Si el jueves me indignaba con el aplauso de Illa al sentido de la humanidad que tuvo el tribunal de la Audiencia Nacional para exonerar de reponsabilidad penal a Pujol, leo en EL CONFIDENCIAL nuevos motivos para ahondar en mi indignación. En Catalunya todavía no se ha soltado un euro de las ayudas que debían llegar a los enfermos de ELA tras la aprobación, después de una tramitación tortuosa, de una ley en el Congreso que reconoció las ayudas a este colectivo de pacientes que ha de lidiar con situaciones auténticamente dramáticas. Hay dos comunidades en las que sí ya se han producido abonos a los afectados: Comunidad Valenciana y Castilla y León.
No es que Catalunya sea de las peores comunidades autónomas en esta materia, pues se han reconocido ayudas y aún no se han pagado. En comunidades como Andalucía ni tan solo se han reconocido hasta ahora. Pero mi indignación se debe, por un lado, a que Illa se vendió a sí mismo como un gran gestor, pero parece que los hay mejores en otras comunidades. Y, en segundo lugar, porque, ya que se complace en elogiar a la AN por su sentido de la humanidad, sería adecuado que él hiciera lo propio por gente que está en mucha peor situacón que Pujol, se pusiera las pilas y se destacara como el buen gestor que no es.
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