sábado, 2 de mayo de 2026

TRABAJOS DE MIERDA

 

Leo Trabajos de mierda, de David GraberSiempre es interesante ver qué dijo el antropólogo norteamericano en un texto que tiene ya ocho años, pues se editó en 2018, aunque la génesis del libro se ha de situar en un artículo que el propio Graber publicó en 2013, creando polémica y debate. 

Graber detecta que hay muchos trabajos de mierda que serían aquellos en que los propios trabajadores que los realizan reconocen su inutilidad, al punto que algunos simplemente se dedican a navegar por internet durante la jornada laboral o, en un caso extremo sucedido en Cádiz, un tipo se convirtió en un especialista en el estudio de Spinoza. A partir de una encuesta muy amplia, Graber manejó mucha información como para poder argumentar que esto no es un hecho esporádico y que, en muchas ocasiones, hay una violencia psicológica contra el trabajador.  

Acostumbrado a servir en el sector público, tampoco me sorprende que haya gente que simule trabajar ante el pasotismo de sus superiores, o que se dé la paradoja de que contratando a más personal se haga menos actividad. Más cuesta pensar que, en el sector privado que en una economía capitalista busca maximizar los beneficios, se pueda pagar a alguien por un trabajo inútil. Curiosamente, en no pocos casos, hay un proceso de feudalización, sobre todo en grandes empresas que a veces crean ineficiencias como en el sector público, y existe en los directivos una necesidad de tener mucha gente por debajo, aunque hagan trabajos inútiles, para tener un estatus superior y competitivo respecto a gente de su mismo o parecido nivel de direcciónPor tanto, Graber cuestiona que haya una verdadera lógica capitalista en muchos sectores y, entre ellos, menciona directamente el financiero, uno en los que más han proliferado los trabajos inútiles.  

Los trabajos de mierda pueden estar incluso bien remunerados dentro de esta ilógica que preside ciertos sectores; y no tiene nada que ver con la mierdificación de muchos trabajos, útiles socialmente y que, sin embargo, están mal remunerados y con malas condiciones en su desarrollo. En el fondo, casi siempre sucede quea mayor utilidad social, menos consideración tiene un trabajo. Pero es más importante un empleado de limpieza que estuviera trabajando durante la pandemia para esterilizar un quirófano, que no un directivo que estuvo en casa ocioso sin hacer nada útil por su empresa.  

Todo esto tiene consecuencias sociales y políticas. Graber sostiene que hay una intencionalidad en tener ocupada de manera artificial a mucha gente que, en otras condiciones, se podría dedicar a tener más ocio y, lo más peligroso para el sistema, a pensar. Fruto de ello, en contra de lo que se podría pensar y que pueda haber casos de gente caradura encantada de cobrar y trabajar poco o nada, Graber insiste en la violencia psicológica que supone dedicarte a algo que sabes no es útil para la comunidad.  

Entiendo que el libro tiene que partir de un punto un poco exagerado. Podemos ver a nuestro alrededor muchos trabajos que son útiles, desde el reparador de persianas, personal de limpieza o la gente que está cuidando a ancianos.  Y, seguramente, este tipo de empleo es mayoritario respecto a los trabajos de mierda. Pero, además de ese antipático sector financiero, también hay sectores como la sanidad o enseñanza en que se ha multiplicado una burocracia absurda e inútil, con lo que las observaciones de Graber son ciertas porque, además, esa burocratización es relativamente reciente y ha de tener una intencionalidad política, mantener más controlada a una parte de la población. Puede que Graber exagere un poco, pero él es un provocador, lo que dice tiene fundamento y obliga a reflexionar. Tras hacer reflexiones históricas sobre el concepto de valor del trabajo, así como la influencia que ha tenido en este concepto la ética protestante,  Graber acaba proponiendo una renta universal básica y un reparto de las tareas útiles, que desembocaría en un mayor tiempo de ocio y redundaría en una mayor calidad de vida. 

Por tanto, un anarquista como Graber, cuestionando la existencia de un número importante de trabajos de mierda, está poniendo en entredicho todo el entramado socioeconómico de los estados en los que vivimos. Se necesitaría una fuerte sacudida para que todo el mundo, porque recursos a nivel planetario los hay, viviera mejor y de forma más digna.  

Graber habla sobre la automatización, un concepto que de hecho tiene ya siglos de existencia y no ha evitado la aparición de esos trabajos de mierda. Pero no alude directamente a la IA, aún relativamente lejana hace ocho años y que es como una automatización, pero más a lo bestia. Hay un temor a que la IA haga desaparecer trabajos. Yo creo que no será para tanto y que el mundo está montado para que haya una gran masa de gente, con no muchos recursos económicos, pero que alimenten el consumo y posibiliten la permanencia del sistema económico que tenemos en la actualidad. Tal vez incluso habrá más trabajos de mierda, gente que pueda ahorrar para comprar el nuevo modelo Iphone de cada año. 

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