Oigo por televisión la noticia de que el tren de Reus a Ribaroja irá, durante no sé cuánto tiempo, circulando 86 kilómetros a un máximo de 30 km/h. Definitivamente, hemos vuelto prácticamente al siglo XIX y a la época del transporte en diligencias.
Si esta legislatura ha servido para constatar el colapso político del país al que se ha llegado tras una degeneración que arrancó hace unos 20 años, ahora, y como efecto también de ese colapso, vemos que las infraestructuras están hechas polvo, la gente no puede acceder a la vivienda, los salarios retroceden a niveles más bajos que en los años 90, aumenta la bolsa de pobreza y nos situamos a la altura de países como Grecia o Bulgaria.... En aparente contradicción, las cifras macroeconómicas son relativamente buenas y usadas como arma electoral por un Gobierno, con el desvergonzado Sánchez al mando, que quiere emular a Hitler y se bunkeriza en La Moncloa como lo hizo el dictador nazi en los sótanos de la Cancillería berlinesa.
Me parece un milagro que aún haya gente mañana que irá a votar en Aragón. Sea a los partidos sistémicos que han provocado este desastre (PP y PSOE), sea a opciones populistas que se benefician del hecho de no haber asumido la gestión de nada, pero en las que se intuyen fácilmente la presencia de aventureros y gente sin escrúpulos a la captura de un sueldo público; la conclusión es que esté régimen del 78 está podrido y solo una ruptura e iniciar un proceso constituyente podría ser la solución. Pero también está claro que eso es pedir un imposible, una empresa así necesitaría de una generación de gente con un talento político que España no tiene. La triste realidad es que estamos condenados a languidecer y empobrecernos individual y colectivamente.
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