Hay que abordar Torrente presidente más como un fenómeno sociológico, que no enjuiciarla por sus méritos o defectos cinematográficos. De entrada, el mérito de haber creado ese fenómeno es de Santiago Segura, el tipo más listo del cine español en cuanto a hacer taquilla, como ha demostrado con la saga Torrente y la de Padre no hay más que uno.
La película tiene el aliciente de la sucesión de cameos y la figura de Torrente, basando su comicidad, como en toda la saga, al ser presentado su personaje como un tipo zafio, chabacano, añorante del franquismo, machista y enemigo de lo que ahora es el mundo woke. A mí las astracanadas de Torrente, en general, me han hecho bastante gracia desde la primera película de la serie, aunque luego no haya visto las seis películas de la saga y, en esta ocasión, el clima de expectación creado por Segura hizo que quisiera ver la película.
Habiendo mantenido en secreto los cameos, el que más sorprende es el de Mariano Rajoy, cuya presencia no tiene demasiada gracia, es incluso insulsa, pero resulta chocante ver a todo un expresidente del Gobierno en este tipo de película. Los demás cameos son previsibles y rescata a muchos personajes de las primeras películas, añadiendo a gente sin oficio ni beneficio, además de tener una dudosa y errática trayectoria, como el pequeño Nicolás o Vito Quiles.
La sátira sobre la situación del país es bastante suave, es un escenario en el que el impresentable de Torrente va perfilando un perfil político, pero no de manera especialmente ácida. La realidad es mucho peor y ni una película de Torrente puede superar el reciente conflicto entre Sarah Santaolalla y Vito Quiles; o que el asesor del presidente aparezca como Tezanos y le pregunté si quiere las encuestas falsas o las buenas, siendo esto es peccata minuta comparado con estar toda una legislatura sin aprobar Presupuestos, un fraude democrático que no creo tenga precedentes en Europa. No obstante, no hay que imputarle tibieza a Segura, tal como él ha manifestado su mayor propósito es divertir y tiene perfecto derecho a no ser más punzante en su filme.
Lo que resulta evidente es que, cuando se estrena la primera película de la saga, no hay ningún partido de extrema derecha en el panorama político español. El facha de los años 80 que había sobrevivido a la Transición se va diluyendo y acaba desapareciendo. Pero ahora ha resurgido un movimiento de extrema derecha, de acuerdo con la realidad europea y que se impulsó con la inestimable ayuda del procés, por lo que era lógico que Torrente se convirtiera en líder en la ficción del partido NOX.
Previsible, entretenida y con menos cargas de profundidad en su sátira en relación con lo que algunos han dicho tras el estreno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.