sábado, 31 de agosto de 2024

SPLENDOR

 

Splendor (1989) es una comedia dramática dirigida por Ettore Scola que explica la vida de un exhibidor cinematográfico, propietario de un cine en una ciudad de provincias, llamado Jordan (Marcello Mastroianni). Su historia es la de la exhibición cinematográfica a lo largo de varias décadas del cine italiano, pero podría trasladarse enteramente a España pues la evolución ha sido la misma.

Siendo Jordan un niño, su padre se presenta en las pequeñas ciudades como exhibidor ambulante en la Italia de Mussolini para ofrecer, con instalaciones y maquinaria precarias, películas como Metrópolis añadiendo música de Verdi. Esa precariedad cede cuando, ya en la década de los cuarenta, se han hecho propietarios del Splendor, un cine en una ciudad poco importante y que se adivina lejana de Roma. En la década de los cincuenta, el cine conocerá su mayor esplendor, llenos en platea, en anfiteatro e incluso gente de pie para ver películas como La gran guerra o Ben-Hur. Pero el cine irá languideciendo en las décadas sucesivas, tiempo que vemos pasar a través de los posters y películas que se exhiben hasta llegar a El corazón del ángel o El año que vivimos peligrosamente en los años 80. Los gustos han cambiado, la televisión retiene a muchos italianos en casa y Jordan no podrá hacer frente a los acreedores del cine que, además, han cedido sus créditos a una financiera que desea hacerse con el local para desmantelarlo y convertirlo en centro comercial. Eso es exactamente lo mismo que ha pasado en España pues las salas de cine, cada vez menos, ya solo se hallan en las grandes ciudades y han desaparecido en ciudades pequeñas o pueblos. De hecho, el proceso de desertización en cuanto a exhibición cinematográfica ya se ha dejado sentir desde los ochenta en grandes urbes como Barcelona en un proceso que parece imparable.

Por tanto, la película es una crónica sentimental de un tiempo que se fue ya en aquella década de los ochenta y que representa un Mastroianni ya sexagenario avanzado en el momento de la filmación y que, como siempre, está magnífico en su papel. Pero, además de Mastroianni, cobra gran importancia en la película el proyeccionista del cine en las últimas décadas, un hombre llamado Luigi e interpretado por el guionista, actor y director napolitano Massimo Troisi, prematuramente desparecido a los 41 años por una afección cardiaca.

Luigi es una persona aún más influida por el cine que Jordan, del cual sabemos que vivió la experiencia de la guerra mundial en Yugoslavia. En cambio, de Luigi sabemos que rechaza un trabajo en restauración para ser proyeccionista y se empapa en una cinefilia que ocupa sus experiencias vitales de forma completa y utiliza incluso para relacionarse con los demás por lo que, en un momento dado, cita frases textuales de los diálogos de Ray Milland en Días sin huella, o explica como un cuento al hijo de su pareja el argumento de El gran carnaval de Wilder. Su amor por el cine y por el local le lleva a intentar atraer de la manera que sea espectadores o a trabajar sin cobrar en un momento que advierte las dificultades económicas por las que pasa Jordan. Si Mastroianni está excelente, no lo está menos Troisi, un gran actor que rodó otras dos películas consecutivas con Scola y que aquí tutea al gran Marcello en su papel de iluso y soñador proyeccionista.

La cuota femenina del reparto se la lleva la actriz francesa Marina Vlady, que aparece en la ciudad como una corista llamada Chantal en un espectáculo de varietés, maravillando a Jordan que la ve como espectador y acude al camerino marchándose juntos, en un auténtico flechazo, para convertirse en pareja y trabajar ella en la sala de proyección como acomodadora. Su atractivo sexual será clave para acabar de unir al tercer personaje ya que Luigi entra a trabajar como proyeccionista en principio para estar cerca de Chantal, aunque luego se enamora más del medio cinematográfico.

Lo primero que se ve en la película son unos operarios retirando las letras de la fachada del cine y luego se estructura en flash backs, en color y blanco y negro según el punto de vista de la narración, introduciendo también momentos de películas que se exhiben en la sala como La gran guerra, Fresas Salvajes, La escapada o Amarcord entre otras. Y, en un final bonito pero utópico, se recrea el final de otra película de la que también se han exhibido sus últimos minutos y que es ¡Qué bello es vivir!.

Splendor es una bonita y emotiva película, sobre la cinefilia y la exhibición cinematográfica, empezando por sus inestables inicios, su esplendor, su decadencia y su desaparición en la mayoría de los núcleos urbanos salvo grandes ciudades.  Buena mano narrativa de Scola, buena banda sonora de Armando Trovajoli y grandes interpretaciones. 

viernes, 30 de agosto de 2024

EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA

 

El viento que agita la cebada (2006) es una película muy interesante de un Ken Loach que, dejando la Inglaterra contemporánea en la que suceden casi siempre sus películas, nos traslada a la Irlanda de 1920 para mostrar, primero, la guerra entre el IRA y el gobierno inglés y, después del tratado de finales de 1921 que reconocía la independencia irlandesa, la guerra civil entre junio de 1922 a mayo de 1923, con la consolidación de un estado irlandés libre menos los seis condados del nordeste de la isla que quedaron bajo soberanía británica.

La historia se centra en dos hermanos, Damien y Teddy, que luchan en el IRA contra los ocupantes británicos. Damien está a punto de ir a trabajar de médico a Londres pero viendo, en la primera escena de la película, una brutal represión de milicias británicas contra unos irlandeses en un evento deportivo, se pasa a las filas del IRA.

Tras la firma del tratado de 1921, las opiniones de los hermanos son diferentes. Mientras Teddy está a favor del cambio político que limita la independencia de Irlanda en el plano territorial y en alguna cuestión de índole política, Damien sigue luchando por la una Irlanda unida e independiente.

El final es impactante porque Teddy, que se ha enrolado en el ejército del nuevo estado irlandés, será el encargado de dirigir el pelotón de ejecución contra su propio hermano que se niega a revelar dónde está un arsenal del IRA y, en la última escena, Teddy dará la noticia a su cuñada que se rebotará contra él.

La película fue rechazada por sectores conservadores ingleses que acusaban a Loach de dar una visión sesgada y exagerar la represión británica. Ciertamente, hay escenas muy duras mostrando esa represión, pero creo que Loach es un realizador honesto y que, en la segunda parte de la película, tampoco es complaciente la mirada del realizador hacia los excesos que también hubo en la guerra civil irlandesa.

Loach filma con oficio y solvencia, la película no decae en las dos horas de duración, es muy interesante desde el punto de vista histórico y resulta bastante entretenida.

 

miércoles, 28 de agosto de 2024

UN AMERICANO EN ROMA

 

Como si se tratara del protagonista de la canción de Carosone Tu vuo' fa' l'americano, Alberto Sordi protagonizó en 1954 Un americano en Roma, en la que interpreta a Nando Moriconi, un joven del barrio del Trastevere en Roma, obsesionado con todo lo proveniente de los Estados Unidos, gran consumidor de cine, de los ritmos musicales americanos bailando claqué de manera desafortunada, adaptando a su habla anglicismos para acabar en una jerga sin sentido y teniendo preocupados a sus padres y novia por su comportamiento infantil e irresponsable.

La película tiene cinco guionistas acreditados: el director de la cinta, Steno; el propio protagonista Alberto Sordi; Sandro Continenza; el futuro director de películas de zombis y también acreditado como ayudante del director Lucio Fulci; y Ettore Scola.

No sé si el problema de la película es que tanta gente participara en el guion, pero la verdad es que la película es floja a pesar de tener a Alberto Sordi como protagonista. De hecho, él es lo más salvable de una película que, una vez presentado el personaje, se estructura en flashbacks mientras Sordi amenaza con tirarse desde lo alto del Coliseo, idea que recoge del filme de Henry Hathaway 14 horas y que él adapta en tono cómico. Pero, al margen de algunos momentos en que se impone la vis cómica del genial actor, el resto tiene poca gracia y se sitúa en un nivel muy inferior al de muchas comedias italianas de la época.

Un filme insuficiente. 

miércoles, 21 de agosto de 2024

COMANDO EN EL MAR DE CHINA

 

Robert Aldrich se encontraba en plena forma en 1970 y, tres años más tarde de dirigir Doce del patíbulo, nos regaló otra estupenda película bélica titulada Too Late the Hero que, aquí en España, adoptó el título de Comando en el mar de China.

Una isla del sudeste asiático está, en la primavera de 1942, dividida en la zona norte controlada por los japoneses y la sur donde están instalados los británicos. Se prepara una misión de los británicos para, atravesando la jungla y dirigiéndose al norte, dar un mensaje desde la estación de radio japonesa para confundir el movimiento de tropas niponas. Al no disponer de gente que hable japonés, el teniente americano Sam Lawson (Clift Robertson) es asignado a unirse a los británicos entre los que destacan, entre otros, un incompetente capitán llamado Hornsbyd (Denholm Elliot) y, sobre todo, el cínico soldado Hearne (Michael Caine).

Después de que el comando llegue, tras algunos encontronazos con los nipones, a la estación de radio, Hornsbyd cambia los planes y, además de dar el mensaje en japonés, pretende destruir dicha estación. Este cambio arbitrario de los planes hace que Lawson se niegue a seguir las órdenes y, mientras Hornsbyd llega a la torre principal de la estación, se produce un enfrentamiento con los japoneses y todas las instalaciones quedan destruidas, perdiendo la vida el capitán Hornsbyd.

Mientras los supervivientes del comando empiezan a replegarse para volver a su base descubren, de manera accidental, que hay un aeropuerto en el norte de la isla, cosa desconocida para el mando aliado. A partir de ahí, será vital volver pronto a la base para avisar de este hecho y evitar que aviones japoneses ataquen un convoy de barcos estadounidenses. Pero un gran contingente enemigo les acecha y el mando japonés, al frente del cual está el mayor Yamaguchi (Ken Takakura) y a través de un sistema de megafonía, les incita a rendirse con la promesa de salvar la vida mientras están prácticamente cercados por los nipones. Algunos integrantes del comando son receptivos y se rinden con la esperanza de salvar la vida desechando la necesidad de proporcionar la información sobre el aeropuerto, pero Hearne y Lawson no se rinden. Finalmente, el teniente americano y el soldado inglés llegarán al límite de un campo abierto en el que se está a tiro de los japoneses pero, al final y cuando ya no se está bajo el fuego enemigo, se halla la base británica. Ambos deciden avanzar en zigzag, uno hace zig, y él otro hace zag, intentando llegar a la base bajo el fuego de los japoneses.

Por un lado, como película bélica de acción, la cinta resulta estupenda, muy entretenida, bien explicada la situación de los contendientes y como se mueven a lo largo de la isla para lograr sus objetivos militares.

Pero, además, Aldrich, que junto a Robert Sherman es autor de la historia que da pie al guion, nos regala, a través de la descripción psicológica de los personajes, una muestra de la naturaleza humana enfrentada a una situación bélica cuando no hay ganas de combatir y se obedecen las órdenes por hallarse en la maquinaria de un ejército sin ningún entusiasmo. Así, Lawson no quiere luchar en primera línea sino, aprovechando sus conocimientos de japonés, estar en labores de interceptación de comunicaciones a salvo de peligros y llevando una buena vida tal como se ve en el inicio del filme, pero el capitán Nolan (Henry Fonda) le amenazará con degradar su posición en el ejército si no acepta integrarse en esa misión bajo mando británico.

Entre los soldados ingleses, el protagonista es Hearne que, recordando un poco al John Cassavettes de Doce del patíbulo, es un impertinente, criticón y cínico soldado, nada entusiasta ante el esfuerzo bélico. En el momento en que, por no fiarse de los japoneses, se halla ya solo con Lawson, una vez los demás soldados supervivientes se han entregado al enemigo, le propondrá al americano dirigirse al norte de la isla, esperar allí unos días a que la comunicación del aeropuerto ya no tenga importancia y regresar luego a la base británica sin la presión de los japoneses. Lawson, con un sentido del deber más acorde con un oficial, no aceptará y, a punta de pistola, le obligará a seguirle para aproximarse a la base aliada iniciando ambos la carrera bajo el fuego nipón. Hearne podría quedar como un héroe, pero su heroísmo es impostado y cuántas acciones similares no debieron ocurrir en ese y otros conflictos bélicos.

Así pues, Aldrich no es complaciente describiendo cómo son y actúan los soldados aliados pues, además de los personajes principales, vemos como otros soldados rematan a víctimas que ya se han rendido, roban objetos de valor a los cadáveres o desobedecen las instrucciones de los superiores, empezando por el capitán Hornsbyd en el ataque a la estación de radio. En cambio, y acostumbrados a ver películas en que los militares japoneses eran deshumanizados, aquí el mayor Yamaguchi somete a presión psicológica a los soldados aliados a través de la megafonía, pero afirma que va a ejecutar a los prisioneros que se han rendido para incitar a Hearne y Lawson a rendirse pero, en el fondo, y a pesar de que efectúa unos disparos, se trata de una simulación.

Otro activo importante de la película es contar con un buen reparto, destacando un buen Clift Robertson y un sobresaliente Michael Caine en uno de los papeles que más me han gustado de este gran actor londinense, ya nonagenario.

Comando en el mar de China es una gran película bélica que ya engancha desde los títulos de créditos, con la música de Gerald Fried, mientras se superponen unas banderas estadounidense, británica y japonesa que se van deshilachando y convirtiendo en jirones a medida que  pasan los títulos. 

lunes, 19 de agosto de 2024

LANGOSTA

 

Yorgos Lanthimos es un director que parece que está de moda y es bastante apreciado. Había visto Pobres criaturas, que no me había gustado, pero ahora, viendo Langosta (2015), todavía entiendo menos que tenga prestigio, salvo que el buen gusto cinematográfico se halla totalmente perdido.

La idea inicial en la que, en un mundo futuro distópico, no se permite a las personas permanecer solteras y se las obliga a encontrar pareja internándolas en un hotel dándoles un plazo para ello y, en caso de no conseguirlo, transformarlas en animales podía ser un punto de partida original e interesante dando pie a reflexionar sobre la vida en pareja, sin pareja y, en definitiva, sobre la soledad y el temor de los humanos ante la muerte. 

Pero, pasado un rato de película, estando el protagonista en el hotel y habiéndose mostrado ya el mundo al otro lado del hotel en el que habitan de manera clandestina los solteros, uniéndose el protagonista a este colectivo, la película entra en una fase de confusión narrativa, falta de ideas para desarrollar con interés la acción y, en definitiva, un gran aburrimiento deseando que la película acabe ya.

La sensación es que Lanthimos malgasta el talento de los actores, el del equipo que dispone en un filme de notable presupuesto, no sabe qué hacer con la película, pero logra que todo ese desconcierto sea apreciado por una gran parte de la crítica que, a su vez, movilizan un número aceptable de espectadores para sus películas, y más cuando entran en las nominaciones de los Óscar y tienen una estrella como Emma Stone, tal como pasó con Pobres criaturas

viernes, 16 de agosto de 2024

EL MUELLE DE LAS BRUMAS

 

Ese inmenso actor que fue Jean Gabin volvió a dar muestra de su carisma para interpretar antihéroes románticos en El muelle de las brumas (1938), del gran Marcel Carné. Su presentación ya da el tono del filme. Vestido de militar, está en una carretera haciendo autostop y es acogido en la cabina de un camión, con pocas ganas de dialogar con el conductor. En un momento dado, para que el camión no atropelle a un perro, Jean da un volantazo para salvarlo, lo que lleva después a una discusión con el conductor al haber puesto en peligro la integridad física tanto de él como del propio Jean. A punto de llegar a las manos, finalmente hacen las paces, pero se revela el carácter del protagonista siendo un hombre impulsivo, compasivo, hosco, noble e irascible.

Una vez llega a la ciudad de Le Havre, conocemos que Jean es un soldado que ha desertado y un borracho le orienta hacia un bar, de nombre Panamá, en el que le pueden ayudar a ocultarse. Mientras acepta la ayuda del dueño del bar, allí conocerá a Nelly (Michele Morgan), una chica de 17 años que huye de un siniestro padrino llamado Zabel, con el que se adivina más tarde una relación de dominio, y que anda en busca de su novio Maurice, que ha desaparecido. A su vez, Zabel mantiene tratos con un delincuente llamado Lucien, que anda con dos secuaces y que también se la tiene jurada al tal Maurice.

En este ambiente sórdido, con relaciones tóxicas entre los personajes, Carné desarrollará la historia de amor entre Jean y Nelly que, más tarde, conocerá que Maurice fue asesinado por su padrino Zabel pero, para proteger a Jean y que no sea delatado por desertor, callará ante la policía. Una historia que se desarrolla utilizando magistralmente la fotografía, para acentuar la nocturnidad y neblina de los espacios de la ciudad portuaria en que transcurre la acción, dando lugar a un escenario fantasmagórico y opresivo.

Está claro que Jean no puede escapar a la muerte. El cambio del uniforme militar a ropa de civil ya se produce aprovechando las tendencias suicidas de un pintor que aparece en la primera escena que se desarrolla en el Panamá presagiándose, por tanto, el drama final.  A pesar del intenso enamoramiento, narrado con mano maestra por Carné y en escenas con mucha carga erótica teniendo en cuenta que es una película de los años 30, Jean se halla seguro en un barco que le ha de transportar ilegalmente a Venezuela. Un impulso le lleva a abandonar el navío para despedirse de Nelly una última vez. Logrará salvar a Nelly de las garras de Zabel, pero no esquivar las balas mortales que le lanza el cobarde Lucien, que en un cara a cara anterior había sido abofeteado por Jean siendo humillado sin mostrar resistencia. Agonizante, Jean pide a Nelly un último beso apasionado antes de exhalar su último aliento en un apoteósico final.

Gran película de Carné.

jueves, 15 de agosto de 2024

TODOS A CASA

 

Alberto Crespi, en su libro sobre la historia del cine italiano, aborda el capítulo dedicado al 8 de septiembre de 1943 citando Il carro armato dell’8 settembre de Gianni Puccini y Tutti a casa de Luigi Comencini, ambas de 1960, además de dos películas de los años noventa: In nome del Popolo sovrano de Luigi Magni y Mediterraneo de Gabriele Salvatore. Y, al final del capítulo, da un dato muy interesante y es que justo en 1960 se forma un gobierno monocolor de la democracia cristiana con los votos decisivos del MSI, formación neofascista que vuelve a ser importante quince años después del final de la guerra y que es el antecedente de lo que ahora es el partido de la Sra. Meloni. Es interesante seguir esta evolución del neofascismo italiano, desde ese lejano 1960 hasta ahora pasando por las Brigadas Rojas, el terrorismo de la extrema derecha, las interferencias de la mafia, el asesinato de Passolini, los procesos judiciales de Manos Limpias, la aparición de Berlusconi, la desaparición de la izquierda y la llegada de la rubia cuarentona al Palacio Chigi, sede del gobierno italiano. Se han dado muchas vueltas para acabar, en gran medida, en una sociedad no muy diferente del régimen de Mussolini con un fascismo, eso sí, más sutil y siendo algo que también pasa en otras partes de Europa. Y el libro de Crespi ayuda a entender la historia de Italia, en este capítulo en concreto con ese 8 de septiembre de 1943 como fecha trascendental.

La película que más destaca es Todos a casa, un peliculón que va subiendo la intensidad hasta llegar a un final espléndido como también pasaba en La gran guerra. La película es muy fiel en su inicio a lo que pasó el 8 de septiembre de 1943. La inmensa mayoría del ejército no sabía que cinco días antes se había firmado un armisticio entre Italia y los aliados. Un pelotón encabezado por el teniente Innocenzi (Alberto Sordi) está marchando, cantando una canción patriótica, cuando en el cuartel se escucha la alocución radiofónica del mariscal Badoglio informando del armisticio, conminando a no atacar a las fuerzas angloamericanas, pero sí a estar dispuesto a repeler agresiones de otras fuerzas.

La noticia provoca el caos del ejército ante la falta de previsión y se produce un colapso. Innocenzi y su pelotón quedan desbordados por la situación, no teniendo donde ir ni ante qué mando presentarse, pierden a la mayor parte de los soldados que intentan llegar a su casa como sea previa deserción y, finalmente, lo mismo hará el teniente con tres de sus soldados: el zapador Cecacarelli (Serge Reggiani), el sargento Fornaciari (Martin Balsam) y el soldado Codegato (Nino Castelnuovo). Una vez han cambiado sus uniformes por ropa de civil y ante el dominio militar alemán, que ya andaban con la mosca tras la oreja en esos primeros días de septiembre y utilizan las tropas ya desplegadas en la península, el teniente y su pequeña tropa serán testigos de los desastres de la guerra en forma de anarquía, violencia, hambre y miseria mientras atraviesan gran parte de Italia, desde el Adriático, para llegar a Nápoles. Hay una escena especialmente ilustradora y es el asalto a una furgoneta que contiene sacos de harina por parte de una población hambrienta.

Por supuesto, hay momentos de comedia como Sordi diciendo, en los momentos de confusión inicial, que los alemanes se han aliado con los angloamericanos; un alemán que intenta infructuosamente que el pelotón de Sordi lo haga prisionero; el diálogo entre Sordi y el prisionero americano hablando una mezcla de italiano e inglés; los alemanes dudando de si Módena es una ciudad italiana mientras los italianos se hacen los despistados para no delatar a una chica judía que lleva el nombre de esa ciudad como apellido; el párroco ayudando a esconderse a Sordi y otros italianos en la iglesia mientras oficia una misa; o Cecarrelli intentando sobornar a unos italianos fascistas con un paquete de comida cuando sus compañeros han hecho un banquete antes y él, muy inocente, no lo sabe.

Momentos de comicidad que no empañan otros de gran dureza dramática, como cuando Codegato se sacrifica pagando con su vida para que la chica hebrea pueda huir de los nazis o, tal vez el momento culminante del filme, cuando Cecacarelli  ha sido acribillado, pero aún vive y Sordi se plantea que ya no es momento de observar y pasa a la acción, auxiliando a su compañero aunque ya no sea posible salvarle la vida y uniéndose al final a los partisanos en la liberación de Nápoles que se produjo a finales de ese mes de septiembre.

Aunque todos los actores están bien, Alberto Sordi demuestra especialmente su grandeza, esa capacidad para hacer una transición entre comedia y drama con tanta naturalidad. En principio, es un militar obediente, que intenta hacer bien su trabajo, inserto en esa burocracia militar y el devenir de la película le va haciendo tomar conciencia del cambio de rumbo histórico que se está produciendo. Aparece también en el reparto Eduardo de Filipo, como padre del personaje de Sordi y representando a esa Italia que siguió voluntariamente a los alemanes y prosiguió la guerra con Mussolini como cabeza títere de un régimen dominado por los nazis. De Filipo le dice a su hijo que los alemanes ganarán la guerra porque tienen armas secretas y, visto el panorama, el teniente y Cecacarelli abandonan la seguridad de la casa de los Innocenzi, esquivando de paso formar parte del nuevo ejército fascista aliado de los alemanes, para entrar en la última parte de la película en las inmediaciones de Nápoles, acabando la película con la liberación de la ciudad como indica el rótulo final del filme.

 Gran película, que tiene un buen inicio pero que además va creciendo en intensidad a medida que los personajes viajan por Italia hasta que, como dice Crespi, Sordi comprende que ya no es un militar sino un ciudadano que dispara el arma contra los invasores y que pertenece a una Italia diferente de la que representa su propio padre y a la que sirvió como teniente hasta hace unas semanas.  

miércoles, 14 de agosto de 2024

LA VIDA DE BOHEMIA

 

Kaurismaki volvió en La vida de bohemia (1992) al mundo de los perdedores y casi excluidos de la sociedad. Marcel Marx, escritor en busca de apoyo para editar una revista y que apareció veinte años más tarde en Le Havre; Sauchanard, un compositor musical de origen irlandés y Rodolfo, un inmigrante ilegal de origen albanés que se dedica a la pintura, son los artistas bohemios sobre los que se construye el filme. Con un París bellamente fotografiado en blanco y negro, los protagonistas buscan el sentido a la vida y lo que encuentran seguro es el sentido de la amistad, cuestión tanto o más importante.

No falta la historia de amor, siguiendo en este punto más la ópera de Puccini que la novela de Henri Berger, en que la desdichada Mimi, enamorada de Rodolfo, fallece tuberculosa al final de la película. Justamente la solidaridad entre los amigos para proporcionar un lugar en que se presten los mejores cuidados a Mimi ante su enfermedad es mostrada con la eficacia narrativa habitual de Kaurismaki, sin subrayados, vendiendo el músico y escritor sus bienes más preciados, mientras Rodolfo intenta obtener dinero a través de su comprador habitual de cuadros. Otro momento en que se prueba la amistad de los personajes es cuando Rodolfo ha sido expulsado de Francia. Enterados que ha logrado traspasar la frontera, Marcel y Sauchnard no dudan en acudir en auxilio de Rodolfo que reingresa en Francia de manera ilegal escondido en el maletero del coche de una familia búlgara con matrícula de la RDA. En definitiva, gente sin recursos, pero solidaria, buena gente en un mundo cada vez más deshumanizado y con una Mimi que, por amor, rehace su relación con el desarrapado Rodolfo abandonando a un pretendiente con mucha mejor posición económica. Puro romanticismo pero, explicado por Kaurismaki, del bueno.

Si en la novela y ópera se retrataba el siglo XIX y el contraste entre burgueses y los bohemios, aquí más bien esa burguesía se ha transformado en el capitalismo salvaje que, a través de agentes inmobiliarios impacientes, expulsan por impago de la vivienda a Marcel en la primera escena de la película, antes que conozca a los otros dos personajes con los que confraternizará.

La parte humorística de la película se basa aquí fundamentalmente en los cameos de tres personajes ligados al mundo del cine. Por un lado, tenemos a Louis Malle que se ofrece a pagar la cena en un restaurante después de que, en una escena homenaje a Bresson, a Rodolfo le hayan robado la cartera; por otro lado, hay un breve papel como editor de Sam Fuller, soltando un improperio en inglés al final de la segunda escena en que aparece brevemente; y, en un papel un poco más largo, está Jean Pierre Leaud, inexpresivo como siempre y aquí interpretando a un industrial azucarero que se enamora de la obra pictórica de Rodolfo convirtiéndose en su mecenas particular.

Otra buena película de Kaurismaki.

A SANGRE Y FUEGO

  Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese.   ...