Oliver (1948) supuso una
nueva adaptación de Dickens a cargo de David Lean y creo que es imposible
encontrar una película de este director mal narrada. Repaso su filmografía y
creo que me quedan tres películas por ver de su obra. Tiene obras magistrales y
otras que, sin serlo porque el nivel no puede ser siempre casi perfecto, son también
muy buenas películas.
Oliver es una película narrada
de manera fluida con momentos de gran altura, como el inicio en que la madre de
Oliver atraviesa un solitario paraje, en medio de una tormenta, hasta llegar a
un asilo parroquial en el que dará a luz a su hijo para morir a las pocas
horas. Estas primeras escenas están tan bien rodadas, con una puesta en escena
tan convincente utilizando también la fotografía y la música, que preparan al
espectador para que anhele saber qué va a pasar con el recién nacido.
Lean muestra ese Londres dickensiano,
con la pobreza descarnada en sus bulliciosas calles, siguiendo ese gran inicio
y asistimos a las aventuras de Oliver, felizmente aclarada al final de la película
su filiación con lo que consigue definitivamente escapar de la organización criminal
encabezada por los adultos Fagin (Alec Guiness) y Bill Sikes (Robert Newton)
que comandan a un grupo de delincuentes formados por niños y adolescentes. Guiness,
con una interpretación de menos lucimiento en Cadenas rotas, aquí sí
hace una actuación muy completa e impactante, en la línea del militar inglés de
El puente sobre el río Kwai o el caudillo árabe de Lawrence de Arabia.
Oliver encarna a la inocencia
de un niño de diez años, explotado desde el principio de su infancia, aprendiz
maltratado en una empresa de pompas fúnebres y que, al huir a Londres,
encuentra a la banda de Fagin. Como el niño llamado Pedro en Los olvidados
de Buñuel, también aquí habrá quien confíe en Oliver para darle un encargo que,
por cuestiones ajenas a su voluntad al ser interceptado por la banda, no podrá
cumplir. Pero aquí, a diferencia de la pesimista obra de Buñuel, sí tiene lugar
un final feliz como en la novela.
Otra gran película de Lean,
director al que, injustamente, hay que ir a buscar hasta el puesto 133 en la
lista de las mejores películas de la historia de la revista Sight & Sound para
encontrar una suya: Lawrence de Arabia.
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