Dos fiscales (2025) es una película dirigida por el bielorruso, nacionalizado ucraniano, Sergei Loznitsa, que recrea una historia en la URSS de 1937, cuando el terror propagado por Stalin estaba en su máximo apogeo.
Tras un prólogo en que un preso político es obligado a quemar cartas en las que se reflejan los horrores de las torturas y confesiones forzadas, empieza la historia con un fiscal de provincia, Alexander Kornev, recién salido de la Facultad de Derecho y que va a una prisión tomándose en serio la denuncia de un preso político que le muestra las marcas de las torturas a las que ha sido sometido por agentes del NKVD. En su afán por dar curso a la denuncia e investigar los hechos, se salta al fiscal jefe de su provincia y se va a Moscú para ver al fiscal general del Estado, nada más y nada menos que Andrei Vishinsky, quien más tarde fue ministro de asuntos exteriores de la URSS en la década de los 50. Lo recibe con muy malas pulgas, aunque lo escucha atentamente y parece que accede a su petición, ordenando que se le dispense trato especial en un tren de vuelta a su ciudad reservándole una litera. En el tren, conoce a dos tipos, aparentemente ingenieros que, a la mañana siguiente, lo suben a un automóvil con destino a una prisión.
La película está rodada con una fotografía con muy poca variedad cromática, adoptando un tono grisáceo muy acusado que refleja el color en que se capta la angustia y el terror de aquellos tiempos. Esa luz, junto con los decorados de las prisiones y salas de las fiscalías, más los funcionarios de prisiones y miembros del NKVD, huraños o en ocasiones con un sentido del humor de brocha gorda, propician un clima asfixiante para el joven y honrado fiscal Kornev. Por otra parte, también vemos al ingenuo fiscal perdido en ocasiones por los inexplicables y kafkianos vericuetos burocráticos de la URSS.
La película toma un ritmo narrativamente lento y se hace un poco tediosa durante la primera hora, pero gana en interés con la entrevista con el imperturbable Vishinsky y, luego, con los supuestos ingenieros que, en principio, agasajan a Kornev para descubrir luego su lado más cínico pues son agentes del NKVD.
Es una película interesante por su temática, la recreación del terror de Stalin en la década de los 30, a la que le cuesta un poco arrancar y coger ritmo, aunque la segunda mitad hace que la valoración global sea positiva.
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