Llueve sobre mi corazón (1969), mala traducción del original inglés The rain people ya que no respeta ni la literalidad ni el espíritu, es una amarguísima película de un joven Francis Ford Coppola, llamado a cotas mayores en el séptimo arte, pero que, con esta película, empieza a calentar motores con dos actores importantes luego en su filmografía, James Caan y Robert Duval. La protagonista femenina fue una estupenda Shirley Knigth.
Knight interpreta a Natalie, una mujer que lleva una convencional vida de familia pero, cuando se entera de que está embarazada, tiene un ataque de pánico y de súbito empoderamiento femenino que le hacen, literalmente, lanzarse a la carretera e iniciar, desde Nueva York, un viaje hacia el centro del país que hace convertir a la película en una road movie. En su viaje, recoge como autoestopista a Killer, un exjugador de futbol americano, que ha sufrido daños cerebrales jugando a ese deporte, tiene la madurez de un niño y la gente de la Universidad le ha indemnizado con 1.000 dólares y lo han echado a la calle sin tener en cuenta su vulnerabilidad. Natalie, que huía de las ataduras familiares, se encuentra ahora con obligaciones que devienen en maternofiliales ya que Killer no puede valerse por sí mismo. Con el ánimo de deshacerse de él, le encuentra trabajo en una granja, pero el propietario lo único que pretende es explotarlo y quedarse con los 1.000 dólares, cosa que consigue parcialmente en forma de indemnización ya que Killer se dedica a liberar a decenas de animales causando un desaguisado en el establecimiento.
El desolador paisaje moral (y también físico tal como Coppola filma esos estados del interior de los USA por donde transcurre el viaje) se completa con la aparición de Gordon, un policía de tráfico que perdió a su mujer en un incendio y ahora vive en una caravana con su hija de corta edad. Gordon es un tipo bastante tarado, pese a lo cual Natalie, en esa reivindicación también de liberación sexual tras desligarse de su marido, concierta una cita para tener un rollo con él, cosa que desencadenara finalmente la tragedia.
Coppola rodaría guiones más interesantes, pero aquí empieza a hacer una gran labor dirigiendo a los actores, todos estupendos y con un Caan muy alejado de otros papeles que interpretó como hombre duro y de acción. Es una película tremendamente pesimista, con personajes que han perdido la brújula y andan desorientados en uno u otro sentido, teniendo además Killer el matiz de ser vulnerable en un mundo inhóspito para la gente con su problemática. De manera inteligente, Coppola inserta pequeños flash-backs para explicar detalles importantes que han ocasionado la deriva de los personajes.
Coppola se enfrentó más tarde a películas mucho más ambiciosas, pero esta, en apariencia, sencilla trama con una raod movie y tres personajes, encierra cargas de profundidad, entre ellas el cuestionamiento del tipo de familia de la postguerra que está, a finales de los sesenta, en crisis, lo que parece confirmar la protagonista con esa huida a ningún sitio en concreto.
Un buen Coppola, anticipando obras mayores.