lunes, 14 de octubre de 2024

MI TÍO JACINTO

 

El actor infantil Pablito Calvo y el director húngaro Ladislao Vajda hicieron tres películas juntos y Mi tío Jacinto (1956) es la segunda de ellas, tras el éxito de taquilla que supuso Marcelino, pan y vino.

En esta segunda película la estética es totalmente neorrealista. En un muy buen inicio, una carta va pasando por varias direcciones hasta llegar a una chabola en la que viven dos personas en un estado de insalubridad lamentable. El escrito va dirigido a un extorero alcohólico llamado Jacinto (Antonio Vico), ofreciéndole trabajar en un espectáculo cómico taurino a cambió de 1.500 pesetas. En principio, desestima por orgullo la oferta, pero luego cambia de opinión. El otro habitante de la chabola es su sobrino Pepote, huérfano de siete años que malvive junto a su tío en estado de extrema pobreza.

Su ocupación habitual es recoger colillas para luego reciclarlas vendiendo las sobras del tabaco, así como cualquier encargo o recado para poder ganar algún dinero con el que malvivir. Tras recibir la carta, Jacinto y Pepote se dedicarán a intentar conseguir las 300 pesetas que suponen disponer de un traje de torero de alquiler. Pero no será fácil y Jacinto, bastante desesperado y a pesar de que es un hombre honrado sin antecedentes penales, llegará a intentar timar a alguien vendiendo relojes Omegas falsos con la desgracia de escoger a un policía de paisano por lo que pasará unas horas en comisaría. Como suministrador de los relojes y hombre espabilado al que quiere imitar Jacinto ya que es un maestro ejecutando el timo, aparecen en dos pequeños papeles dos entrañables monstruos como José Isbert y Miguel Gila.

Al final, Jacinto obtendrá el traje de torero de alquiler gracias al desconsolado llanto de su angelical sobrino que ablandará el corazón del dueño de la tienda. Entonces, se dirigirán hacia la plaza y la lluvia arruinará el espectáculo con el que Jacinto, pese a que tenía una parte cómica con presencia de payasos, quería reivindicarse. No obstante, antes de la lluvia ya había dado muestras de poca destreza en el toreo por pérdida de facultades. Jacinto saldrá triste de la plaza pensando que Pepote ha visto el fracaso, pero éste había salido de la plaza antes de empezar el espectáculo y el tío miente a su sobrino, exagerando su actuación como buena y finalizando así la película.

Fruto de una coproducción hispano-italiana, cosa que da lugar a que haya algún papel secundario asignado a actores del país transalpino como Paolo Stoppa, es una película muy dura y amarga, mostrando una España bastante mísera, con personajes dedicados a la picaresca y los timos. A pesar de que una película con la figura de Calvo pueda dar la impresión de película blanda y sensiblera, la verdad es que el personaje del niño inspira ternura pero su situación, con un final no feliz, es igual de desesperanzadora tanto al inicio como al final de la película.

La película está rodada en exteriores como el mercado del Rastro, la Plaza Mayor o el metro de Madrid, así como calles de barrios populares, dando mucha veracidad a los personajes y a la miseria en la que se mueven.  La ambientación cinematográfica es, pues, excelente y el ritmo de la película muy vivo desde que, en un minuto, vemos esa carta viajar de dirección en dirección hasta llegar a la mísera chabola. A partir de ahí, ninguna escena sobra, es muy entretenida y Antonio Vico realiza una notable interpretación.

Vajda, que trabajó con Pabst en los años 20, merece un lugar destacado en la historia del cine español. Junto a esta excelente película, tiene también dos obras notables que vi hace relativamente poco: la hispano-suiza El cebo y, también con Calvo y Peter Ustinov, otra producción hispano-italiana titulada Un ángel pasó por Brooklyn. 

domingo, 13 de octubre de 2024

EL TREN

 

Veo El tren, película de John Frankenheimer que tenía grabada del programa Classics de Garci. Este programa fue fulminado por TRECE debido a que Garci seleccionaba películas en blanco y negro y los directivos dijeron que eso lastraba decisivamente la audiencia. Curiosamente, con El tren consiguieron uno de los mejores datos de la temporada a pesar de ser en blanco y negro. No me extraña porque es una película muy entretenida y vibrante, con mucho suspense acerca de cómo se resolverá la trama. Proyectada en principio para que la dirigiera Arthur Penn, sin duda ganó en espectacularidad y acción cuando Frankenheimer asumió la dirección.

A principios del mes de agosto de 1944, cuando ya se sabe que en unos días los aliados llegarán a París, el coronel del ejército alemán Von Waldheim (Paul Scofield) organiza el traslado de auténticas obras de arte de maestros de la pintura a Alemania. Dicho traslado se efectuará por tren. Una empleada de uno de los museos expoliados contacta con miembros de la Resistencia que trabajan en los ferrocarriles rogando que hagan lo que sea para impedir el traslado, apelando al orgullo y gloria nacionales de Francia para que eso no pase. A pesar de que en principio esos miembros, que es un pequeño grupo de tres personas entre los que destaca un jefe de maquinistas llamado Labiche (Burt Lancaster), no está especialmente motivado por la petición, acaban aceptándolo y también se reciben órdenes desde Londres conforme esas obras de arte no han de salir de Francia.

 Labiche y sus compañeros, junto con otros miembros de la Resistencia con los que contactan en los pueblos por donde pasa el tren, realizan un plan brillante para ir saboteando el itinerario previsto. En principio, Labiche practica un doble juego sin descubrir que él está boicoteando el viaje, pero luego no podrá sostener esa situación y deberá actuar esquivando a los alemanes. En un momento de grave peligro para su vida, recibirá la ayuda de una viuda llamada Christine (Jeanne Moreau), una mujer reticente al principio a jugarse la vida por ayudarle y que ya pagó un tributo a la guerra con la muerte de su marido.

La carrera hacia la frontera es agobiante para los alemanes por la cercanía de las tropas aliadas y, finalmente, los subordinados de Waldheim se niegan a obedecer órdenes irracionales de su superior, que está obsesionado por las obras de arte, pretendiendo que éstas tengan preferencia incluso sobre el movimiento de tropas. El coronel alemán se queda solo junto al tren descarrilado y con las obras de arte esparcidas por el suelo sin que pueda llevárselas a Alemania, apareciendo entonces Labiche que lo ametralla.

Con un Burt Lancaster mostrándose en buena forma física para interpretar a un personaje que se mueve con celeridad y destreza por las vías férreas, siendo diestro también en el uso de armas, la película tiene muy buen ritmo narrativo. Destacan también la calidad de los medios empleados, con ayuda de los servicios ferroviarios franceses, para dar mucha veracidad a esas máquinas que chocan y descarrilan. También resulta muy bien filmado, por la cercanía con la que se vive para el espectador, un bombardeo aliado en el que Labiche y sus compañeros han pintado de blanco algunos techos de vagones del tren para señalar que justo ahí están las obras y los aviones no han de atacarlos.

Aunque salga poco, siempre tiene presencia en una película Jeanne Moreau, aquí una viuda que intenta permanecer ajena al conflicto pero que no podrá evitar sentir una atracción, insinuada sutilmente, por el personaje de Lancaster y ayudarlo a huir de los alemanes.

Pero, aparte de ser muy entretenida pese a superar las dos horas de duración, la película tiene otros elementos de interés en su guion y un buen final en el encuentro entre Labiche y el coronel alemán. Por un lado, en ese final Frankenheimer filma, después del último descarrilamiento, los cuerpos de ciudadanos franceses, que habían sido usados como rehenes, yacentes en el suelo tras haber sido ametrallados por los alemanes, junto a las cajas  de embalaje que contienen los cuadros.  ¿Vale la pena el sacrificio de vidas humanas solo para impedir, por orgullo nacional, que unas obras de arte no lleguen a Alemania?

Y, por último, está el diálogo entre Waldheim y Labiche. El coronel alemán, que es un hombre que aprecia el arte e incluso ha antepuesto el viaje de su tren a los objetivos militares, reprocha a Labiche ser solo alguien con fuerza bruta, incapaz de comprender el verdadero valor de esas cajas que ha impedido llevar a Alemania. Ante estos reproches, la respuesta es precisamente utilizar esa fuerza bruta y liquidar sin miramientos al militar germano, que está hundido por haber fracasado en su empeño y no da la impresión de querer usar su pistola. Se trata de una ejecución a sangre fría que muestra a un personaje como Labiche siendo, eficiente en el plano militar, pero actuando sin ninguna compasión.

Muy buena película.

sábado, 12 de octubre de 2024

JOHAN NEESKENS

 

Las noticias deportivas de la semana han sido la retirada de Nadal e Iniesta como tenista y futbolista en activo, así como la muerte de Johan Neeskens. Me quedo, por ser más importante para mí, con la noticia del deceso del rubio holandés, uno de los primeros jugadores que recuerdo haber visto jugar en el Camp Nou hacia 1976. Y es que estoy casi en el límite de gente que haya visto jugar a Neeskens, como muy tarde ha de ser gente nacida en 1970 0 1971, pues Johan II jugó en el Barça de 1974 a 1979.

Mucho se ha hablado de su traumática despedida y su reemplazo por Allan Simonsen. Pero cabría recordar que su salida fue estéril para que, en la temporada siguiente, el Barça contara con los dos extranjeros permitidos entonces en plena forma y jugando bien. El delantero Hansi Krankl, pichichi en la temporada 78-79, se peleó con Rifé, o Rifé con él porque señaló que, si no se iba Krankl, él dimitía como entrenador. La cuestión es que se fueron los dos, el exlateral fue despedido y el austríaco creo que cedido al Rapid de Viena, siendo sustituido por el delantero brasileño Roberto Dinamita que pasó sin pena ni gloria. La endémica mala planificación deportiva hizo que al final, en aquella temporada 79-80, acabáramos no solo sin Neeskens, despedido traumáticamente meses atrás, sino también sin la otra plaza de extranjero bien cubierta  y con un entrenador de emergencia como Helenio Herrera que consiguió clasificar al equipo para Europa.

Todo pundonor y coraje, Neeskens fue un todoterreno de espectacular despliegue físico no exento de buena técnica individual. Es difícil decir qué jugadores hemos tenido después que se le parezcan aunque, por intensidad, podríamos nombrar a Puyol, Gavi y, a pesar de estar poco tiempo, Davids.

En cualquier caso, un jugador mítico e irrepetible del que, sin embargo, no recuerdo goles decisivos con el Barça. No tuvo la gloria que otros han tenido como, por ejemplom Zuviria anotando el 3-0 el día del Anderlecht. Pero sí marcó en un partido de gran importancia histórica anotando, a la salida de un córner, el 2-1 contra el Málaga en el célebre partido arbitrado por Melero que expulsó a Cruyff únicamente por decir “Manolo marca ya”.

DEP

viernes, 11 de octubre de 2024

UNA MUJER FUERA DE LA LEY

 

Veo otra película del cine negro de Ozu. Se trata de Una mujer fuera de la ley, rodada en 1933 y, aunque ya el cine sonoro se había desarrollado totalmente en USA y Europa, es una película muda.

Se trata de una historia en la que hay una primera pareja protagonista compuesta por Tokiko, una joven que trabaja de mecanógrafa y su novio, un gánster exboxeador llamado Joji, miembro de una banda. Entran en acción dos personajes más, un chico llamado Hiroshi que quiere unirse a la banda de delincuentes y su hermana, Kazuko, que intenta evitar que su hermano vaya por el mal camino y hablará con Joji para ayudar a su hermano.

Joji se enamorará de Kazuko, Tokiko buscará a la chica y la amenazará con un arma de fuego para que deje a su novio y, paralelamente, Hiroshi comete un robo en la tienda de música en la que trabaja su hermana. Joji se replanteará la situación, ve que no puede llevar una vida normal pese a la atracción que siente por Kazuko, volverá con Tokiko y planearán un robo para que Hiroshi pueda devolver el dinero.

Como consecuencia del robo, la policía persigue a Tokiko y Joji, la chica puede huir, pero afronta el acoso policial con su novio, que cae herido y la policía los detienen mientras están abrazados.

Es una película que es parecida a La mujer de esa noche. Poco que ver en su estilo con el Ozu que todo el mundo alaba y que, frecuentemente, coloca sus Cuentos de Tokio como una de las mejore películas de la historia del cine; pero se ve con mucho agrado porque Ozu dominaba bien cómo contar una historia y la narración es fluida.

La película tiene más atmosfera de filme noir que La mujer de esa noche. Hay escenarios más típicos de los bajos fondos, como un club de boxeo (en el que hay en una pared un póster de The Champ de King Vidor, rodada dos años antes) y un billarM hay más acción propia de ese género con atracos y peleas, e incluso Tokiko, aunque luego se redima, actúa durante bastante parte del metraje como una auténtica femme fatale.

Y tiene un estilo alejado del que reconocemos en Ozu. Por ejemplo, un largo travelling de diversas máquinas de escribir dura hasta llegar al puesto que ocupa en la oficina Tokiko, presentando así el personaje; o la cámara se acerca para mostrar sus zapatos de tacones, de aspecto occidental. Estos detalles en los que se entretiene en mostrarnos Ozu son importantes para otro aspecto de la película, contraponer una mujer occidentalizada como Tokiko frente a la más tradicional Kazuko.

Un Ozu diferente, pero bastante interesante. 

miércoles, 9 de octubre de 2024

BOB, EL JUGADOR

 

Bob el jugador (1956) es la cuarta película de Jean Pierre Melville y la primera del género negro, que fue en el que más tarde destacó con sus obras más célebres.

La película empieza en unas calles cercanas a la Place Pigalle de París y ya nos da una idea que los protagonistas serán gente del lumpen. En un ambiente de atracadores, proxenetas y prostitutas, un hombre entrado en años, Robert Montagne, pasa las horas dedicándose de manera recurrente a jugar siendo un ludópata y contando con el respeto de los que se mueven en ese mundo. Bob participó en algún atraco importante veinte años atrás pero, a pesar de su actividad delictiva de la cual se ha retirado, tiene su propio código de honor, salvó la vida de un policía que ahora es amigo suyo y accede a prestar dinero a un delincuente pensando que tiene un apuro por haber participado en algún delito, pero se lo niega después tras saber que es un proxeneta. Además, es generoso y financió a una conocida para que montara un bar en el que pasa parte de la acción, intenta ayudar a una buscona adolescente que intenta sobrevivir en aquellas poco recomendables calles y actúa de protector del joven hijo de un compañero de atracos ya fallecido.

Bob es tentado por un conocido suyo para dar un último y espectacular golpe atracando el casino de Deauville. La cosa saldrá mal, principalmente por una filtración de su protegido, que comete la indiscreción de revelar el plan a la chica de vida alegre a la que Bob ha tratado de ayudar. La chica le dará la información al proxeneta al cual Bob le ha negado la ayuda al principio del filme, y éste dará el soplo al policía que fue salvado por Bob y por el que siente un sincero aprecio. Todo un cúmulo de situaciones que acaban cerrando un círculo en forma de destino fatal del cual Bob no puede escapar: el atraco será un fracaso y él acabará esposado por su amigo policía. Además, no podrá evitar la muerte del joven que para él es como una especie de ahijado.

Melville, preludiando la ya muy cercana nouvelle vague, filma en exteriores el barrio de Montmartre y la película tiene una gran ambientación con un precioso blanco y negro fotografiando los locales con neones de la plaza Pigalle y calles adyacentes. Y esa fotografía también le sirve para dar un carácter especial a esos bares y cabarés por donde se mueven los personajes y en los que Melville consigue una atmosfera totalmente noir.

Un actor bastante desconocido, Roger Duchesne, se encargó de interpretar a Bob, siendo la penúltima película que protagonizó y la que más reconocimiento le proporcionó. Está bien el tratamiento que le da al personaje, un delincuente con un fondo también de dignidad con su personal código de valores, ayudando a otros personajes y dominado por la pasión por el juego que, tras una mala racha y el intento del atraco, le lleva a un final con un mal destino al que se aproxima de manera inevitable.

Un buen inicio de Melville en el cine negro, que luego depuraría en El silencio de un hombre o Círculo rojo

lunes, 7 de octubre de 2024

LA MUJER DE ESA NOCHE

 

De manera insospechada, adquiero en un HMV de la ciudad de Stirling un DVD de oferta en el que, en una edición del BFI, se ofrecen tres películas de Yasujiro Ozu de finales de los años 20 y primeros del 30 con el título genérico de El cine de gangsters en Ozu.  Veo una de ellas, La mujer de esa noche (titulada en japonés Sono yo no tsuma y realizada en 1930) y no es una película de cine negro, salvo su inicio, sino más bien una película de drama social con fuerte componente de descripción psicológica de los personajes. Cuando Ozu rodó La mujer de esa noche ya había realizado 14 películas, de las cuales, desgraciadamente, 11 se han perdido total o parcialmente.

En las primeras escenas, tenemos un inicio que sí podríamos decir clásico de cine negro americano mostrándose un atraco en el que un hombre, armado con pistola y tras reducir a unos empleados, huye con un botín mientras es seguido por la policía. Pero, al aparecer un subtítulo de “en otra parte de la ciudad”, ya se nos introduce en un modesto apartamento en el que tendrá lugar unas tres cuartas partes de la trama en una película bastante corta, que supera en poco la hora de duración. En ese apartamento, nos enteramos de que hay una mujer desesperada pues su hija, de unos 5 o 6 años, está gravemente enferma, con riesgo de muerte según informa el médico. Se necesita una suma de dinero importante para afrontar los gastos de asistencia sanitara y salvarla, estando ahí el origen del atraco que hemos visto al inicio a cargo del padre de la pequeña. El joven padre regresa a casa, pero es perseguido por un policía, un hombre de unos cincuenta años, que hace su trabajo de manera profesional. De manera hábil, la mujer conseguirá reducir al policía que queda secuestrado por la familia, ve el drama que se cierne sobre ellos y afrontará el dilema moral de qué hacer. En un momento en que ha recuperado las armas de fuego que están en el piso, el policía fingirá estar dormido para facilitar la huida del atracador pero, una vez en la calle, éste comprenderá que debe afrontar sus responsabilidades penales y, diríamos que a su pesar, el policía se lleva esposado al hombre hasta la comisaría mientras, afortunadamente, la niña ha salvado las horas más críticas, eludiendo la muerte e iniciando su recuperación.

Si la fama del estilo de Ozu viene del uso de la cámara en posiciones bajas, con pocos movimientos, largos planos fijos y las tramas versan sobre la cotidianeidad de la vida familiar, en La mujer de esa noche no se dan esas características. Es un Ozu menos japonés y más americano, sobre todo en el inicio del filme que recuerda, por ejemplo, a un filme como Los muelles de Nueva York de Von Stenberg, utilizando la cámara en travellings o aproximándola a objetos como armas de fuego para llamar la atención sobre los elementos que intervendrán en el suspense de las escenas con más tensión. Está claro que Ozu, por muy japonés que fuera, no desconocía el cine americano y, en el apartamento, hay pegado en la pared un póster de una película de Walter Houston, y también de musicales de Broadway.

Sin ser el estilo de películas que había visto en Ozu, me parece que esta película funciona muy bien. Filma a los personajes de manera natural y con una eficacia parecida a los grandes directores americanos de la época, de una manera que nos convence sobre la angustia de la situación por el estado de salud de la niña, siendo remarcable la actuación de la madre, Mitchuko Ichimura, la mejor intérprete del reparto. Ozu, atento a los detalles, nos da en su dirección las pistas para captar la psicología de los personajes, destacando el dilema moral del policía, que se debate entre el deber y la compasión, captándose resignación por la forma en que pone finalmente las esposas al padre de la pequeña.

Buena película. 

domingo, 6 de octubre de 2024

EL HALCON Y LA PRESA

 

El halcón y la presa (1966) es uno de los spaghetti westerns generalmente más apreciados, excluyendo a la trilogía de Leone, y estoy bastante de acuerdo en que es un filme digno y de los mejores del género.

Jonathan Corbett (Lee Van Cleef) es una especie de bounty killer que va limpiando de criminales el estado de Texas, pero con más prestigio ya que no solo le mueve la motivación económica sino un sentido estricto de la justicia y tiene a su favor el poder político, representado por un rico terrateniente llamado Brockson, que pretende construir un ferrocarril desde el Este de los Estados Unidos a México para enriquecerse aún más e incluso incita a Corbett para hacer carrera política en Washington. Estando en la hacienda del terrateniente, llega la noticia que un mexicano llamado Cuchillo Sánchez (Tomás Milian) ha violado y asesinado a una niña de doce años.  Corbett parte en su busca, pero no será fácil atrapar al escurridizo y astuto Sánchez, en un largo viaje que acabará en México y en el transcurso del cual Corbett comprenderá que el crimen no lo cometió Sánchez sino una persona ligada a Brockson. Si en este tipo de películas siempre hay un duelo final, aquí habrá dos: uno entre Cuchillo Sánchez y el verdadero asesino de la niña; y otro entre Corbett y un, extrañamente perdido por aquellos parajes, aristócrata alemán, experto en armas, que actúa como sicario del terrateniente. Después de los duelos, los antaño rivales Cuchillo y Corbett cooperarán para abatir a Brockson y luego separarán sus caminos.

La película es muy ágil narrativamente, siempre están pasando cosas en ese acoso, que adquiere carácter de obsesivo, de Corbett a Cuchillo y no sobra ninguna escena, se trata de un filme muy entretenido. Dentro de sus dotes interpretativas, Van Cleef hace lo que puede en un personaje que, al tener más matices y experimentar una evolución en sus posiciones, era más complicado de sacar adelante que el Sentencia de El Bueno, el feo y el malo. En cualquier caso, realiza una interpretación digna y Milian aporta frescura a su personaje de mexicano desarrapado, burlón, espabilado y con límites morales en su habitual actividad delictiva. En la línea del Tuco de Elli Wallach, aporta unas dosis de sentido del humor con su personaje que benefician la película. 

Si, en algunos momentos, la realización de Sollima podría haber sido más brillante, se le puede perdonar ya que estaba en sus inicios de realizador. Se nota, sobre todo al filmar los duelos, la deuda adquirida con Leone y la película también tiene en común con la trilogía del director romano que el compositor de la banda sonora es Ennio Morricone. Sin llegar a la excelencia alcanzada en las películas de Leone, compone una buena banda sonora en la que incluso se atreve a hacer una variación del Para Elisa de Beethoven.

Un apreciable (de los pocos dada la ingente producción) spaguetti western.

 

miércoles, 2 de octubre de 2024

LOS CAMARADAS

 





Veo otra película de Monnicelli, Los camaradas (1963), que no conocía y la situaría entre las grandes obras del director romano, y del cine italiano en su totalidad. Se trata de una tragicomedia que tiene como protagonista a Marcello Mastroianni y destacados secundarios como Renato Salvatore, Annie Girardot y la mítica Raffaella Carrá, casi irreconocible por lo joven que era y llevar el pelo oscuro.

Situada a finales del siglo XIX en Turín, la película muestra la lucha de unos obreros de una fábrica textil que trabajan 14 horas al día, sin ninguna medida de seguridad laboral y empiezan a plantearse que tienen que reivindicar mejoras ante los patrones. Una primera tentativa de forzar las cosas para hacer una hora menos al final de la jornada fracasa por falta de voluntad y mala coordinación. Posteriormente, quieren reducir la hora entrando más tarde pero, discutiendo esto en asamblea, toma la palabra un hombre que ha llegado hace poco a la ciudad, el exprofesor de instituto Sinigaglia, que les convence para hacer una huelga como Dios manda, un paro total, indefinido y subiendo la apuesta en sus reivindicaciones. Los obreros organizan una caja de resistencia y, desde ese momento, hay un pulso entre ellos y los patronos por ver quien puede aguantar más, con informaciones interesadas y falsas que hacen correr los últimos, también al límite al tener la producción parada. Finalmente, y tras subir mucho la tensión entre obreros y patronal, Sinigaglia organizará una marcha hacia la fábrica con la intención de ocuparla, desencadenándose una tragedia en la que el mismo ejército disparará, tras recibir una lluvia de objetos, contra los obreros muriendo Homero, uno de los más jóvenes y siendo detenido el profesor por la fuerzas de orden público.

Es destacable esa facilidad que hay en algunas películas italianas de estos maestros en como pasar, con la mayor naturalidad, de la comedia al drama y, en este sentido, en esta película me parece admirable ese tránsito igual que pasaba en La gran guerra del mismo Monicelli o en Todos a casa de Comencini. Las situaciones de comedia son bastante comedidas, aunque siempre bien introducidas en la acción, y la película no ahorra momentos de tragedia descarnada, como un obrero que pierde un brazo al inicio de la película al quedársele atrapado en la máquina textil o los disturbios finales con un adolescente muerto por una bala disparada por el ejército. Pero el tono que Monicelli da no es panfletario, su exposición está hecha con tanta naturalidad que nos metemos en la historia y nos conmueve esa lucha obrera que, por otra parte, refleja una injusticia social y desigualdad que sigue presente, de maneras más amables, hoy en día por lo que nunca pierde actualidad un filme así.

La película es muy rica en detalles, con muchos matices y, por ejemplo, además de la lucha obreros-patronal también refleja la diferencia entre el norte y sur del país. Hay unos personajes provenientes de Sicilia que viven en unas casas aún más miserables que las de los obreros piamonteses y uno de ellos, todavía más necesitado que ellos y no queriendo hacer huelga, recibe un salvoconducto del comité de huelga para que acuda a trabajar y se convierta en esquirol, cosa que no le sirve de nada ante la impiedad de los patronos. Hay una relación entre dos jóvenes, un chico piamontés y una chica siciliana diciéndole el primero que, en su casa, dicen que los sicilianos han venido a Turín a causar problemas. La chica le contesta que, en su casa, le dicen lo contrario y que fueron los piamonteses quienes fueron a crear problemas a Sicilia. Al margen de la lucha obrera, la vertebración del país, hecha veinte o treinta años atrás, era problemática y lo seguiría siendo mucho tiempo después, probablemente hasta nuestros días.

La escenografía es muy buena con una recreación excelente de la fábrica textil, con esas máquinas hiladoras funcionando a todo trapo y que comportan un peligro ante la falta de medidas de seguridad. La fotografía en blanco y negro acentúa los tonos grises reflejando esa neblina turinesa, a tono con la historia para unos trabajadores con un futuro muy oscuro.

Mastroianni tiene en el profesor Sinigaglia una de sus mayores interpretaciones y, teniendo en cuenta su filmografía, decir eso es poner el listón muy alto. Pero su enigmático personaje, un hombre con perfil intelectual que aparece en un tren no se sabe muy bien de dónde, adquiriendo un carácter casi mesiánico, con un discurso lleno de dignidad, justicia y convencimiento; y a la vez una precariedad en su figura que se muestra sobre todo en ser igual de famélico que Carpanta, resulta entrañable y emotivo. Mastroianni transmite esa extraordinaria sensibilidad del personaje para hacer una de sus mejores interpretaciones.

También hay que destacar las interpretaciones de Renato Salvatore, como el obrero nihilista y pesimista, reticente ante las movilizaciones y acoger como compañero de piso a Sinigaglia por orden del comité de huelga, que acaba comprometido con la lucha recogiendo el testigo del profesor y cogiendo un tren en la última escena del filme; así como la de Annie Girardot, hija de una familia obrera que se ha convertido en prostituta de clientes ricos para huir de la miseria, pero conserva una simpatía por sus raíces y aloja en su casa una noche a Sinigiglia cuando éste está en busca y captura en las horas anteriores a la resolución final de la película.

Obra maestra. 


A SANGRE Y FUEGO

  Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese.   ...