Acabo de leer los escritos de Chirbes que fueron publicados con el título A ratos perdidos. Leo los dos últimos, 5 y 6, que empiezan en 2008 y finalizan en junio de 2015, un mes y medio antes de la muerte del escritor valenciano.
En esta última parte, destaca todavía más su voracidad literaria, combinando esa actividad con viajes promocionales de su literatura, especialmente en Alemania, u otros encargos que recibía. Vivió hasta el final en una casa apartada de un núcleo urbano de la provincia de Alicante.
Este volumen recoge el período en el que logra dos grandes éxitos literarios, Crematorio y En la orilla, y un amplio reconocimiento plasmado en algunos premios literarios. Sin embargo, siempre fue un escritor dubitativo ante el valor de su obra, que desconfía de los elogios, se siente inseguro e intenta pasar más bien desapercibido.
También va explicando sus problemas de salud, cada vez con los años más recurrentes, en forma de vértigos e hipotensiones. Finalmente, en 2015 se acelera su degradación física y muere en verano. Ante su estado físico, da la impresión de que acepta su muerte con entereza y deseando no sufrir más.
La literatura y su salud ocupan gran parte de los escritos. Pero también hay reflexiones críticas sobre el panorama político. Desconfía de la socialdemocracia que encarna Zapatero, al que no tiene en buena consideración respecto a su figura política. Ahora se habría enterado de que, además, era un corrupto. Critica la política de Obama, armando hasta los dientes a Ucrania e iniciando una deriva de meterse hasta la puerta de entrada de la nación rusa, cosa que provoca años más tarde la invasión que origina un conflicto ya más duradero en el tiempo que la I Guerra Mundial. Y comprueba los efectos que el PP valenciano ocasiona en su tierra, un saqueo de dinero público, un conjunto de políticas equivocadas, la aceleración de una mentalidad especulativa como nunca se había conocido; en definitiva, una crisis política, social, moral y económica que tan bien reflejó en las últimas noveles que se publicaron estando él todavía vivo.
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