La imposibilidad de controlar todos los detalles del calendario futbolístico hace que coincidan el España-Bélgica del Mundial con la primera representación teatral de La verdadera historia de Ricardo III. Frustrado por no poder ver el avance de la Selección a semifinales, me quedan dos consuelos: que el martes sí veré el duelo de colosos con Francia y que la obra de teatro estrenada ayer en el Grec, y que tan solo tendrá una función más hoy, ha sido de lo mejor que he visto este año.
Con dirección de Calixto Bieito ayudado en la dramaturgia por Adrià Reixach, una compañía argentina representa este texto, siguiendo en su mayor parte el original de Shakespeare, aunque introduciendo algunos elementos nuevos propiciados por el descubrimiento, hace unos diez años, del cadáver de Ricardo cuando construían un parking en Leicester. A través de una investigación genealógica de la hermana mayor de Ricardo, rastreando 26 generaciones y con la secuencia del ADN, se pudo establecer que aquel cadáver, sospechoso de ser el rey Ricardo, lo era en verdad. En la obra se dedican algunas escenas a los investigadores que siguieron esta identificación del cuerpo, a partir de la cual se puede inferir que, a pesar de que Ricardo padecía escoliosis, no era el jorobado deforme que Shakespeare, basándose en la anterior biografía que escribió Tomás Moro del rey inglés, describió en su famosa obra.
Las escenas de los investigadores sirven para dar noticia de ese descubrimiento que cuestiona la verdad histórica acerca del personaje, además de incorporar, de manera sorprendente y acertada, un diálogo entre dos médicos replicando aquel que Orson Welles y Joseph Cotten tienen en la noria del Prater vienés en El tercer hombre.
No obstante, se impone la ficción de Shakespeare, influida por la descripción del personaje que hizo Moro escribiendo a sueldo de los Tudor, pero matizada por ese sorprendente descubrimiento en Leicester, apareciendo la figura imponente del actor Joaquín Furriel para dar vida al avieso, taimado, hipócrita, sanguinario y cruel rey Ricardo. Y Furriel desprende en su representación una intensidad tan grande que incluso, a pesar de que el resto del reparto está muy bien, lo empequeñece. Furriel realiza una interpretación tan magnífica que se apropia del Grec y lo llena totalmente, interactuando con el público e incluso desplazándose por las gradas.
Furriel recita los monólogos y diálogos más famosos de Ricardo, de forma magnífica, pero el tono no es trágico, incluso la construcción del personaje desprende en gran parte comicidad. El propio Furriel ha declarado en una entrevista que ve Ricardo III como una farsa de crueldad. Se opta, pues, por un tono tragicómico que se revela más moderno, pero también más aterrador y, oyendo a Ricardo, parece que nos encontremos, sin que en algunos casos hayan ordenado asesinar a nadie, ante gente como Vladimir Putin, Donald Trump, Pedro Sánchez, Erdogan, Kim Jong Un o Netanyahu. Al menos, toda esta gente bebe de un máster en acción política que va dando Ricardo a lo largo de la obra.
Gran noche de teatro en el Grec y gran Mikel Merino poniendo a España en semifinales.
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