Aquel maldito tren blindado (1978) dirigida por Enzo G. Castellari, es una comedia bélica italiana que ahora es más famosa porque Tarantino utilizó su título en inglés, The inglourius bastards, para su película que aquí se estrenó como Malditos bastardos, que por sí misma.
En realidad, la película de Tarantino y Castellari tienen poco que ver, aunque ambas se desarrollen en la II Guerra Mundial. Si el filme de Tarantino era una ucronía, el de Castellari entronca más con Los violentos de Kelly por el espíritu del grupo protagonista y con Doce del patíbulo por aceptar una misión peligrosa en territorio enemigo.
Un grupo de soldados norteamericanos condenados a muerte y custodiados por la policía militar aprovechan, en el frente contra los nazis abierto en 1944 en suelo francés, un raid de los alemanes para escapar. Se juntan con un desertor alemán y unen sus esfuerzos para alcanzar la frontera suiza, esquivando una guerra que aborrecen.
Atacados por unos alemanes, logran eliminarlos, pero, en realidad, no eran nazis sino un grupo americano de élite que llevaban uniformes del enemigo para acometer una importante misión, consistente en volar un tren blindado en el que hay ingenieros de los que desarrollaron las V-2. Ese grupo tenía que contactar con un coronel para la misión y, cuando este llega, se encuentra a este grupo de desarrapados e indisciplinados que, no obstante, abordan la misión y todos, menos uno, entregan su vida por el éxito de la misma, en un final que también tiene un cierto recuerdo de El general de la Rovere.
El guion de Sergio Grieco y Sandro Constinenza está bastante bien, en la presentación de los personajes y la manera de hilar la historia, con algunos giros inesperados de la trama hasta que un grupo de indisciplinados lleguen a actuar como un grupo de élite. No obstante, la realización de Castellari es tosca, con momentos a cámara lenta imitando a Peckinpah que no tienen sentido y pasándose de rosca en la parte humorística, con unos duelos con metralletas que parecen más propios de Han Solo y Skywalker en La guerra de las galaxias. De todos modos, esa manera de filmar gamberra y desinhibida es lo que debía gustar a Tarantino de esta película.
Un buen guion, una mala realización y, en definitiva, irregular, pero simpática película italiana.
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