domingo, 19 de abril de 2026

ME HALLARÁ LA MUERTE

 

Me hallará la muerte (2012es una novela que escribió Juan Manuel de Prada, tras una crisis personal en que había perdido la inspiración, y que me ha parecido una gran novela, que te tiene atrapado a lo largo de sus casi 600 páginas en una trama zigzagueante y que encadena personajes y situaciones en bucles, a menudo perversos. 

La narración si inicia en el Madrid de la postguerra, tres años después de concluida la Guerra Civil, apareciendo el protagonista de la novela, Antonio Expósito, como un ratero que pega pequeños palos con una cómplice llamada Carmen de la cual está enamorado. Tienen problemaal atracar un tipo que se revuelve y ella se ve obligada a matarlo y tiran el cadáver al fondo del lago del Retiro. Antonio lee en los periódicos que se va a dragar el lago y se ve acorralado. Pasando casualmente por delante de la sede de Falangeallí conoce a Cifuentes, un falangista de primera hora que se apuntó a la División Azul y volvió al ser herido. Animado por su charla, Antonio se alista en ese contingente militar para huir de Madrid.  

Llegado al frente, conoce a un amigo de Cifuentes, un tal Gabriel Mendoza, un hombre de muy buena familia que se alistó para olvidar que su padre se había hecho rico transportando penicilina adulterada en los primeros tiempos de la postguerra española. Entran en combate, caen prisioneros de los rusos y en el campo aparecen dos personajes importantes: Nina, una exbrigadista internacional de origen francés y Camacho, un comunista que se alistó en la División Azul para desertar y pasarse a los rusos.  

Al intentar huir del campo de prisioneros, son atrapados y Mendoza es ajusticiado por Camacho. Pero a Antonio se le da la posibilidad de, si accede a ser usado como topo de los rusos, salvar la vida asumiendo la identidad de Mendoza con el que guarda un asombroso parecido.  Antonio acepta y, tras muchos años en los campos de prisioneros, vuelve a España en el Semiramis, un barco fletado por la Cruz Roja francesa que repatrió a más de 200 divisionarios que seguían en cautiverio en Rusia y atracó en abril de 1954 en el puerto de Barcelona. 

En la tercera parte de la novela, Antonio asume la personalidad de Mendoza, empieza a regentar los negocios familiares pues el padre de su suplantado muere pocos días antes de su llegada en el Semiramisse lía con la sobrina de Mendoza en un teórico incesto que provoca un aborto, luego sucede la muerte de la chica y el suicido de Cifuentes, el ginecólogo que ha hecho el aborto en contra de sus principios morales por el remordimiento que le supone haber acabado casado con la novia que Mendoza tuvo antes de alistarse e ir a Rusia.  

Antonio, con su falsa identidad, además de seguir los negocios turbios del padre de Mendoza, se reencuentra con Carmen, con quien planea deshacerse de su falsa identidad y huir al continente americano.  Pero, tras muchos años, Nina y Camacho se presentan en España para chantajearlo lo que obliga a Antonio a matarlos y, cuando parece que podrá huir con Carmen, el propietario del estanco en que ella trabajaba se interpone en su camino. 

Por un lado, De Prada se documentó para dar una visión veraz de cómo fueron las vicisitudes de la División Azul en Rusia y, por otra parte, a partir del regreso de Antonio a España el libro se convierte en una novela negra muy entretenida.  

Si en Las máscaras del héroe, Fernando Navales y Pedro Luis de Gálvez eran personalidades opuestas, aquí lo son Antonio Expósito y Gabriel Mendoza. El primero es un ratero que pugna por la supervivencia y, en momentos de apuro, no tiene escrúpulos en liarse con Nina y trabajar para los rusos. En cambio, Mendoza es un idealista falangista con una inquebrantable voluntad de no ceder a la presión de los rusos y mantener cohesionada a la tropa cautiva.  Pero, así como Navales y Gálvez llegaban juntos a la resolución de la trama, aquí, a mitad de novela, Antonio asume la personalidad de Mendoza y lo traiciona, pues la idea de los rusos es, aprovechando su ascendiente sobre la tropa, que esta acepte el cautiverio sin resistencias. 

La mayoría de los personajes son negativos, pero las simpatías de De Prada se decantan por los dos divisionarios que se alistan por idealismo: Mendoza y Cifuentes.  Son falangistas que muy pronto se sienten traicionados por Franco, quedan arrinconados mientras los tecnócratas van copando los altos cargos ministeriales. AsíCifuentes, crítico con el régimen por considerarlo desviado de los principios fundacionales de José Antonio, no obtiene una cátedra de su especialidad médica en Madrid, sino que debe trasladarse a Valladolid. Ya en su primera aparición en la novela, cuando esta se inicia en 1942, tiene una visión crítica hacia un régimen que empieza a aparcar, por oportunismo, su germanofilia. Y, en los años 50, la percepción de Cifuentes se ha agudizado en su desprecio al régimen de Franco que ha optado por su supervivencia, pactado con los americanos y traicionado la pretendida revolución falangista.  

Antonio es un hombre débil, que actúa por supervivencia en casi toda la novela, aunque tenga muchas veces remordimientos. En cualquier caso, comete uno de los peores crímenes para De Prada, inducir a un aborto, por lo que no puede acabar bien, en un final que recuerda un poco a El tesoro de Sierra Madre, tras cometer diversas maldades, el protagonista no puede conseguir el botín por interferencia de un tercero. Como le reflexiona Mendoza a Antonio, “¿se puede conseguir algo bueno a partir de lo malo?” y la respuesta es obvia.  

La exuberancia léxica del estilo de De Prada, la enrevesada, pero entretenidísima trama, y el interés del marco histórico conforman una novela, no tan buena como en las que el personaje es Fernando Navales, pero sí de muy alto nivel.  

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