Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) es la segunda película de John Carpenter, planteada a medio camino entre un thriller, un western urbano y una película de zombis. Es una serie B, por no decir C, con muy poco dinero, aunque parece que Carpenter tuvo absoluta libertad para dirigir el proyecto.
Un policía, Ethan Bishop, recibe el encargo de custodiar por una noche una comisaría que se está desmantelando. Lo que parece ser una misión tranquila se convertirá en una pesadilla. Por un lado, un autobús que traslada tres convictos se detiene en esa comisaria ante los problemas de salud que tiene uno de ellos. Por otra parte, un grupo de pandilleros asesina a una niña de corta edad y el padre, tras acabar con uno de ellos, se refugia en estado de shock en la comisaría. Los pandilleros cercan esa comisaría que, con pocos medios y con el suministro eléctrico cortado, queda aislada sin posibilidad de solicitar y recibir ayuda.
En muchos momentos, la película recuerda a La noche de los muertos vivientes de Romero. Los pandilleros atacan sin orden ni concierto, exponiéndose a ser blanco fácil de los defensores. El problema para estos últimos es que se empiezan a quedar sin municiones y que, para poder mantener alejados a los agresores, se inicia una colaboración entre el policía protagonista con dos de los convictos, quedando uno de estos eliminado al intentar salir del edificio para solicitar ayuda. Pero el otro preso, Napoleon Wilson, combate fielmente hasta el final del asedio. Gracias al uso de un material explosivo y una idea ingeniosa de Bishop, más la imprescindible ayuda de Wilson, se desbarata un último y contundente ataque de los pandilleros frustrándose definitivamente el asalto.
Se ha señalado que, como homenaje a Hawks, el filme tiene algunas semejanzas con Río Bravo. Efectivamente, hay un asedio como en la película de Hawks, pero el modesto homenaje que Carpenter pudo hacer es intentar crear personajes. A años luz de la película de Hawks, lo cierto es que Carpenter, en medio de la tensión propia de una película con mucha acción, construye una relación de amistad entre Wilson y Bishop, así como una atracción sentimental entre Wilson y una de las administrativas de la comisaría que sobrevive al ataque.
La atmosfera opresiva que da Carpenter al filme, utilizando su típica banda sonora a base de sintetizadores compuesta por él mismo, da personalidad al filme, junto a ideas radicales en aquel momento como la niña asesinada de un disparo a bocajarro, o un extraño juramento de sangre que llevan a cabo los líderes pandilleros al inicio del filme.
Un buen filme de serie B, de un director que resultó frecuentemente interesante al realizar sus películas.
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