Leyendo La hora de los depredadores, de Giuliano Da Empoli, me entero de la existencia de un personaje siniestro, uno más de los que están instalados en las altas esferas. Se trata de Eric Schmidt.
Schdmidt es un empresario e informático, ligado durante muchos años a Google, primero como director ejecutivo y luego como presidente del Consejo de Administración. Da Empoli explica cómo, en 2011, abandonó sus cargos en Google para formar parte del equipo de campaña de Obama que parecía tener cuesta arriba la reelección. Con este hombre al frente, los ingenieros de Silicon Valley crearon una gigantesca base de datos para escrutar el perfil de los votantes y volcar la campaña en aquellos que basculaban el voto entre Romney y Obama. Los demócratas exhibieron una superioridad tecnológica en la campaña que propició una apurada victoria de Obama en 2012. Como dice Da Empoli, si la victoria en 2008 tuvo un carácter político, la de 2012 fue esencialmente técnica. Posteriormente, se puso al frente de un programa gubernamental para garantizar la supremacía tecnológica y militar de los Estados Unidos.
A pesar de que sea un señor de la tecnología que se presenta como un buen demócrata progresista, Da Empoli señala que los abogados son sus enemigos naturales, un objetivo a derribar para permitir que un mundo nuevo nazca.
Se ha formado una casta tecnológica y Schmidt entronca con otros señores como Musk que, políticamente, se sitúa cerca de Trump cosa que, en principio, no pasa con el exejecutivo de Google. Pero hay una convergencia y plan de acción de toda esa casta consiguiendo que el jeque saudí Mohammed bin Salman (MBS) construya enclaves en los que solo se apliquen las leyes que impone la tecnología, que Bukele adopte el bitcoin como moneda oficial de El Salvador, que Miley desarrolle energía nuclear para alimentar los servidores de la IA, ...
A través de un viaje por distintos escenarios, y gracias al acceso del autor a instituciones y figuras públicas, el libro prefigura un turbio futuro, en el que se abolen las normativas y los líderes populistas se alían con los señores de la tecnología para gobernar el mundo o, haciendo referencia al título, depredarlo. Lo que llevamos de presidencia de Trump no hace más que acelerar ese proceso y que los depredadores vayan consiguiendo sus objetivos.
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