Hunger (2008),
debut como director de Steve Mac Queen, recrea unos hechos reales que recuerdo
haber seguido en 1981, cuando unos presos del IRA se declararon en huelga
de hambre, reclamando a las autoridades que se les concediera el estatus de
presos políticos, cuestión sobre la que no tuvieron éxito tal como se indica al
final de la película.
La película empieza
filmando la rutina de un guardián de la prisión de Maze,
llamado Raymond, cuando se encamina a su puesto de trabajo. Tras
el ingreso de dos nuevos presos, empezamos a ver la brutalidad de la prisión,
las condiciones insalubres de las celdas, así como que los
prisioneros inician unas reivindicaciones para ir con ropa de civil y no
de delincuentes comunes. Se explica la vida carcelaria, las visitas
de los familiares a los presos, un motín aplacado de forma
violenta por los guardianes de la prisión y como la violencia se
extiende contra estos, siendo asesinado Raymond, tiroteado a
corta distancia en una cafetería.
Después asume el
protagonismo el personaje de
Bobby Sands (Michael Fassbender) que encabeza una huelga de
hambre, con la previsión que cada dos semanas la inicie un preso con el
objetivo de que el gobierno británico reconozca a los presos del IRA
como políticos. Se ven sus últimos días, sus últimos contactos con
sus familiares y su total determinación que le llevó a la muerte tras 66
días.
La película tiene pocos
diálogos, Mac Queen se basa en la imagen para que, con una planificación
austera, la trama avance y, en ese sentido, se ha subrayado con acierto
que parece un filme en deuda con Bresson y con películas
como Un condenado a muerte se ha escapado. Sin
embargo, hay una pausa en la película en forma de plano fijo de 17 minutos, en
la conversación entre Bobby Sands y un sacerdote, que recuerda a
algunos de películas de Ford como Stewart y Widmark sentados junto al
río en Dos cabalgan juntos, pero que también he visto en
películas rumanas como R.M.N. de Cristian Mungiu o
la reciente Kontinental 25.
Esa conversación marca
un punto de inflexión en la película. El sacerdote, en principio, había
apoyado otras huelgas de hambre que eran protestas que, en el fondo, no se
buscaba llegar hasta el final. Pero ahora el religioso ve
que B.Sands está totalmente decidido y es reacio a rectificar,
incluso cuando el sacerdote le dice que piense en su hijo. Tras esos 17
minutos, hay un plano fijo de otros 4 minutos sobre el rostro
de Fassbinder exponiendo al sacerdote su postura.
Al margen de posiciones
ideológicas y de lo que se pueda opinar de la actitud de Sands y
otros ocho miembros del IRA que le siguieron con el mismo resultado
final, Hunger es un ejercicio cinematográfico impecable para
describir con crudeza y realismo una situación felizmente superada en Irlanda
del Norte. MacQueen no solo muestra explícitamente la violencia, que
también, sino que lo hace de manera inquietante, por ejemplo, con un
plano sobre los nudillos tumefactos de Raymond. Una película demoledora
sobre lo que explica y que merece un notable.
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