domingo, 30 de marzo de 2025

ENSAYO DE UN CRIMEN

 

No se puede dudar que Ensayo de un crimen es una de las películas más personales de Buñuel, dando rienda suelta a algunas de sus obsesiones adaptando la novela La vida criminal de Archibaldo De la Cruz de Rodolfo Usigli.

El inicio es espléndido con ese niño malcriado, de familia de clase muy adinerada, que ve morir a su niñera por una bala perdida durante la Revolución mexicana mientras le explicaba un cuento y sonaba la melodía de una caja de música, quedando su cuerpo mostrando las piernas, con sus medias, al descubierto, resbalando la sangre y provocando la asociación en el niño de erotismo y muerte. Después del inicio, un intento de Archibaldo de asesinar a una enfermera provocando que esta huya y se precipite por el hueco de un ascensor da pie a que, en un flashback ante un juez, el protagonista le explique todos sus intentos, no consumados, de matar a una mujer.

A partir de aquí, la película pierde un poco de fuerza, aunque es una película divertida, llena de ironía y con elementos surrealistas. Estando el protagonista en una tienda de antigüedades, escuchar la melodía de la caja de música, extraviada tras el saqueo de la casa en el período revolucionario, será la espoleta para activar el recuerdo infantil y que surja la pulsión criminal de asesinar a una mujer para sentirse satisfecho. Los intentos se frustrarán, aparte de por la caída de la enfermera, por un suicidio en el caso de una mujer bastante atrevida con la que tontea y, tras casarse con la chica a la que pretender matar, porque es asesinada por un amante anticipándose a Archibaldo. Estas historias, narrativamente, no son demasiado fluidas, las interpretaciones son mediocres y, por ello, no estamos ante un gran Buñuel pero, en conjunto, se trata de una película muy agradable de ver para los seguidores del genio de Calanda.  No obstante, la película se resiente de un final que no me ha gustado. Tras escucharle el juez y decirle que vuelva por donde ha venido porque el pensamiento no delinque, su encuentro en un parque con el único personaje femenino con el que se ha relacionado y no ha muerto propicia un happy end decepcionante. Este personaje es Lavinia, una guía turística de americanos y de la cual Archibaldo hace un doble en forma de maniquí. Una de las mejores escenas de la película es, frustrado porque la iba a matar y la llegada de unos turistas yanquis lo impide, ver como introduce en un horno crematorio el maniquí.

Archibaldo se parece a otros protagonistas de Buñuel no consiguiendo lo que quiere con lo que no puede culminar sus obsesiones. Eso le acerca al personaje de Fernando Rey en Ese obscuro objeto del deseo o Viridiana, Arturo de Córdoba en Él o Paco Rabal en Nazarín.

Resulta curioso que, en una película de humor negro en el que se producen situaciones divertidas en torno a intentos frustrados de cometer homicidios por parte de Archibaldo, la actriz de origen checo Miroslava Stern, que da vida a Lavinia, se suicidara antes de estrenar la película lo que supuso una gran tragedia. Además, en la vida real fue incinerada como el maniquí que representa su figura lo es en la película. 

sábado, 29 de marzo de 2025

LA VIDA POR DELANTE

 

Una película de Fernando Fernán Gómez que hace tiempo que no veía es La vida por delante (1958), comedia que tuvo éxito en su época y dio lugar a una secuela titulada La vida alrededor.

Es una comedia divertida que trata la vida de dos jóvenes licenciados universitarios, él en Derecho y ella en Medicina, que se enamoran, se casan y viven unos tiempos difíciles por culpa de la inestabilidad laboral de él y las dificultades de ella para ejercer la medicina.

Como comedia la película funciona muy bien. El final es muy divertido con el accidente que tiene Analia Gadé con su biscúter y la presencia de ella y los camioneros en comisaría para dar versiones contradictorias sobre el siniestro. Es como un mini Rashomon y aquí también hay un testigo de los hechos, el gran Pepe Isbert, que cuando le dejan hablar resulta que es tartamudo y no le dio tiempo a decir que él no había visto nada por lo que le habían llevado a comisaría sin que pudiera aportar ningún dato. Pero hay más escenas divertidas, protagonizadas por los padres de los novios o por alguno de los trabajos en los que se emplea Fernán Gomez, como uno en que es profesor en una escuela de chicas; o también son divertidas algunas consecuencias que tienen para los enfermos las recetas o indicaciones que da la recién licenciada en Medicina, así como la luna de miel a la Costa Brava en la que, por diversos incidentes, tal como llegan han de volver a Madrid.  

Todo ello no empaña una visión corrosiva y crítica de aquella sociedad española que se empieza a abrir y en la que comienza el desarrollismo. El personaje de Fernán Gómez no encuentra una buena salida laboral pese a ser licenciado universitario, al igual que alguno de sus compañeros. Y, al margen de la discutible pericia como doctora de Gadé, tampoco es fácil para una mujer abrirse camino en el mundo laboral. En definitiva, un par de licenciados con dificultades incluso para conseguir un piso. Han pasado más de sesenta años, pero esta parte de la película sigue muy vigente. Si en El verdugo una escena muy divertida era ver como mostraban a la pareja protagonista un piso en construcción, pero en un estado ya relativamente avanzado, aquí les “enseñan” un piso indicándoles como será mientras la cámara enfoca un espacio abierto entre dos inmuebles en los que se supone se edificará más tarde.

Dentro de un gran plantel de secundarios, destaca aquí Manuel Alexandre, compañero de facultad de Fernán Gómez, pero triunfador tras los estudios y que parece más bien un play boy conduciendo en descapotable con compañía femenina.

Si en Fernán Gómez se puede detectar una influencia del neorrealismo italiano al mostrar la ciudad y del cine americano en el ritmo que le da a la película, también vemos cosas aquí que luego han aprovechado otros cineastas. No sé si Woody Allen conocía esta película, pero su manera de dirigirse a la cámara en Annie Hall es muy parecida a como lo hace Fernán Gómez en La vida por delante.

Gran clásico del cine español.

viernes, 28 de marzo de 2025

EL DOCTOR JACK

 

Veo otra película de Harold Lloyd, titulada Dr. Jack, realizada en 1922, justo un año antes de El hombre mosca. Y me llevó una pequeña decepción pues la encuentro bastante floja.

Una chica es atendida periódicamente por su doctor, llamado Ludwig von Saulsbourg, que se inventa que tiene diferentes enfermedades y la mantiene en un régimen de aislamiento, impidiendo incluso que entre la luz solar a la casa. Un familiar decide contactar con otro doctor y así aparece el Dr. Jackson (Harold Lloyd) que vive la medicina de manera vocacional, con altruismo y sentido común. Afortunadamente, arreglará la situación que ha creado el villano von Saulsbourg.

Lo mejor de la película es la aparición de Lloyd, que encadena algunos buenos gags, como uno desayunando mientras anda hacia el trabajo o cuando conduce un rato su automóvil. Es un médico de buen corazón, capaz de hacer un masaje a una muñeca cuando una niña le ha llamado diciéndole que la muñeca ha muerto, o actuar como cómplice con un niño que finge estar enfermo para no ir a la escuela. Y también actúa con sentido común, a una mujer mayor que está alicaída le receta que llegue su hijo, cosa que mejora su estado de ánimo y es la mejor medicina.

Tras la presentación de Lloyd, todo es más aburrido cuando conoce a la chica y, finalmente, la cuestión cómica se desplaza a que, aprovechando que un loco se ha escapado de un manicomio, el doctor se pone una peluca y unos colmillos para simular que es él, dando lugar a situaciones que serían la parte más cómica mientras se resuelve desenmascarar al Dr. von Saulsbourg. Lo que pasa es que esta parte pretendidamente más graciosa a mi no me ha divertido y, en conjunto, Dr. Jack está lejos del ritmo de El hombre mosca, una comedia divertidísima, con mucho más ritmo en cuanto a gags divertidos y mucho mejor visualmente.  

martes, 25 de marzo de 2025

IRMA, LA DULCE

 

Tenía la idea que, de las seis comedias que realiza Billy Wilder en su período más fecundo en el género desde 1959 a 1966, Irma la dulce (1963) era la más floja y, verla de nuevo, me confirma lo que pensaba.

No es que se trate de una mala película, pero queda por debajo, incluso muy por debajo, de Con faldas y a lo loco, El apartamento, Uno dos tres, Bésame tonto y En bandeja de plata.

Es una película a la que, en principio, le falta ritmo debido a una duración que se alarga hasta los 140 minutos de duración cuando la historia no da para tanto. Eso hace que la película tenga algún bajón y llegue a cansar un poco.

Aunque Jack Lemmon era un actor perfecto para interpretar a un norteamericano medio, un hombre normal de la calle un poco bobalicón y con propensión a tener ensueños románticos con la mujer equivocada, trasladar ese modelo a un gendarme francés que patrulla por las calles del mercado parisino de Les Halles no resulta tan satisfactorio, como creo expresó el propio Wilder en alguna entrevista. A mí tampoco me acaba de convencer su doble interpretación como Lord X, que da lugar a situaciones divertidas como cuando se cambia el parche de ojo pero que también resulta demasiado inverosímil. En cambio, más encanto le veo a Shirley Mac Laine, que estaba en su mejor momento como actriz y, en esta película, le gana la partida a Lemmon con una interpretación mucho más ajustada a lo que requiere el personaje.

Me gustan más otras comedias de Wilder, con más ritmo y mordacidad, aunque aquí también hay buenas escenas de comedia y un personaje tan divertido como Moustache, abogado, médico, economista, … siempre dejando pendiente una historia qué contar. En cambio, un hombre con la comicidad de Cliff Osmond tiene un pequeño papel al principio y está desaprovechado.

Tenemos una banda sonora muy buena de Andre Previn, una dirección artística de Alexander Trauner recreando el ya desaparecido mercado, la fotografía de Joseph LaShelle, es decir, el habitual equipo de Wilder junto a su socio I.A.L. Diamond escribiendo la historia … pero aquí el maestro Wilder dejó una película un tanto desdibujada. 

lunes, 24 de marzo de 2025

ADIÓS, MUÑECA

 

Tras ver Historia de un detective (1944), segunda adaptación cinematográfica de Adiós, muñeca, una de las mejores novelas de Chandler, me decido a leerla de nuevo y compararla con las dos adaptaciones que he visto, ésta dirigida por Edward Dmitryk y la que firmó Dick Richards en 1975, con la leyenda Mitchum interpretando a Philip Marlowe.

En Historia de un detective, el actor que interpreta a Marlowe es Dick Powell, que hace un buen trabajo, pero queda muy por debajo de la caracterización de Mitchum. Al igual que en el filme posterior de Richards, en Historia de un detective Marlowe es contratado por el gigantesco hampón Moose Malloy para encontrar, tras haber pasado ocho años en prisión por un atraco, a su novia Velma Valento. En cambio, en la novela, Marlowe se halla, accidentalmente por seguir un caso de divorcio, en el mismo lugar al que acude Malloy para saber el paradero de su novia y ve como el hampón mata al propietario de un bar en que trabajó Velma. Será por cuenta propia que empezará a investigar lo que ha hecho Malloy tras la llegada de un teniente de la policía llamado Nulty.

 Ese bar, Florians, tanto en la novela como en la adaptación de Richards es un local que, en los ocho años que Malloy ha estado a la sombra, se ha convertido en un local de negros. En una película de la RKO de 1944 se debía obviar que un local para blancos se hubiera convertido en uno para negros. La película de Richards va más allá incluso en el tema del racismo y resulta muy convincente su presencia en el retrato que hace de Los Ángeles en el verano de 1941. Nulty llega tarde, tras el aviso de Mitchum de que se ha producido el crimen, ya que no está especialmente interesado en esclarecer quién ha matado un negro. En el guion de la película rodada en 1975, se introduce el personaje de un trompetista blanco casado con una negra que se inmiscuye en la trama al proporcionar a Marlowe una foto falsa de Velma Valento. Un personaje le comentará a Marlowe que ello truncó su progresión como trompetista al decirle “casarse con una negra le sacó de la profesión”.

Tanto en la novela como en la película de Dmitryk, hay un personaje femenino ausente en la versión de Richards. Es un personaje que encuentra a Marlowe, después de que este haya quedado fuera de combate cuando acompañaba a Lindsay Marriott en el supuesto rescate de una joya abonando una suma de dinero. En la película de 1944, esa chica es la hija de Leuwen Grayle e hijastra de Velma, ahora con el nombre de Helen Grayle, permitiendo que tenga lugar una parte romántica de la película con Marlowe incluyendo un happy end.  En la novela, la chica es Anne Riordan, hija de un expolicía al que echaron del cuerpo unos policías corruptos y que ayudará a Marlowe en algunos otros momentos, insinuándose también una relación al final, pero sin la contundencia de la película. La figura que ayuda a Marlowe en la versión de Richards cuando está en apuros será, faltando ese personaje femenino, el vendedor de periódicos con el que cruza las apuestas sobre el tiempo que permanecerá imbatido el beisbolista Joe Di Maggio.

Otra diferencia importante es el momento en que retienen varios días a Marlowe drogándolo. Tanto en la novela como en la versión de Dmytrik, es por cuenta de un sanador psíquico llamado Jules Amthor, aunque en la novela es derivado a un hospital privado dirigido por un traficante de drogas llamado Dr. Sonderborg. En cambio, en la versión de Richards, no existe el personaje de Jules Amthor, ni la conexión que tenía este con Lindsay Marriott, y Marlowe es retenido en un burdel regentado por una famosa proxeneta de Hollywood y solo puede escapar cuando se organiza un tiroteo al liarse un sicario de Laird Brunette con una de las chicas de la madame y provocar los celos de esta última.

Laird Brunette es un personaje con más peso en la película de 1975 que en la novela de Chandler. En la película, es un personaje más importante al tener conexión directa con Helen Grayle y su búsqueda de Moose Malloy ofreciendo a Marlowe una cantidad importante para que le dé noticias sobre su paradero.  En su casino flotante se desarrolla la última parte de la película y el tiroteo final entre Malloy y Velma. En cambio, en la novela de Chandler, Laird Brunette es un matón dueño de un local, pero el casino flotante únicamente aparece como pista donde pudiera estar oculto Malloy y ni siquiera es propiedad de Brunette sino de otro hampón. Malloy no está en el barco, pero Marlowe le logra hacer pasar un mensaje y, a la postre, reunir en su domicilio a Velma y Malloy. En Historia de un detective, el personaje de Brunette no existe, ni tampoco ningún casino flotante y la trama se resuelve con más sencillez, aunque sí coincide en el hecho que Marlowe junta en una casa a Malloy y Velma pero, en un final más melodramático, además están presentes la hija de Grayel que tendrá el happy end con Marlowe y el propio Sr. Grayle.

La policía tiene menos importancia en el filme de Dmitrik, mientras que en la versión de Richards el personaje de Nulty, interpretado por John Ireland, sí es bastante importante y es el único policía que, junto a sus subalternos entre los que destaca un policía corrupto interpretado con gran eficacia por Harry Dean Stanton, habla con Marlowe. En la novela, Nulty es un personaje que aparece poco y, luego, aparece Randall, el policía que investiga el asesinato de Marriott, quien tiene más intervención en la novela. También aparecen unos policías corruptos de Bay City que son los que llevan a Marlowe a ver a Jules Amthor, mientras la policía no interviene cuando llevan a Mitchum al burdel en el que es encerrado y drogado, asunto del que se encargan los sicarios de Brunette (Joe Spinelli y Sylvester Stallone).

En las dos películas, Velma Valento, o Helen Grayle según su nueva identidad, muere tiroteada, pero en la novela escapa al encuentro con Malloy y Marlowe. Tras matar a su exnovio, Marlowe refiere más tarde a Anne Riordan que Randall le explica como Velma es identificada, al cabo de unas semanas, en un night club de Baltimore por un detective, al cual mata y luego se suicida cuando se ve acorralada.

Historia de un detective es una película importante porque es la primera vez que aparece Marlowe en el cine  y Dick Powell, que quería dar un giro a su carrera (también se había postulado para hacer el papel de Fred MacMurray en Perdición), hace una interpretación correcta. Dmitryk era un director eficaz y tampoco está mal una actriz como Claire Trevor interpretando a Velma. Es una película solvente y entretenida. No obstante, hay poco rastro del racismo y la corrupción que está presente en la novela. Además, el final es muy convencional de acuerdo con los cánones de una película de Hollywood de la RKO en los años 40.

Adiós, muñeca de Dick Richards es una obra maestra en la que se juntó mucho talento. Dean Tavoularis en la dirección artística, Joel Cox en el montaje, John A.Alonzo en la fotografía, David Shire en la banda sonora … y un gigante como Robert Mitchum, un gran Marlowe salvo que por edad era un poco mayor para el personaje, junto a secundarios de lujo como John Ireland, Sylvia Miles, Harry Dean Stanton y una deslumbrante Charlotte Rampling como Velma. El guion mejora en algunos aspectos la novela, al abordar de manera más explícita, pero con sutilidad, el racismo en la sociedad americana y, aunque haya menos personajes de la policía, igualmente retrata la corrupción policial que tiene mucho protagonismo en la novela.  

La novela de Chandler no es demasiada larga, creo que otras de la serie lo son más, ofreciendo entretenimiento con unos diálogos llenos de ironía y sarcasmo, de los que saca mejor partido en las películas Mitchum respecto a Powell. Para algunos, Adios, muñeca es la mejor novela de la serie Marlowe. En cualquier caso, una relectura de las novelas de la serie Marlowe se tiene que hacer con un dato que no sabía hace treinta o treinta y cinco años cuando las leí: para Chandler, Cary Grant era el actor ideal para interpretar a su detective.

domingo, 23 de marzo de 2025

A MACBETH SONG

 

Gran noche de teatro en La perla 29 para ver A Macbeth song, dirigida por Oriol Broggi. Pero no solo de teatro, sino de una mezcla que también incluía cabaret a cargo del grupo inglés The tiger Lillies. Formado en 1989, este grupo está compuesto por Martyn Jacques (voz e intérprete de piano y acordeón, entre otros instrumentos), Adrian Stout (contrabajo, sierra musical y coros) y Jonas Golland (batería, percusiones y coros).  Caracterizados como clowns y con un estilo irreverente, su estilo lo han definido como dark cabaret, mezclando surrealismo y humor negro, recordando los tiempos en que estos espectáculos proliferaron en el Berlín de la República de Weimar.

El trío inglés asume el papel de las brujas de Macbeth para explicarnos la historia de la obra de Shakespeare, haciéndolo a través de las canciones compuestas por Jacques que implican incluso al público, arrastrado por la potencia artística del grupo. Junto a ellos, tres actores interpretan la obra: Enric Cambray, Màrcia Cisteró y Andrew Tarbet. Lo hacen de manera caótica, atropellados por las canciones del trío inglés, asumiendo diversos personajes de la obra e, incluso, intercambiando a Macbeth entre Cambray y Tarbet. En muchos momentos aflora el humor, como cuando Cambray y Tarbet reclaman a la vez el texto de Macbeth, o hacen bromas sobre el inglés de Cambray, no tan bueno como el de un actor estadounidense como Tarbet, con ese idioma como lengua materna. Se permiten lo que interpreto un homenaje a los Monty Phyton, cuando simulan que van a caballo con la ayuda del percusionista de los Tigger Lillies. Los tres están espléndidos logrando una vinculación de la parte actoral con los músicos que alcanza la excelencia. No sé si les ha supuesto a los dos actores catalanes un gran esfuerzo hacer la obra en inglés, pero los dos están magníficos.

También hay que destacar la escenografía. Con tintes macabros, esqueletos que acompañan el escenario y, en algún momento, adquieren más protagonismo y un humo que va invadiendo en gran parte de la obra el escenario, para acabar de dar un aspecto sombrío, mezclándolo con el humor, de la tragedia del ambicioso noble escocés. La obra también gana por la sala en la que se representa la función. Ese espacio con sus bóvedas de arquitectura gótica, patrimonio histórico de Barcelona, es un lugar muy bonito para hacer teatro, pero todavía lo es más con esta adaptación de Macbeth que sucede en una época, el siglo XIII, cercana a la que se debió construir el Hospital de la Santa Creu, tan sólo 100 o 150 años más tarde.

Y, entre tanta diversión, está la esencia de Shakespeare, con las frases de Macbeth e incluso de otras obras del genio inglés.  Hell is empty, and all the devils are here.

jueves, 20 de marzo de 2025

OPERACIÓN CICERÓN

 

La primera vez que vi Operación Cicerón (1952) creo que fue en 1986, en el ciclo dedicado los jueves en la 2 a Joseph L. Mankiewicz. Me gustó mucho, como casi todas las del ciclo. La debí volver a ver alguna vez mas, pero hace muchos años y ayer la vi de nuevo. Volví a disfrutar de una de las mejores películas de espías de la historia del cine.

Mankiewicz acostumbraba a trabajar con guiones sólidos y no es una excepción el que firma Michael Wilson tomando como base la novela L.C.Moyzisch. Además, los diálogos, puestos al servicio del genio interpretativo de James Mason, son afilados y mordientes ayudando a definir al amoral protagonista.

La interpretación de Mason como el arrogante, cínico, malcriado y completamente decadente ayudante de cámara del embajador británico en Ankara es magistral. Ya en 1986 conocía perfectamente a Mason, uno de los grandes actores del cine británico. Pero seguro que me pasó más inadvertida la protagonista femenina, Danielle Darrieux. Ahora estoy en condiciones de apreciar a la gran actriz francesa. Uno de los mejores papeles femeninos de la historia del cine es el suyo en Madame D de Max Ophuls y también aparece en una de mis películas favoritas, Les demoiselles de Rochefort, como la (todavía) muy atractiva madre de las hermanas Catherine Deneuve y Françoise Dorleac. En Operación Cicerón, interpretando a Anna, una condesa polaca de origen francés, está espléndida siendo incluso más cínica y sinvergüenza que el papel interpretado por Mason. Lástima que salga relativamente poco, prácticamente a media película pone pies en polvorosa hacia Suiza, una vez tiene gran parte del botín que están sacando a costa de vender los secretos de la embajada a los alemanes.

La película tiene uno de los mejores finales de la historia del cine. Es inolvidable la imagen de Mason, con traje blanco adecuado al clima de Río de Janeiro, carcajeándose con las libras esterlinas falsas que suelta al viento, complacido al saber que Anna ha sufrido la misma suerte que él.

Gran clásico de una época irrepetible.  

martes, 18 de marzo de 2025

EL ASESINO DE DÜSSERDOLF

 

La figura de Peter Kürten, el asesino en serie alemán conocido como el vampiro de Düsseldorf, dio lugar a, como mínimo, dos adaptaciones cinematográficas. Una es M, el vampiro de Düsseldorf, la obra maestra del Fritz Lang y otra es El asesino de Düsseldorf, una curiosa coproducción franco-hispano-italiana rodada en 1964 que, lejos de la excelencia del filme de Lang, sí me ha parecido una película estimable. Dirigida e interpretada en su papel principal por el francés Robert Hossein, con el resto del reparto mayoritariamente compuesto de actores galos, sí vemos la huella del equipo español en los títulos de crédito en el apartado técnico de la película y se dice que está rodada en exteriores de Madrid y París que, por tanto, simulan ser la ciudad alemana.

Aunque en la introducción una voz en off explica la realidad histórica de Alemania en la década de los 20 y, luego, se puede ver alguna escena en que unos camisas pardas rompen los cristales de una librería y sacan unos cuantos libros a los que prenden fuego, esta película de Hossein no tiene la intencionalidad política de la película de Lang y va más en la línea de un filme sobre un psycho killer, como la cercana en el tiempo Psicosis y antes de la avalancha de películas sobre asesinos en serie que vino más tarde.

Un policía entra la comisaría alertando que se ha producido un nuevo crimen. Se desplazan los efectivos policiales al lugar donde se halla un cadáver en un descampado a las afueras de la ciudad y vemos en una zona alejada un tipo con prismáticos que ve el desentierro. Es una buena presentación del asesino y, en general, hay un buen trabajo de planificación y puesta en escena durante toda la película.

Hossein no puede estar a la altura de un mito como Peter Lorre, pero crea un personaje lo bastante inquietante y repulsivo como para ser alguien con quien no te gustaría coincidir en un ascensor. Es un tipo introvertido y de buenos modales, que es tenido como huésped modelo por la dueña de la pensión en la que vive y que, en realidad, es un violento asesino de mujeres, todas mayores de edad a diferencia del personaje histórico y Lorre en el filme de Lang que asesinaban a niñas de corta edad. Incluso Hossein da una pista falsa en un momento en que el asesino coge de la mano a una niña, pero es una vecina a la que acompaña al edificio de la pensión y no pasa nada con la pequeña.

Aparte de sus ocupaciones criminales, Kürten se entretiene en ir a un tugurio tipo cabaré llamado El Dorado y allí le llama la atención Anna, la cabaretera del establecimiento, una joven atractiva que, en principio, lo desdeña pero luego le hará caso, tendrán una pequeña historia paralela a los crímenes que él perpetra y, accidentalmente, conocerá que quien la corteja es el asesino de mujeres que tiene en vilo a toda la ciudad.

Hossein se permite la licencia de, por un momento, hacer aparecer a un falso culpable. Le tienden una trampa al asesino, con una mujer preparada como cebo y, efectivamente, la policía detiene a un tipo que se le había acercado y quería irse con ella. Pero se equivocan porque el hombre no es el asesino y, cuando la mujer es liberada de su papel de cebo, se encuentra con el asesino de verdad que la acuchilla. Y es que la policía no está muy lúcida pues, una vez Anna ha comunicado a la policía que sabe la identidad del asesino, le tienden una trampa en El Dorado, pero Kürten improvisa unos cocteles molotov, crea una confusión en el local que se incendia y, en medio del caos, acaba con la vida de Anna antes de ser apresado.

Buena película de asesinos en serie. 

A SANGRE Y FUEGO

  Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese.   ...