Premiada por el Gran Jurado de Cannes, estrenan Valor sentimental, del noruego Joachim Trier. Se trata de un melodrama centrado en tres personajes: un padre y sus dos hijas. La película se abre con la muerte de la madre y la llegada del padre al sepelio, que tiene una relación escasa con las hijas. Una de las hijas es Nora, una actriz de teatro insegura y que ha tenido problemas psiquiátricos, con intento de suicidio incluido; mientras que la otra hermana, llamada Agnes, es profesora de historia, llevando una vida familiar normal con marido y un hijo. Por su parte, el padre, de origen sueco y que responde al nombre de Gustav Borg, es un afamado director de cine, en horas bajas pues hace tiempo que no rueda.
Borg tiene un proyecto cinematográfico que quiere rodar con su propia hija Nora como protagonista, en el cual ha volcado parte de la historia familiar pues se recoge la historia de la madre de Gustav, una mujer que fue torturada durante la ocupación nazi en la II Guerra Mundial y luego, años más tarde, se suicidó. Para Gustav, ofrecer el guion a su hija es una manera de saldar una deuda moral, pues fue un padre ausente que, además, tuvo una mala relación con su esposa antes de divorciarse. Pero Nora no se siente preparada y, además, mantiene esa distancia con su padre. Por tanto, Gustav contrata a una actriz de Hollywood para la película que, más tarde, comprende que el papel no es para ella, ha sido escrito para otra persona y deja el proyecto. La mediación de Agnes propiciará un acercamiento final y que el proyecto cinematográfico cobre vida.
Por tanto, es una película de cine dentro del cine, con otro personaje con entidad propia que es la casa familiar, un espacio que ha vivido la historia de la familia, el trágico suicidio de la abuela, la muerte de la madre, las discusiones de los padres de Nora y Agnes, ... y que adquiere enseguida su protagonismo, en un brillante inicio para contextualizar el filme.
Trier enlaza con habilidad pasado y presente, encaja el rompecabezas familiar y deja a cada uno de los tres personajes principales un espacio para que se desarrollen en una película muy fluida a pesar de que supera las dos horas de duración.
La procedencia escandinava de la película, además de la temática en cuanto a relaciones familiares, hace pensar inevitablemente en Bergman. Y es verdad que hay un poso de rotura en esa familia, la relación con el padre es tan frágil que parece que puede romperse en cualquier momento, pero el final, al contrario de lo que pasa normalmente en Bergman, es reconfortante; ese proyecto de Gustav puede al final materializarse, servir como perdón a una de sus hijas (aunque sea en realidad un perdón para las dos) y expiar un trauma familiar respecto a su madre, que vivió momentos difíciles como lo eran en casi toda Europa.
Es una película en la que me he creído a los personajes y, por tanto, me ha parecido un muy buen filme por lo que el premio de Cannes parece justificado.
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