El principiante (1990) es una película de Clint Eastwood bastante floja y parece que, en principio, sería de aquellas que él hacía para satisfacer a la Warner y poder dedicarse a trabajos más personales en otros filmes. Por ello, sorprende que el director acreditado sea el propio Eastwood y no el habitual Buddy Van Horn, coordinador de dobles y testaferro con el que camuflar la responsabilidad de la dirección en películas tan prescindibles como La gran pelea o Pink Cadillac. Tal vez Eastwood tenía mayores pretensiones artísticas sobre el filme y, si fuera así, no se cumplieron.
En El principiante, Eastwood queda en un papel que casi podríamos decir secundario y el protagonista es Charlie Sheen. Frente al personaje de Eastwood, del que no se muestra nada más que su fachada de poli duro, de formas intempestivas y chulesco, el personaje de Sheen tiene una historia propia, un amargo recuerdo de la infancia tras la muerte de su hermano en un accidente del que se culpa y una problemática relación con su padre.
Como película de acción, es entretenida y están bien filmadas las abundantes escenas de persecuciones automovilísticas. El oficio de Eastwood es incuestionable en ese sentido, aunque la película no tenga mucho que ofrecer.
Es una cinta que destaca por el humor, llegando a momentos de parodia de películas de acción y de la figura del propio Eastwood. Así, destaca esa huida de un edificio en un coche volando antes de que sea dinamitado por Raul Julia, aterrizando tras un batacazo descomunal y saliendo Eastwood y Sheen ilesos. O la escena en la que la hiper masculinidad de Eastwood se ve a prueba cuando, habiendo caído prisionero de los malos e inmovilizado por estar atado a una silla, es “forzado” a tener sexo con el personaje que interpreta Sonia Braga.
Un Eastwood menor, pero entretenido.
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