De repente el último verano (1959) es una película de J.L. Mankiewicz, y eso siempre es una garantía de rigurosidad en la narrativa cinematográfica, buena dirección de actores y una interesante puesta en escena. Aquí, adapta una obra de teatro de Tenessee Williams, con guion del propio Williams y Gore Vidal.
La trama se desarrolla a partir del ofrecimiento de una dama de la alta sociedad de Nueva Orleans de donar un millón de dólares a un hospital a cambio de que, por parte de uno de sus más reputados cirujanos, le hagan una lobotomía a su sobrina, una joven que quedó traumatizada en Europa tras la muerte de su primo, e hijo de esa dama, habiendo sido recluida al volver a América en un siniestro sanatorio mental en el que se ha ganado fama de persona extremadamente agresiva.
El doctor no ve claro que sea necesaria la lobotomía, cree que la joven tiene algún trauma que ha de sacar y duda de la versión ofrecida por la tía respecto a que su hijo murió de un ataque al corazón. En una reunión final con todos los protagonistas se sabrá la verdad, que liberará a la chica, pero hará aflorar un delirio en el que caerá su tía confundiendo al doctor con su hijo, signo inevitable de haber caído en la locura.
A pesar del oficio de Mankiewicz, la película se muestra irregular, en gran parte por culpa de Montgomery Clift que, con sus problemas personales, pareció siempre ausente en sus últimas películas. Si lo de Clift fue el suicidio más largo de la historia de Hollywood y empieza con su accidente automovilístico, cuando rodó esta película llevaba tres años suicidándose. Avalado para el papel por su amiga Elizabeth Taylor, Clift hizo desesperar a Mankiewicz que no lo despidió por la oposición de Taylor y la otra estrella femenina del filme, Katherine Hepburn. Es curioso que, en la película, del trio protagonista el más sano mentalmente es Clift, pero, en la vida real, era el que más problemas de salud mental tuvo hasta su muerte en 1966. Mankiewicz fue un gran director de actores, Hepburn está espléndida y Taylor es una de sus mejores interpretaciones que yo recuerde, pero no pudo revivir como actor al desahuciado Clift.
Pese a los buenos oficios de Mankiewicz, la película contaba con un guion que tocaba temas muy sensibles todavía en 1959, unas relaciones edípicas entre el personaje de Hepburn y su hijo Sebastián, así como la homosexualidad de este último y el uso de su madre, y luego de su prima, como ganchos para atraer amantes masculinos que luego lo fueran de él. Imagino que Mankiewicz no tuvo toda la libertad para desarrollar la película aprovechando toda la potencialidad de la trama y da la impresión de que la historia se desarrolla con el freno de mano puesto.
No obstante, su trabajo dejó muy buenos momentos, como la presentación del personaje de Hepburn descendiendo de un ascensor que tiene en su mansión, la dureza de las escenas en las que se muestran enfermos mentales en los sanatorios y el largo flas back en que Taylor sigue a los muchachos que acorralan a Sebastián en lo alto de una colina, tras haberlo acosado por empinadas calles desde una localidad con playa, estando ya presente la muerte a lo largo de la persecución. Esa parte que se localiza en un pequeño pueblo junto a la playa se rodó en Bagur.
Cabe destacar la presencia, como secundaria, de una actriz con mucho carácter, Mercedes Mac Cambridge, que aquí interpreta a la madre de Elizabeth Taylor.

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