la cinta.  


Otro problema de la película son los protagonistas, especialmente Ryan Gosling , el intérprete masculino. No sé si en otros registros pueden dar más como actores pero en esta película, ni en la parte vocal ni en la de danza, consiguen un resultado remarcable.


El inicio en la autopista en un número coral podrá reflejar muy bien la vida en Los Ángeles y los atascos en sus autopistas, pero la puesta en escena es una imitación no demasiado inspirada de alguna película de Jacques Demy. 


La crisis de pareja está tratada de un modo tan pobre que se sitúa a años luz de la relación mostrada entre Robert De Niro y Liza Minnelli en New York, New York, también un musical de dos personas que buscan el éxito,  luego se separan  y alcanzan por separado los objetivos profesionales que perseguían. 


Tampoco el final, en el que se ve otra posible película en cuanto a cómo les hubiera ido a los personajes de haber cambiado la manera de conocerse ( en plan universo paralelo), resulta original. Como mínimo una idea así ya aparece en una película de Edgar Neville, La vida en un hilo, de los años 40.


Todo lo visto en La, la , land ya se ha hecho antes  y tampoco he observado ningún elemento destacable ni que sobresalga en un tono plano y, a ratos, tedioso.   

domingo, 4 de junio de 2023

CABALLERO SIN ESPADA


 

No hay duda que Caballero sin espada es una de las mejores películas de Frank Capra y hecha en el que podríamos decir era su momento más dulce, antes de la II Guerra Mundial. 

James Stewart es Jefferson Smith ( nombre que combina el apellido de uno de los primeros presidentes americanos y un apellido de los más comunes en el mundo anglosajón) , y es un joven idealista convencido de las bondades de los principios políticos y morales  que los padres de la patria americana expresaron en su declaración de derechos y Constitución de la nación a finales del siglo XVIII, Sin ninguna experiencia política, es designado senador de un estado por su gobernador que busca a alguien manejable, una marioneta que no se entere de los entresijos de la política en Washington. 

Es encomiable como, nada más llegar a Washington, pasea por el Capitolio viendo con adoración las estatuas de los padres de la patria y queda embelesado ante la figura de Lincoln en su Memorial y sus palabras esculpidas en piedra. Me viene una imagen por contraste y es la de los partidarios de Trump el día de Reyes de 2020 entrando en ese mismo recinto en una acción de fuerza y causando algunos muertes en un intento sui generis de golpe de estado. De idealizar la democracia a destruir la democracia. 

Smith presenta un proyecto para construir un campo de trabajo juvenil, en el que confraternicen jóvenes de diferentes estado. Es un proyecto de ley inocuo que los manipuladores del joven senador acogen en principio con indiferencia pero que, más tarde, al conocer el emplazamiento querrán evitar a toda costa ya que en esos terrenos quieren construir una presa. Y hay fuertes intereses especulativos en juego ya que algunos piensan obtener grandes ganancias con esa construcción. 

A partir de ese momento, el establishment político irá a por él, con las peores intenciones que uno pueda imaginar  y sin ninguna piedad. Y será el senador Josep ( interpretado por el enorme Claude Rains ) quien pondrá más ahínco en su destrucción, cosa particularmente desconcertante para el joven ya que Josep había sido el mejor amigo de su padre, y era un joven idealista y de buenos principios al que luego sabemos que se le puso en la tesitura de dejar la política o doblegarse ante los poderosos y escogió la segunda opción. 

Acorralado por las mentiras que se han dicho sobre que él tenía intereses en los terrenos en los que se preveía construir el campamento, así como que iba a quedarse con donaciones que los chicos habían empezado a aportar, será prácticamente destituido por el Comité de incompatibilidades del Senado. Pero mientras sea senador,  aún puede hacer una cosa y es utilizar la palabra y aprovechar que ningún senador puede ser privado de la palabra mientras está en uso de ella y no ha acabado su intervención. Con los ánimos que le da Clarissa,  una asistente  que le habían adjudicado a su llegada a Washington y que le tenía por bobalicón pero se convierte en admiradora de la voluntad, nobleza  y tesón de Smith; el joven senador protagonizará una maratoniana intervención desenmascarando a Josep y su camarilla que se extenderá horas y horas hasta caer desfallecido. Mientras tanto, en el exterior la prensa manipulada se encarga de destrozar su imagen mientras movimientos de base popular, y parte de prensa libre como la que lleva a cabo un amigo de Clarissa interpretado por Thomas Mitchell,  logran defender a Smith y polarizar la nación en torno a su figura. 

 A pesar de sus esfuerzos, Smith es un hombre derrotado cuando desfallece y pierde su turno de palabra. Entonces, el senador Josep expía sus culpas y reconoce que todo lo que ha dicho el senador Smith es verdad. Parece como si el personaje de Claude Rains saliera en ese momento del lado oscuro de la fuerza y, a lo Darth Vader, reconociera su villanía cuando una figura casi filial para él está a punto de quedar destruida. Un cambio de actitud tan radical en Josep podría parecer inexplicable pero Capra va dando pistas, a lo largo de la película, de la mala conciencia que tiene el personaje y el talento de Rains es perfecto para reflejar la lucha interior del personaje,

Solo con el talento de Capra se puede contar todo esto en dos horas de vertiginosa acción y dirigir la interpretación de James Stewart que contagia emoción a lo largo de todo el film pero, especialmente, en ese maratoniano discurso en el que además no puede estar sentado mientras tenga el uso de la palabra. Su rostro desencajado representa la resistencia de la decencia frente a los senadores corruptos. 

A pesar del happy end milagroso de la película, como ocurre en otras de Capra, no creo que fuera ningún ingenuo. La película es dura en el sentido de demostrar el funcionamiento de la democracia y el peligro de estar sometida a intereses económicos que también controlan la prensa. En todo caso, sí me parece que Capra era, al menos en los años treinta, una persona conocedora de esa realidad pero optimista. No creo que pueda hacerse la película así sin ser optimista. Tampoco podemos saber qué evolución hubiera tenido el cine de Capra ya que prácticamente no hizo películas de contenido político tras la II Guerra Mundial. El fracaso en taquilla de Qué bello es vivir supuso que ya hiciera pocas películas y me temo tampoco las que quería hacer.

Otra cosa que me ha recordado viendo la película es al mismo actor, Stewart, hablando también de los principios democráticos del país pero unos 25 años más tarde, cuando interpreta al senador Ransom Stoddard en El hombre que mató a Liberty Valance.  También Stoddard es un animoso e idealista joven al principio de la película pero, cuando explica a sus alumnos esos principios sobre la igualdad de los hombres en que se basa la nación americana, no podrá sino decir con amargura que no solo su alumno Woody Strode lo ha olvidado en su voluntarioso estudio sino que mucha gente lo olvida. 

sábado, 3 de junio de 2023

EL LADRÓN DE BICICLETAS

 



No me extraña que El ladrón de bicicletas fuera la película votada como la mejor de la historia en la primera votación que hizo Sight&Sound en el año 1952. Y creo que setenta años después, y con la cantidad de películas que se han hecho en este período, podríamos considerar que es injusto el puesto cuadragésimo primero que ocupa en la última votación de 2022 y esta película de Vittorio De Sica podría estar en un top-20.

Es una película tan bien explicada que permite hacerse una idea muy precisa de cómo era aquella Roma de la posguerra y de la angustia que causa en el protagonista que le roben su vehículo de transporte para trabajar, cuya necesidad es tan grande que su mujer ha empeñado la ropa de cama para poder desempeñar la bicicleta. Antonio Ricci necesita la bicicleta para trasladarse con rapidez de una calle a otra e ir pegando carteles promocionales de Gilda.  Una vez le han robado la bicicleta, primero la intentará identificar con unos amigos y familiares en un mercado en que se trafica con objetos robados. Luego iniciará un búsqueda marcada por la desesperación, como cuando una repentina lluvia le deja solo en medio de la calle con una gran sensación de desamparo. Logrará localizar al ladrón y le hostigará hasta llegar a su casa, pero la escasa predisposición de las autoridades para ayudarlo, y la cerrada defensa que los vecinos hacen del chaval que ha robado la bicicleta, frustran cualquier intento de localizarla. En su desesperación, llegará a ir a una tarotista cuando al principio de la película ha criticado a su mujer por acudir a esos servicios. Y, finalmente, intentará robar una bicicleta con un resultado desastroso siendo detenido, y casi linchado, por un montón de gente que responden a la llamada de auxilio del propietario del vehículo. 

Obra cumbre del neorrealismo italiano, vemos una descripción de la miseria de la época tanto en la casa de los protagonistas o del ladrón, las primeras escenas en las que un funcionario reparte el poco trabajo disponible a parados apuntados en una lista, la existencia de los comedores sociales o mercados en los que se despiezan los objetos como las bicicletas robadas para sacar provecho económico. 

No obstante, también hay una escena en un restaurante donde acude gente de clase media, y en la que Ricci y su hijo Bruno apuran las últimas liras que les quedan. En ese local no hay hambre, los clientes tienen un nivel adquisitivo decente y Bruno intercambiará unas miradas con un niño repipi que maneja bien los cubiertos cuando  él no sabe hacerlo. 

Durante casi toda la película Bruno acompañará a su padre en la búsqueda de la bicicleta y su relación tendrá altibajos aunque al final, con todo lo vivido, se reforzará el vínculo entre padre e hijo. En un momento de desesperación de Antonio, hará pagar los platos rotos a Bruno con una bofetada que marcará un distanciamiento entre ambos. Pero luego Antonio rectificará, llevará a Bruno al restaurante y el niño se irá identificando con su padre en la adversidad. 

En una película tan dura, la presencia del niño dará lugar a un momento de compasión cuando el propietario de la bicicleta que Antonio intenta robar, al ver al niño y enternecerse por la situación de padre e hijo, no denunciará el robo y permitirá que, cogidos de la mano, Antonio y Bruno retornen a la incierta lucha diaria por sobrevivir. 

Rodada de manera austera, con gran naturalidad, sin artificios ni adornos, El ladrón de bicicletas te conmueve en los más profundo del alma. 




jueves, 1 de junio de 2023

HIPÓLITO

 


Otra tragedia de Eurípides y otra muestra de absoluto pesimismo sobre la condición humana. 

Afrodita odia a Hipólito, hijo de Teseo, por considerarla una diosa insignificante y ser él un casto varón. Insuflará la llama del deseo a Fedra, esposa de Teseo, para que se insinúe a Hipólito que la rechazará. Fedra se suicidará pero acusará falsamente a Hipólito de haberla seducido y Teseo, airado por la muerte de su esposa, culpará a su propio hijo Hipólito, lo desterrará y eso conllevará posteriormente su muerte. Artemis explicará a Teseo lo injusto que ha sido y que fue Afrodita quien urdió toda la trama que ha acabado de forma trágica. E Hipólito perdonará a su padre mientras agoniza. 

Al parecer, no cuenta obrar justamente y tener un comportamiento irreprochable. Engañados por los dioses, los hombres y mujeres son caprichosos, volubles, influenciables, imprudentes... E Hipólito pagará con su vida el torbellino que se desata a su alrededor. 

EL COLOR DEL DINERO

  En una época que él calificó de sequía creativa, Martin Scorsese dirigió en 1985 El color del dinero. La idea de retomar el personaje de...