Tras muchos años, vuelvo a ver Videodrome (1983). No me defrauda esta alucinación de David Cronenberg que, a modo de pesadilla, no solo no ha perdido vigencia, sino que se muestra ahora, con más avances tecnológicos a nuestro alrededor, mucho más perturbadora.
Un magnífico James Woods interpreta a Max Renn, el director de una emisora de televisión que emite porno suave y violencia gratuita, pero que quiere dar una vuelta de tuerca más a lo que ofrece a la audiencia y caerá en una trampa pues le harán llegar, supuestamente desde Malasia, imágenes de un canal, Videodrome, en el que se proyectan torturas y asesinatos reales. Le enseñará el canal a Niki, una chica con la que íntima y que se excita viéndolo, pasando a proponerle tener sexo sadomasoquista. A partir de ahí, a pesar de la corta duración del filme, la trama es muy enrevesada, pero estimulante para el espectador. Max, tratando de descubrir la fuente de la señal, sufrirá extrañas alucinaciones, mientras se ve envuelto en una intriga de la que resulta que Videodrome, a través de la emisión de la señal, es una herramienta diseñada para controlar a la población. Será programado para difundir Videodrome pero, a raíz de conocer a Bianca, la hija del creador de Videodrome, la cual le muestra como ha sido estrangulada Niki, será contraprogramado para luchar contra Videodrome y asesinar a quienes le tendieron la trampa.
Cronenberg es un maestro creando un clima malsano y aquí lo consigue plenamente, con esa pantalla de televisión que se ondula e incita a que Max la bese, esa inquietante hendidura que le sale en el estómago y que sirve para que le metan cintas betamax y controlen su voluntad, o como con un látigo fustiga un televisor en el que está la imagen de Niki sintiendo los latigazos. Si un tema le preocupa a Cronenberg en muchas películas es el de mostrar la corrupción de la carne y, en este sentido, Videodrome es una de sus muestras más explícitas, con unos efectos especiales primitivos para la época, pero que fueron impactantes en su momento.
Además, la película es visionaria en hablarnos de utilizar la tecnología para controlar la voluntad y acciones de la población. Si en 1983 es el primitivo video el que da pie a la pesadilla concebida por Cronenberg, ahora hay medios tecnológicos más avanzados, como el móvil, que es un instrumento para monitorizar y controlar a la población. Si la cantidad de bazofia que se puede consumir viendo la televisión es muy grande, eso se ha multiplicado con las aplicaciones a las que la gente está enganchada.
Notable filme de Cronenberg, noventa minutos muy bien aprovechados para ofrecer un cruce entre ciencia-ficción y terror, con un contenido turbador entonces y ahora todavía más.
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