Con Robert Duvall se va otro gran actor nonagenario, después de que su amigo Gene Hackman nos dejara hace unos meses, aunque la muerte de Duvall parece que ha sido mucho menos traumática.
Con su aparición interpretando a Tom Hagen en El padrino I y II, más la del teniente coronel Kilgore en Apocalypse Now, ya hubiera pasado a la historia del cine. Pero participó en películas durante varias décadas, construyendo una sólida carrera y destacaría especialmente su debut porque, aunque su papel era pequeño, sí era importante en la trama y se trata de otra gran película: Matar un ruiseñor.
Una lástima que por dinero (dicen que quería cobrar lo mismo que Al Pacino) no apareciera en El padrino III. Sin duda, la presencia de Tom Hagen como consigliere hubiera aportado cosas interesantes a una trama en la que Pacino se queda un poco solo, teniendo como consigiere a un George Hamilton que tiene un pequeño e irrelevante papel. Hubiera sido interesante ver la evolución de Hagen junto a la de Michael Corleone, en un momento en que el segundo dice que necesita menos sicarios y más abogados para afrontar sus problemas.
Si tuviera que escoger una escena de Duvall, me quedaría con el diálogo en El padrino II induciendo al suicidio a Frank Pentangeli para que este último salve su posición dentro de la familia Corleone. Si tuviera que escoger una frase, sería aquella que, tras masacrar las posiciones vietnamitas con napalm, pronuncia KIlgore al decir: “Aquella colina olía a victoria”.
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