sábado, 31 de enero de 2026

EL SOBORNO

 

El soborno (1951) es una película de serie negra dirigida por John Cromwell y producida por Howard Hugues. Al parecer, Cromwell enfermó durante el rodaje y, sin estar acreditado, Nicholas Ray dirigió una parte de la película. 

La película plantea de manera bastante abierta la corrupción en una ciudad americana y la trama se centra en el antagonismo entre un honrado capitán de lpolicía llamado McQuigg (Robert Mitchum) y uno de los gánsteres locales, un tal Nick Scanlon (Robert Ryan). McQuigg ha sido trasladado de comisaría para que no entorpezca los asuntos sucios de la mafia, pero no desfallece y con la ayuda de un policía competente llamado Johnson (William Tallman) cercará a McQuigg, que tiene una parte de sus problemas en su apocado hermano, que tiene como pareja a una cantante de poca categoría, pero bastante atractivo (Lizabeth Scott).  

Mitchum está bien, es imposible que esté mal en ninguna película, pero aquí su papel no da para que se luzca mucho interpretando a un competente policía ya que él estaba mejor poniéndose en la piel de tipos conflictivos y de ambigüedad moral.  Más agradecido es el papel de villano que interpreta Ryan, actor de carácter especialista en dejar su impronta en una película si se le daba un papel en el que explotar su nervio. LIzabeth Scott también tiene una presencia importante en la película, aunque el guion empequeñece su personaje que va de más a menos habiendo tenido una buena irrupción. 

Con un buen ritmo narrativo explicando muchas cosas en menos de 90 minutos, es un buen filme de cine negro, aunque un tanto irregular tanto por las prestaciones que ofrece el guion como por el hecho de haber tenido más de un director.  

 

miércoles, 28 de enero de 2026

PECKER

 

Veo Pecker (1998)otra película de John Waters, que me parece menos divertida que Polyester, incluso la más comedida que he visto en su filmografía, aunque tiene puntos de interés.  

Adaptándose más al cine comercial, aquí cuenta con los que en aquel momento eran dos jóvenes valores: Edward Furlong y Cristina Ricci. El primero interpreta a Pecker y la segunda a su novia Shelley. Pecker es un joven de 18 años que hace fotos a todo el mundo y en todas las situaciones, desde miembros de su familia, gente que viaje en el autobús o unas ratas que están fornicando. A partir de que hace una exposición en la hamburguesería en la que trabaja, llamará sorprendentemente la atención de una marchante de arte neoyorquina, Rorey, que no dudará en llevárselo a la ciudad de los rascacielos para exhibir su obra.  Allí se traslada con toda la familia y su novia Shelley para descubrir que la fama ni le sienta bien a él, ni a sus allegados. Su sobreexposición mediática causa problemas a toda su gente y retorna a Baltimore, tras negarse a participar en una exposición con los críticos neoyorquinos, los cuales acuden a una última muestra de las fotos de Pecker en las que salen malparados ridiculizados. En el último plano, Pecker dice que ahora quiere hacer cine.  

La película es muy contenida para ser de Waters. Por ejemplo, la hermana de Pecker es presentadora en un bar de showboys, planteándose momentos divertidos, pero sin los excesos en que hubiera incurrido veinte años antes. Parece que Waters va con el freno de mano, pero tiene gracia como se ríe de los petulantes críticos de arte de la gran metrópoli y sus simpatías se decantan por una gente sencilla, aunque algunos de ellos un poco estrafalarios, de su querida Baltimore.  

Irregular, pero divierte.  

martes, 27 de enero de 2026

POLYESTER

 

Polyester (1981), dirigida por John Waters, es una cinta gamberra del director de Baltimore, aunque parece que aquí intento suavizar un poco su habitual y salvaje procacidad, buscando que pudiera pasar a circuitos de exhibición más convencionales, es decir, comerciales.  

La película empieza con la explicación a la que gente que hubiera ido al cine y les hubieran entregado una tarjeta al comparar la entrada. Se trataba de un truco para estimular el sentido del olfato. La tarjeta tenía unos números y, cuando en la película iban apareciendo sobreimpresionados, la gente tenía que pulsarlos para, al parecer en la mayoría de los números, notar un olor pestilente acorde con lo que pasaba en la gran pantalla.  

La trama tiene como protagonista a Francine (Divine) una ama de casa que ve que su vida se desmorona. Su marido, propietario de un cine X, la deja para liarse con su secretaria. Su hijo, fetichista de los pies y drogadicto, es encarcelado después de agredir a varias mujeres a base de pisotones. Su hija es ninfómana y se queda embarazada, quiere abortar, aunque una turba de antiabortistas se lo impide y acaba recluida en un convento de monjas católicas. Por último, su madre es cocainómana y se ríe constantemente de su obesidad.  

Ante este panorama, Francine cae en la depresión y el alcoholismo. Pero entonces conoce a un tipo hortera y bien parecido llamado Todd Tomorrow (Tab Hunter), propietario de un cine de arte y ensayo, del cual se enamora. Pero esta historia de amor no acabará bien, Todd está liado con la propia madre de Francine y maniobrarán para hacerse con el acuerdo de divorcio de Francine y deshacerse de sus hijos condenándolos a la prostitución. A estas aviesas intenciones, se juntan las del exmarido y su amante, confluyendo todos en un final en el que, tras una orgía de sangre, el final es feliz pues Francine se queda con sus dos hijos que se han rehabilitado.  

La película se muestra, 45 años después de su realización, fresca y divertida. Tiene gracia ver como Waters dinamita el american way of life de una familia de clase media de esa manera y se ridiculiza la actuación de determinados colectivos contra la pornografía (el filme empieza con una protesta ante la casa de Francine de un grupo en contra de la actividad cinematográfica de su todavía marido), el aborto, el divorcio, el alcoholismo o el adulterio. Tal como está ahora mismo la América de Trump, algunas de las cosas que salen, como las posiciones a favor y en contra del aborto, siguen de actualidad.  

Es innegable que Divine tenía una vis cómica, que aquí explota, con sus 120 kilosactuando como si fuera heroína de un filme de Douglas Sirk, influencia que reconoció el propio Waters. Al reparto se añade un viejo conocido como Tab Hunter, un actor pésimo que, en este desmadre de película, no desentona. 

Una comedia negra muy divertida para pasar un buen rato. 

 

domingo, 25 de enero de 2026

MIEDO SUBITO

 

Miedo súbito (1952), dirigida por David MIller, fue un vehículo de lucimiento para Joan Crawford, interpretando a una autora teatral de éxito que se enamora de un actor con poco talento. Se casan, pero al poco tiempo la escritora averiguara accidentalmente que su marido, junto a una amante, planean asesinarla para quedarse con su herencia. Lógicamente, la protagonista no se quedará quieta y urdirá un plan de venganza.  

El guion se podía haber decantado a mostrar una película de serie negra. Con ese argumento, se podía hacer una película tipo Perdición. Pero optaron por realizar un thriller psicológico con giros propios de una película de suspense. Si bien la primera mitad de la película, con la presentación de los personajes, es bastante interesante, luego el planteamiento que hacen poniendo el suspense como ingrediente básico del filme no está muy logrado y la película acaba dando un poco de sueño.  

No cabe duda de que Joan Crawford era una gran actriz, aunque a  no me motive mucho salvo en Johnny Guitar. Más simpatías tengo por Jack Palance, que hace una interpretación un poco alejada de las que solía hacer en películas de acción, aunque como buen actor que era se muestra eficazY, como amante de Palance, destaca la excitante Gloria Grahame, cuya aparición siempre hace más interesante cualquier película. Lástima que aquí, en esa segunda parte de la película, su personaje prácticamente desaparezca.  

Un filme irregular.  

EL JUGADOR DE BILLAR

  El jugador de billar  es el  título  del  libro  que Gregorio Morán  dedicó   en 2023  a la figura de Felipe González. Me ha parecido un l...