domingo, 28 de junio de 2026

EL ABRAZO DE LA MUERTE

 

Robert Siodmak es de esos directores que no sabemos cómo hubiera evolucionado su trayectoria si no hubiera tenido que exiliarse de la Alemania nazi. Casi cuando empezaba a dirigir, a principios de la década de los 30, el ascenso del nazismo le hace huir, primero a Paris y, en 1939, a Hollywood. 

Filmó destacables películas, sobre todo en el género de cine negro, pero la adaptación al cine americano tenía un peaje (también Fritz Lang lo pagó) y no sabemos si hubiera tenido más libertad artística en Europa, de no subir los nazis al poder, para hacer un cine más personal. En la década de los 50 volvió a Alemania, rodó películas parece más personales que no he visto y, además, no deben ser fáciles de encontrar. 

El abrazo de la muerte (1949) es una de sus notables contribuciones al cine negro. Adopta un formato parecido a Forajidos, utilizando un flashback para narrar como Steve, el protagonista interpretado por Burt Lancaster, es un tipo normal y corriente que se deja arrastrar por una femme fatale (su exmujer Ana, interpretada por Yvonne de Carlo), más o menos amancebada con un gánster siniestro llamado Slim (Dan Duryea, replicando otros personajes que realizó en películas parecidas y en las que siempre dejó su huella). 

La turbia relación dará lugar al atraco de la nómina de una empresa, golpe a priori factible en su ejecución porque Steve es uno de los conductores de los vehículos blindados que transporta el dinero. Pero Slim traiciona a Steve, a resultas de lo cual hay una refriega a tiros que luego confunde a la policía que cree que, en realidad, Steve intentó frustrar el atraco. No obstante, un policía amigo de Steve, interpretado por ese actor que casi siempre fue villano, Stephe MacNally, sabe la verdad. Finalmente, pensando que Steve tiene el dinero, Slim le tenderá una trampa para que el primero abandone el hospital en el que convalece y le conduzca hacia dónde está Ana y el botín. Los acontecimientos se precipitan como cabe esperar en un filme de serie negra.  

La película cuenta con una banda sonora de Miklos Rozsa y una fotografía de Frank Planer, que Siodmak utiliza para dar un aire expresionista que le viene muy bien a una película de serie negra. Es destacable esa atmosfera en la escena del atraco, con un montón de gases que se liberan y un tiroteo cuando Steve ve que Slim va a por él. Aunque, para ser una película de la década de los cuarenta, no está rodada íntegramente en estudio y también hay localizaciones exteriores, alguna muy reconocible como la estación Union Central de Los Ángeles. 

De Carlo se queda un poco corta en sus prestaciones de mujer fatal si las comparamos con la imponente presencia de Ava Gardner en Forajidos, o la encantadora e irresistiblemente malvada Jane Greer en Retorno al pasado. Lancaster y Duryea trabajan con su solvencia habitual.

Filme muy apreciable de cine negro. 

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